
Cada vez que pasaba por la explanada junto al Colón me lo preguntaba:
-¿Qué cojones es ese monumento tan feo?
Justo al lado de del edificio de Hacienda se encuentra, sobre un pedestal de hormigón, una estructura en hierro retorcida que parece representar las olas del mar. A uno de los lados de su base puede leerse en una placa con la forma del mapa de Catalunya:
En memoria de los miembros de la Armada Americana y del Cuerpo de Marines que servían al USS Guam y el USS Trenton que perdieron la vida en este puerto el 17 de enero de 1977. Y como gratitud hacia los funcionarios, ciudadanos y equipos de rescate de Barcelona por su colaboración con la Armada Norteamericana.
Sin embargo, el “monumento” (por llamarlo de alguna forma) en cuestión no explica qué fue lo que pasó ese día ni por qué murieron estos buenos hombres. Con lo chauvinistas que suelen ser los americanos, es raro que no se mencione la hazaña heróica o proeza digna de película de Denzel Washington que acabó con la vida de los marineros.
Eso es porque morir ahogado después de una noche de farra y putas no es especialmente material de Hollywood.
El 17 de enero de 1977 hace escala en el puerto de Barcelona la VI Flota de las USS Navy.
Hasta aquí nada nuevo, estamos acostrumbrados a ver cada tanto decenas de marineritos luciendo uniforme por Ramblas.
Que llegaran con ganas de marcha tampoco nos sorprende. En tropel salieron del barco en busca de las chicas del Barrio Chino, los shows del Paral.lel y los antros más canallas de Barcelona.
Uno de estos marineros era el Johnny, que acabó la noche en un antro llamado Bar California, allá por el Born. Este garito de los bajos fondos estaba regentado por la Mari.
No daremos detalles de como transcurrió la noche, sólo diremos que esos hombres de mar no iban en busca de parejas para jugar al mus.
A las tantas, la Mari chapa el bar, pero se olvida al Johnny beodo durmiendo dentro del almacén.
Y menos mal, en un terrible accidente, la lancha que traslada a los cientos de marineros del puerto a la nave se hunde y mueren 49 de ellos.
El Johnny no da crédito cuando la Mari se lo cuenta a la mañana siguiente.
Para recordar a las 49 víctimas, el consulado americano decide levantar un monumento en el Moll de Barcelona, de donde zarpara el bote esa fatídica noche.
Con la construcción del World Trade Center, la escultura pasa a ocupar un descuidado rincón del muelle de las Drassanes, a los pies del monumento a Colón. Cuenta la leyenda, como decía Mecano, que la Mari un día decidió cerrar el bar por jubilación, pero que recibe aún cartas del Johnny con fotos de sus hijos y su familia en los Estados Unidos.
El amor y la vida siempre perduran.
Fuente: http://ravaleando.es/los-marineros-puteros-y-su-monumento/