
Los siete acusados declararon ayer ante el tribunal de la Sección Tercera de la Audiencia de Zaragoza
Los militares de Calatayud juzgados por vender drogas a menores niegan las acusaciones. Las chicas que dijeron ser utilizadas para distribuir la mercancía no recuerdan ahora nada.
M. A. COLOMA. Zaragoza
Un cachondeo. Eso fueron las conversaciones grabadas por la Policía a un grupo de militares de la Academia de Logística de Calatayud, a los que se juzga desde ayer por la presunta venta de droga a menores entre 2003 y 2005. Los siete acusados, para los que el fiscal pide un total de 70 años de prisión, niegan los hechos y aseguran ahora que todo lo que hablaban por teléfono era una burla. «Sabíamos desde el segundo día que nos habían pinchado los móviles y lo único que hacíamos era reírnos de la Policía», declaró ayer uno de ellos ante el tribunal de la Sección Tercera de la Audiencia de Zaragoza.
La primera sesión del juicio -que continúa hoy- tampoco estuvo exenta de sorna, ya que las supuestas víctimas parecían haberse olvidado de repente de todo. «Parece que han sufrido todas un repentino ataque de amnesia», llegó a decirles la fiscal, cansada de ver cómo se frustraban sus interrogatorios. Para refrescarles la memoria, la representante del ministerio público pidió que se les leyeran sus declaraciones en el juzgado.
Las adolescentes confesaron entonces que frecuentaban el piso que compartían los militares en la capital bilbilitana, cerca de la plaza de toros, y que allí se traficaba habitualmente con drogas. Facilitaron detalles precisos, como que el hachís, la cocaína y el speed se adquirían en Ceuta, Santander y Galicia para revenderlo después en la ciudad. Y llegaron a decir que las forzaban para que distribuyeran la mercancía en algunos bares de Calatayud.
Sin embargo, salvo una, todas las testigos hicieron ayer gala de una pésima memoria. Por no acordarse, no se acordaban ni de las caras de los jóvenes que se sentaban en el banquillo: Mohamed R. M., Teógenes S. M., Mbay S. T., Carlos N. R., Horacio M. C., Ignacio R. M. y Jordi B. R. La paciencia del propio presidente de la Sala estuvo a punto de agotarse cuando la última de las chicas dijo que solo reconocía a «dos de la segunda fila». «¿No me dirá ahora que se refiere a los dos policías?», le preguntó el magistrado.
El testimonio más crudo que se escuchó ayer fue el de la mujer que denunció las actividades ilegales que se llevaban a cabo en la vivienda de los militares, madre de una de las víctimas. «Mi hija tenía solo 15 años cuando la ingresamos en el Clínico por una segunda sobredosis. Los médicos me dijeron que no soportaría una tercera», explicó al tribunal. «Fue entonces cuando empecé a preguntar por la calle, para enterarme con quién estaba mi hija y quién le suministraba la droga», añadió. Emocionada, reconoció que la joven llegó a intentar suicidarse «porque no podía seguir con esa vida». Finalmente, ingresó en una granja de desintoxicación y se ha recuperado.
La Sala utilizó la videoconferencia para interrogar a dos de los testigos. Uno de ellos, una chica que también pertenecía a la Academia de Logística de Calatayud y que compartió piso con algunos de los acusados. Como los de las otras chicas, sus recuerdos parecen estar ahora muy limitados. Sin embargo, en su primera declaración ante el juez instructor aseguró que los procesados traficaban. Reveló incluso que sacaban medicamentos del botiquín de la Academia para adulterar la droga que vendían.
http://www.heraldo.es/noticias/aragon/zaragoza/17821_sabiamos_que_nos_habian_pinchado_los_moviles_nos_reiamos_policia.html