El primer centenar de soldados del contingente nipón llega a su base de
Irak y cambia de aspecto para agradar a la población.
Los militares japoneses se dejan bigote
La primera orden que les han dado es dejarse bigote. Cuenta Alfonso Rojo en
El Mundo que los soldados japoneses, que hace 50 años estremecían al mundo
con su ardor guerrero, han llegado a Irak más suaves que un guante y
dispuestos a hacer amigos.
A primera hora de la mañana de ayer, rompiendo un precepto pacifista
grabado en la Constitución desde la terrible derrota sufrida a manos de los
norteamericanos en la II Guerra Mundial, el Ejército de Japón cruzó la
frontera entre Irak y Kuwait.
A bordo de 25 vehículos y escoltados por blindados estadounidenses, casi un
centenar de soldados nipones subieron por la ribera del río Eufrates en
dirección a Samawa. La ciudad, situada justo al sur de Diwaniya, donde
tienen su cuartel general los españoles de la Brigada Plus Ultra, servirá
de base al contingente de 800 hombres, despachado a Irak por el Gobierno de
Junichiro Koizumi.En la localidad, de mayoría chií, se encuentran desde el
19 de enero unos 40 japoneses. Otros 500 se incorporarán a la unidad de
aquí a finales del mes de marzo.
El despliegue, aplaudido por la Administración Bush, ha estado precedido de
una agria polémica en Tokio, donde diputados opositores acusan al primer
ministro Koizumi de violar la Carta Magna y algún parlamentario ha llegado
a proclamar que los dos diplomáticos japoneses muertos en Tikrit el pasado
noviembre fueron tiroteados por tropas de EEUU y no por partidarios de
Sadam Husein.
El Ejército nipón, en cuyo historial hay abominables salvajadas como el
rapto de la ciudad china de Nanking en 1931 y proezas bélicas como la
conquista de Singapur en 1942, llega a Irak decidido a agradar a todo el
mundo y particularmente a la población local.
Para empezar, no cesan de repetir que vienen en «misión humanitaria» y que
sólo podrán abrir fuego para defenderse. Por si eso fuera poco y decididos
a cuidar hasta el mínimo detalle, han recibido el consejo de dejarse
bigote. Aunque saltan a la vista las diferencias físicas entre los nativos
de Mesopotamia y los hijos del Sol Naciente, la idea de los mandos nipones
es que sus hombres se adapten al medio y se integren en la cultura iraquí.
Masahisa Sato, jefe de la avanzadilla destacada en Samawa desde enero, luce
ya un flamante mostacho, para alborozo de los vecinos y rechifla de la
rudimentaria prensa local. Para evitar dificultades a la hora de
encasquetarse la máscara antigás cuando se produzca una alarma de ataque
químico, los oficiales han desaconsejado a sus subalternos que también se
dejen barba.
«Hemos estudiado a fondo las costumbres iraquíes, la cultura y la
religión», explica uno de los portavoces del contingente.«Y tratamos de no
parecer agresivos».
El coronel Yasushi Kiyota, que dirigía el grupo que cruzó ayer la frontera
kuwaití, arengó a sus tropas subrayando que «van a hacer historia» y que
deben realizar el trabajo «con meticulosidad japonesa».
Entre las misiones del contingente está asegurar el abastecimiento de agua
a Samawa y la reconstrucción de las infraestructuras básicas. La
Constitución de Japón prohíbe el uso de la fuerza en conflictos
internacionales, pero el Gobierno de Koizumi ha autorizado a su Ejército a
«repeler ataques». La zona, al igual que Diwaniya, es relativamente
tranquila, muy distinta del peligroso triángulo suní.
Emisarios de la ONU
La entrada de los militares japoneses ha coincidido con la primera jornada
de trabajo del grupo de nueve expertos enviados por la ONU para estudiar la
posibilidad de celebrar elecciones antes del 1 de julio, fecha en que
Estados Unidos va a transferir la soberanía a un gobierno iraquí.
El equipo de la ONU se reunió ayer con el Consejo de Gobierno Transitorio
iraquí. Los nueve expertos están liderados por Lajdar Brahimi, consejero
especial del secretario general, Kofi Annan, y se mueven en medio de
extraordinarias medidas de seguridad.
Ni siquiera han hecho pública su agenda, para evitar que los partidarios de
Sadam, o los terroristas islámicos llegados del exterior, aprovechen la
ocasión para reeditar un golpe propagandístico como el ejecutado el 19 de
agosto de 2003. Ese día, un kamikaze al volante de un camión repleto de
explosivos, embistió contra el Hotel Canal, sede de la ONU en Bagdad, y
acabó con la vida de 24 personas, incluido Sergio Vieira de Mello, jefe de
la misión.
La sede del Consejo de Gobierno se encuentra en la zona verde, una
fortaleza salpicada de palacios en pleno corazón de Bagdad, que también
acoge al cuartel general de la Autoridad Provisional de la Coalición (CPA)
dirigida por el estadounidense Paul Bremer.La misión se ha entrevistado en
primer lugar con el presidente en ejercicio del Consejo de Gobierno, Mohsen
Abdel Hamid, miembro del Partido Islámico iraquí, y luego con los 25
miembros del Ejecutivo iraquí.
«El objetivo de los nueve expertos es también analizar si hay condiciones
para que la ONU retorne a Irak», ha declarado Hamid.«La ONU debe regresar a
Irak porque la necesitamos para que nos ayude a organizar elecciones si son
posibles y para la elaboración de la Constitución».