
¿Es realmente necesaria una mención expresa al antigitanismo en el Código Penal?
Hay mucha gente en movimientos sociales con una clara pulsión punitivista. Y hay mucha gente preocupada por esta deriva del punitivismo social. Ese sesgo es rechazable, pero no sé si todo el mundo lo rechaza reflexionado cabalmente sobre lo que quiere decir punitivismo, cuyo uso va mucho más allá y más a fondo de una mera demanda de criminalización. Que, por ejemplo en Google, aparezca la palabra punitivismo casi exclusivamente asociada al debate feminista es un indicio de pobreza teórica y, dicho sea de paso, de una mala gestión de los debates internos. La noción de punitivismo, como tantas otras, se usa sin orden ni concierto, y, entre otras cosas, y para acentuar las diferencias, como una forma de agresión verbal. Yo no creo que el castigo (que también es cultura y sobre todo cultura política en materia penal, policial y carcelaria) vaya a solucionar lo que debería abordarse con más tiento y con muchísima educación. El racismo, por ejemplo, no se va a diluir gracias a la amenaza penal, aunque en la ley se exprese de manera literal (¿el castigo del antigitanismo servirá como persuasión? Sin cambiar los prejuicios y sus causas, no acabará el racismo antigitano).
El concepto punitivismo, como otros muchos, lo abordamos algunos historiadores, no como un mero sesgo ideológico o político y programático (que también), sino en un sentido socioestructural y como forma de enfocar la política y la gobernanza de los regímenes políticos, porque ese concepto ayuda a identificar la importancia del castigo en un sistema social (y en una cultura punitiva). Por eso, el franquismo sería una etapa punitivista dentro de la larga duración del sistema disciplinario de control, porque, sobre todo en la terrorífica posguerra, el castigo se convirtió en una idea central del propio sistema político franquista con el fin de erradicar para siempre a la República vencida e implantar la dictadura.
Ahora bien, si ese enfoque y definición del punitivismo lo traslado al feminismo, al ecologismo, a las asociaciones igualitaristas y pro derechos humanos, como movimientos o corrientes sociales que quieren incidir en una sociedad democrática, ¿no estaré siendo injusto con ellos? Seré injusto, seguro, pues no creo que esos feminismos, ecologismos y antirracismos hayan hecho de sus propuestas de castigo (al hombre maltratador, al empresario contaminador, al racista antigitano) las idea central de su razón de ser como movimientos sociales o grupos de presión. Estoy lejos de ellos en algunas de sus posturas, pero no quiero insultar su inteligencia colectiva. Soy consciente de que su ideario es más rico. Criticaria la deriva «punitivista» de ciertos colectivos que no cesan de poner sobre la mesa más y más demandas de criminalización, pero sin llamarlos punitivistas a secas. No son nuestros enemigos del palo y tentetieso aunque se equivoquen.