
Han tenido que pasar unos cuantos años y unos cientos de casos de corrupción para que los ciudadanos hayan llegado a la conclusión de que los partidos, es decir los mecanismos de participación política en la actualidad, no solo no son democráticos sino que son la antítesis de la democracia. La representación de los partidos políticos es ajena a la democracia pura y a la aplicada, cuyo fundamento esencial ha de ser la gestión directa de los asuntos públicos por parte de todos los interesados. La democracia legítima ha de ser funcional, no delegada por intervención directa de todos y cada uno, sin interferencias políticas, de facción o luchas de intereses. Los municipalistas libertarios no aceptamos que los estados occidentales actuales sean democráticos.
Los Estados son estructuras de dominación en los que una minoría manda sobre una gran mayoría. Ejerce el poder sobre ellos tomando decisiones que afectan a sus vidas. En una estructura donde el poder está distribuido de manera tan desigual que la democracia es imposible. El municipalismo libertario propone una democracia directa en la que los ciudadanos en sus comunidades dirijan sus propios asuntos a través de procesos de deliberación y toma de decisiones cara a cara, en lugar de dejar que el Estado las tome por ellos. ¿Y que papel cumplen los actuales políticos? Son profesionales cuyo interés por su propia carrera reside en obtener poder. Sus campañas electorales usan cada vez más a los medios de comunicación para influenciar y manipular sus intereses. Sus campañas son financiadas por el gran capital y cuando consigen su cargo reniegan de los compromisos adquiridos con sus votantes.
Cuando llegan al gobierno los políticos sirven a los intereses de los que han financiado sus partidos y campañas, en contra de su electorado.
¿Qué son los partidos?
Los partidos a los que los políticos están afiliados no son necesariamente grupos de ciudadanos altruistas que comparten puntos de vista. Son esencialmente burocracias estructuradas jerárquicamente que buscan obtener poder estatal para el propio partido a través de sus candidatos. Su mayor interés es el poder, no el bienestar de sus electores. Lejos de expresar los deseos de los ciudadanos los partidos funcionan precisamente para contenerlos, para controlarlos y manipularlos.
Por mucho que los partidos compitan entre ellos y por mucho que estén en desacuerdo todos se caracterizan por aceptar el Estado y actuar dentro de sus parámetros. Profesionalizados, manipuladores e inmorales, estos sistemas de élites y masas simulan la democracia, burlándose de los ideales democráticos. Reducen a los ciudadanos a contribuyentes, electores y votantes. Sólo les dejan participar cada cuatro años, en las elecciones. El resto del año se olvidan.
http://municipalismolibertario.blogspot.com/2011/01/los-partidos-son-la-antitesis-de-la.html
Los partidos son la antítesis de la democracia
No por simple es menos claro ni menos verdadero.
Los partidos son la antítesis de la democracia
Donde esté el partido único…
¡Eso si que es democracia!