Los políticos profesionales, además de impedir al pueblo participar por si y para si en los asuntos públicos, altercan sin tregua entre ellos, chillan a voz en cuello, se insultan y se denuncian unos a otros para alzarse con la parte del león en el reparto del botín.

Amorales, venales, incultos, mentirosos, zafios, malhablados, insustanciales, codiciosos, serviles hacia los poderes facticos, son la quintaesencia de la sociedad totalitaria y ultraenvilecida actual, una simple continuación del régimen franquista en todo lo que importa.

La revolución democrática que instaure un sistema de democracia sin adjetivos (ni “orgánica” como la franquista, ni “representativa” como la actual) ha de desmantelar el vigente partido único de partidos, para hacer posible la pluralidad real en el seno de las asambleas omnigubernativas populares. En tal marco, los partidos, movimientos y
tendencias políticas serian, si es que existen, la limpia expresión de los
diversos modos de comprender el que y el como de la realización desinteresada
del bien común por el conjunto de la sociedad político-civil.


Texto tomado del libro de Félix Rodrigo Mora “La Democracia y el Triunfo del Estado: Esbozo de una revolución democrática, axiológica y civilizadora” (Ed. Manuscritos).