Es nuestra intención animar un proceso de convergencia revolucionaria previa definición de lo que consideramos Revolución.

Entendemos por Revolución el derrocamiento del Régimen vigente, económico, político y social, y su sustitución por un nuevo orden libremente acordado. Esto sólo puede venir por un proceso de lucha popular que mine la autoridad del Estado desde los cimientos, y para ello nos sobran los parlamentos, los ayuntamientos y los distintos gobiernos autonómicos y regionales. Este proceso debe ser impulsado por organismos populares horizontales autoorganizados que funcionen de manera asamblearia, que deben rechazar cualquier intento de absorción por parte de partidos y sindicatos si quieren continuar siendo libres a la hora de tomar decisiones y autónomos en la forma de funcionar. Entendemos pues que colaborar con las instituciones legitimando su función mediante las urnas y los mecanismos de participación acordados por el propio Sistema (como los partidos políticos y los sindicatos, sean éstos más o menos transparentes) es caminar en dirección opuesta a la de la Revolución Social.

Es absolutamente imprescindible que este proceso revolucionario tenga sus defensores, que la opción revolucionaria, rupturista, radical…. tenga voz propia, que exista, se manifieste y se dé a conocer enfrentándose dialécticamente con sus contrarios y enemigos, no ya el mismo Estado, el Régimen, el Orden, al que hay que denunciar y al que hay que enfrentarse a porfía con una estrategia meditada sino también a las diversas facciones que enmascaran y maquillan tras una apariencia más ó menos contestataria, asamblearia, opositora o antisistema, proyectos de legitimación de esta Dictadura Parlamentaria, de “regeneración democrática”, de perfeccionamiento de la democracia, en resumen de apuntalamiento y sostenimiento del rden vigente. Esta es la labor de la izquierda del Capitalismo, parlamentaria ó extra-parlamentaria según convenga, más ó menos “extrema” y que ahora mismo cosecha éxitos en su programa de “reiniciar el Sistema”, lema que no deja lugar a dudas sobre sus prístinas y aviesas intenciones, es un “volver a empezar”, un “y vuelta la burra al trigo”.

Por lo tanto, quienes tomamos partido por la Revolución hemos de criticar, denunciar y enfrentar el izquierdismo y a las izquierdas, sin complejos ni vacilaciones, con argumentos y públicamente. Debemos separarnos de la falsa oposición, la que sólo oposita al poder, quienes francamente nos oponemos a él y anhelamos no administrarlo sino combatirlo y eliminarlo, defendiendo la Revolución con vehemencia. Estar por la Revolución es estar contra el Capitalismo y contra el Estado, vístanse como se vistan. La denuncia de este régimen como una dictadura con la que hay que acabar y a la que hay que enfrentarse sin tregua, la defensa de su superación revolucionaria nos lleva a no aspirar a participar en sus instituciones y a boicotear y renunciar a la representación electoral y al entramado institucional no colaborando bajo ningún concepto en la gestión de este sistema de explotación, no justificándolo ni integrándolo.

La defensa de las asambleas como órganos soberanos de organización y poder popular es incompatible con la defensa del parlamentarismo, expresión máxima de la delegación. O auto-gobierno del Pueblo o dictadura del Estado. Quienes pretenden la coexistencia relajada de asambleas populares con las instituciones de la Dictadura Parlamentaria como proyecto de perfeccionamiento democrático, caricaturizando y reduciendo las asambleas a meros órganos consultivos y decorativos, son los defensores del Estado, son los mismos que las temen como instrumento de lucha y fortalecimiento popular, y de esta forma pretenden destruirlas como herramienta de combate y organización del pueblo. Las asambleas populares serán el legítimo auto-gobierno del Pueblo que ha de enfrentarse al gobierno dictatorial del Estado. Las asambleas no colaboran con el poder, lo deslegitiman, enfrentan y desprecian. La soberanía no puede ser representada, ninguna política es legítima democráticamente a menos que sea propuesta, discutida y decidida por el pueblo, no por representantes o sustitutos. Una democracia directa no puede ser alcanzada por la sociedad en su conjunto mientras la vida pública esté disponible solo para aquellos con el suficiente tiempo libre para participar en ella.

Las soluciones dadas desde arriba se reducen a prometer trabajo, una mínima estabilidad económica, cierta capacidad de consumo y una dependencia absoluta. Desde la Izquierda la alternativa es mendigar trabajo, subsidio ó Renta Básica, una mínima estabilidad económica, cierta capacidad de consumo y una dependencia absoluta. Quienes sólo hablan el lenguaje económico del bienestar, de las necesidades materiales, de los derechos, son los que realmente no pasan de prometer una vida quizás materialmente aceptable pero ética e intelectualmente degradante y miserable. La carestía y el hambre, por sí mismas, no producen revoluciones sino enfermedad y muerte, la Revolución es un asunto de conciencia, de valores, de justicia social… no del monedero.

Los revolucionarios hemos de hablar alto y claro contra el trabajo asalariado, contra la explotación y la legitimación del empresariado, en un momento histórico donde por primera vez han conseguido imponer el salariado generalizado y que éste no se viva como una imposición si no como la primera necesidad de la existencia. Desbaratar el maniqueismo de los defensores del Capitalismo que pretenden que solo se puede escoger entre trabajo asalariado o paro, derechas o izquierdas, monarquía o república…

Creemos que es urgente abandonar el lenguaje derechista que utiliza sobre todo la Izquierda, tener derechos, derecho al trabajo, a la educación, a la sanidad, al aborto…. es una perversión que los explotados y gobernados exijan serlo. Los pueblos, las comunidades, son capaces de ocuparse de lo suyo, de organizarse por su cuenta, de funcionar y satisfacer sus necesidades reales sin la tutela del Estado que vende cara su gestión y que como todo tutor administra los bienes del tutelado hasta su mayoría de edad, tratándonos a todos como incapaces, inútiles e inmaduros… y en este caso, la tutela del Estado es a perpetuidad.

Como enemigos del Estado lo somos del Estado del Bienestar. El bienestar del Estado es el bienestar del ganado. La humanidad que sueña con ser libre, con la igualdad y la justicia aspiramos a algo más que a un mejor establo. Se nos vende como el único freno a la sobreexplotación, el único capaz de controlar los desmanes y excesos del “Capitalismo Salvaje” y de regalarnos derechos como la sanidad (sobremedicación, errores médicos, yatrogenia), educación (encierro forzoso desde temprana edad hasta la edad adulta para ser domesticados y encajar en el infame engranaje), … que en realidad nos salen muy, muy caros. El Estado del Bienestar funciona en una pequeña parte del mundo coyunturalmente, se construyó desde arriba y no es fruto de pretendidas luchas sino de “favores”, concesiones unilaterales que compraron la paz social y la renuncia al cambio social y a la justicia integral a cambio de ciertas mejoras que ya sin presión revolucionaria, como vienen se van. Esto ha permitido gobernar y explotar sin apenas conflicto ni contestación. Los actores y métodos políticos necesarios para perpetuar este pacto son los partidos, los sindicatos y las elecciones que no sirven en absoluto para otra cosa que no sea para sostener el sistema de explotación. Si se pretende luchar contra y no sostener al, se tiene que abandonar la defensa del Estado del Bienestar y no ceder a la tentación de aspirar a ralentizar su desmantelamiento. Esto no ha de ser tenido como victoria de los de abajo y menos aún como un objetivo deseable.

La defensa del Estado, del bienestar o no, de sus ministerios, de lo público, o sea, de lo estatal, es la defensa cerrada del orden vigente, ya sea la defensa de la educación pública, de la policía pública ó de la sanidad pública. Quienes hoy hablan de lo público, lo hacen como sinónimo de lo estatal. Esto nada tiene que ver con lo común, lo popular, es más, son términos enfrentados. El Estado destruye y esclaviza al Pueblo, domina, somete, explota, ningunea mediante jueces, policías, profesores, asistentes sociales, funcionarios de prisiones, psiquiatras, etc. El Estado del Bienestar produce adicción e inacción en sus “beneficiarios”, acomodaticios e inútiles a la hora de resolver sus problemas, satisfacer sus necesidades por si mismos o en colaboración con sus iguales. El Estado Social aplasta al individuo como garante de su propia conservación y neutraliza a la comunidad como ámbito de la ayuda mutua y la autogestión.

El Estado es, según el derecho, el administrador de la única violencia legítima en Democracia y en los últimos tiempos algunos movimientos sociales han tenido mucho interés en respetar este estado de las cosas, criminalizando a los manifestantes que se defienden de la policía y tratando de que las movilizaciones no rompan el decorado de las buenas maneras, siendo éstas movilizaciones el complemento de la única vía legítima de cambio social para él: la que salga de las urnas. No respetamos este Estado de Derecho que, al contrario, definimos como Estado de Excepción permanente, donde la propia ley legitima la violación de sus principios de igualdad ante la justicia.

La totalidad de los defensores del orden defienden, justifican y aplauden el uso de esta violencia, las amenazas y la coacción estatal contra quienes les cuestionan: Asesinatos, palizas, cárcel, multas… además, otro tipo de violencia mucho más sutil, la estructural, hoy se hace sentir con toda su fuerza: el terror impuesto en las clases populares mediante el binomio paro/trabajo precario, los desahucios, la marginación, etc.

Entendemos la violencia como una herramienta más de lucha y en ciertos momentos y lugares ha de ser estratégicamente utilizada. La violencia por la violencia, el exhibicionismo y su mitificación son despreciables. Su uso no es obligatorio (pero sí necesario en ocasiones), como no puede serlo su renuncia. Puede haber sectores revolucionarios que nunca participen de ella, por precaución, por falta de compromiso, de decisión, por no asumir los riesgos o por defender activamente la desobediencia civil no violenta. Siempre ha pasado y siempre sucederá. Al enemigo se le puede enfrentar de muchas formas pero quienes conformamos el bando revolucionario hemos de respetarnos mutuamente, diferentes estrategias y acciones no son incompatibles sino complementarias. La falta de respeto sí lo es.

Es un buen momento para iniciar este proceso de convergencia revolucionaria: hoy en día el Sistema Democrático está pasando por una seria crisis de legitimidad, los viejos partidos se contraen carcomidos por la corrupción, escándalo tras escándalo la reputación negativa de los políticos y hombres públicos se deteriora más y más ante el hastío y la indignación de la gente. Por momentos parece que la población despierta, debate, discute, se interesa, se inclina a la reivindicación…Y es precisamente en este momento cuando tras casi cuatro décadas de Dictadura Parlamentaria la Democracia, los partidos, los políticos, el Sistema, se encuentra más débil, más devaluado que nunca, en peor posición, más cuestionado por todos, es ahora cuando en vez de hacer leña del árbol caído las izquierdas ven su oportunidad y estas izquierdas de todo tipo, hasta hace poco “anticapitalistas” e incluso algunas antiparlamentarias, echan un flotador al Sistema y nos pretenden convencer de que no falla el Régimen sino las personas y de que, qué casualidad, son ellos los más indicados para salvarnos, es decir, para explotarnos y oprimirnos más suave y éticamente (eso sí). Nos quieren convencer de que no hay alternativa a las instituciones del Estado y al Capitalismo, que pueden ser a lo sumo algo mejoradas, perfeccionadas, vestidas con “rostro humano”, pero nunca superadas, abolidas.

Ante el frentepopulismo nacionalista, ante el irresistible atractivo de los nacionalismos disfrazados de alternativa y de solución a ciertos problemas insistir en que sólo pretenden perpetuar idéntico sistema de dominación, repartírselo entre nuevos reyezuelos ansiosos de su propia taifa. No perderemos el tiempo dividiendo estados capitalistas en otros más pequeños ni haciéndolos más grandes. Lo principal para nosotros sigue siendo la cuestión social, o sea, el trabajo asalariado, la explotación del hombre por el hombre, el sistema de clases, el monopolio del poder político y económico, y los nacionalismos no la resuelven, la Revolución sí.

Nuestra lucha no tiene fronteras y como antaño seguimos creyendo que los oprimidos de todos los países y regiones deben unirse por encima de los nacionalismos chovinistas y que debemos establecer fuera de pactos políticos partidistas con fuerzas reaccionarias la solidaridad de la acción revolucionaria.

Buscamos la formación de una comunidad en lucha, que se reconozca a sí misma, por si misma y en sí misma frente al enemigo, en la que caben disparidad de formas de acción, compartiendo la misma tendencia revolucionaria. Hemos de ser irrecuperables para la Izquierda, o sea para el Sistema. La comunidad en lucha reconoce, ampara, protege y apoya a quienes en la pelea sufren el acoso ó caen en manos del enemigo y desconfía y desprecia a quiénes le defienden y justifican.

Tratamos de unir esfuerzos para el desarrollo y fortalecimiento del único proceso constituyente que consideramos necesario e inaplazable, el de la construcción de esta comunidad en lucha contra el poder con aspiraciones de justicia, libertad y equidad, regida por el apoyo mutuo, lo común, que sabe que la unión hace la fuerza y que separados estamos perdidos y vendidos, que sueña con un porvenir diferente y mejor para los suyos.

Se ha de ir esbozando el futuro, no posponer la solución de todo al día siguiente de la Revolución. Elaborar un proyecto revolucionario creíble, proponer, perfilar, premeditar cómo el pueblo autogobernado hará frente en la práctica a los diferentes asuntos de la problemática social (administración de la justicia, sanidad, defensa, logística, reparto a las comunidades de los nuevos bienes comunes –tierras, infraestructuras, viviendas–, qué se desmantela y qué se mantiene…). Hay mucho sobre lo que discutir y acordar, mucho que aprender, y por fortuna o no, tenemos tiempo de hacerlo. Somos conscientes de que es éste un proyecto a largo plazo (aunque la historia siempre da sorpresas) pero es el único por el que merece la pena pelear.

Divulgar, hacer pedagogía revolucionaria, exponer, defender y debatir públicamente, existir, combatir, hacerse oír, para lograr más pronto que tarde tener entidad propia, ser identificados como fuerza por la sociedad y por nuestros enemigos de todos los colores. Por nosotros hablarán nuestras palabras y nuestros actos, nos cuidaremos de no caminar junto a quienes no aspiran a más, a ser más, más conscientes, unidos y mejores para llegar más lejos.

El reto no es pequeño : ¿Seremos capaces de romper el silencio, de acabar con esta paz de cementerio, de poner fin a la docilidad y a la apatía social ? , ¿Capaces de iniciar un sincero movimiento revolucionario en estos tiempos de derrota, de rendición y traición ? ¿Capaces de conseguir que parte del descontento madure en crítica social radical, en ansias de cambio real, en ilusión, en esperanza, en ganas de pelear y no sea cíclica e inexorablemente reabsorbido y reintegrado al Sistema, o sea, liquidado, quedando fuera únicamente una presencia residual, atomizada, paralizada, descorazonada, sin ambición alguna?

Quienes apostamos por la vía revolucionaria vivimos también sumergidos en el mundo del sexismo, del dinero, del consumo, la propiedad privada, lo material, las necesidades creadas, las comodidades. Acostumbrados a lo fácil, a recibir, a pedir, a competir y a asumir, inmersos en el mundo que ansiamos superar, vivimos en la contradicción, no podemos cuestionar este mundo sin cuestionarnos a nosotros mismos, combatirlo sin combatirnos. Todos estamos de uno u otro modo involucrados en los mecanismos de reproducción del Sistema, sabotearlo y atacarlo es, en ocasiones, atacar nuestra propia subsistencia. Vivir en esta contradicción sin que nos paralice y atempere es un reto tanto personal como colectivo que no podemos pasar por alto.

Partiendo de las bases expuestas en este texto, invitamos a todas las personas de libre conciencia que sinceramente deseen acabar con el Capitalismo y el Estado, y que crean necesario, imprescindible e ineludible propagar por doquier la necesidad de un cambio revolucionario, a contactarnos para poder encontrarnos y discutir directamente y en profundidad sobre como empezar a avanzar con paso firme en esta dirección.

Salud y Anarquía,

¡Viva la Revolución!

Madrid, noviembre 2014.

CONTACTO: cra@riseup.net

https://comunidadenlucha.wordpress.com/

One thought on “Manifiesto por una convergencia revolucionaria antiestatal”
  1. Manifiesto por una convergencia revolucionaria antiestatal
    ‘Un pueblo que oprime a otro no puede ser libre” Dionisio Inca Yupanqui ante las Cortes de Cádiz (16 de diciembre de 1810)

    Carta abierta a los Candidatos a Secretarios Generales de Podemos por Catalunya, Euskadi, Galiza e Illes Balears, desde el Pueblo, que no existe, el sin lengua, sin historia y sin dignidad… ANDALUCIA (Teruel para muchos de Podemos existe, los andaluces para algunos colonos por vocación todavía no).

    Tal vez desde Autonomías con una inducida desigualdad brutal -salvo Galiza- con respecto a las de los parias del Tajo para abajo, incluyendo Canarias, no queráis entender nuestra visión de la “transversalidad” que cual ‘deus ex machina’ vendrá a paliar el cierre en falso de la mal llamada transición o tardofranquismo, aún vigente hasta nuestros días, por todos conocido.

    En primer lugar, lo que nos llama la atención en vuestro discurso es que si habláis de lucha de ‘los de abajo contra los de arriba’ como nuevo constructo ideológico, en apariencia, superador del clásico conflicto de clases; por el contrario no entendáis por ‘los de abajo’ a los parias del “sur”, dentro del mismo estado, Esa actitud puede entenderse, faltando un mes para las elecciones autonómicas andaluzas, como la constatación de un SIMULACRO.

    En segundo término, superar el actual marco educativo, sin reconocer que el imperio austria hispano, estado español borbónico de Nueva Planta después, sin atender a que ese engendro se formó sobre el expolio y genocidio planificados, sistemáticos, de minorías -mayoritarias en muchos lugares- de moriscos, judíos, protestantes, guanches, librepensadores, etc; y sin apuntar lo más mínimo a los descendientes de deportados aragoneneses, valencianos, sefardíes, etc, en Túnez, Argelia, Marruecos y en la América colonial, desde los gauchos argentinos hasta los charros mexicanos… esa “empresa educativa” cribada étnico-ideológicamente la cual, según parece algunos se proponen, lo que pudiera dar a entender es que busca un nuevo aparatito de instrucción de discentes homogeneizador u organito de reeducación de masas, enemigo de la cultura y de la humanidad. Lo de la impostura del “café para todos” se lo contáis a otros, porque lo que nosotros siempre hemos conocido es que vosotros os reservásteis el más parecido al café Hacienda La Esmeralda de Boquete (230 dólares el kilo), excepto Galiza, y a los de abajo del Tajo nos adjudicásteis el café de oferta del Carrefour, sin abusar.

    Y como vemos que quizá haya quien tenga la tentación de derivar hacia agravios identitarios, justos o fabricados, para solapar la tercermundialización de los tragalotodo alienados del “sur”, pasaremos a exponeros lo que nos inquieta y a lo que no nos dan contestación (el que calla otorga).

    Lo que nos preocupa es lo siguiente:

    1.- ¿por qué los media del capital os dan tanta cancha si, al parecer, venís a cambiar el statu quo poniéndoles las peras al cuarto a los multimillonarios?

    2.- ¿cómo es que si formáis parte las cúpulas de los círculos -como sueldofijos pagados por el estado- del establishment académico (pilar gramsciano de la hegemonía), vais a modificar las bases tardofranquistas que os amamantan, dotando a todos los ciudadanos de una Democracia real, con posterioridad a la preceptiva Asamblea Constituyente, exigencia prioritaria del 15-M ahora solapada?

    3.- si no se presenta un programa ante los electores, aunque sea como la hipócrita partidocracia, ¿cómo podremos saber si sois mirlos blancos, fantoches embusteros o simplemente granujillas oportunistas?

    4.- ¿por qué no se determina como condición ‘sine qua non’ de permanencia en el poder que pasados dos años, en caso de incumplimiento de promesas electorales, el pueblo tenga derecho a plantear un referéndum de revocación del presidente?

    5.- ¿cómo puede ser que por parte de Izqda Undida, formación de la oligarquía amancebada con la PP$OE en Andalucía y Extremadura, sus militantes y cuadros abracen con entusiasmo la causa del arrimo al cargo y sus prebendas, y Podemos esté a verlos venir con la misma ansia de chupeteo de siempre?

    6.- dado que proclamáis que vais a redimir a los pobres del látigo de los ricos, ¿cómo es que en vez de abstraciones o gestos mediáticos no os concentráis prioritariamente para combatir la desigualdad en Andalucia, el pueblo de Europa más tercermundializado con centenares de miles de niños malnutridos, y decenas de miles de familias pasando hambre, con una diferencia de renta de más de dos puntos con respecto al privilegiado “norte”?

    ¿Preguntas sin respuesta las anteriores tal vez, o solo nos vamos concentrando en lanzar mensajes que no comprometen a nada hasta alcanzar las poltronas, y vuelta a lo mismo de siempre…?

    https://www.youtube.com/watch?v=S5OMqRBOdy4

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