Marlaska sin vergüenza

Lucila Rodríguez-Alarcón

Que el ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska, no tiene vergüenza no es ninguna novedad. Siempre ha sido un personaje con un perfil público fuerte. Tiene un libro de memorias sin haber llegado a los 60, algo que comparte, por cierto, con nuestro presidente Pedro Sánchez. El ministro tampoco se caracteriza por su simpatía desde los tiempos en los que era juez. Y sabiendo todo esto no dejo de sorprenderme a mí misma cuando me indigno al ver a este señor explicar de manera indolente que los que murieron en la valla el pasado 24 de junio prácticamente se lo buscaron. Me someto sin medida a este ejercicio que no me aporta nada y me trago una comparecencia inaceptable donde una persona responsable políticamente de la muerte de varias decenas de personas dice sin inmutarse que no ha pasado nada.

No le da vergüenza a este señor que nuestro país haya participado directamente en la muerte de estas personas. No le da vergüenza haber puesto a los miembros de las fuerzas de seguridad el estado en dicha situación. No le da vergüenza mentir abiertamente, por omisión, y evitar dar las cifras reales que se estiman de muertos y desaparecidos. Estamos hablando de 74 personas según la AMDH, organización de derechos humanos de Nador. 74 hijos, hermanos, amigos, primos, 74 jóvenes. 74.

Marlaska me gana en no tener vergüenza. Yo no podría ser tan fría y tan cínica. Mucha gente con la que comparte espacio de gobierno tampoco. Marlaska lleva toda la legislatura boicoteando la política de migraciones que propone Escrivá. Y este último ha ido organizándose discretamente como ha podido poniendo remedios históricos pero insuficientes a un sistema migratorio que es inhumano y como siempre dice el investigador Gonzalo Fanjul, idiota.

El problema de la falta de vergüenza de Marlaska es que la ejerce con mi dinero, con el dinero de todas, incluidas las personas inmigrantes de nuestro país, que alimentamos las arcas del Estado con nuestros impuestos -por si acaso recordemos que el IVA lo pagamos todas-. Como servidor público, debería el ministro representar los valores que ha jurado defender. Debería sentirse abrumado por las muertes, debería haber respondido como otros organismos que defienden nuestros principios y han abierto investigaciones. Pero Marlaska prefiere estirar la ventana de Overton hasta límites insospechados y explicarnos que la vida es así de dura y que si te acercas a la valla puedes acabar muerto. Además, superando cualquier límite, también nos sugiere que la ley acaba donde empieza su criterio y acepta que se efectuaron un centenar de devoluciones en caliente, algo que es ilegal. Ilegal. El ministro del Interior justifica muerte e ilegalidad, y lo hace sin vergüenza. Y a aquellos que le han pedido explicaciones en nuestro nombre los ha acusado de demagogia. «La respuesta fue proporcional», eso ha dicho.

En este marco narrativo ya estamos preparadas para soportar lo insoportable. La próxima puede ser que nuestra Benemérita sea la que mate. Así empiezan todas las historias de miedo, con personas sin vergüenza que nos hacen creer que la humanidad no tiene interés, que la impunidad es algo natural y que no pasa nada por matar a unos, que se puede seleccionar quienes merecen nuestro apoyo y quienes nuestro yugo. Y un día te levantas y a quien quieren matar es a ti. Porque sí, es así de duro, en temas de derechos o los tenemos todas o acabaremos por no tenerlos ninguna. Hoy hemos perdido mucho en el Congreso. Y lo hemos hecho sin rechistar en manos de una persona que no tiene vergüenza.

Público


Marlaska ve «oportuno y proporcionado» el operativo policial en la tragedia en Melilla

El ministro del Interior insiste en la actitud «organizada y violenta» de los migrantes que protagonizaron el salto a la valla del 24 de junio, en el que murieron al menos 23 personas, potenciales refugiados.

Jairo Vargas Martín

Ninguna sorpresa después de tres meses de silencio. «No hubo masacre en suelo español», no hubo devoluciones en caliente de posibles refugiados, sino «rechazos en frontera» legales, los agentes marroquíes no actuaron en España y la Guardia civil actuó correctamente.

El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, ha comparecido este miércoles en el Congreso para dar explicaciones sobre la tragedia ocurrida en la valla de Melilla el pasado 24 de junio. Aunque en su primera intervención ha aportado pocas novedades. El operativo policial que intervino fue «oportuno y proporcionado» ante un grupo «organizado y violento» que protagonizó un «asalto» a la frontera española

La autocrítica ha sido escasa, por no decir inexistente. Marlaska ha insistido alrededor de diez veces en la violencia «de 1.700 personas organizadas contra unos cien agentes» españoles. Pero también ha querido ubicar los hechos en territorio marroquí antes las dudas levantadas por algunos diputados. Ha hablado en repetidas ocasiones de la «tragedia en Nador», ante las voces que ubican en suelo de Melilla tanto las vallas como las instalaciones en las que se produjo el salto y las muertes. «Los hechos suceden en territorio nacional de un país soberano, de manera muy tangencial tiene lugar en España», ha insistido. «No hay dudas de la territorialidad marroquí», ha querido zanjar.

Aquel viernes, más de un millar de personas, en su mayoría potenciales refugiados de Sudán, se aproximaron hacia el paso fronterizo del Barrio Chino, entre Melilla y la ciudad marroquí de Nador. Unos 500 llegaron hasta la valla, algunos trataron de saltarla y otro grupo logró forzar las puertas de acceso mediante el uso de una radial, ha resumido el ministro. Hubo duros enfrentamientos entre las fuerzas de seguridad españolas y marroquíes contra unos migrantes que llevaban días siendo hostigados y perseguidos por los gendarmes en los bosques de Nador cercanos a la ciudad autónoma.

El antiguo paso para el porteo ubicado en el punto del Barrio Chino de Melilla, cercado por tornos individuales, se convirtió en un embudo donde se produjeron avalanchas y aglomeraciones humanas envueltas en una nube de gases lacrimógenos, pedradas de migrantes y gendarmes marroquíes y el uso de abundante material antidisturbios por los agentes españoles. Aquel «embudo» sucedió «en tierra de nadie», ha dicho Marlaska en su intervención inicial, de apenas 20 minutos.

Fue la mayor tragedia ocurrida en un perímetro fronterizo español. El número de muertos sigue siendo un misterio. Marruecos reconoció 23 fallecidos, otras organizaciones hablan de 27, 37 y hasta 72. La Asociación Marroquí de Derechos Humanos (AMDH) en Nador denuncia que hay unos 70 desaparecidos tras los hechos. No se conocen los resultados de las autopsias de los cuerpos, lo que establecería las causas de las muertes. Marruecos las achacó a asfixia en la avalancha por aplastamiento, pero también por caídas desde lo alto de la valla.

Es la primera vez que el ministro se enfrenta al escrutinio de los diputados tres meses después. Desde el PP y Vox han centrado sus críticas en la falta de medios policiales en la frontera y la escasa fiabilidad de Marruecos, sin abundar en la vulneración de derechos que aprecian las ONG y han documentado este y otros medios españoles in situ. Otros diputados, incluidos los socios de gobierno e investidura del PSOE, han exigido respuestas sobre varios asuntos clave para esclarecer las responsabilidades.
Los agentes marroquíes «pasan, pero no actúan» en España

En primer lugar, a qué se debió la entrada de gendarmes marroquíes en territorio español para devolver a los migrantes que cruzaron la valla. El diputado Jon Iñarritu, de EH Bildu, ha sido de los más insistentes en este aspecto, junto al del PNV Mikel Legarda, que ha criticado la falta de previsión de este salto ante las constantes redadas marroquíes los días previas en los campamentos.

Marlaska lo negó categóricamente en sede parlamentaria el paso junio. En esta ocasión no ha podido negar la evidencia de las imágenes recogidas por Público, aunque no ha querido abundar en ellas. «No mentí, señor Iñarritu», ha dicho. Aunque su explicación ha sido ambigua: «Por razones de infraestructura concreta, [los gendarmes marroquíes] algunos días pasan [a suelo español], pero no actúan. Eso es lo que que pasó. Son simplemente entradas a los fines de infraestructura, no actúan en territorio de soberanía española». Ni una palabra más.

«Hemos dado un paso desde junio», le ha reprendido Iñarritu. Sin embargo, las imágenes muestran a agentes marroquíes deteniendo y llevándose al otro lado de la valla a varios migrantes que estaban ya en suelo español. «Le invito a que vea los vídeos, señor Marlaska», ha continuado.

¿Muertes en suelo de Melilla?

Otros diputados inciden en que las muertes se produjeron en territorio español, ya que según el Catastro, las instalaciones no están en suelo marroquí, aunque estén al otro lado de la valla, que se construyó en suelo español hace décadas.

Marlaska lo ha negado una y otra vez, y ha acusado de demagogia a los diputados que lo han señalado. Sin embargo, Iñarritu ha sido claro: «No lo digo yo. Son los planos que se me facilitaron desde su Ministerio sobre la delimitación de España. Es el Catastro, IGM [Instituto Geográfico Nacional] y son los tratados internacionales de España. Toda la valla está en territorio español, igual que la infraestructura fronteriza. Si quiere regalar territorio a Marruecos, a Bildu no le va a importar mucho», ha ironizado.

También han cuestionado las devoluciones en caliente indiscriminadas de potenciales refugiados, la brutalidad de la policía marroquí. En especial el portavoz de Unidas Podemos, Enrique Santiago, socio del Gobierno y, por lo general, bastante tibio su crítica al ministro. En cambio, sí ha señalado el hecho de que los solicitantes de asilo subsaharianos no pueden acceder a las oficinas de asilo que se instalaron en Ceuta y Melilla.

Santiago: «No podemos hacer distinciones por el color de piel para personas que buscan protección»

«No podemos hacer distinciones por el color de piel para personas que buscan protección. Centros como el de Pozuelo [de Alarcón, para gestionar la llegada de refugiados ucranianos] igual tenemos que hacerlos también para gente de Sudán o Chad que no llegan a Pozuelo, sino a Ceuta y Melilla», ha enfatizado Santiago.

Sin embargo, el ministro insiste en las devoluciones practicadas «fueron rechazos en frontera», plegados a la legalidad del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) y a la del Tribunal Constitucional tras aquella sentencia de 2020 que avaló la devolución automática de dos migrantes en Melilla.

Marlaska ha dado la misma respuesta a los diputados de EH Bildu Jon Iñarritu, a la de ERC María Dantas o a la de la CUP Mireia Vehí, que han denunciado los retornos automáticos de personas vulnerables a un lugar donde se les estaba agrediendo. Las devoluciones incluyeron a heridos, menores y personas cuya solicitud de asilo habrá sido aceptada en España, tal y como han señalado diferentes ONG y numerosos testimonios de los devueltos en caliente a Marruecos que recogieron Público y otros medios días después de la tragedia.

«No se puede aceptar que fue una actuación adecuada. Ningún ciudadano razonable puede aceptarlo. Ante al menos 23 muertos muertos no puede haber una actuación proporcionada», ha recriminado Legarda, del PNV. Para Marlaska, el ataque a las fronteras de los migrantes lo justificaría todo. «¿No se pueden controlar las fronteras sin tratos inhumanos y degradantes?», le ha preguntado la diputada Mariona Illamola, de Junts per Cat.

«España paga, Marruecos mata»

Dantas, con las palabras «masacre en Melilla» plasmadas en la camiseta, ha protagonizado una de las intervenciones más duras, sobre todo en los relativo a los acuerdos con Marruecos en política de control migratorio. «España paga y Marruecos mata. Europa paga y Marruecos mata», ha dicho la diputada de Esquerra, que ha recriminado que las autoridades no abrieran las puertas para dar asistencia sanitaria «a personas que estaban agonizando» al otro lado». El ministro no ha dado ninguna respuesta a esta pregunta que también han planteado otros diputados.

«Criminalizar a las personas migrantes es un discurso de extrema derecha», le ha afeado Dantas al ministro. Y Enrique Santiago también ha opinado lo mismo. «Decir que el operativo policial fue proporcionado es comprar el discurso de la invasión», ha dicho el diputado de Unidas Podemos.

Desde Bildu, la CUP y ERC ha exigido que el Ministerio haga públicas las imágenes de las cámaras de seguridad de las vallas, «como hizo el PP después de la tragedia del Tarajal». Entonces, los agentes españoles dispararon pelotas de goma a un grupo de migrantes que cruzaba a nado haca Ceuta. Murieron al menos 15 personas. Sin embargo Marlaska se ha escudado en que la Fiscalía y el Defensor del Pueblo están investigando los hechos y ese el cauce adecuado para mostrar las grabaciones. «Sea valiente y gane al PP en transparencia. Lo tiene fácil. Muestre las imágenes», le ha retado Iñarritu.

Público


Marlaska y la masacre de Melilla

Andrés García Berrio
Abogado y codirector de Irídia (Centro por la Defensa de los Derechos Humanos)

Este sábado se cumplen tres meses de los hechos más graves que han tenido lugar en la Frontera entre España y Marruecos: al menos 40 personas murieron y centenares resultaron heridas, según los datos ofrecidos por la organización Caminando Fronteras, tras la intervención policial conjunta llevada a cabo entre Marruecos y España ante el intento de entrada mediante el puesto fronterizo del Barrio Chino entre Nador y Melilla del pasado 24 de Junio.

Este miércoles ha comparecido en el pleno del Congreso de los Diputados para dar explicaciones sobre los hechos el Ministro Fernando Grande-Marlaska. El relato de los hechos del Ministro se ha centrado en criminalizar a las personas que intentaron entrar con la misma intensidad que ha defendido la intervención policial a ambos lados de la valla. El relato de los hechos, más cercano a una crónica literaria que a una intervención de un Ministro de Interior, ha carecido completamente de datos objetivos. La intervención inicial, y aún más aún la réplica a las intervenciones parlamentarias, ha sido preparada para pasar de puntillas, para desviar el tema. En definitiva, para evitar y ocultar la verdad.

Ha decidido, nuevamente, avalar la intervención policial marroquí. Ni siquiera una breve mención al hecho de que entre el material antidisturbios que utilizaron se hallaba el lanzamiento de piedras de grandes dimensiones, muchas de ellas lanzadas hacia el lado español de la valla desde lo alto del puesto fronterizo. Porque está claro, «las personas que trataron de asaltar la valla eran un grupo violento y organizado controlado por mafias» y las fuerzas de seguridad marroquíes actuaron de manera proporcional.

El Ministro nuevamente ha afirmado que fue proporcional y oportuno el uso de fuerza, sin aclarar el número de balas de goma, botes de gas lacrimógeno o fumígenos lanzados. Es necesario recordar que fueron lanzados contra personas que se encontraban en lo alto de la valla, generando una grave situación de peligro para su integridad física y psíquica. Hubo personas heridas en el lado de la valla controlado por la Guardia Civil, pero el Ministro ha decidido obviarlas y tan sólo hablar de los y las agentes heridas. También ha hablado de coches dañados, pero de personas heridas tras una actuación policial, no.

Tampoco ha aclarado si se lanzaron botes de humo o gas lacrimógeno hacia el lado de la valla controlado por Marruecos o si han analizado qué impacto pudo tener en los resultados de muerte. Tampoco por qué no ha dejado ver las imágenes ni siquiera a diputados y diputadas. Tampoco ha informado a qué hora supieron que había personas atascadas en los pasillos fronterizos ni por qué los agentes españoles no tomaron ninguna medida desde el lado español para intentar desbloquear la avalancha y proteger vidas, ya que hubieran podido tener acceso a la zona interna del paso fronterizo. Tampoco ha aclarado cuántas devoluciones sumarias de personas adultas y de menores se llevaron a cabo sin individualizar la situación de cada persona y sin identificar perfiles de vulnerabilidad como establece el Tribunal Constitucional. Y tampoco ha aclarado por qué se permitió acceder a agentes marroquíes (aunque ha querido hacer creer que sólo accedieron al vallado fronterizo).

Sin embargo, ha repetido varias veces que «en derechos humanos no nos va a dar lecciones nadie». Además, a pesar de no dar ningún tipo de dato objetivo, ha osado hablar de que llevan a cabo una buena política de transparencia.

La masacre de Melilla y la comodidad con la que el Ministro ha insultado a la verdad desde la tribuna del Congreso de los Diputados pone de manifiesto, una vez más, que tenemos un gran problema respecto a los mecanismos de transparencia y de control en los cuerpos policiales. Intentaré explicarlo en relación con estos graves hechos.

Tras una actuación policial conjunta en la que se producen un gran número de muertes en el lado de la valla controlado por Marruecos así como decenas de personas heridas en el lado español los mecanismos de control y sanción, una vez más, no están funcionando. En las horas posteriores a los hechos el Servicio de Asuntos Internos de la Guardia Civil no parece que abriera una investigación interna y urgente ante los hechos, ya que no se llevó a cabo una inspección ocular, ni tomaron declaración a las personas que sobrevivieron y estaban heridas, ni realizaron otras medidas indispensables para la recopilación de prueba. De hecho, el primer cargo público en realizar tareas de investigación fue un diputado, Jon Iñarritu, quien diez días después pudo comprobar in situ que la zona estaba llena de restos de material antidisturbios así como supo que ningún agente policial había interrogado a las personas supervivientes y heridas. De hecho, la diputada María Dantas pocos días después llevó a cabo la misma tarea. Pero, ¿en realidad es así cómo debería funcionar? En ningún caso. ¿La Fiscalía? Fruto de la presión social el 28 de Junio, 4 días más tarde, abrió una investigación de la que de momento no se tienen noticias. Sí sabemos que 10 días después aún no se habían entrevistado con las personas heridas supervivientes y que han solicitado un informe a la Guardia Civil. Pero los mecanismos de investigación de la Guardia Civil dependen orgánicamente del propio cuerpo y que no cuenta ni con suficientes medios ni con suficiente autonomía. No pensemos que esto es exclusivo de la Guardia Civil, también se repite en el Cuerpo Nacional de Policía y muchos elementos se repiten también en otros cuerpos policiales.

Pocos días después de los hechos el Defensor del Pueblo inició una investigación, pero las competencias que tiene en casos de actuaciones policiales son limitadas así como los medios. Será muy importante el resultado de esta investigación pero también es necesario analizar el modelo para garantizar si es el órgano adecuado o cuenta con los medios adecuados para llevar a cabo una investigación independiente ante semejantes hechos.

¿Comisión de investigación en el Congreso? El PSOE, junto a todo el arco parlamentario de la derecha, bloqueó la iniciativa propuesta desde organizaciones de derechos humanos y antirracistas y apoyada por varios grupos parlamentarios.

Por otro lado, múltiples organismos internacionales han solicitado que se realice una investigación independiente de los hechos. No obstante, esto en España no es posible, y parece que se nos olvida. El Defensor del Pueblo no cuenta con la competencia necesaria y no existe un órgano independiente de control de la policía con amplias competencias como sí que existe en otros países, después de que su existencia se haya promovido desde los organismos internacionales de derechos humanos. Un ejemplo de este tipo de mecanismos es la Oficina Indendiente para la Conducta Policial (IOPC) de Inglaterra, pero hay otros muchos otros ejemplos.

Efectivamente, es necesario dar muchos pasos para garantizar la protección de los derechos humanos por parte de los cuerpos policiales así como para modernizar los mecanismos de control y de transparencia así como para cambiar las políticas migratorias. El dolor por las más de 40 personas fallecidas sigue estando bien presente y no vamos a tolerar que se siga esquivando la verdad y la justicia, así como tampoco permitiremos que una grave situación de violencia institucional racista cómo la que ha acontecido caiga en el olvido. Las vidas negras importan.

Público

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