
La propiedad me ha hecho cruel. Siempre que compraba una gallina la ataba dos días a un árbol, para imponerle mi domicilio, destruyendo en su memoria frágil el amor a su antigua residencia. Remendé el cerco de mi patio, con el fin de evitar la evasión de mis aves, y la invasión de zorros de cuatro y dos pies. Me aislé, fortifiqué la frontera, tracé una línea diabólica entre mi prójimo y yo. Dividí la humanidad en dos categorías; yo, dueño de mis gallinas, y los demás que podían quitármelas. Definí el delito. El mundo se llenó para mí de presuntos ladrones, y por primera vez lancé del otro lado del cerco una mirada hostil.
Mi gallo era demasiado joven. El gallo del vecino saltó el cerco y se puso a hacer la corte a mis gallinas y a amargar la existencia de mi gallo. Despedí a pedradas al intruso, pero saltaban el cerco y aovaron en la casa del vecino. Reclamé los huevos y mi vecino me aborreció. Desde entonces vi su cara sobre el cerco, su mirada inquisidora y hostil, idéntica a la mía. Sus pollos pasaban el cerco, y devoraban el maíz mojado que consagraba a los míos. Los pollos ajenos me parecieron criminales. Los perseguí, y cegado por la rabia maté a uno. El vecino atribuyó una importancia enorme al atentado. No quiso aceptar una indemnización pecuniaria. Retiró gravemente el cadáver de su pollo, y en lugar de comérselo, se lo mostró a sus amigos, con lo cual empezó a circular por el pueblo la leyenda de mi brutalidad imperialista. Tuve que reforzar el cerco, aumentar la vigilancia, elevar, en una palabra, mi presupuesto de guerra. El vecino dispone de un perro decidido a todo; yo pienso adquirir un revólver.
¿Dónde está mi vieja tranquilidad? Estoy envenenado por la desconfianza y por el odio. El espíritu del mal se ha apoderado de mí.
Antes era un hombre. Ahora soy un propietario.»
«Gallinas», de Rafael Barrett, publicado en 1910.
«La propiedad me ha hecho cruel»
Convertirse en propietario no te hace cruel. Ese personaje ya tenía la crueldad y maldad en su interior. Su cambio de estatus ha hecho florecer su crueldad, no más, crueldad que habría aparecido tarde o temprano con cualquier otro suceso que afectara a su vida.
«La propiedad me ha hecho cruel»
«En 1917, un adolescente argentino le escribía desde Ginebra una carta a su amigo Roberto Godel, de Buenos Aires, hablándole de un escritor de «espíritu libre i audaz» a quien hay que leer «con lágrimas en los ojos i de rodillas». A Godel la posteridad no le ha sido propicia. Al joven de Suiza, en cambio, le estaba deparada la gloria literaria: era Jorge Luis Borges.»
Borges recomendaba la lectura de Rafael Barrett, sin embargo, es un gran desconocido en la literatura hispana.
«…aquel escritor-periodista de nacionalidad incierta (nacido español) era ya leído por millares de personas, especialmente obreros, como un «héroe moral» y no sólo un escritor extraordinario.
Barrett se convirtió en una figura capital para la conciencia revolucionaria americana, para el pensamiento social y para la literatura de los países hispanoamericanos. Sin embargo, la crítica y la historiografía literarias no han hecho todavía justicia plena a sus escritos, a nuestro juicio el hecho más importante que ha registrado el género periodístico-literario, en la lengua castellana, desde Mariano José de Larra»