El movimiento antiglobalización(1) en el Estado español sigue una rápida evolución que es necesario analizar de cara a ver como afrontar el futuro.

La gestación (2)

Con el telón de fondo del “fin de la historia” y la desmovilización social de los 80s (cuyo centro está en la pérdida del referéndum de la OTAN), empieza a formarse lo que será el movimiento antiglobalización en el Estado español. Como referentes internacionales podemos encontrar, en 1988, que la cumbre del FMI y del BM de Berlín se encuentra enfrente una prometedora respuesta en la calle. Otro embrión es la creación de Vía Campesina en 1991. También en esta etapa, durante la Cumbre de la Tierra de Río de 1992, se produce la primera contracumbre recogida por los medios de comunicación de masas.

En ese mismo año se lanza la campaña “Desenmascaremos el 92”, que supone la primera coordinación de colectivos del Estado español que ofrecen una reflexión del proceso de globalización económica que se está tejiendo.

Primer punto de inflexión: Los movimientos sociales empiezan a desplegar las raíces

La decadencia de los movimientos sociales en los 80s se comienza a invertir en la segunda mitad de los 90s con el alzamiento zapatista de 1994, el cual cataliza la eclosión del movimiento antiglobalización.

En este marco es en el que organiza el foro “Las otras voces del planeta” dentro de la campaña “50 años bastan” contra la celebración en Madrid del 50º cumpleaños del FMI y el BM. Esta campaña consigue aglutinar en su seno a un amplísimo abanico de colectivos, que abarcan desde la izquierda radical a la más institucionalizada. Esta cita será una obligada referencia posterior, no sólo en el ámbito estatal, sino también en el internacional. Pero además, es una movilización que se realiza coincidiendo con el espectacular crecimiento de tiendas de campaña en los centros de las ciudades de todo el Estado pidiendo el 0’7% del PIB para Ayuda Oficial al Desarrollo. Estas movilizaciones, en su fase final, harán aflorar una crítica sistémica que va mucho más allá de la reclamación del 0’7.

A partir de esta coordinadora contra el FMI y el BM se organizará, un año después, la respuesta a la presidencia española de la UE con la campaña “Contra la Europa del capital”, las “Marchas europeas contra el paro y la exclusión”, y el foro alternativo (celebrado en Madrid) “La otra cara del proyecto europeo”. Y fruto de esta campaña se crea el Movimiento contra la Europa de Maastricht y la Globalización Económica (MAM). Este movimiento sigue aglutinando un amplio abanico de sensibilidades (donde los sectores más dinámicos se enmarcan dentro del ecologismo social, el sindicalismo alternativo y el trabajo con personas excluidas), pero de él ya se han caído los sectores más institucionales y, conforme van avanzando los años, una buena parte de los movimientos sociales.

Desde el MAM se participa en las citas europeas contra la UE, en la AGP (ver más abajo), los conflictos más candentes en esa época y sus actores (guerra de Yugoslavia, respuesta contra la cumbre de la OTAN en Madrid), así como se impulsa el experimento de aglutinamiento de luchas en torno a la acción directa noviolenta de las “Jornadas de lucha social”, realizadas en distintos puntos de la Península (Madrid, Barcelona, Valencia, Córdoba). Pero la tendencia general es hacia la progresiva disgregación de los colectivos y la pérdida relativa de la visión global en las luchas. Lo que sí hay que señalar como especialmente positivo de esta etapa es la rica elaboración de materiales por quienes siguen trabajando sobre la globalización.

En estos años también es obligado destacar que la Insumisión al servicio militar continúa su lucha. Una lucha que no sólo pone en brete al Gobierno, sino que es capaz de recoger amplias simpatías sociales. Y esta lucha se realiza principalmente a través de la puesta en práctica de acciones directas noviolentas, con un fuerte carácter mediático y que cuestionan una de las bases principales del sistema capitalista. Así el movimiento pacifista radical dejaría un potente aprendizaje para las luchas posteriores; aunque, con la aparición del ejército profesional, entrase en una fase de debilitamiento importante.

A nivel internacional hay que destacar que en 1998 surge la primera coordinación mundial de movimientos: la AGP (Acción Global de los Pueblos). La AGP se define como anticapitalista, y tanto sus métodos de actuación (acción directa desobediente, por ejemplo), como sus propuestas (redes de trueque o centros sociales okupados) intentan salirse del sistema sin contemplar reformas. Como “entorno AGP” denominaré a los sectores que se aproximan a esta sensibilidad, aunque no estén en la AGP.

También en 1998 nace otro de los referentes del movimiento antiglobalización internacional: ATTAC. En el “entorno ATTAC” (sectores que comulgan de planteamientos similares a ATTAC) se sitúan grupos que parten de un análisis crítico del capitalismo, y centran gran parte de sus esfuerzos en medidas paliativas, como la Tasa Tobin. Los métodos de presión usados son más cercanos al marco institucional.

Pero hay que señalar que estas dos sensibilidades están fuertemente interrelacionadas y suelen hacer llamamientos comunes, o convivir en un mismo grupo. No existen espacios puros, sino todo un gradiente de ricas contaminaciones.

En este periodo también se expresan en la calle estas redes. Así ya vimos como en 1994 en Madrid se lucha contra el BM y el FMI. También hay respuesta ante la UE en Madrid (1995), Ámsterdam (1997) y Colonia (1999). Y lo mismo se puede decir del G-7 (Colonia, 1999) y del AMI(3) (Francia, Canadá, EEUU, Malasia, Filipinas, India, Brasil). Estas movilizaciones congregan a decenas de miles de personas e incluyen importantes foros de discusión, así como acciones directas.


Segundo punto de inflexión: El movimiento antiglobalización como fenómeno mediático

A finales de 1999 el mundo (que tiene acceso a los medios de comunicación de masas) se sorprende cuando la reunión de la OMC en Seattle es bloqueada por decenas de miles de activistas. Ha aparecido un nuevo sujeto social que ya no puede ser ocultado. Y este suceso se produce mientras en el Estado español la paulatina decadencia del incipiente movimiento antiglobalización se plasma en los actos convocados en protesta por dicha cumbre, que no acaparan más que a unas decenas de personas.

A partir de Seattle se reproducen movilizaciones contra los organismos internacionales que regulan el capitalismo en todo el mundo: FMI, BM, OMC, G-7, Foro Económico Mundial. Tanto en el Centro (Washington, Melbourne, Praga, Davos, Barcelona), como en la Periferia (Chiang Mai, Bangkok, Méjico). Pero las movilizaciones también son contra organismos territoriales como la UE o el ALCA (Niza, Gotemburgo, Quebec); las multinacionales (Milleu, Brasil, Sudáfrica), y el gobierno Imperial o la clase política vendida a éste (Washington, Méjico, Argentina). Además, aparecen potentes centros de estudio por todo el mundo y numerosa literatura de divulgación. Este periodo está caracterizado por el “asalto a la zona roja”: el intento de bloquear las cumbres que organiza el poder. Y el poder responde con una represión y criminalización crecientes.
Y esto tiene una fortísima influencia en nuestro Estado, así pasamos de la lamentable respuesta contra la OMC a finales de 1999 al más de un millón de firmas recogido unos meses más tarde pidiendo la abolición de la deuda externa en una acción directa noviolenta que coincidió con las elecciones generales. Esta acción consiguió aglutinar a casi todo los movimientos sociales de todos los rincones del Estado bajo el paraguas de la Red Ciudadana por la Abolición de la Deuda Externa (RCADE).

Poco después, para coordinar la participación en las acciones de protesta de septiembre de 2000 contra la cumbre del FMI y del BM de Praga, tanto allí como en el Estado, se crearon grupos independientes en varios territorios, pero con el mismo nombre en casi todos los sitios (Movimiento de Resistencia Global, MRG). En principio los MRGs, dependiendo del sitio, estuvieron impulsados por gentes de la RCADE, del MAM y por grupos autónomos, consiguiendo aglutinar a mucha gente joven. Con posterioridad a la cumbre de Praga muchos de los grupos participaron en distintas acciones y movilizaciones pero, en general, fueron decayendo en casi todos los lugares.

El 2000 se produce un encuentro importante: las jornadas que organiza el MAM en Málaga de reflexión sobre la globalización. Serían el último acto de entidad que montaría esta coordinadora, pero supuso un espacio muy rico de creación de relaciones y reflexiones que darían su fruto en las movilizaciones sucesivas.

Y todo esto viene a confluir un año después (en 2001) cuando se organiza en Barcelona una potente respuesta social a la reunión que el BM iba a celebrar en dicha ciudad (que al final cancela). Esta respuesta, aunque centrada en Cataluña, supone la coordinación del resto del Estado, cosa que no había ocurrido de manera masiva y plural desde el lejano 1995. Además reúne a un abanico que vuelve a incluir en varios sitios al ala institucional de la izquierda, junto a los “entornos AGP y ATTAC”.

Pero, en paralelo a la mayor capacidad de movilización, está la pérdida de espacios de confluencia del movimiento y el aumento de la crispación entre las distintas sensibilidades (por ejemplo desaparece el MAM). Para explicar el incremento espectacular el movimiento el hecho mediático es una causa indiscutible, pero no es la única, hay que añadir otras dos más:

– El capitalismo ha producido una degradación ambiental y social que ya no se puede ocultar.

– El movimiento antiglobalización renueva los movimientos sociales mediante:

Las formas de actuación, con un fuerte carácter simbólico y relevancia de la acción directa, mayoritariamente noviolenta.

Las formas de organización, donde prima el asamblearismo y se hacen esfuerzos por sumar sensibilidades de un amplio espectro (aunque en ese campo queda mucho por andar).

Un discurso en red en el que se ven representadas las distintas familias.

Al final de esta etapa se empieza a romper la dinámica cumbre-contracumbre con la organización del I Foro Social Mundial. Este foro se organiza, fundamentalmente, por el “entorno ATTAC”; pero consigue atraer a personas de todas las sensibilidades.

El tercer punto de inflexión: El Imperio contraataca… y obtiene respuesta

En la segunda mitad de 2001 la contestación violenta por parte del poder se profundiza. Los dos momentos claves son la brutal represión del movimiento en la cumbre del G-8 de Génova (frente al más potente intento de asalto a la “zona roja”), y los acontecimientos y nuevas normativas que siguieron al 11-S. Sin embargo, este aumento de la represión fue respondido con una capacidad de movilización mayor aun por parte del movimiento antiglobalización, como vimos en Barcelona (Contra la Europa del Capital), Florencia (Foro Social Europeo), Porto Alegre (III Foro Social Mundial), Argentina (piqueter@s); y, muy especialmente, con las movilizaciones contra el último episodio de guerra en Iraq.
Este crecimiento se puede ver también en el Estado (Campaña “Contra la Europa del capital y la guerra”, contra el PHN, movilizaciones por el accidente del Prestige, huelga general del 20-J, contra la LOU y, especialmente, con el “No a la guerra”(4)). Aunque bien es verdad que para explicar el éxito de estas movilizaciones hay que tener en cuenta que el PP estaba gobernando con una política absolutamente agresiva, regresiva y neoliberal.

Pero este crecimiento de la movilización no se vio reflejado en un fortalecimiento de las organizaciones que impulsan las manifestaciones. Y no sólo eso, sino que el grado de fragmentación no hizo más que aumentar, lo que dificultó enormemente el crecimiento del movimiento, la organización de la respuesta, y el avance en el discurso (que en esta etapa se ve paralizado, cuando no da marcha atrás en algunos aspectos).

La campaña “Contra la Europa del capital y la guerra” tuvo una organización de profunda descentralización a nivel estatal, en la cual sólo hubo como unitarias dos citas (Barcelona y Sevilla), y un larguísimo lema (Contra la Europa del capital y la guerra. Globalicemos las resistencias. Otro mundo es posible). Esta campaña puso de manifiesto la tremenda dificultad (por no decir incapacidad) de llegar a acuerdos a nivel estatal por las distintas sensibilidades (“entorno AGP”, “entorno ATTAC”, sector institucional), ya no sólo a nivel intersensibilidades sino también intra. Este hecho marcará el fin del intento de coordinación plural a nivel estatal del heterogéneo movimiento antiglobalización español. Pero como elementos muy positivos hay que destacar que se movilizaron varios cientos de miles de personas en todo el Estado contra la UE (en todas las ciudades, que fueron bastantes, en las que hubo reuniones de ministr@s), demostrando que el discurso contra la globalización está calando en la sociedad, poniendo en la palestra incluso a los que se quieren presentar como “buenos de la película”, como es el caso de la UE.

Esta dificultad de organización se refleja en las movilizaciones siguientes contra la guerra. Ante un tremendo grito social de repulsa contra el Gobierno, se desata la lucha por capitalizar el descontento en el que la socialdemocracia entra a saco con todo su aparato, y cualquier intento de coordinación de los movimientos sociales a nivel local es tremendamente difícil (y a escala estatal imposible). Se entra en una lucha a muerte por la visibilización de las coordinadoras existentes (los grupos que no están “alineados” en dichas coordinadoras salen despedidos por esta dinámica) y las distintas familias de los partidos; donde las movilizaciones en la calle son demostraciones de fuerza, y las reuniones de coordinación el campo de batalla. En todo caso, este escenario no es igual de virulento en todo el Estado y tenemos un montón de casos hasta llegar al de mayor crispación y enfrentamiento: Madrid. El resultado es que, al igual que la espuma de la contestación subió a una velocidad de vértigo, también bajó, sin dejar casi ningún poso a corto plazo (a largo/medio plazo ya veremos, el que se juntasen más de tres millones de personas por la paz en las calles imprime un importante sello en la subjetividad colectiva).

Esta pérdida de la estructuración del movimiento también se ve reflejada en la desaparición de la gran mayoría de los MRGs y un importante declive de la RCADE. Aunque es verdad que otros grupos perduran como ATTAC y se forman nuevos grupos o coordinadoras, pero que en ningún caso llegan a tener la fuerza de sus predecesores. Es decir, que lo que se vino a denominar “nuevos movimientos globales” (aquellos especializados en la lucha contra la globalización) parecen no ser capaces de sostenerse en el tiempo, pasando a volver a ocupar un papel predominante los movimientos sociales (sindical, ecologista, pacifista, feminista, etc.), aunque bien es verdad que con la colaboración de nuevos actores.
A la vez, se produce una pérdida de la capacidad de ruptura de la normalidad por parte de los grupos organizadores de los eventos, como se ha observado en las protestas contra la UE en 2002 (también a nivel internacional, por ejemplo, en las acciones realizadas en Florencia o París durante el Foro Social Europeo, o en los actos que conmemoraron el cacerolazo argentino). La represión es mucho más dura después del 11-S, y Génova ha enseñado la lección de que la capacidad represora del Estado es muy superior a cualquiera de las distintas estrategias que intenten superar los cordones policiales. Así, se vislumbra el final de los “asaltos a las zonas rojas”. En este sentido son significativas las estrategias utilizadas en Barcelona y Sevilla durante el semestre de Presidencia española de la UE de descentralizar las movilizaciones.

Pero, por otra parte, las recientes movilizaciones anti-guerra en el Estado español (y en otros lugares del Centro y la Perifieria), así como las movilizaciones en las sedes del PP tras los atentados del 11-M, han mostrado una explosión de desobediencia espontánea, radical y desorganizada por parte de la multitud.

Otro hecho diferencial en esta etapa es la eclosión del los Foros Sociales (mundiales, continentales, estatales/territoriales y locales). El primer hecho significativo de los mismos es que escapan al calendario del poder, planteando una temporalización más autónoma por parte del movimiento. Por otro lado, partiendo del éxito del II Foro Social Mundial de principios de 2002, los sectores del “entorno ATTAC” lanzan estos espacios como los centros de coordinación estables del movimiento antiglobalización a nivel mundial, que vayan más allá de las coordinadoras creadas para cada campaña. Estos espacios intentan superar la dicotomía reformismo-radicalismo integrando a todas las sensibilidades (aunque son los sectores del “entorno ATTAC” los mayoritarios).

El éxito de la propuesta está siendo claro a nivel mundial y europeo, ya que son fenómenos mediáticos de primer orden que atraen a mucha gente. Estos espacios se están convirtiendo en foros de intercambio de luchas, plasmación de discursos y coordinación mínima (que no va más allá de la propuesta de un calendario de movilizaciones compartido). Pero, en ningún caso, están siendo adecuados para profundizar en la crítica y las alternativas; ni están planteando, afortunadamente, La Alternativa con la cual confrontar el neoliberalismo (como algunos sectores intentaron en principio).

A nivel estatal/territorial y local la cosa es distinta, ya que las realidades son mucho más complejas y se hacen necesarias formas organizativas donde todas las sensibilidades se puedan encontrar cómodas. Así, ya no valen modelos verticales, como los Foros Sociales Mundiales y Continentales, y lo que sigue primando es la organización de campañas concretas; aunque son incansables los intentos por formalizar estructuras. Así, los Foros Sociales que se han creado en lugares como Madrid o Barcelona únicamente recogen a los sectores más institucionalizados de la izquierda (aunque es verdad que en otros lugares son, o fueron, coordinadoras algo más amplias, como fue el caso de Sevilla).

Durante esta última época los sectores del “entorno ATTAC” se han hecho más visibles y probablemente han cobrado más fuerza. Esto se ha producido junto a una creciente confluencia con los discursos del “entorno AGP”. Así, la campaña con motivo de la Presidencia española de la UE fue “Contra la Europa del capital y la guerra” (apareciendo el término capital que años antes no habría sido de consenso), o las declaraciones finales de los últimos Foros Sociales Mundiales tuvieron un fondo de crítica al sistema más potente que en la primera edición (aunque las propuestas que planteen sean de tipo reformista en su mayoría). Aunque es verdad que este no es un proceso claro ni unidireccional y en las últimas movilizaciones contra la guerra han triunfado los lemas más “suaves” (no a la guerra) frente a los más radicales (contra la guerra global permanente).

Pero, aunque haya sido menos visible, el “entorno AGP” también ha seguido evolucionando. Así, estos sectores están inmersos en una fase importante de redefinición (desaparecen los MRGs por ejemplo), apareciendo nuevas iniciativas como el Laboratorio Desobediente o la Consulta Social en Europa. Aunque también es justo decir que estas iniciativas no han terminado de cuajar. Pero lo que ha sido más significativo de los sectores del “entorno AGP” es su repliegue hacia lo local, entendiendo que sólo desde ese marco es desde el que se puede elaborar una respuesta al capital.

Y, ante todo esto, el Imperio está contraatacado. Una primera estrategia reactiva está siendo la cooptación. Ejemplos de este mecanismo son el intento del BM de asistir al Foro Social Mundial o el Global Compact(5). Pero lo más peligroso está siendo el acercamiento de la socialdemocracia al movimiento antiglobalización a escala internacional (y por supuesto aquí también). Esto se ha podido ver en las distintas ediciones del Foro Social Mundial, donde la presencia del PT ha sido masiva, y del Partido Socialista Francés sustancial. También se aprecia en los contactos entre ATTAC-Francia y el Partido Socialista; o en la implicación del PSOE en la movilización de Barcelona Contra la Europa del Capital, y, especialmente, contra la guerra en Iraq. La segunda gran estrategia del poder es la de una represión cada vez más brutal. Esta se plasma en la Guerra Global Permanente contra cualquier tipo de disidencia interna y externa de los estados del Centro. Y todo ello aderezado con grandes dosis de atontamiento social vía los medios de comunicación masivos.

Este tercer ciclo se cerraría con la derrota electoral del PP en las elecciones generales de marzo de 2004 y la subida al poder el PSOE. Esta subida supone un éxito relativo de las movilizaciones, ya que muchos de los planteamientos que se gritaron en la calle tiene que llevarlos a cabo el nuevo Gobierno (retirada de las tropas de Iraq, derogación del PHN, derogación de la Ley de Calidad).

1 – Durante el texto se va a hablar de movimiento antiglobalizaciónn entendiendo la globalizaciÛn como el estadÌo actual del capitalismo. Además se prefiere la denominaciónn de movimiento antiglobalizaciónn frente a otras como alterglobalización, ya que lo que une principalmente a dicho etÈreo y diverso movimiento es la crítica (en su mayorÌa de forma radical), más que la proposición. Además, en ocasiones se usar el término «movimientos sociales» en referencia a aquellos que no son institucionales (partidos o sindicatos mayoritarios) y que contienen al movimiento antiglobalizaciónn.

2- Una revisión más extensa, que ha servido de base para la redacción de este apartado y los dos siguientes, se puede consultar en: Fernández Duran, R.; Extezarreta, M.; Sanz, M. GlobalizaciÛn capitalista. Luchas y resistencias. Ed. Virus.

3 – Acuerdo Multilateral de Inversiones.

4 – El movimiento antiglobalización no ha sido el único actor de estas movilizaciones, pero sí ha actuado directamente en las mismas.

5 – Es un mecanismo por el cual multinacionales financian a la ONU «comprometiéndose» a producir con criterios sociales y ecológicos, lo cual es avalado por ONGs internacionales.