
El cuarto punto de inflexión: ¿Sobreviviendo al éxito (relativo)?
Tras la subida al poder el PSOE la movilización ciudadana desaparece de la escena en los niveles en los que la habíamos conocido en el periodo anterior. Parece como si los éxitos conseguidos, aunque muy limitados, supongan el fin del camino. Esto se puede explicar por varias razones:
Se abre un periodo en el que está latente de forma explícita (por los sectores de los movimientos sociales más cercanos al PSOE) o implícita (por el resto) dar un periodo de gracia al gobierno socialdemócrata. Predomina una especie de alivio por la derrota del PP, considerando que por lo menos el PSOE no es tan malo. Esto se ve alimentado por algunas medidas más o menos progresistas del nuevo Gobierno (retirada rápida de las tropas de Iraq, derogación del trasvase del Ebro, anuncio de la legalización de los matrimonios homosexuales). Aunque todo esto se enmarca en una política económica de corte marcadamente neoliberal (pero en una versión más suave que la del PP).
Los movimientos sociales muestran una marcada incapacidad de realizar convocatorias masivas. Esto se debe a varias razones. Por una parte está la falta de estructuración (cuando no grandes desavenencias) entre las distintas familias presentes en los movimientos. Por otro lado, como se comentó anteriormente, en el periodo anterior las organizaciones a penas si se han fortalecido. Por último cabe señalar que, debido en parte a las otras dos razones, el periodo de movilización anterior tiene una de sus causas en que los medios de comunicación cercanos al PSOE enfilaron directamente contra el PP convocando a las movilizaciones que se produjeron. Por lo tanto no hay unos canales de comunicación bien establecidos entre el movimiento antiglobalización y el resto de la sociedad.
Esta impotencia de los movimientos sociales se demuestra en las movilizaciones posteriores a las elecciones: contra la guerra, contra el proyecto de Constitución Europea, intento de realizar una consulta social en paralelo a las elecciones al Parlamento Europeo, o contra la visita del Banco Mundial a Madrid. En todos los casos nos encontramos con movilizaciones que, como mucho, llegan a los pocos miles de personas en la calle. Es decir, cifras del orden de las de las movilizaciones en el Estado español en la fase de “despliegue de raíces” anteriormente referida.
Además hay que señalar que es muy difícil mantener un grado de movilización alto de forma sostenida en el tiempo. Así, después de cada auge movilizador es normal que venga un relajo social, especialmente si esa movilización ha tenido parte de los resultados buscados.
Por último, una razón de menor peso, pero que también debe ser tenida en consideración, es el proceso de autodestrucción en el que se encuentra inmersa IU y que le impide una presencia real en las movilizaciones salpicando además a los movimientos sociales con sus problemas internos.
Esta nueva coyuntura puede tener la lectura de que hemos vuelto a una situación similar a la del primer punto de inflexión o, incluso, a la fase de gestación que antes se nombraban. Sin embargo, aparecen varios elementos claramente diferenciadores que hacen que el panorama nos sea mucho más favorable:
El primero de estos elementos es que, si bien es verdad que con toda la maquinaria que rodea al PSOE no se hubiesen podido realizar las grandes movilizaciones del periodo anterior, no es menos verdad que, sin todo lo que el movimiento antiglobalización había hecho con anterioridad, estas manifestaciones tampoco hubieran sido posibles. Es decir, que el movimiento antiglobalización se debe apuntar el tanto de imprimir en amplios sectores de la sociedad unas ciertas ganas de a luchar por un mundo más solidario, justo y sostenible.
Además, las distintas familias del movimiento también han sido capaces de organizar movilizaciones al margen de los sectores institucionales. El mejor ejemplo de ello fue la movilización de Barcelona contra la “Europa del Capital” de 2002.
Por otro lado hay que apuntar el fortalecimiento de los lazos entre los elementos que tienen más afinidad dentro de las distintas familias de movimientos sociales. En este sentido es interesante la experiencia del Tinto de Verano, la escuela de verano de movimientos sociales que vienen realizando en los dos últimos años partes del movimiento ecologista, sindical, de barrios, de trabajo con personas excluidas y pacifista. Este fortalecimiento probablemente empiece a tener una visualización en breve en forma de campañas más potentes.
También hay que señalar que la impresión en el inconsciente colectivo de millones de personas en las calles pidiendo paz no debe ser desdeñada. El Gobierno actual sube al poder con la rémora de venir de la mano de millones de personas que piden la paz o la sostenibilidad (aunque lo hagan de forma abstracta) y eso pasará su factura cuando no pueda ser acometido por el Gobierno. Las contradicciones del sistema no se pueden ocultar con una capa de barniz “humanitario” o “ecológico” y eso nos va a posibilitar campos de actuación futuros.
Por último hay que señalar la enorme importancia de tener un ejemplo en la mano de todo el mundo del “sí se pude” frente al famoso TINA(1) de Thacher. Una demostración palpable de que las movilizaciones son capaces tener éxitos (aunque esos éxitos sean tan limitados por ahora como la retirada de las tropas de Iraq pero el mantenimiento del apoyo a su ocupación, o la sustitución del PHN por otro plan con la misma filosofía desarrollista de fondo).
Hacia un relanzamiento del movimiento antiglobalización
Para entrar en un nuevo ciclo expansivo del movimiento debemos reflexionar a partir de unas cuantas cuestiones abiertas:
• Pérdida de la capacidad de movilización. Ante este hecho habrá que aprovechar las contradicciones que el sistema presentará, la coherencia y solidez de nuestro discurso (que se deberá ir amoldando a las nuevas coyunturas), y la palanca que presenta el hecho que las grandes líneas de lo que pedimos son compartidas por cada vez más sectores sociales. Así volver a experiencias de desobediencia simbólica puede ser una línea muy interesante a retomar, en lugar de empeñarnos en movilizaciones grandes que, en la coyuntura actual, nos debilitarán al compararlas con las más recientes.
• Aumento de la polarización social. Si bien se detecta que cada vez hay más sectores sociales con los que compartimos los valores, también se está produciendo un auge importante de los más reaccionarios. Estos últimos están aumentando cada vez más la tensión social. Nuestro papel no debería ser el de alimentar esa tensión, sino el de trabajar desde el respeto (que no tolerancia) haciendo nuestra actuación cotidiana lo más acorde posible con nuestros valores. La lucha es inevitable, pero la lucha no es contra las personas, sino contra los personajes que estas encarnan.
• Disminución de la capacidad de desobediencia organizada. Los cambios sociales no van a llegar vía movilizaciones que no se salgan del marco establecido. Pero tampoco van a producirse sin dar la posibilidad de expresare a una gran masa de gente que no está por la labor de ser gaseada y detenida. Así, habría que continuar facilitando y potenciando una expresión social masiva tranquila, pero que esté íntimamente vinculada a acciones crecientes de desobediencia civil noviolenta.
En las movilizaciones contra la guerra se ha podido observar una capacidad de convocatoria que ha trascendido los sectores que suelen movilizarse. Además se aprecia un floreciente aumento de la desobediencia, que debe ser canalizada hacia formas de desobediencia “organizadas” para no caer en la negación no creativa. Ahora puede ser el momento de potenciar de nuevo estas formas de desobediencia que muestren las contradicciones del sistema dándonos eco mediático, y continúen avanzando un poquito hacia los modelos de sociedad por los que luchamos.
• Reformismo versus radicalismo. Tendríamos que huir de este enfrentamiento y seguir trabajando por espacios de confluencia en los que convivir con nuestras diferencias, entendiendo que no es malo que cada sensibilidad tenga sus propios ámbitos de coordinación. En los espacios comunes habrá que profundizar en la crítica radical al capitalismo, como nuestro horizonte compartido. Pero este discurso no debe impedir ver la potencialidad, y en algunos casos la necesidad, de reformas parciales.
• Crispación en los espacios de encuentro del movimiento. Lo primero que tenemos que entender (lo cual parece que no es fácil) es que lo que nos une a los movimientos sociales se más de lo que nos separa, y que una sociedad nueva sólo se podrá construir en base a la búsqueda de los mínimos comunes denominadores y no de la imposición machacona de nuestro discurso en su globalidad. Así es fundamental hacer un importante esfuerzo por llegar a acuerdos de mínimos sobre los que construir y fortalecernos.
Además, estas coordinadoras deberían estar estructuradas alrededor de campañas concretas, y no intentar abarcar todas las temáticas, ya que las alianzas que podremos fraguar serán distintas en función de las campañas que abordemos.
Por último, a la hora de mejorar las coordinaciones sería de gran utilidad potenciar espacios informales de encuentro periódico en los que no se busquen acuerdos, sino únicamente el conocimiento mutuo entre las organizaciones.
• Estancamiento de nuestras organizaciones. Las personas que se mueven, en muchos casos, lo hacen sólo para acciones concretas. Así deberíamos tener el objetivo de que nuestras organizaciones permitan el acomodo de personas con poca capacidad o voluntad de trabajo, como paso previo hacia sociedades más participativas. Pero no nos agobiemos por no conseguir que una parte importante de las personas que van a las movilizaciones no se integren en grupos. Cambiar la pasividad social es algo muy lento y no podemos olvidar que guiarse sólo por el placer a corto plazo es uno de los principales valores del sistema.
• Poca visualización de alternativas. Este es uno de los puntos principales en los que debemos trabajar, abordando el desarrollo de alternativas reales y pasando de la protesta en negativo a la afirmante. Y las alternativas reales, a las que la gente se puede apuntar, sólo pueden ser locales. Eso sí, sin olvidar que lo local se refuerza por la coordinación global, y que hay temas que tienen que ser trabajados globalmente. Hay que pensar y actuar local y globalmente.
• Estabilización de una dinámica de Foros Sociales Mundiales y Continentales en los que el debate de fondo es casi inexistente. En los Foros Sociales es importante posibilitar espacios para l@s nuev@s activistas en los que “expert@s” transmitan lo que el movimiento elabora. Pero también es fundamental articular espacios de profundización, y esto sólo es posible con modelos organizativos horizontales, en los que todas las sensibilidades se sientan representadas. Además, los Foros Sociales deberían centrarse en el intercambio de experiencias, la profundización del debate, la presentación a la sociedad de nuestro discurso, y servir como un evento más de coordinación de campañas (simplemente uno más). Las campañas deben seguir basadas en lo local.
• Desembarco de la socialdemocracia en el movimiento. Este hecho puede comportar beneficios, como la apertura de sus medios de comunicación o la posibilidad de ampliar el espectro de gente al que llegamos. Además tenemos que tener claro que nunca conseguiremos un cambio real si no nos acercamos a la base social que vota al PSOE. Indudablemente estas oportunidades conllevan el gran riesgo de la institucionalizaición de parte del movimiento y la marginación del resto. No tendríamos que cerrarnos a colaborar con la socialdemocracia, pero esta colaboración se debe realizar básicamente bajo nuestro marco organizativo, discursivo y de actuación, manteniendo la preeminencia de los movimientos sociales. En todo caso este es un debate que ahora mismo queda en un segundo plano, ya que el PSOE está en el Gobierno.
• Aumento de la represión y la criminalización. Hay que señalar que dicha represión no ha disminuido con la llegada del PSOE al poder, como lo demuestra la retirada de mesas y los procesos abiertos a continuación contra la consulta social llevada a cabo durante las pasadas elecciones al Parlamento Europeo. Ante la represión una de las salidas históricas ha sido pasar a la clandestinidad (como ocurrió con muchos sectores durante los Años de Plomo en Italia). Pero el cambio social nunca podrá ser clandestino. Es más, nuestra defensa frente a la represión vendrá de hacer que esta sea lo más visible posible, y de que consigamos las alianzas sociales más amplias que podamos para instrumentalizarla.
1 – There Is No Alternative: no hay alternativa.