
Al igual que en 1988, los monjes budistas de Myanmar (antigua Birmania), han salido a la calle en protesta por las nuevas medidas económica llevadas a cabo por el gobierno, que sin previo aviso elevó el precio del combustible en un 500%, encareciendo el transporte público.Tras varios días de protesta comenzada el 19 de Agosto, alrededor de 200 activistas fueron detenidos. Monjes de Pakokku, al norte del país también acudieron a las protestas, siendo agredidos por los soldados.
Estas agresiones encendieron la mecha, ya que se dio por parte de los religiosos un ultimátum para que el gobierno se retractase de su actuación y pidiera perdón, haciendo oídos sordos a esta petición y cumplido el ultimátum, los monjes budistas comenzaron a salir en masa, acompañados de miles de personas que les apoyan en las numerosas marchas que han realizado años anteriores.
A partir del domingo, se suman a la movilización las monjas budistas.
Tras los ocho días que los budistas han liderado las marchas, en estos momentos integrantes de la oposición política han tomado protagonismo, es reseñable la actuación de jóvenes birmanos, que están acudiendo en masa a las marchas.
La veneración de la población hacia los monjes ha hecho posible, que el gobierno no encarcele a éstos, siendo los funcionarios políticos involucrados en las movilizaciones sobre quienes recae la represión y el encarcelamiento.
Día a día se intensifica la presencia policial y militar.
El pasado miércoles se decretó el toque de queda en las dos ciudades mas importantes del país, desplegándose un gran número de equipos antidisturbios y militares.
El aumento de la represión no acalla las protestas masivas, por lo que el gobierno militar que lleva en el poder 45 años, está en estos momentos entre la espada y la pared, porque por un lado el número de monjes que ronda los 400.000, se iguala con el número de integrantes del ejército del país, aunque no todos los monjes se han sumado a las protestas, alrededor de 30.000 si lo han hecho, además, acompañados por 70.000 civiles. El país es budista casi en su totalidad por lo que una actuación violenta contra los monjes desencadenaría el levantamiento de gran parte de la población. Por otro lado, la presión internacional comienza a hacerse patente. La ONU ha pedido moderación al gobierno militar en sus actuaciones.
No es seguro cual será el resultado de este enfrentamiento, aunque está claro que puede ser un momento clave para la reducción del poder militar en el país.
El resultado dependerá de la persistencia de la sociedad civil involucrada en la lucha y de los monjes, en la reclamación de mejoras en los servicios públicos, y en el cese de la represión política hacia la oposición democrática.