Antes en Tortuga: ¿Hablamos de drogas en los centros sociales?

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Debate sobre las drogas … despues de haber pasado la noche de fin de año en el Centro Social Okupado y Autogestionado La Alarma

Despues de haber pasado la noche de fin de año en el Centro Social Okupado y Autogestionado La Alarma y de conocer a buena gente de la que por allí se mueve, unos sintomas de decepción han hecho acto de presencia.

Siempre he defendido la ocupacion como una forma de trabajo social, como una forma de autoeducacion colectiva, como una forma de abrir espacios para los que no tienen espacios, como una forma de establecer nuevos lazos y/o vinculos para acompañar parte del camino de la vida con alguien y una afinidad construida en común.

Muchas son la okupaciones, sobre todo las primeras de Madrid allá en los años 80/primeros de los 90 como por ejemplo Minuesa en Embajadores o L’aldea en Leganes, Seco en Vallekas, etc. donde en las asambleas debatíamos la problemática de las drogas, el autoconsumo, los cauces de distribucion, y muchos otros temas que nos afectaban primero por la cercanía y después por el debate social que estos temas traían consigo.

Un denominador común en las asambleas era que estaban compuestas por gente de a pie, de la calle; estudiantes, obreros, militantes sociales del amplio abanico, curiosos en busca de alguna bandera que adoptar como suya, etc. Pocas de esas okupaciones (si es que se ha ido alguna por esa razón) se han ido al garete por los camellos, mas bien o por desalojos salvajes por el daño al sistema y la autonomia con la que funcionaban estos espacios o por aprendices de politicuchos que tomaron las asambleas desfigurando por completo el origen de la misma.

El tema de los camellos va a traer cola, ¿sacar fondos con la cerveza o con el ron esta genial y con otras sustancias no? ¿Por qué? ¿Habría que castigar a los cocaleros bolivianos por haber nacido en territorio cocalero? El nuevo espectro de okupas que aparecen preocupa. Preocupa y no al Estado. Se comienza a ver un nuevo sujeto okupa excluyente y sin memoria.

Tuve la ocasión de hablar con uno de los miembros de la asamblea en torno al nuevo flayer de la fiesta del día 5 de Enero en el cual uno de los sloganes es Ni reyes Ni camellos y este compañero me remontaba durante la conversacion a los años 80 donde miles de jóvenes murieron o se quedaron enganchados a las drogas del momento pero en ningún caso me hablo de una parte de esas madres de los drogo dependientes que se organizaron en Madres Contra la Droga por allá en los años ochenta y que invitábamos a los centros sociales a que nos contasen su experiencia y la de sus hijos. Tampoco me hablo de quienes son esa otra parte de los camellos, que no los confidentes, sino los camellos ocasionales carentes de recursos y con conciencia social que nos venden el hachís o la química en nuestros barrios. Me parecía increíble tener una conversacion de este calibre en un centro social okupado y autogestionado.

Y siendo cierto la crisis que las drogas ocasionaron en los jóvenes de los ochenta (y sino que se lo digan a los vascos gracias a Galindo o a la gente de la periferia de Madrid o Barna), algunos aprendimos que hay que convivir con las drogas y que las drogas no dejan de ser una de las muchos productos de consumo de nuestra sociedad. También aprendimos que no todos los camellos son chivatos de la policía, que nosotros también tenemos pobres y que nuestros espacios han de ser también para nuestros pobres y no solo para las élites universitarias del momento, ¿o es que dentro de la Alarma ya se empieza a plantear de manera oculta un proyecto de profesionalizacion del activismo? ¿Pretensiones políticas con expedientes inmaculados?…Experiencias de esta clase también hemos vivido algunos y me siento satisfecho de verme fuera de ese circo del pseudoactivismo en el cual los listos de siempre buscan hacer currículum a costa de los tontos útiles de turno, pero claro, los gitanos y los peludos con rastas no dan cache a la hora de invitarlos a nuestras fiestas, es mas, como no se van a dejar convencer de trabajar para proyectos infinitos (cualquiera de los ismos de hoy en día) son incómodos e incluso peligrosos por su insumisión (muchas veces no escogida) al sistema.

El ser camello hasta ahora y en nuestros círculos, siempre se había respetado (al igual que a los consumidores independientemente de su condición) entendiendo que los camellos eran parte de las capas mas bajas de la sociedad y personas a las que la vida las había maltratado. Y no hablo de los Charlines o de los capos que infectan el sistema desde despachos de lujo o comisarias sino de la gente de nuestros barrios, nuestros colegas y/o vecinos. Esta claro que quien okupa o monta sus chiringos es quien marca las normas pero seria recomendable reflexionar sobre determinados sloganes.