
Sobre la muestra Ninguna mujer nace para puta
Mujeres Creando, en Buenos Aires
El arte de la rebeldía
La casa está pintada de un color extraño. Demasiado
oscuro para ser llamado rosa y demasiado claro para nombrarlo morado,
lo que mejor lo define es su contexto: en una típica calle de La Paz, donde dominan los marrones, su fachada adquiere el tono de la
rebeldía.
La casa tiene nombre -La virgen de los deseos- y voz
propia, que grita desde las paredes con voz de aerosol, como en esas
tantas otras paredes de la ciudad que desafían con sus intervenciones
callejeras.
Abajo, hay una tienda de productos agroecológicos,
reponsabilidad de Maritza y Gabriela. Tras unos pocos escalones, se
presenta un bar que cambia su fisonomía a cada hora. Al mediodía, a
precios muy económicos, hay comida casera preparada por Florentina. A
la tarde, hay té y charla bajo la atención de Charo y despliegue de los
libros que selecciona Julieta. A la noche, debate y cerveza,
presentados por María, a cargo también de la edición de la publicación
Mujeres Públicas.
Un piso más arriba vive la videoteca que
exhibe los títulos que están disponibles por una moneda. La función
comienza cuando uno llega, ya que allí el tránsito de las películas lo
ordenan los interesados. En la segunda planta se ubica el albergue, un
puñado de habitaciones que administra Svenka.
La casa ofrece,
además, un servicio imprescindible para quienes habitan las calles de
ese barrio céntrico: baños públicos. Estamos en La Paz y eso significa,
fundamentalmente, centenares de mujeres indígenas vendiendo sus
productos en la calle durante todo el día que no son bienvenidas en
ningún otro comercio a la hora de desahogar sus necesidades. Tener la
sensibilidad para comprenderlas y la capacidad para crear una solución
práctica es la mejor manera de explicar de qué se trata Mujeres Creando.
La
charla en la que este grupo de mujeres cuenta su historia de cómos y
porqué es apenas una síntesis de la conversación que compartimos junto
a Maba Jara, del MTD de Solano, Sonia Sánchez, de Ammar Capital y
Marina Sitrin, la escritora y activista norteamericana que hizo posible
este encuentro.
¿Cómo definirían el feminismo de Mujeres Creando?
María
– Es un feminismo que atraviesa sectores sociales, que está instalado
en la calle, en el escenario público con una identidad propia. No es un
feminismo recluido, del tiempo libre, de cuatro académicas que se
reunen una vez cada quince días y, de tanto en tanto, dan una
conferencia superlinda en un hotel.
¿Ustedes se definirían como un movimiento social?
María-
Lo que somos es parte de todo un proceso. Nosotras nacimos como
comunidad, en una zona marginal de la ciudad de La Paz. Habíamos
regresado del exilio, roto con el partido, roto con el aparato, roto
con la izquierda, y teníamos una pregunta: qué hacemos. Bueno: hicimos
una comunidad y empezamos a trabajar de cara al barrio, a partir de lo
que siempre hemos creído, que es la autogestión, con la idea de, en el
camino, ver en qué carro nos embarcábamos. Era el pleno auge del
neoliberalismo. Y lo que pasó fue que el barrio, en ese fue un proceso
que duró dos años, funcionalizó completamente nuestro trabajo.
-¿Qué quieren decir con «funcionalizó»?
María-Funcionalizar
quiere decir que nosotras éramos muy útiles para que nadie cambie. La
comunidad estaba encantada de que la acompañemos mientras no la
subvirtamos, mientras no la alteremos. Entonces, de ahí surge Mujeres
Creando con su lenguaje tan revulsivo. Ahí decidimos nosotras convertir
a la comunidad en un movimiento social. Fue una actitud deliberada. Uno
diría: un movimiento social no puede surgir así. Pero nosotras asumimos
deliberadamente la soledad en ese momento, la constitución de ser
pocas. Asumimos la necesidad de que no entrábamos con ese tipo de
discurso en ninguno de los escenarios políticos públicos que ya
existían. Asumimos que había que crear un escenario. Y nuestra
estrategia para crearlo fueron los grafittis, pero un grafitti terco,
insistente, permanente, y firmado. Un grafitti donde poníamos el
cuerpo. Luego surgieron las acciones en la calle, y todo un proceso de
ir revolviendo alrededor de los espacios públicos. Ganando enemigos,
digamos, dando polémicas en todos lados.
Creo que a esta altura
podemos decir que Mujeres Creando somos un referente de rebeldía.
Seguimos siendo pocas mujeres, aunque hemos trabajado con movimientos
masivos, como las deudoras hipotecarias o las mujeres en situación de
prostitución, que no eran ni una ni dos, sino 6.000. Hemos logrado
hacer cosas entre mucha gente, pero nunca hemos querido trabajar en
plan de «si te incorporas a Mujeres Creando, si asumes mi bandera, si
recoges mi camiseta», porque eso iba a ser un proceso de acumulación
tipo partidario: inflar una organización sin una práctica en la base.
Entonces, en ese sentido sí considero que somos un movimiento social
por varias razones. Porque nosotras tenemos un escenario público y una
voz propia, que es un referente a nivel nacional. Porque nosotras
tenemos una larga trayectoria de, no diría conquistas, pero sí de cosas
que hemos puesto sobre la mesa de esta sociedad. Porque hemos tenido y
tenemos iniciativa política y una lucidez sobre lo que queremos y sobre
lo que deseamos. Y porque tenemos un horizonte de cambio. Pero lo que a
nosotras más nos interesa es el hecho de que nuestra práctica, sea en
aquella comunidad pequeña que teníamos, sea a través de Mujeres
Creando, no sea funcional a las relaciones sociales donde estamos
insertas.
Me gustaría que nos ayuden a definir esto que
ustedes crearon, que es el concepto de «feminismo autónomo». ¿Cómo lo
podríamos explicar?
Julieta- Cuando Mujeres Creando se
inicia, se plantea ciertos principios de acción, que son la autonomía,
la heterogeneidad, la coherencia entre lo público y lo privado. Y
cuando hablamos de autonomía hablabámos en un momento de manera muy
«primaria», por la experiencia que las propias compañeras tenían con
respecto a los partidos políticos, a las ONGs, al Estado y la relación
que establecían las tecnócratas de género con respecto al Estado, esa
relación de demanda/concesión permanente. Entonces, a partir de eso
planteamos que nuestro feminismo es autónomo porque no se supedita a
ninguna instancia que quiera dominar nuestro pensamiento y nuestra
acción política. Porque creemos que eso es nefasto para el movimiento
social. La autonomía representa tener una capacidad de acción y de
pensamiento propio, desde el feminismo.
Gabriela- Tener
nuestra propia palabra, para mí es autonomía. Autogestionarnos nosotras
mismas, también. Eso entendemos que hace a un movimiento autónomo.
María-
Cuando lanzamos el tema del feminismo autónomo como un quiebre
ideológico fundamental, fue por entender la autonomía como una
estrategia, pero también como un concepto: cómo nos vamos a relacionar
con el conjunto de los movimientos, las instituciones y los actores que
forman parte de la sociedad. Planteamos la autonomía como una forma de
relacionamiento. Es decir, nosotras entendemos que el feminismo es un
proyecto de subversión, de subversión de las relaciones de opresión.
Que el feminismo, al ser un proyecto de subversión, es un proyecto de
cambio social, y no es un mero proyecto de igualdad de derechos, ni de
participación política de la mujer ni de incorporación de las mujeres
dentro del proyecto sistémico, dentro del proyecto patriarcal. Pero al
mismo tiempo, entendemos que el feminismo no tiene un sujeto que es «la
mujer», sino » las mujeres». Y estas mujeres somos universos bien
complejos y bien diferentes. Por ejemplo, si nos colocamos como un
proyecto capaz de abrigar, de contener a diferentes universos de
mujeres, esto significa que cada uno de estos universos, y al mismo
tiempo su interacción, se va a relacionar de maneras muy diferentes con
el conjunto de instituciones, de lugares sociales donde está inmerso. Y
todas esas relaciones podrían tener solamente en común el tema de la
autonomía. Entonces, la autonomía es un forma de relacionarte con el
Estado, pero no para «incorporarte a», ni para ser un cliente, sino
para interactuar, dialogar, o a lo que quieras hacer con el Estado,
pero con tu propio lenguaje y con tu propio horizonte. Nunca cedes tu
horizonte, nunca permites que tu horizonte sea cooptado por esa
institución.
La autonomía sería colocarnos desde fuera de las
instituciones, desde fuera de los horizontes del proyecto patriarcal.
Nos colocamos desde «fuera de» para «relacionarnos con». Porque tu
escuchas a la mujer en estado de prostitución que dice: «nosotras
tenemos que relacionarnos con el Estado, porque el Estado nos secuestra
el cuerpo», mientras que otra compañera dice «nosotras tenemos que huir
de la relación clientelar con el Estado». Son dos estrategias
absolutamente válidas, que lo que podrían tener en común es el eje de
la autonomía. La autonomía es lo que te permite decidir a vos qué
hacer, y definir tu horizonte a largo, a corto y a mediano plazo. Y
desde allí plantear las relaciones.
Entonces, hemos entendido la
autonomía como una estrategia y una forma de relacionarte con todos
estos actores y este universo, patriarcal, societal, como quieras
llamarle, pero también para erosionarlo. La autonomía tiene que ver con
eso. Con, por ejemplo, si sos una puta y un día tienes que ir al
Parlamento y decir lo tuyo, decirlo en tus términos. No por entrar a
ese edificio -no digo como parlamentaria, porque eso implicaría otras
discusiones- vas a pasar por el lavado y fumigado que el sistema te
quiere hacer para que te constituyas en interlocutora. Otro ejemplo:
ahorita los maricones y las lesbianas tienen matrimonio en España. Se
han constituido en interlocutores de «la normalidad», pero a partir de
una heterosexualización, de decir que son monógamos, que son fieles,
que son maridos, que son esposas. La otra opción es la que toman muchos
movimientos que se autoarrinconan. «Yo no me relaciono porque no quiero
contaminarme.» La autonomía es una estrategia y un concepto de plantear
las relaciones que te permite no aislarte, que es lo que querría el
sistema. Estamos afuera, pero no para aislarnos y no contaminarnos.
Creemos en la autonomía, sí, pero para incomodar
-Estos días
estuvimos hablando con diferentes mujeres bolivianas y escuchándolas
nos dimos cuenta de que había algunas cosas que aquí están
culturalmente más arraigadas. Una es la vergüenza, el pudor, la
timidez, como una carga, una mordaza. La otra es la culpa, algo de lo
que muchas nos hablaron, inclusive para mencionar que se sumaron a la
lucha social por la culpa que sentían.
Florentina-
Pero eso es la costumbre de la gente aymará. Culpabilizar a la mujer:
si el niño ha enfermado, la mujer es culpable. O si no hay dinero y ha
vivido esa familia mal, la mujer es culpable… La mujer siente que es
culpable… Y muchas madres inculcan inclusive a sus hijas: «pues por qué
habrá nacido esta mi hija mujer, va a sufrir igual que yo» . Además
dicen que la mujer no tiene derecho a nada. La mujer es una manera de
desprecio. Bajo, bajísimo. Una cosa desvalorizada… No hay una palabra
para justificar eso.
Por ejemplo, en las reuniones no te toman en
cuenta, y si está una mujer tomando la palabra dicen, «¿qué quiere esa
puta?». Solamente hablan las putas, porque una mujer normal, una mujer
correcta, no puede hablar delante de los varones, no puede plantear sus
problemas, no puede decir sus derechos. Solamente aquella mujer puta
que busca hombres puede hablar públicamente. Entonces, por no ser
criticada, por no recibir las acusaciones, la mujer misma se mete para
adentro. A eso tienen vergüenza: de hablar, de decir todo.
Pero
todas las mujeres no son así. Algunas mujeres sí han salido. A mí, por
ejemplo, ya no me interesa lo que me dice la gente, no me interesan mis
compañeras y mis compañeros aymaras cuando me dicen: «Te has metido con
las lesbianas, te has metido con las señoritas». A mí ya no me
interesa, porque ya he pasado ese prejuicio que tienen. A mí no me
interesa, porque yo sé que ellas están equivocadas. La cultura aymara
es muy fuerte hacia las mujeres, es muy fuerte en someter en muchas
cosas, y su propio marido, su propio padre, desvalora, lo invisibilizan
completamente. Entonces, salir de eso es muy difícil para aquellas
mujeres.
-¿Qué encontraste vos en Mujeres Creando?
Florentina-
¿Yo? La libertad, la felicidad. Yo realmente no sé quién soy en este
momento. Sé que soy una mujer… que parezco a veces que no soy chola, a
veces casi soy una niña, a veces me siento también como una gringa,
porque puedo pasear, puedo ir por donde sea. Porque mujeres como yo no
tienen esa posibilidad. No tienen esa posibilidad de discutir con un
hombre, de decirle a una autoridad: «Estás haciendo esto mal». Ahora
tengo otro planteamiento, otra manera de vivir. Tal vez otra vida. Una
vida que tiene proceso, un proceso muy rápido.
-¿Hace cuánto estás en Mujeres Creando?
Florentina- Unos siete, ocho años.
-¿Antes tuviste otra experiencia de militancia?
Florentina-
Soy dirigente sindical. He estado desde mis 19 años dirigiendo miles y
miles de mujeres. He hecho alianzas de mujeres campesinas y mineras He
asumido un cargo provincial. Entonces yo he venido, por ejemplo, en los
momentos muy difíciles, en los momentos del gobierno del dictador,
donde estabas perseguida, donde te trataban de matar. Y luego, cuando
volviste de la clandestinidad, cuando pides a través de tu huelga de
hambre, a través de tu bloqueo de camino, la supuesta democracia en
Bolivia, y después en ese proceso de lucha, tu sacrificio, que ha sido
tan fuerte, tus mismos compañeros desvalorizan tu lucha, no te
valoran… Sin embargo, tus palabras que has pensado, tu ideología, se
la apropian para ellos y en los momentos de decisión ellos deciden. Son
experiencias muy, muy feas. Incluso cuando ya ganas, a su pesar, a un
varón, te acusan de puta… Son cosas feas. Y después en los hogares, los
celos, el maltrato, los golpes… ese sufrimiento a mí me golpeó
muchísimo. Encima hablaban de la lucha, la lucha de la mano derecha e
izquierda, la mano derecha son las mujeres, que debemos luchar marido y
mujer, todo era una cosa así para opacarte, para taparte la boca
solamente. Todo eso me causó dolor … Yo he buscado a la María, a la
Julieta, y me integrado a Mujeres Creando, cerrando mis ojos, sin
preguntarme, porque ya estaba harta. Para mí todo el proceso ha sido
muy rápido. Ahora soy otra persona.
-Y para vos, que fuiste criada, prácticamente, por estas mujeres…
Maritza, hija de Florentina-
Mujeres Creando han sido mis madres. Estoy desde los 9 años aquí. Al
principio sí tenía miedos, y hasta ahora sigo teniendo miedos, pero la
fuerza de estas mujeres, de todas las compañeras de Mujeres Creando, te
ayuda mucho a conocerte a ti misma, conocer tu identidad propia,
conocer qué es ser mujer, y no el modelo de la sociedad que busca en ti
que seas una mujer callada, una mujer sumisa, una esposa buena, sino
que realmente cambies todo eso y que todo ese cambio sea para bien.
Para mí el choque más fuerte fue cuando me decían «por qué vienes con
Mujeres Creando, si ellas son unas tal y tal, ¿tú eres así?». ¡Esa
rabia que te da! A mí por lo menos me daba rabia que digan eso, y una
rebeldía que nacía dentro de mí. Entonces era una forma de valorizarme
a mí misma y ganarles y decirles «mira, yo puedo». Le daba más ganas al
estudio, más ganas a todo eso.
Eso ha sido algo muy lindo.
Ahora veo los frutos. Porque al principio me peleaba, discutía con los
hombres y me preguntaba yo misma ¿por qué me estoy peleando, si para mí
más fácil sería callarme? Fácil sería decir me callo, qué me importa.
Ahora por ejemplo, puedo decir yo soy aymará y no lo niego, pero no el
aymará que ellos dicen, sino aymará de lo que yo digo, de lo que yo
creo.
– Y ustedes ¿por qué se acercaron?
Gabriela-
Me atraía toda la rebeldía que ellas tenían, una rebeldía que yo sentía
dentro de mí, de mi vida. Y que no podía sacarla sola. Era algo que me
atraía como un imán que me jalaba siempre, pero mis miedos y mis dudas
me hacían no verlo. Un día, decidí abrir los ojos. Entonces aparecí.
Fue como encontrar una parte de mí misma, que yo había estado buscando
desde hacía mucho tiempo, y que sentía que me hacía falta. Por eso
llego a Mujeres Creando y empiezo a ver que eso que yo necesitaba lo
encontraba con ellas, que me ayudaba a ser mejor a mí misma, y que
también yo podía aportar algo acá. Y que podía hacerlo desde mí misma,
desde lo que soy, desde lo que pienso, desde las cosas en las que creo.
Ha sido un cambio muy, muy lindo. Porque antes sobre mí pesaban más mis
miedos y mis dudas, y toda esa represión que yo misma ponía encima mío.
Después ya empecé a soltarlos, a llenarlos de fantasías, a llenarlos de
sueños, de esperanzas, y de saber que si se quiere se pueden hacer
muchas cosas, te puedes realizar de una manera en la que realmente te
sientas feliz. Ha sido ese cambio de verme a mí misma como una persona
nueva, saber que puedo hacer mejores y más cosas.
Julieta-
Para mí, ya son 13 años. Desde changuita, toda mi formación política la
he recibido acá. Aunque dentro de la Universidad, siempre tienes
opciones, siempre hay grupos de izquierda que quieren cooptar a los
nuevitos, a las nuevitas. Pero me he acercado a Mujeres Creando por ser
algo super novedoso que cuestionaba cosas que para mí eran cercanas, el
tema del machismo dentro de la familia, los roles que las mujeres
cumplen …
La organización
-¿Cómo trabajan el tema liderazgo dentro de la organización? ¿O son todas líderes?
María-
Dentro de Mujeres Creando no se da que unas están encima de las otras y
que unas dicen lo que las demás tienen que pensar, sino que cada una va
construyendo un propio pensamiento. Todas vamos por un mismo camino,
pero con nuestra propia voz y con nuestro propio pensamiento.
Julieta-
Esto no es algo dado, sino que es un intento permanente, un intento de
ser coherentes, día tras día, hora tras hora, con cada una de las
compañeras, con las diferencias que existen dentro de nuestro grupo, de
edad, de raza, de extracción social. Todo el tiempo estamos en eso,
trabajando sobre el tema de las no jerarquías dentro del grupo.
-¿Cómo toman las decisiones para llevar adelante las acciones en la calle?
Julieta-
Las acciones que hacemos siempre tienen el riesgo de que haya
represión. Nos organizamos entonces no solo para llevar adelante la
acción, sino para planificar cómo defendernos. Hay otras cosas que no
pueden preveer, cómo quién van a quedar presa, quién va a lograr
escaparse…
-Y en cuanto al contenido de las acciones ¿por qué creen que logran tanto impacto?
María-
No es necesariamente por un hecho artístico, sino porque hay un
lenguaje político, porque tocamos la sensibilidad, lo cotidiano, lo que
está más dentro. Cuando decimos «no somos marginales», es porque
estamos instaladas en el centro de las sensibilidades sociales. Y creo
que ahí es cuestión de sentarnos y pensar.
Si «jugamos» tanto con
las sensibilidades, es porque en el movimiento hay libertad. No
trabajamos por el consenso, no tenemos que estar todas de acuerdo para
hacer algo. Trabajamos sobre el disenso. Puede ser que dos quieran
hacerlo y cinco no, entonces nadie tiene el derecho de prohibir ni de
obligar, porque pones tu cuerpo, pones tu cara.
-¿Qué elementos caracteriza ese lenguaje propio que han desarrollado en Mujeres Creando?
María-
Para nosotras, poder generar el desafío de la horizontalidad -no digo
ya la horizontalidad misma, sino el desafío de construirla- es posible
porque partimos de la articulación de tres cosas: trabajo manual,
trabajo intelectual y trabajo creativo. Son tres pedazos de una misma
cosa y su articulación es algo que acá se cumple como una especie de
requisito. Esa articulación de los tres tipos de trabajo nos ha
permitido generar por lo menos una base de horizontalidad y, al mismo
tiempo, un lenguaje propio que nace a partir de un desafío. Aquí la
mujer que viene de movimientos sociales tradicionales y que quiere
dedicarse únicamente al trabajo manual, que no quiere repensar, o
reconocer su potencialidad creativa -que no es un tema de autoestima-
debe enfrentar ese desafío. Porque cuando tú reconoces tu potencialidad
creativa lo primero que haces es reconocer tus fuerzas más rebeldes,
tus desobediencias. Cuando nosotras decimos «no somos intelectuales ni
artistas», justamente estamos tomando distancia de ambos terrenos,
porque vemos que hay una sobreinterpretación por parte de los
intelectuales, para -de alguna manera- sacar ventaja sobre los
movimientos y ser intermediarios de su voz. Ese tema a nosotras nos
preocupa mucho, porque la palabra directa es la única que realmente
instala lo nuevo, y crea fuerzas expresivas.
– Ustedes han
expresado ese lenguaje en la calle, pero también en un medio masivo
como la televisión ¿cómo han logrado conciliar herramientas tan
diferentes?
María- La televisión es parte de la
construcción de un imaginario sistémico. Sobre todo para las mujeres.
El tipo de mujeres que aparece, el tipo de estética que venden, cómo
están repartido los roles, todo, hace de la TV un proyecto sistémico de
recorte de nuestra estética, de nuestros cuerpos, de nuestros
lenguajes. Porque es imagen. Va más allá del discurso. A nosotras la TV
nos interesa, no solamente como un espacio de difusión. Nos interesa
porque la TV está atravesando la vida privada, que es el espacio del
feminismo. Entonces nosotras sabemos que tenemos que estar allí.
Pero
para estar allí podríamos haber hecho lo siguiente: enflaquecer un poco
y comprarnos un traje para ir a hablar de feminismo. Y la Florentina,
evitar su acento aymara -que ella no evita porque es una actitud
política- y conseguirse un marido con quien ir a la televisión y decir
«tengo un marido, soy mujer aymara», y largar algunas cositas parecidas
a las que decimos. Pero a nosotras, la autonomía como estrategia de
relacionamiento con la televisión nos ha permitido decir: «entramos si
entramos con nuestro propio proyecto. Nuestro lenguaje es de la calle,
y lo que vamos a hacer es utilizar la televisión como si fuera la
calle». Y es eso exactamente lo que hicimos. Era, de alguna manera,
revolver la televisión. Que a mí, en sím misma, me emputa. Por ejemplo,
tú ves a los intelectuales de izquierda que acá se consideran lo más
radical de la tierra, pero entran a los medios de comunicación y pasan
por un tamiz, el lavado, el engrase, el fumigado y el desinfectado,
dicen «revolución» y suena a «cosmetología». Sufren una metamorfosis
impresionante. Nosotras no.
-¿Cómo trabajaron, por ejemplo, los programas de «Mamá no me lo dijo»?
María-
Yo hice «Mamá no me lo dijo» en un año sabático. Pedí un especie de
permiso al movimiento. Dije:» miren, tengo que hacer un alto, ya son
diez años, tengo que hacer alguna cosa que me reviva, que me dé
adrenalina, que me guste, que me dé la gana, que me salga de muy
adentro». Eso fue «Mamá no me lo dijo». Las compañeras diciendo: «andá
nomás».
Lo pude hacer porque gané un concurso con un borrador. Y
cuando ya gané ese dinero, pensé entonces: el gran vacío de Mujeres
Creando son las putas. Porque las putas van a tener la capacidad de
decir aquellas cosas que no están dichas. Van a tener la capacidad de
poner la cultura, que en Bolivia es un corsé en el sentido de opresión
que tiene la cultura muy fuerte, al límite. Entonces, una estrategia
muy valiosa fue invitar a una persona de fuera, como fue Eliana, una
prostituta chilena con el coraje y la trayectoria suficiente como para
hacer la filmación que hicimos: medir con un centímetro los penes en
plena calle. Esa filmación puso la ciudad de cabeza, hizo intervenir a
la policía, hizo gritarnos cosas horribles a la gente. Y todo eso fue
parte del programa. ¿Qué pasó después con todo eso? Las primeras en
haberse sentido convocadas han sido las putas. ¿Por qué? Porque
definitivamente su interacción con el pene no la tiene ninguna otra
mujer heterosexual. El pene no es su herramienta de trabajo, pero es…
-Su herramienta de opresión…
María-
No sé si es herramienta de opresión, pero digamos, el vínculo que ellas
tienen es absolutamente descarnado, un vínculo desvergonzado. Entonces,
que nosotras hayamos tocado ese lugar, claro, les ha emputado a todos
los hombres, pero a las putas las ha convocado inmediatamente, las ha
sembrado la expectativa hacia nosotras. Una vez que hicimos esta acción
comenzamos a pensar… A ver, ¿cuál sería el método, si es que
sistematizamos eso que logramos con esa filmación? Tocar el lugar de
sensibilidad, tocar lo que más duele, tocar lo que está prohibido
tocar, pero tocarlo. Tocamos eso y se nos abrieron las puertas, porque
después las chicas nos buscaron y empezamos una dinámica muy bonita, de
ir a visitarlas, charlar, llevar personalidades a hablar con ellas. Ese
fue el trabajo que hicimos después de la emisión.
Pienso que nada
de eso hubiera sido posible si no se tocaba el elemento pene. Además,
la frase que usamos -«un pene, cualquier pene, es siempre una
miniatura»- ayudó mucho, porque no fue una provocación arbitraria ni
gratuita ni caprichosa, sino que una provocación que buscó el punto de
sensibilidad.
-¿Por qué elegiste el título de «Mamá no me lo dijo» para ese ciclo?
Maria-
Lo de «Mamá no me lo dijo» puede ser interpretado como tú quieras, pero
básicamente lo elegí porque filmar es tomar una perspectiva, es mirar.
Y mirar es asumir un punto de vista. Entonces «Mamá no me lo dijo» es
asumir el punto de vista de la hija, que es un lugar que a mí me
interesa mucho. ¿Por qué? Porque siempre se mira desde el lugar de la
madre … Yo entiendo que la maternidad puede ser algo maravilloso, puede
ser libertad, puede ser una fuente muy creativa para las mujeres, pero
está tan, tan secuestrada, que en este momento es un lugar de
legitimidad patriarcal. Entonces, elegí la hija, porque todas hemos
sido hijas, aunque no todas somos madres. Entonces, ese punto de vista
de la hija era un lugar desde dónde todos los estereotipos abordados
desde el programa -la india, la puta, la vendedora, la monja- podían
estar juntas.
Después de pasar las filmaciones del programa,
recibían en vivo los llamados de la audiencia, en general, agresivos.
¿Cómo viviste, Florentina, esa exposición tan grande?
Florentina-
La gente aymara por lo general no tiene teléfono para llamar,perola
gente de la ciudad sí, ha llamado, ha habido insultos y todo eso. Todo
eso se ha superado, no es que no. Ha sido un éxito para mi manera de
ver. Pero a través de ese canal ya he sido una mujer pública de Mujeres
Creando. Eso es lo que más se me cuestionó . «Por qué tú te has ido con
esas locas, son lesbianas, las aymaras nunca somos así». Pero yo creo
que este cuestionamiento de ellos es cosa de ellos, no es mío. Son sus
cosas. Por lo menos eso ya se ha frenado, porque saben que Mujeres
Creando no vamos a ir a ninguna diputación, no vamos a vendernos a un
color político.
Para mí ha sido un buen espacio para distanciarme con aquella gente corrupta.
Y
luego muchas mujeres, por ejemplo, cuando hay momentos en los que las
ha arrasado el abuso del hombre, la violencia, todo eso, ya no limita,
porque llegan a este lugar llorando, chillando, diciendo «ayúdame, esto
me ha pasado.» Tenemos un apoyo total de clandestinidad de muchas
mujeres. Eso a mí me da alegría porque sé y conozco. Porque dicen «tú
eres de Mujeres Creando, qué bueno, hagan, adelante, ustedes sí que son
muy fuertes, ustedes son mujeres». Entonces, eso ¿qué quiere decir?
«Ustedes luchen para nosotras, pero nosotras tenemos miedo». ¿Por qué
tienen miedo? No son cuestiones políticas, sino que tienen vergüenza de
meterse dentro de nuestro movimiento social. ¿Por qué? Porque les va a
decir el marido «¿cómo te vas con esa lesbiana, cómo vas a ir con esa
india? Son unas locas. Te van a tergiversar, te van a lavar el cerebro.
Entonces no vayas». A pesar de que está de acuerdo esa mujer con
nuestra decisión, con nuestra política. Pero no les permiten llegar,
estar con nosotras.Y desde la gran clandestinidad estas mujeres están
de acuerdo, así como hombres que están de acuerdo, pero por la
vergüenza de que somos mujeres tan, tan fuertes, pues, los alejan.
Julieta-
Creo que en todos los lugares del mundo hay personas, hay grupos que
están buscando otras formas de hacer política, que no son las
tradicionales. Yo respeto esas otras formas, otras organizaciones, pero
que responden a coyunturas, a problemáticas que vives en tu contexto, y
ahí está la riqueza, no en tanto apruebes o no apruebes esta forma de
organización o no desde lejos. La práctica de alguna manera dirá cuán
válida es. El futuro dirá si realmente hemos sido consecuentes, si
realmente hemos roto con las jerarquías o hemos elaborado nuevos
discursos, nuevas prácticas sociales, nuevas formas de luchar.