No conozco el porcentaje de la gente que en este momento en España, tras el culebrón de los asesinatos de Mari Luz y Marta Castillo, se muestra favorable a la implantación en nuestro estado de la cadena perpetua. Pero debe ser mayoritario. Las campañas para demandarla protagonizadas por los padres de las dos fallecidas, convertidos en inesperadas estrellas mediáticas, y apoyadas interesadamente por los medios de comunicación en busca de audiencia, han hecho estragos entre la opinión pública.

Sea cual sea ese dato efectivamente se lo debe todo a la fuerte campaña de sensacionalismo morboso que están protagonizando los medios de comunicación de este país de la forma más irresponsable y menos ética que había visto hasta ahora.

Por desgracia hay mucha gente ignorante y poco dada a informarse y reflexionar que hace suyos los sentimientos de rabia, odio, miedo y deseos de venganza primaria que tanto se promocionan en la tele y acaba interiorizando eslóganes fáciles como el de la cadena perpetua sin llegar a preguntarse si y de qué manera se van a resolver los problemas con ellos.

Si la gente que ahorá pedís a gritos la cadena perpetua tuviérais un mayor grado de responsabilidad ciudadana y de sentido común prestaríais más atención a la gran mayoría de expertos (juristas, sociólogos, criminalistas…) que no paran de decir que estos endurecimientos del código penal a golpe de telediario son aberrantes. Lo son porque no reducen en absoluto las tasas de delitos y lo único que logran es desbordar el sistema penitenciario, cuyo gasto, por cierto, sale de nuestros bolsillos.

También podríais leer los estudios psicológicos y sociológicos que afirman que casi ningún recluso de larga duración reincide, y que si la cárcel en lugar del sitio que es para dejar vegetar seres humanos en condiciones deplorables fuera al menos una institución dedicada a tratar las patologías que llevan por ejemplo a los delincuentes de tipo sexual a cometer sus crímenes, es decir, si cumplieran la función rehabilitadora que les asigna la Constitución, las tasas de reincidencia serían prácticamente cero.

¿Para qué queréis tanto castigo? Eso no solo no evita que haya delitos sino que además impide aplicar otro tipo de medidas como las preventivas y rehabilitadoras que sí los reducirían. ¿Por qué? Yo responderé. Porque os gusta el morbo y la venganza, porque os sentís muy afirmados cuando desahogáis vuestra frustración y la canalizáis hacia chivos expiatorios. Por eso.

Cadena perpetua sí. Y luego querréis pena de muerte. Y que la tortura sea legal. Para eso volvemos a la dictadura franquista y acabamos antes.


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