
JOSÉ MARÍA TORTOSA
Orlando Zapata, disidente cubano, murió la semana pasada después de una larga huelga de hambre. Su suicidio, asesinato, homicidio, muerte produjo una serie de comentarios sobre el régimen cubano y sobre la posición del Gobierno español ante el mismo y sobre el fracaso de la política socialista a la hora de mejorar el respeto a los derechos humanos allí. Cinco disidentes han entrado después en huelga de hambre.
Evidente: Cuba no es una democracia y, por tanto, y en plena fiebre democratizadora (se ha invadido países como Afganistán e Iraq para democratizarlos y ya la señora Clinton ha sugerido que Irán se encamina hacia una «dictadura militar»), hay que hacer todo lo posible por democratizarla. Nada que objetar, excepto algunos datos que obtengo de la no muy sospechosa «Freedom House», poco sospechosa desde el momento en que sus datos son alabados por el no más sospechoso Francis Fukuyama, el de «El fin de la historia».
«Freedom House» publica todos los años una lista de países ordenados según su grado de libertad y clasificados en tres grandes grupos: libres, parcialmente libres y no libres. La clasificación se hace reuniendo diversos indicadores que permiten «cuantificar» la libertad desde el 1 (libres) al 7 (los menos libres de todos). Vamos a ver la lista publicada en 2010 y me voy a centrar en los países que, al entender de dicha organización, no son libres.
Comencemos por los «fronterizos», los que tienen un 5,5. Son 17 países, de los que, a mi vez, destacaría los siguientes: Afganistán (no muy democratizado, a lo que parece), Egipto (el más fiel aliado de los Estados Unidos en la zona y uno de los primeros receptores de ayuda estadounidense), Rusia (¿la invadimos para democratizarla?), Brunei (con un sultán que se encuentra entre los gobernantes más ricos del mundo) y, para gusto del Gobierno español y de su oposición, Argelia, a la que hay que adular periódicamente para mantener los contratos de suministro de combustibles.
Demos un paso más hacia los todavía menos democráticos. Son los que obtienen un 6 y resultan ser 8 países entre los cuales aparece el «democratizado» Iraq y el democratizable Irán, pero también Vietnam, país que venció a los Estados Unidos en una fea guerra que ahora se recuerda a propósito de la de Afganistán y que, a pesar de ello, no genera ningún problema con su democracia.
Siguiente: el grupo que alcanza un 6,5 y está formado por 9 países. Destaco: la China (digo lo mismo que de Rusia: ¿la invadimos para democratizarla?) y Cuba. Efectivamente, muy mala calidad la de su democracia medida según los parámetros de «Freedom House» cosa que hace razonable que se pregunte sobre las medidas que toma el Gobierno para mejorar dicha situación. Desgraciadamente para los democratizadores, en este grupo también está Arabia Saudita y nunca, lo que se dice nunca, he visto ninguna demanda para su democratización. Las elecciones en Cuba son con candidato único, pero es que en Arabia Saudita ni eso.
Todavía nos falta un paso: el grupo de las peores situaciones políticas desde el punto de vista de su democracia, con un 7, la peor nota, compuesto por 8 países, entre los cuales Corea del Norte (claro, claro), Somalia (por supuesto) y Sudán (sí, sí). Algo habrá que hacer con dichos países y, de hecho, de todo hay, desde presiones políticas a intervenciones militares al uso democratizador. Pero para desgracia de los que hayan llegado hasta aquí y sigan pensando lo mal que lo hace el actual Gobierno español en su política con Cuba, la no-democrática, no vendrá mal añadir dos países más que se encuentran en este conjunto: Libia y Guinea Ecuatorial. Teodoro Obiang, cuyas políticas no son muy bien vistas por Amnistía Internacional y Human Rights Watch, fue recibido sin ningún problema por las autoridades españolas y Muammar al-Gadafi, líder perpetuo, en su visita a España cenó amigablemente con José María Aznar, recibió la amigable visita del rey Juan Carlos y mantiene muy buenas relaciones con los gobiernos de los Estados Unidos y, en consecuencia, los de España.
¿Por qué la obsesión con Cuba? Se me ocurren varias hipótesis. Que sea comunista, no parece una buena razón: también lo es Vietnam o la China y no pasa nada. ¿Amenaza? Ninguna. ¿Exportación del modelo? Ni se imagina. Tal vez, para entenderlo, haya que recordar que existe una población cubano-estadounidense importante con capacidad de presión sobre el gobierno estadounidense y con fondos para ayudar a la financiación de las campañas de partidos de otros países.
Diario Información