
La Eskalera Karakola, proyecto Casa Okupada de Mujeres en el madrileño
barrio de Lavapies, lleva 8 años de lucha feminista, de intervención en el
espacio público, en la calle, en la política…. Ocho años de lucha
albergados en un edificio, Embajadores 40, que ha pervivido a pesar de las
condiciones ruinosas en las que se encuentra. Ha llegado un momento en el
que este límite material no ha dado más de sí; la ruina se ha hecho con el
espacio y ha limitado nuestras fuerzas. Y con esas nos lanzamos al vacío.
Imaginamos, moldeamos y diseñamos un proyecto de rehabilitación y cesión del
inmueble que okupamos. Esto fue hace dos años. Y con él en mano, empezamos a
desarrollar estrategias para abrir una negociación con el Ayuntamiento de
Madrid y con otras fuerzas políticas. Estas negociaciones estuvieron
acompañadas de acciones, de intervención en el espacio público, de presencia
en la calle, de agitación desde los medios de comunicación, etc.
El pasado 11 de diciembre culminamos toda esta campaña-estrategia con una
manifestación que nos permitió okupar las calles del centro de Madrid bajo
una consigna muy sentida por muchas mujeres: «Por una nueva presencia
feminista. No al desalojo de La Karakola». Con ello expresamos nuestra
crítica a la instrumentalización y victimización con la que las
instituciones abordan las reivindicaciones feministas. Expresamos la
diversidad de nuestros mensajes, de los colectivos y redes que tramamos
cotidianamente.
La cuenta atrás empezaba: el día 14 de diciembre se celebraba el
juicio del inmueble. Un juicio absurdo, que denunciamos y seguimos
denunciando: un juicio en el que, para podernos defendernos, teníamos que
abonar la desorbitada suma de 25000 euros en forma de fianza. Un juicio en
el que no tendríamos ni el derecho a la defensa. Todo sucedió según lo
previsto: nos personamos, abogado incluído, vimos al juez, a la propiedad,
nos impidieron hablar (la primera pregunta formulada por el juez fue:
«¿habéis pagado la fianza?»). Ignoraron todo lo que dijimos o intentamos
decir, y dictaron sentencia: nos daban un mes para abandonar el edificio.
Paralelamente, a los dos días de la manifestación, el día antes del juicio,
recibimos una nueva llamada de la Concejalía de Urbanismo. Sabían de nuestro
juicio y del ruido que estabamos haciendo. Nos citaron para otro encuentro
al que acudimos, más bien con desgana, aunque, como siempre, con algo de
curiosidad. Seguimos escépticas: no nos fiamos de ellos… De repente,
parecía que algo había pasado. Ellos habían cambiado el chip: dejaron, por
una vez, de darnos largas y oimos, por primera vez, un compromiso más o
menos firme: la cesión temporal inmediata y directa de un local de unos 150
m2, en el barrio.
¿Qué significa esto? ¿qué puertas se abren ante semejante compromiso, aún no
sellado? Desde luego, como mínimo, un espacio estable para seguir tramando
prácticas y teorías feministas, para generar encuentro y acción, para seguir
tramando redes. Evidentemente, leemos esta cesión como una victoria. Pero
sobretodo, la leemos, no como un fin en sí mismo, sino como un medio para
seguir peleando. Somos conscientes de que desde el Ayuntamiento esto se
inscribe en la política de Gallardón, dirigida a disputar un espacio
político y a establecer contactos (¿progresistas?) con sectores hasta el
momento alejados de su ámbito de de comunicación. Somos conscientes de lo
construido en Embajadores 40, de lo exigido, peleado viga a viga, y del
núcleo duro, que permanece incuestionado, que la okupación finalmente no
llega a deshacer, de la especulación y la falta de espacios para habitar.
Somos conscientes de que estas batallas continuan. Pero, sobretodo, somos
conscientes de nuestra potencia para dar la vuelta a la tortilla, para
invertir los términos y, sobretodo, para seguir insertando una voz crítica
desde una perspectiva feminista muy concreta, desde un espacio que seguirá
operando desde la autonomía y la autogestión. Se abre una nueva etapa. Una
etapa como siempre incierta y estimulante.
De momento, lo que se avecina es una desalojo inminente, siempre doloroso e
impune, y la perspectiva, aún por afianzar, de un nuevo espacio de
producción feminista en Lavapiés. Seguirmes contandoos.
La Eskalera Karakola
Madrid, enero de 2005
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UN DESALOJO OTRA OCUPACIÓN, COMPAÑERAS.
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