Por Javi

La directiva que se vota hoy (ayer) en el Parlamento Europeo permitirá, de aprobarse, que los temporeros inmigrantes trabajen en la Unión Europea regidos por las leyes de sus países.

Decir que un negro es negro no es racista. Son palabras. Esto en cambio es racismo puro. Con esta ley, la mayoría conservadora de la Eurocámara pretende legitimar una forma de esclavitud: trabajarán para nosotros, en nuestras empresas y nuestros campos, pero regidos por sus normas aunque estén a cientos de kilómetros de sus países.

Realmente van a hacer una excepción al derecho laboral, a partir de la cual ya no importará que el trabajo se realice en territorio comunitario, sino sólo el lugar de nacimiento, algo tan injusto e injustificable como contrario al espíritu mismo de la Unión Europea.

Pero lo terrible no es esto, ya que los políticos sólo pueden violar los derechos civiles en la medida en que se lo permitamos. Lo grave es la reacción de la gente. Si un eurodiputado saliera hoy por la tele diciendo llamando «negro» a un negro, al instante todo el mundo exigiría su dimisión. Se crearían grupos contra él en Facebook. Se enviarían correos a la Eurocámara exigiendo sanciones. Se crearían peticiones en Actuable. La gente diría en Twitter: «a la cárcel ese parlamentario racista que llama negros a los negros».

Eso son formas de hablar, palabras, diccionario. Nada más. Lo de hoy, en cambio, es un atentado contra los derechos humanos, contra la justicia social y contra los principios fundacionales de la Unión Europea y de todas las naciones democráticas. Un ataque contra una tierra que pretende ser la reserva mundial del bienestar y el desarrollo. ¿Y dónde está la gente?

¿Por qué nadie se queja? ¿Por qué no he leído nada en Twitter? ¿Por qué no hay indignación en Facebook? ¿Por qué no llegan cartas al Defensor del Pueblo Europeo, al Consejo de la Unión Europea? ¿Por qué no hay manifestaciones y protestas?

Y aún, quizá, más importante: ¿dónde están los inmigrantes? ¿Por qué se callan, por qué no se quejan? ¿Por qué no defienden sus derechos para convertirse en nuestros iguales, que es lo que son? Hasta ahora, en lo poco que yo he visto, de entre los inmigrantes sólo los integristas religiosos han alzado la voz en el pasado, y nunca para reclamar derechos sino para cancelarlos.

Las cosas están mal: unos nativos que callan ante los abusos y sólo se indignan por las palabras; unos inmigrantes que se aguantan de todo y las ven venir; y otros que sólo alzan la voz para mandar callar al resto. Cambiemos el rumbo, que vamos directos al abismo.

http://la-cosapublica.blogspot.com/2010/12/esto-s%C3%AD-es-racismo.html