
Juan Carlos Rois
Tortuga.
De nuevo nos las tenemos que ver con el relato falso en torno al gasto militar.
Hace unos días la vicepresidenta Yolanda Díaz ofreció una entrevista en la cadena Ser en la que vino a explicar que España no puede subir de forma inmediata el presupuesto de defensa porque no tiene capacidad de gasto y ejecución de un gran aumento y que la única manera de gastar más sería comprando más armas a EE. UU en vez de encargar programas de armas (cuyo plazo de ejecución es más prolongado) a la industria nacional.
Verdades y mentiras
La explicación cuenta una medio verdad y otra medio mentira.
La medio verdad: un aumento espectacular de presupuesto por encima del actual (que como sabemos no es el que se reconoce, uno de los aspectos de la medio mentira) es inabordable porque la estructura militarista no tiene capacidad de ejecutar un subidón de presupuesto sino comprando armas al exterior a troche y moche.
Dice la vicepresidenta que España se sitúa en el 1.2 del PIB de gasto de defensa en la actualidad, y esto, como sabemos, forma parte de la mentira podrida. Todo el mundo sabe ya que la cifra se ha rebasado con creces. Lo que ocurre es que la izquierda militarista que forma parte del gobierno no se atreve a reconocerlo en público porque hacerlo desenmascara su colaboración entreguista (más allá de lo que están dispuestos a reconocer) a las lógicas militaristas de las que participa.
La ministra afirma que doblar la cantidad sería, como hemos dicho, inabordable y pasa a otra cosa. Pero . . . ¡un momento! ¿quién habla de doblar la cantidad de gasto militar? Porque hacerlo implicará (si nos creemos las cuentas de calleja de este personaje que, como diría Krahe, habla con lengua de serpiente) superar el 2% del PIB (1´2 y 1´2 = 2,4) y si tomamos los datos que suelo estimar, ponernos por encima de las mejores expectativas del presidente de EE. UU., don Donald el triunfante.
Pero es que también aquí miente. Porque si hacemos caso de los datos de ejecución presupuestaria que ofrece la Intervención General de las Administraciones del Estado (las últimas que tenemos se refieren al mes de noviembre de 2024) resulta que tampoco se ha ejecutado el 1,2 % del PIB, sino que al menos se ha llegado (a falta de los datos de diciembre) al 1,4 sin contar con lo que no podemos contabilizar por encontrarse en otros ministerios, en el fondo de contingencia o en las partidas de clases pasivas sin desagregar.
Claro que la vicepresidenta se ha cuidado mucho de hablar de gasto inicial y olvidarse del pequeño detalle de que en España se suele presupuestar en Defensa muy por debajo de lo que se ejecuta anualmente.
Puestos a olvidar, también se le ha olvidado que, según los propios datos de la Intervención General de la Administración del Estado referido, defensa arrastra compromisos de pago de gastos plurianuales (a pagar en varios años) por 35.595 millones de euros, por encima del 2% del PIB.
¿Extraña que el periodista no mencionase estas cositas? Pues no, porque estas cositas se ocultan deliberadamente por parte de los sucesivos gobiernos turnistas, de izquierda o derecha, que comparten la misma visión y las mismas malas artes en lo que se refiere a la ocultación de la realidad del gasto militar. Y también, por qué no decirlo, porque el consenso sobre el militarismo también alcanza a las mentalidades tanto de los dueños de los medios de comunicación como de los periodistas. Meter el dedo en el ojo en este campo tan crucial de nuestro malestar social no está en la agenda y es mejor no incomodar.
Mucho más allá del 2% del PIB y aumentando
La vicepresidenta soltó otra prenda que pasó desapercibida. Nos dijo que el 1,2 % del PIB presupuestado no se había ejecutado del todo y que sólo habíamos tenido capacidad de ejecutar el 0.8 del PIB (y por eso, decía, es imposible un apretón inmediato de gasto militar, porque no tenemos capacidad de gastarlo salvo comprando armas a EE. UU).
Buen intento, pero . . .¿se refiere al año 2024? No lo creemos porque los datos de ejecución de gasto existentes ya reflejan un gasto ejecutado por encima del que se nos dice.
¿Se refiere a 2025? Porque en ese caso hay que recordar a la vicepresidenta que estamos en febrero y si en febrero ya hemos gastado el 0,8 del PIB, hagan cuentas y verán con qué facilidad nos ponemos en el 4,8 por ciento del PIB al finalizar el año (0`8 x 6 bimestres).
Se refiera a lo que se quiera referir, lo cierto es que desde el uno de enero hasta el 25 de febrero el gobierno ya ha autorizado gasto militar extra por valor de 1.022,72 millones de euros (en el consejo de ministros del 25 de diciembre nada menos que 567 millones para operaciones de injerencia militar en el exterior y al menos otros 12 para financiar compromisos de España en acuerdos vinculados a las armas).

Aumenta más que el año pasado
Si lo comparamos con el crecimiento del gasto «extraordinario» de enero y febrero de 2024, vemos que superamos con creces el mismo y seguimos con similar tendencia alcista:

Pero aquí no acaba la cosa, porque el mismo día en que la ministra, con la boca chica, nos contaba las cuentas de la vieja, el presidente de gobierno, a grito pelao, nos anunciaba un gasto militar de otros 1.000 millones que piensa aprobar para alimentar la guerra de Ucrania.
¿Hay que repensar y resetear la política de defensa?
No hemos acabado febrero y entre los «hunos» y los «hotros» ya nos han cocinado un enjuague para aprobar más de 2.000 millones de matute de gasto militar extra.
En lo que tenemos que dar la razón a la vicepresidenta es en que tenemos que hacer una reflexión sobre qué se quiere defender, para luego adaptar a esa premisa los medios de defensa.
Pero, como siempre que habla, aquí va la medio mentira: ¿quién va a definir eso? ¿Va a haber luz y taquígrafos? ¿Se van a tener en cuenta todas las articulaciones sociales que tiene algo que decir o va a ser un debate entre militares y militaristas? ¿vamos a hablar de militarismo o de seguridad humana? ¿Se va a escuchar la apuesta de defensa social de las articulaciones ecologistas, pacifistas, antimilitaristas, feministas, de lucha contra la pobreza o por la justicia social, de jóvenes, de tercera edad, el mundo laboral, etc., o va a ser, como de costumbre, un debate sustraído a la sociedad y teledirigido desde los intereses de los señores de la guerra y sus aliados?
Porque, lejos de la visión simplista de que la sociedad no tiene conciencia de la defensa, lo que pasa es que la visión de la sociedad difiere como la noche del día de la que mantiene el militarismo.
Nosotros, por ejemplo, apostamos por políticas decididas de desmilitarización y de construcción simultánea de una política de defensa alternativa basada en la seguridad humana y en sintonía con las luchas sociales que protagonizan las grandes articulaciones y movimientos sociales.
Y tal vez convenga que también se tenga en cuenta. Al menos a la izquierda nominal que cada vez que abre la boca en la materia muestra un cansino cinismo y se le ven las vergüenzas.