Entre las buenas cosas que se pueden encontrar en el catálogo de la editorial Hiru se encuentran muchas obras traducidas al español del gran escritor y dramaturgo noreuropeo Peter Weiss. Una de ellas es Convalecencia, una reunión de las entradas del diario de Weiss entre agosto de 1970 y enero de 1971 (la edición en español es de 2005). Escritos en una época de intensa militancia internacionalista de Weiss –principalmente en defensa del Vietnam, pero con alusiones constantes a otros procesos de lucha armada de su aquí y de su allá-, los textos de este libro oscilan entre la lucidez y los chorros de servilismo autocompasivo con que, cuan calamar, el autor busca ocultar la insipidez propia y hacerse merecedor del perdón por su vida prosaica de plumilla mediante la creación adolescente de épica donde no la hay (entradas del 22 de agosto de 1970, 17 de octubre de 1970, 18 de octubre de 1970, 24 de noviembre de 1970). En el balance total de la obra se impone, sin embargo, a mi ofuscado juicio, la lucidez.

Me apetece compartir en Tortuga algunos textos de Convalecencia para compartir la duda que me producen: en estos tiempos en que Internet nos hace vivir en una sobreabundancia de información, también sobre evolución de la situación mundial, sobre los buenos y los malos en la política internacional y la resistencia local, ¿son los textos que se citan aquí abajo textos anticuados o textos más actuales que nunca? La total ausencia de puntos y aparte es del original (Crates)

8 de noviembre de 1970. La cuestión, que siempre exige respuesta porque nunca es tratada de manera exhaustiva, porque las formulaciones no se explican suficientemente desde las nuevas circunstancias y porque la situación modificada arroja siempre nuevas posibilidades o bloqueos, se plantea hoy de nuevo: ¿cómo puedes tú defender la idea de la capacidad de desarrollo del socialismo si en su nombre se da la paralización, la represión y la inhumanidad, que tienes tú que aducir en defensa de tu socialismo si sus guardianes te atacan con todo su poder, te declaran menor de edad, te condenan y te proscriben? A menudo surge y se impone la reflexión pesimista de que en la actual relación de fuerzas los conceptos de sinceridad y libertad, a los que tú ligas con el socialismo, son una estimación falsa, porque se trata de conservar durante el invierno lo poco de positivo que se pueda originar, de apoyar el que tú tengas que acomodarte a un proceso que se prolonga durante muchos años y que a ti, mientras vivas, no te va a satisfacer; una visión así es incompatible con las perspectivas que te inducen al socialismo y que te obligan a una continua disputa con la realidad política y exigen tu crítica y tu voluntad de cambio. Y aunque ves cómo los viejos del partido, los leales a Moscú, se enfrentan a todo nuevo impulso, cómo ellos totalmente imbuidos por su pensamiento jerárquico espantan y alejan a los jóvenes, condenan y atracan al partido ante toda posibilidad de cambio y se muestran muy sin sentido todos los esfuerzos para la constitución de un partido revolucionario, de oposición y radical y sólo vienen a resaltar la situación de resquebrajamiento y división, las concepciones opuestas llevan únicamente a un mayor choque y enfrentamiento y no pueden conducir a una solución de las dificultades, el partido se hace presente con sus tradiciones fuertemente enraizadas y con su ligazón ideológica a la Revolución de Octubre, y todas las traiciones llevadas a cabo desde entonces contra esta Revolución no pueden motivar a la clase trabajadora a adherirse a una nueva creación del partido leninista. De ser posible un cambio éste se daría sólo a partir de un cambio interno de este partido y para hacer posible esto necesitas de todo el optimismo que el materialismo dialéctico e histórico te pueda proporcionar. En tu búsqueda de la dirección recta y adecuada, bien sea observando los movimientos de liberación de Indochina, de África o Latinoamérica o la revolución cultural china, analizando los países del bloque comunista, el partido comunista alemán, los partidos italianos y franceses desunidos, el partido sueco no lo suficientemente fuerte, te asalta tal derroche de modalidades, paradojas y contradicciones que no eres capaz de distinguir dónde se da un avance y dónde se hace frente a nuevas represiones. Tendrías que tener acceso a todos los documentos secretos y a todas las actas de negociaciones que se llevan a cabo sin tu conocimiento para poder tener idea de a qué desviaciones han conducido los últimos intereses y estrategias. Tú, excluido del juego político que carece de moral, de ideología y de solidaridad, intentas ordenar tus propias valoraciones y caminas a tientas en un espacio cuyas dimensiones no conoces y del que te llegan ecos de un lenguaje cifrado del que careces de la fórmula interpretativa. En tiempos de máxima clarificación, de la ciencia y tecnología sublime y de las comunicaciones mundiales al instante reina la irracionalidad más atávica, la violación del pensamiento, el lavado de cerebro y el embrujo primitivo y en este doble mundo, al mismo tiempo esplendorosamente claro y enmohecido, tú tienes que lograr del mejor modo posible tu propio pensamiento, tienes que comenzar a diario de nuevo y por tus propias fuerzas, y es que tropiezas cada día y sin estar preparado con situaciones que nada tienen que ver con las que venias observando hasta ahora. Emergiendo del enjuiciamiento de las faltas cometidas, de todas las degeneraciones, derrotas, equivocaciones, adulteraciones, debilidades y delitos en el ámbito del socialismo, emergiendo del eclipse para sostenerte te aferras a los libros, lees a Marx, Engels, Lenin, Trotski, Rosa Luxemburg, Ho Chi Minh, Fanon, Malcolm X, Che Guevara, Sarte, Maras, Jacques Roux, Babeuf, Buonarotti, Büchner, Hölderlin y tus hipótesis de trabajo, que constituyen siempre los principios fundamentales y válidos del socialismo, recobran solidez de nuevo. Y cuando ves lo poco que se ha conseguido de los pronósticos revolucionarios, lo terriblemente difícil que resulta hacer real y tangible la visión, las resistencias devastadoras que se interponen a tales conquistas, cómo se consiguieron en Vietnam y Cuba, cuando se observa cómo se critica a China, los apuros a los que se ven sometidos los países socialistas europeos, entonces te invade la rabia contra quienes rechazan el diálogo polémico, contra quienes están presos de su trauma, contra quienes se atrincheran en sus propios prejuicios y cubren de inmundicia a quienes no se quieren someter a su línea ordenada de pensamiento, te enfureces porque las cuestiones que a ti te preocupan no se presentan allí donde deberían tratarse, en Berlín este, en Moscú, y rabias porque se te obliga a llevar a cabo unilateralmente la disputa. Pero no puedes callar. El callarse, el aceptar, la renuncia del propio criterio en pro de la línea mantenida, en pro de la disciplina de partido mal entendida ha deformado y enterrado al socialismo. Cuando vemos como actúa en la psicología de las gentes de los países socialistas las restricciones mentales, la prohibición de posibilidades de arreglo y en qué medida se repele de ese modo en los países occidentales a masas de posibles aliados tenemos que reiniciar los debates aun cuando nos cueste ser tachados de enemigos del socialismo y los reaccionarios se mofen de nuestros argumentos. La fragilidad de carácter, la disolución del yo, la descomposición de la personalidad es algo que siempre me ha llamado la atención en amigos de la República Democrática Alemana y de la Unión Soviética. No son capaces, sobre todo cuando de ciento en viento tienen ocasión de criticar en el extranjero, de llevar a cabo una crítica contra la política de su país, cuando podrían defender la opinión de que es necesario someter el pasado al análisis y la reflexión, de que es necesario acabar con la falsificación de la historia, con el envilecimiento y deshonra de la guardia bolchevique, de criticar la postura indigna para con China, ellos, cuando se libran de la doctrina u durante largo tiempo se muestran abiertos a las perspectivas internacionales, se muestran enfadados con el trato a los autores soviéticos disidentes, con la persecución de los grupos de población judía en la Unión Soviética y en Polonia, con la destrucción del experimento checoslovaco, confiesan que viven sometidos a una presión continua, pero en cuanto entran en su ritmo de vida diaria olvidan que hay otras interpretaciones del marxismo distintas a las que se les imponen. Confunden manipulabilidad con lealtad al partido puesto que siguen la opinión transmitida oficialmente, se apartan del amigo cercano que ha caído en desgracia y no encuentran palabras de apoyo ni tienen un gesto en su defensa. Me envolvió un silencio a martillazos de parte de mis colegas de la Academia de Berlín este, nadie se atrevió a examinar mi nombramiento como enemigo de clase y mis cartas en las que pedía una discusión no obtuvieron respuesta. Y lo mismo que los compañeros reniegan de su amigo ellos reniegan de sí mismos, se convierten en súbditos, en hombres que dicen amén a todo y adhiriéndose a la opinión unánime impiden –a quienes podrían luchar por un orden social nuevo y justo- cualquier posibilidad de establecer una comunidad socialista.

12 de noviembre de 1970. En estos días de retrospectivas y miradas a sucesos históricos decisivos centellean en la pleamar de jeroglíficos un par de señales: parabienes de los rusos en el aniversario de la Revolución china, declaraciones solemnes desde Pekín en recuerdo y memoria de la gran Revolución de Octubre. Signos y señales de acercamiento mutuo, esperanza de que se superen los viejos conflictos y se restablezcan las relaciones amistosas. De todas formas para nosotros resulta empresa descorazonadora sacar conclusiones de este intercambio de notas diplomáticas. Suslov en su discurso moscovita delimita tajantemente la posición marxista-leninista de la Unión Soviética con respecto a la ideología de Mao Tse-Tung. La actividad de la política exterior de China sólo puede resultar sospechosa al primer estado de los trabajadores si ambas grandes potencias socialistas relean por el influjo sobre Indochina, la India y Pakistán, y las indicaciones de Chu En-Lai de que China desea tiempos de paz para completar su desarrollo tras la revolución cultural deben ser entendidas por la Unión Soviética como expresión de una capacidad competitiva que despierta y emerge. Tras el reconocimiento de China por Canadá e Italia y el establecimiento de relaciones comerciales con estados influyentes de la Europa occidental es tiempo de abordar el ingreso en la asamblea de las Naciones Unidas, y la Unión Soviética debe poner fin a la problemática de una segunda coexistencia, esta vez con la coexistencia de gigantes socialistas de distintas formas sociales. Además de la lucha con el imperialismo de los Estados Unidos por zonas de influjo militar, por el acceso a materias primas, por la seducción de gobiernos reaccionarios, hay que competir por ganarse a los movimientos de liberación de África y Latinoamérica y por conservar a los partidos comunistas de Europa bajo la tutela soviética. En el artificio oficial al que estamos expuestos a diario entre las migajas que nos lanzan desde la mesa de la diplomacia, nos vemos obligados a buscar un par de granitos de verdad para que, con el arte de combinar, con la técnica del descifrar y el deporte de la adivinación, estemos al día de una visión real fragmentaria. Excluidos de las negociaciones que se dan, lejos de los acuerdos comerciales y financieros y de los chantajes mediante los que se intenta conservar aquella situación que los poderosos denominan “equilibrio”, rodeados de peligros que se van cargando y descargando y que a veces se vuelven tensos, cuyos motivos desconocemos siempre y cuyas consecuencias nos asaltan de improviso; indefensos ante estos manipuladores que se esconden en sus centrales tras puertas selladas, amparándose en guardias fuertemente armados, se nos obliga a describir el mundo como una aparición comprensible, aun cuando tan sólo sepamos con seguridad que en cualquier momento puede explotar bajo nuestros pies. Las limusinas, que pasan veloces ante nosotros rodeadas de soldados-policías mitad cuero mitad motor, nos aclaran de forma vergonzosa que no somos dignos de una mirada, que no se cuenta con nuestra cooperación, que se nos abandona en el fatalismo, en la creencia de violencias místicas. Acompañados de pitidos, de alaridos de sirenas cruzan a nuestro lado como rayos los virreyes de la realidad y tenemos que echarnos para atrás porque un movimiento imprudente por curiosear, una señal poco acertada con la mano puede ocasionarnos una tunda de porrazos, que los detectives nos maniaten, que se nos arrastre de brazos y piernas y se nos arroje en algún sótano como si fuésemos perros. Estamos incesantemente en manos de aquéllos a quienes hemos aupado a sus puestos sin saber y por nuestra incapacidad de pensar, y ahora contemplamos aturdidos cómo esos dioses, a los que nosotros mismos hemos criado a biberón, pasan veloces a nuestro lado y cómo los medios de comunicación desde satélites, altavoces, televisores y rotativas nos lanzan su destello, nos dejan participar en un par de cuestiones favorables, ajustadas a nuestro analfabetismo, extraordinariamente simples, maquilladas y mendaces y alegando explicarnos un determinado suceso nos cubren con un manto de oscuridad y tinieblas. Nos llama una y otra vez la atención la impertinencia de estas personalidades famosas, a quines los estados y nosotros mismos elegimos, impertinencia que a veces nos enoja, pero en ninguno de nuestros intentos hemos logrado librarnos de esta situación indigna de marginación y tener derecho a ver los entresijos en donde se decide nuestra existencia. Nos imponen la inhumana carga de tener que investigar por cuenta propia y airear y levantar el velo de las deformaciones oficialmente tejidas en un pequeño ámbito histórico, y sobre todo el resultado de las investigaciones nos sirve de poco porque en un santiamén aquellos que quieren que vegetemos no en lo real sino en el embaucamiento de lo mitológico pueden declararlo mentira. No sabemos de qué hablaron Kosiguin y Nixon en Washington hace un par de semanas, quizás dentro de poco se diga que hablaron sobre las negociaciones en curso en Asia occidental o en el sureste de Asia. No nos enteramos de las manipulaciones que llevaron a que de pronto pudiéramos leer los telegramas de felicitación intercambiados entre la Unión Soviética y China, como tampoco conocemos los preparativos que muy pronto reverdecerán de nuevo terribles ataques entre sí. De manera que nos esforzamos por no seguir el trajín que debiéramos – pero siempre llegamos tarde, la historia cual tren fantasmagórico pasó ante nosotros sin enterarnos- en ejercitar nuestra imaginación y nos preguntamos qué está ocurriendo, quién está ahora en manos de quién, quién ejerce presión sobre quién, quién cede a quién, quién ha traicionado a quién a costa de quién, e intentamos hacer cuadrar en el rompecabezas las pequeñas migajas informativas que nos llegan, necesitamos esa respuesta que mañana tal vez tengamos que revisar de nuevo. De pronto los chinos lanzan duras críticas contra el radicalismo izquierdoso de los maoístas europeos, lo que significa que se dirigen también contra sus propios rezagados de la revolución cultural. Establecen estrechas relaciones con Haile Selassie, es decir, permiten que la guerrilla fracase en Eritrea. Fortalecen su alianza con el régimen militar de Pakistán, lo que significa que no quieren saber nada de los rebeldes del este de Bengala. La Unión Soviética refuerza el gobierno de coalición de Ceilán, lo que quiere decir que la oposición revolucionaria del país debe ser derrotada. Ningún país socialista habla de los comunistas supervivientes indonesios que a cientos de miles yacen en las cárceles, este silencio indica que se está llevando a cabo un nuevo exterminio. Washington anuncia una mayor presión norvietnamita sobre Laos y Vietnam del Sur, lo que hay que entender como una amenaza de nuevos bombardeos sobre el norte o quizás una invasión americana en Laos. Y de nuevo nos encontramos empantanados con nuestros análisis. ¿Qué otra cosa podemos hacer frente a los intereses de la política de las grandes potencias que escuchar críticos y escarbar con los dedos de las manos y la punta de los pies un poco en la tierra sabiendo que eso tampoco nos protege? En la disputa de los grandes la guerra de liberación del pueblo en Indochina, con su montón de muertos, es tan sólo un pequeño centro de intranquilidad, ¿nos desasosiega la pregunta de qué ocurrirá con Vietnam cuando los poderosos acuerden con sus trapicheos eso que ellos denominan paz? Con nuestros ejercicios combinatorios, con nuestra metodología de la exclusión y con nuestras lecturas comparativas intentamos una vez saber algo de las intrigas en las negociaciones que se estaban llevando a cabo en Ginebra en 1954, cuando la victoria de Vietmihn se convirtió en una derrota con la complicidad de la Unión Soviética y de China, por cierto en una época en la que la superioridad atómica de USA era todavía considerable y la amenaza de lanzar una bomba atómica sobre Vietnam y China pendía en el aire y era hasta comprensible que en nombre de la “razón” tuviera que ser sacrificado un país con tal de salvar la paz del mundo. Hoy, que el Vietnam lleva plantando cara al agresor americano más de una década, nos preguntamos, ¿qué ha cambiado, serían capaces las empresas americanas de renunciar a sus inversiones llevadas a cabo en el sur de Asia, renunciarían al importante volframio allí existente, acaso renunciarían a los grandes yacimientos de petróleo encontrados en la costa de Vietnam del sur, no son acaso cada vez más irreconciliables los esfuerzos e intereses chinos y rusos en Camboya, Laos y en la India, son la paciencia, la constancia, la integridad y el heroísmo de Vietnam criterios que hay que tomar en serio, cualidades que hay que defender frente a esa objetividad de más quilates y carente de emoción de la que se sirven los amos de la violencia más extrema? ¿De qué nos sirve la esperanza de que Vietnam, a pesar de sus increíbles carencias y devastaciones, aguante la larga lucha si nadie pregunta por nuestras ideas y nuestras valoraciones y si, caso de que como exige el Pentágono se bombardee de nuevo Vietnam del norte, quizás nos encontremos ante un silencio profundo y envolvente?

4 thoughts on “«Obligados a buscar un par de granitos de verdad»”
  1. «Obligados a buscar un par de granitos de verdad»
    Pues respondiendo a la pregunta de Crates, tal vez mi limitada inteligencia al enfrentarse a este texto sin puntos y aparte no haya logrado descifrar sus mensajes más interesantes, pero a mí me resulta un texto mucho más literario que ensayístico. De hecho sus ideas-tipo no van mucho más allá de darle vueltas y más vueltas al desencanto que le produce contrastar la utopía teórica socialista con la plasmación histórica de los estados en los que -se supone que- se ensayó. Eso además llevado al terreno personal de las ilusiones y veneraciones de la juventud que al paso de los años dieron paso a una realidad en la que se mostraba un espectáculo más bien miserable. Lo que fue de hecho. Yo más que lúcido, le llamaría sincero y realista.

    Con respecto al tema de su vigencia sí creo que se queda anticuado. En esos tiempos la relativa escasez de medios de comunicación permitía al poder esconder y censurar la verdad mientras divulgaba la mentira. Hoy no se hace así, como bien señala Crates. El poder ya no trata de esconder sus aspectos criminales, que sabe que van a llegar de un modo u otro a la población. El esfuerzo no se centra en filtrar la información sino en formar a las personas receptoras de la formación para hacerlas amorales y por tanto incapaces de escandalizarse ante la maldad y obrar en consecuencia. Uno de los recursos empleados es la saturación informativa (véase caso Wikileaks) que tan magníficos resultados anestesiantes proporciona al poder. Nada que ver con el escenario años 70.

    1. «Obligados a buscar un par de granitos de verdad»
      Bueno, la actualidad la veo en que si con la escasez de medios que comenta Pablo la situación ya era la de que «nos vemos obligados a buscar un par de granitos de verdad para que, con el arte de combinar, con la técnica del descifrar y el deporte de la adivinación, estemos al día de una visión real fragmentaria», mucho más problema habrá en un mundo saturado de fuentes, sin tiempo para discriminar su calidad.

      1. «Obligados a buscar un par de granitos de verdad»
        La cosa es que en aquel tiempo había que buscar los granitos de verdad tratando de burlar las puertas de algún granero donde ésta se hallase, puesto que todo el grano puesto a disposición pupular era falsario.

        Hoy sin embargo, uno tras otro, sobre todo gracias a internet, van cayendo los graneros donde la verdad de las cosas era encerrada y custodiada para que quedara fuera del alcance de la gente. Hoy la verdad se ofrece libremente, casi en los mismos lugares y al mismo nivel que la mentira. Solo hay que tomarse mínimas molestias en ir a buscarla contrastando fuentes. Por ejemplo: http://www.guerraeterna.com/archives/2011/03/matar_ninos_en.html

        Esto no ha ocurrido como victoria de las luchas populares, es lo que decía arriba, sino como cambio de estrategia del poder que ahora apuesta por la inmoralidad generalizada, que es directísimo efecto de las sociedades no-democráticas de consumo, más que por la vetusta y desfasada censura, propia de la época de Weiss allá y aquí.

        1. «Obligados a buscar un par de granitos de verdad»
          En cualquier caso coincido en que nuestra comprensión de las cosas, sobre todo lás más generales o las más lejanas geográficamente siempre será parcial e incompleta por muchos datos que tengamos. Es consecuencia neta de nuestra realidad personal y social finita. Por lo cual conviene ser prudentes y humildes.

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