GUILLAUME FOURMONT MADRID

El 29 de enero de 2002, George W. Bush declaró: «La bandera estadounidense ondea en nuestra embajada de Kabul. Y, hoy, las mujeres de Afganistán están libres». Más de ocho años después de las entusiastas palabras del ex presidente de Estados Unidos y de la caída del régimen fundamentalista de los talibanes, he aquí una terrible realidad: Aisha, de 18 años, fue desfigurada porque intentó huir de la familia que la trataba como una esclava. Le cortaron la nariz y las orejas en nombre de una supuesta tradición pastún que permite a los hombres, embrutecidos por 30 años de guerra, cometer cualquier tipo de barbaridades.

La imagen del rostro de Aisha está dando la vuelta al mundo desde su publicación en la portada de la revista Time, en su última edición. La historia de esta joven casada por la fuerza plantea serias preguntas: ¿Qué se ha hecho durante ocho años por las mujeres afganas? ¿Es necesaria la presencia de las fuerzas de la OTAN para luchar contra el fundamentalismo?

De cada diez afganas, nueve son analfabetas y ocho sufren violencia
«El caso de Aisha muestra un problema que existe en el mundo entero: la violencia de género; las mujeres son víctimas de violaciones de los derechos humanos. Antes de la guerra y de los talibanes, las afganas tenían derechos y se necesita ahora tiempo para recuperarlos», explica en una conversación telefónica Esther Hyneman, de la organización Women for Afghan Women. «Se ha logrado mucho. Hasta los hombres acuden a nuestros centros para resolver problemas», añade.

Ocultas bajo el burka

En el Afganistán de los talibanes (1996-2001), era como si las mujeres no existieran. Ocultas bajo el burka azul, las mujeres no podían ni salir solas a las calles. Las pocas que podían reunir unos afganíes, la moneda local, pagaban a un niño para que les acompañara y así justificar su presencia fuera del hogar ante la policía religiosa. Cuando cayeron los fundamentalistas, las primeras en intentar cambiar las cosas fueron las propias mujeres, y no la Administración Bush. Por ejemplo, Jamila Mujahed, que desde los primeros momentos de libertad se quitó el burka, montó la revista femenina Malalaï, que trata temas sociales desde las bodas forzosas hasta el consumo de drogas y el aborto. Hay hospitales y centros sociales que atienden a las mujeres; las niñas van a la escuela; hay 68 diputadas en la Asamblea Nacional, el 27% de sus miembros.

Hay 68 diputadas, pero apenas pueden debatir de las nuevas leyes
Sin embargo, más de ocho años después del inicio de la guerra, la realidad poco ha cambiado: el 88% de las mujeres son analfabetas; ocho de cada diez sufren violencia doméstica; el 95% de las niñas que empiezan primaria no termina secundaria. Y en las zonas más aisladas el 80% de la población afgana vive en zonas agrícolas, como en Farah, al suroeste del país, las mujeres siguen viviendo bajo las normas heredadas de los talibanes. Allí, más del 60% de las niñas son casadas antes de cumplir los 16 años y sin su consentimiento.

En política, las 68 diputadas apenas pueden intervenir para hablar de las leyes. Una de ellas, Malalaï Joya, fue expulsada por llamar a los políticos de su país «narcotraficantes» y «criminales de guerra». Otra parlamentaria, Fawzia Kofi, reprochó al presidente Hamid Karzai «no tener las ideas claras» y considera que «no se puede sacrificar» sus derechos, «ni los del hombre ni los de la mujer». Y nadie pudo impedir que Karzai promulgase hace un año una ley que permite a los maridos de la etnia hazara (el 9% de la población afgana) castigar sin alimentos a sus esposas si no quieren satisfacer sus deseos sexuales.

«El Gobierno afgano sólo ha ofrecido débiles garantías a las mujeres de que su prioridad es proteger las libertades que han recuperado desde el derrocamiento de los talibanes. Karzai les ha fallado a las mujeres», denuncia Human Rights Watch en su último informe, del pasado julio.
Por eso, defiende Esther Hyneman, la presencia de los 152.000 militares extranjeros es necesaria: «La situación en Afganistán no sólo es un asunto de seguridad para Estados Unidos. Se trata de defender los derechos humanos. El caso de Aisha no es aislado, hay otros muchos. No estamos a favor de la guerra, pero si se van ahora los soldados, habrá más casos como Aisha».

Una opinión que no comparte la profesora de Ciencias Políticas y activista feminista Christine Delphy. «A Estados Unidos no le interesan para nada los derechos de la mujer, ni en Afganistán, ni en Arabia Saudí, ni en ninguna parte. Es más: Washington ha sacrificado a las afganas por sus propios intereses», dice. Las afganas, añade, son simplemente «una coartada» para sus objetivos militares. Porque a pesar de los 152.943 soldados extranjeros 1.470 españoles desplegados, las amenazas son cada vez más numerosas.

Riesgo de inestabilidad

«La situación actual muestra que no se ha hecho nada para la población afgana. Siempre pasa lo mismo: se gasta para lo militar y luego no queda nada para la educación», se lamenta Hamit Bozarslan, politólogo que se había opuesto en un principio a la presencia militar de la OTAN. Pero ya es tarde para preguntarse si hay que abandonar el país o quedarse para mejorar las cosas. «Una retirada precipitada provocaría una gran inestabilidad», apunta.

Daniel Korski, miembro del Consejo Europeo de Exteriores, también respalda la presencia militar: «Tal como están las cosas, el riesgo de fracaso es real. Afganistán era, con los talibanes, un país destrozado sin esperanzas de progreso. Y podría volver a serlo si la OTAN se retira», escribe en la revista Foreign Policy. Y recomienda incluso dialogar con los talibanes moderados para lograr la paz. Una opción de Karzai que ahora defiende la propia Casa Blanca.

El reconocido analista Ahmed Rashid coincide: «Es urgente definir una estrategia política. Los talibanes ganan más terreno. Hay que priorizar la economía y la seguridad. Y por ello, hay que negociar con ellos. Si no, Afganistán se sumirá cada vez más en el caos». «¡No hay talibanes moderados! Si vuelven, será una tragedia para las mujeres», responde Esther Hyneman, de Women for Afghan Women.

Aisha dejó Kabul el miércoles y se encuentra en EEUU para una operación de cirugía estética. En la capital de Afganistán, algunas mujeres no pierden la fe. Como la estrella de televisión Mozdah Jamalzadah, que en el plató de su programa, y sin velo, denuncia el fundamentalismo. O como la diputada Fawzia Kofi, quien cree que «la sociedad ha cambiado». «Mi país ya no es el Afganistán de los talibanes», dice.

La OTAN mata a 39 mujeres y niños

Las últimas investigaciones del Gobierno afgano han revelado que 39 personas, todas ellas mujeres y niños, perecieron en un ataque de la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF) de la OTAN durante el pasado julio al sur de Afganistán.

Dos semanas atrás, el presidente afgano, Hamid Karzai, había anunciado que la cifra de víctimas en el impacto del cohete era superior y rondaba los 50 muertos. En cambio, la OTAN tan sólo admitía seis muertes y aseguraba que eran insurgentes talibanes.

Posteriormente, una inspección del lugar descubrió que todas las víctimas de ese ataque, en la sureña provincia de Helmand, eran civiles que se habían refugiado en una vivienda para protegerse de los combates entre las milicias talibanes y la ISAF.

El número total de civiles afganos muertos en el primer trimestre de este año fue de 1.074. La guerra se ha recrudecido respecto al mismo periodo del año pasado y la cifra de víctimas civiles ha aumentado al menos en un 1,3%, según los datos de la organización independiente Afghanistan Rights Monitor (ARM).


Mutilada por un marido ofendido

ANTONIO LAFUENTE

Aisha posó para la portada de la revista Time’. ANTONIO LAFUENTE
Se llama y Aisha y no tiene nariz ni orejas. Su marido talibán se las cortó porque se sentía ofendido. Ese es el motivo por el que su rostro aparece esta semana en la portada de la revista Time bajo el título: «Qué pasa si nos vamos de Afganistán.» Y ese titular es el motivo de que la revista haya levantado un polémico debate sobre periodismo y política.

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Con sólo 12 años fue entregada a un caudillo talibán como compensación

Aisha tiene 18 años, pero a los 12 fue entregada, junto con su hermana, a un caudillo talibán de acuerdo con una costumbre tribal llamada baaz, que sirve para arreglar conflictos entre clanes. En este caso, un crimen. Su tío había matado a un familiar del guerrillero. Al llegar a la edad núbil, fue desposada a la fuerza con el caudillo pero, dado que él estaba guerreando, Aisha y su hermana fueron enviadas a casa de sus cuñados, quienes las encerraron en un establo y las violaron.

Para evitar nuevos abusos, huyó y se refugió en Kandahar, donde su marido la halló el año pasado. Tras llevarla a casa, le hizo pagar lo que consideraba su deshonra. En la tradición pastún, se dice que un hombre deshonrado no tiene nariz y así, mientras el cuñado sujetaba a Aisha, él le cortó primero las orejas y luego la nariz, tal y como se ve en la portada de Time.

Cooperantes de EEUU

Su destino era morir desangrada, pero logró escapar y ser recogida por cooperantes estadounidenses, que la trasladaron a un centro de mujeres maltratadas en Kabul.

Hasta ahí la historia del dolor y el salvajismo talibán. Después, comenzó la política. El director de Time, Richard Stengel, aseguró en un artículo que el reportaje quería «contribuir al debate sobre la guerra» en Afganistán justo en el momento en que la publicación de decenas de miles de documentos secretos acababa de revelar las mentiras del Ejército y del Gobierno de Estados Unidos acerca del conflicto. Entre ellas, que el número de civiles muertos por tropas norteamericanas era menor del que el que decía el ejército.

Stengel afirma que no publicó la noticia «para mostrar apoyo al esfuerzo bélico de Estados Unidos ni como oposición a ello», sino «como una ventana a la realidad de lo que está pasando». Pero con un titular como: «Qué pasa si nos vamos de Afganistán», es difícil sostener esa afirmación.

Tenía que morir desangrada, pero logró sobrevivir y luego fue rescatada
En un artículo aparecido en el diario británico The Guardian bajo el título «Burkas y biquinis», la profesora de la Universidad de Cambridge Pryamvada Gopal asegura que «invocar la causa de la mujer para mantener la ocupación es una treta cínica».

Gopal recuerda, además, que los más de 90.000 documentos secretos publicados por la web Wikileaks revelan que la CIA aconsejó, precisamente, usar la dura situación de la mujer en Afganistán como «punto de presión» emotiva para apoyar la continuación de la guerra.
La profesora añade: «Las atrocidades y muertes de civiles son prueba de algunas de las terribles cosas que están sucediendo, pero, curiosamente, no se las juzga como una ventana a la realidad de lo que está pasando».

Aisha viajó el miércoles de Afganistán a Estados Unidos para ser sometida a una operación de cirugía estética que le reconstruirá la cara.

Diario Público

6 thoughts on “Ocho años de guerra no han liberado a las afganas”
  1. Ocho años de guerra no han liberado a las afganas
    Y aún así criticais la presencia de tropas en Afganistán. No quiero ni imaginarme que sería de todas esas mujeres si la OTAN no estuviera allí. Quejaros por quejaros, ese es el objetivo.

    1. Ocho años de guerra no han liberado a las afganas
      Te lo puedes imaginar porque hace unos años la OTAN no estaba allí y había no pocos documentos sobre cómo les iba a las mujeres.

      Te ahorro el trabajo de documentarte y te informo de que desde esa época hasta ahora las mujeres están igual en cuanto a derechos, lo cual prueba que a los ejércitos invasores las mujeres afganas les importan una mierda y están allí para otras cosas.

      Bueno, tampoco tan igual, ahora las masacran, al igual que a sus hijos, con bombardeos desde el aire cuando están en una boda, en un entierro o simplemente haciendo la limpieza de su casa; cosa que no les pasaba con los talibanes.

      Es de creer que las mujeres afganas están «muertas» de agradecimiento a las tropas invasoras que tanto han hecho por ellas y a sus bombas.

      Y no es la gente de la web quien se queja. Hay colectivos de mujeres afganas anti-talibán que se dedican a recorren europa para denunciar la canallada de la invasión occidental. Por ejemplo: http://www.mujeresenred.net/spip.php?article1075

  2. Ocho años de guerra no han liberado a las afganas
    Mi modesta opinión es que la OTAN hace demagogia sobre los derechos de las mujeres para justificar su presencia en Afganistán, y que los antimilitaristas hacemos demagogía sobre los derechos de las mujeres para criticar a la OTAN. Datos parecidos ‘justifican’ cualquiera de las dos posturas.

    En vez de criticar que la OTAN ‘no cumple lo que promete’ -crítica que puede justificar un reforzamiento de la misión- deberíamos denunciar la misión en cuanto tal, sus verdaderos intereses.

    1. Ocho años de guerra no han liberado a las afganas
      No me parece que decir que la situación de la mujer en Afganistán en cuando derechos no ha mejorado en los últimos años sea demagógico. Es una pura realidad, y es importante decirlo para desmontar uno de los argumentos falaces con los que se justifica esa guerra. La partida también se disputa en el terreno de los símbolos que mueven las conciencias en una u otra dirección. Las mentiras hay que desenmascararlas, no obviarlas.

      Naturalemente el grueso de la argumentación debe ir a la denuncia de esa guerra poniendo sobre la mesa las causas que la han provocado y la alimentan así como las consecuencias que está produciendo. Cosa que entiendo que se hace de sobra desde el ámbito antimilitarista.

      Salut.

      Salut.

      1. Ocho años de guerra no han liberado a las afganas
        Bueno, mis dudas empiezan en si hay que tomar artículos como el de arriba como una pieza de denuncia, dado que usan el mismo lenguaje amarillista y sensacionalista que la propaganda de la OTAN. No es que ponga en duda que la situación de las mujeres en Afganistán es espantosa, es que me parece que artículos de este tipo trafican con el espanto, lo convierten en una mercancia.

        Por otro lado, estaremos de acuerdo que no sería consistente criticar la intervención de los USA en Vietnam porque no cumplió con su objetivo declarado, derrotar el comunismo. Pues bien, cuando hablamos de Afganistán y los derechos de las mujeres usamos ese tipo de argumentación. Por cierto, como es sabido, en Afganistán los USA sí consiguieron derrotar al comunismo gracias a la gente que ahora hace la vida imposible a muchas mujeres, pero también a gentes que ahora se ponen en ‘la vanguardia’ de la defensa de los derechos de las mujeres -nadie me ha contado todavía quiénes son los ‘muyahidin buenos’ de los que cuenta Malalai Joya en su documental-.

        Yo creo que a veces en el movimiento antiguerra -no sólo, ni principalmente, en el antimilitarista- hacemos una ‘contrapropaganda’ que es sólo eso, ‘contra’ y ‘propaganda’ (tipo ‘El otro país’), y la excretamos que con un gesto de satisfacción que me parece preocupante. Lanzamos imágenes impactantes, como los calamares arrojan su tinta, para justificar nuestra inadhesión aparente a los planes del poder; pero por parte alguna aparece análisis de realidad y/o perspectiva de rebelión.

        Melancólico estoy.

        1. Ocho años de guerra no han liberado a las afganas
          Nada, nada, hay que animarse!!

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