318. En 1942 G. Orwell realizo una observación (contenida en “Matar a un elefante y otros escritos”) tan amarga como exacta, «a menudo se tiene la sensación de que el concepto de verdad objetiva va desapareciendo poco a poco del mundo». Lo defectuoso del aserto está en que aquél, como acostumbra, no profundiza en las causas ni se ocupa en sugerir remedios, dado que se da por satisfecho con un criticismo fácil, didáctico y literario.

La verdad esta liquidada como valor porque prácticamente nadie la sitúa como bien primordial ni establece como propósito el constituir un orden social, y un tipo de estado de conciencia colectiva e individual, que la tenga como decisiva.

Orwell, izquierdista atípico y marxista solo ortodoxo a medias, debía saber que en el universo de la radicalidad obrerista la verdad no es apreciada, dado que se sustituye en lo doctrinal por las
teorías urdidas a partir de teorías, en lo epistemológico por el pragmático afán de lograr resultados
tangibles a toda costa, en las metas estratégicas por la abundancia material máxima y en los designios
políticos por la noción de conquista del poder no importa con que medios, así que en vez de
rasgarse las vestiduras de manera inofensiva e inoperante a fin de cuentas, el autor de “1984” debería
haber ido a la raíz del asunto y haber propuesto una ruptura crítica y argumentativa con el credo
proletarista y las pésimas prácticas izquierdistas precisamente en eso, en la cuestión de la verdad.


Texto tomado del libro de Félix Rodrigo Mora “La Democracia y el Triunfo del Estado: Esbozo de una revolución democrática, axiológica y civilizadora” (Ed. Manuscritos).