
Una diferencia clave, no la única, entre información y
propaganda reside en saber quién paga las facturas, la audiencia o el
Gobierno. La credibilidad se resiente de forma dramática cuando un
periodista recibe dinero de las dos partes, sin que la primera fuente
de fondos sepa lo que está haciendo la segunda.
La empresa que edita los diarios Miami Herald y El Nuevo Herald
se ha llevado una desagradable sorpresa al saber que tres de sus
periodistas han recibido en los últimos años miles de dólares de fondos
públicos. La información aparece en documentos oficiales obtenidos
gracias a la Ley de Libertad de Información.
No son los únicos. Diez periodistas de Florida,
la mayoría de origen cubano, cobraron dinero del Gobierno por
participar en programas de Radio Martí y TV Martí, dos medios
gubernamentales cuyo objetivo es atacar al régimen de Fidel Castro.
Entre los agraciados, está el escritor Carlos Alberto Montaner, del que ya hemos hablado por aquí.
Desde Madrid, Montaner ha enviado una carta
al Herald para explicar que si bien sus columnas aparecen en el diario,
él no tiene ninguna obligación contractual con el medio. Y que
interviene una vez a la semana y durante 20 minutos en Radio Martí, por
lo que cobra 100 dólares, mucho menos de lo que recibe por sus
colaboraciones en otros medios.
Algunas cantidades no son muy grandes y quizá podrían corresponder
al pago por participar en programas de debate. Helen Aguirre Ferré,
jefa de opinión de Diario Las Américas, sostiene que sólo cobraba 75 o 100 dólares por intervención. No dice que ha cobrado 4.325 dólares en cuatro años. Ahora dice
que sus opiniones «no tienen precio», pero se apresura a informar a sus
lectores que donará el dinero a la Liga contra el Cáncer. Pierde el
periodismo y ganan los enfermos.
Otros honorarios no se pueden esconder bajo el apartado ‘pequeña compensación por las molestias’. Pablo Alfonso,
columnista de El Nuevo Herald, cobró casi 175.000 dólares entre el 2001
y el 2006. La empresa le ha despedido, y también a los otros dos
implicados que trabajan en sus medios, porque nunca comunicó estos
pagos.
Granma ha
dado la noticia, pero sin extenderse en los comentarios. En La Habana
deben de estar conteniendo la risa, ya que las revelaciones vienen a
confirmar sus denuncias habituales contra los anticastristas «pagados
para diseminar propaganda contra Cuba».
Aunque es obvio que la política editorial del Miami Herald y su
‘hermano’ editado en español es contraria a Castro, sus lectores se
merecen saber para quién trabajan esos periodistas, si su información
está condicionada por sus fuentes de financiación, o si sus opiniones
son suyas o del Gobierno norteamericano. Y algo pasa por allí cuando
precisamente el periódico en el que trabaja Ferré da la noticia con
este titular: El escándalo periodístico en Miami no sorprende.
Y debería, porque de lo contrario nos encontraremos con que se
considere normal que tanto en La Habana como en Miami haya periodistas
que cobran del Gobierno. Todos en el primer caso, algunos en el
segundo. Demasiados.