
Lo peor no es que haya llegado el momentum de alguien como Borrell, este lamentable contexto que le permite ser belicista en inglés mientras se aplaude a rabiar la consabida jactancia del personaje y su afectada grandilocuencia. Lo peor es que, para hacer frente a un tirano imperialista como Putin, que incluso no duda en proyectarse como terrorista nuclear, no se esté buscando la desescalada y todos estemos ya embarcados en una espiral imprevisible y terrorífica. Así las cosas, claro está, no nos debe extrañar que lleguen también las faltas de respeto de quienes están construyendo un escenario armamentístico que, según dicen, no parece tener otra alternativa. Las medidas más proactivas, de tipo diplomático y económico, más la solidaridad con los desplazados y refugiados, están a su vez envueltas del carácter reactivo de las medidas militaristas.
El movimiento pacifista también es reactivo, claro que sí, pero en un sentido contrario. El pacifismo reacciona también a la fuerza, pero no por estar desinformado o por idealismo. El pacifismo es el más realista de los enfoques geoestratégicos. Y no es difícil deducir el porqué, pues es el propio agresor de Ucrania el que lo ha vuelto a poner sobre la mesa. Nos ha actualizado. La amenaza de holocausto nuclear no es cosa del pasado. Se ha mantenido y se ha enriquecido, como el uranio.
El rechazo del militarismo, que siempre puede ser loable, se dotó de un espíritu realista, trágicamente sobredimensionado, desde hace ya muchas décadas, cuando se hizo patente la amenaza atómica, cuando la producción de armas nucleares hizo que la guerra convirtiera en factible la megamuerte y el no future.
¿Por qué cree el señor Borrell que el movimiento por la paz y el desarme luchó contra los bloques militares y por el desmantelamiento de todas las armas nucleares cuando él y sus correligionarios solo contemplaban la permanencia en la OTAN como única salida? El antiotanismo no se ha quedado démodé, entre otras cosas, porque gracias a esa alianza militar (y a la potencia militar de Rusia) existen armas nucleares suficientes como para destruir muchas veces la humanidad entera.
Un respeto. Al tratarse de una agresión militar desproporcionada el clima de la opinión se llena de emociones controvertidas. Pero el movimiento por la paz y el desarme nos hace tanta falta como la atmósfera misma, para gritar contra las guerras y también contra el arsenal nuclear mundial.
Usted, señor Borrell, al menos escuche y lea otras ideas y algunas reflexiones sobre los enormes peligros de esta escala (como hace PABLO BUSTINDUY en este artículo que adjunto). Y el resto, pongámonos otra vez y en serio a pensar alternativas de paz (como nos pide Vicenç Fisas en: https://www.elcritic.cat/opinio/vicenc-fisas/la-nuesa-del-pacifista-davant-la-guerra-119995?fbclid=IwAR1YFL1J4hu7PhoS1BOAhM106peUj7BGx9SFR-z2m8WtsH-c7VNEF95SJ0A )