NOTA de Tortuga Internacional: Alarcón, curioso personaje. Fundó el periódico La Redención, de carácter anticlerical, antimonárquico e incluso antimilitarista. Posteriormente fué evolucionando a posturas católicas, conservadoras y militaristas. Personaje con muchos paralelismos con Alejandro Lerroux. De todas maneras, su obra «El Sombero de Tres Picos» es inolvidable…

Un libro colectivo acaba con los mitos y los tópicos patrióticos que se habían creado en torno a la figura del escritor y pionero del reporterismo de guerra en Marruecos, Pedro Antonio de Alarcón

TEXTO:/JUAN LUIS TAPIA / FOTOS: SUR / GRANADA

DICEN que fue el primer reportero de guerra español, pero no fue así. Tampoco fue un defensor del colonialismo español, y mucho menos un feroz enemigo de los habitantes del Norte de África, según el libro ‘Pedro Antonio de Alarcón y la Guerra de África’. El joven periodista granadino se enroló en la Guerra de África, que enfrentó en 1860 a España con Marruecos. El escritor, quien deambulaba por las redacciones de los periódicos madrileños, era consciente del atractivo romántico de las guerras, y más aún al tener conocimiento de la aventura de algunos compañeros en 1853 en la Guerra de Crimea. Además, se trataba de Marruecos, y él pertenecía a un linaje que había hecho la Reconquista, con una intervención destacada en la batalla de Pavía. Por otra parte, el atractivo oriental, tan de moda en aquella época, le movía a iniciar tal empresa, en la que también encontró su carrera literaria.

Prim, el gran héroe del momento, que recuperó a España como potencia europea, se rodeaba de cierto aire oriental en cuanto a sus gustos literarios y preferencias artísticas. Uno de los personajes que daba cobertura a las hazañas del general será el maestro Fortuny, quien lo inmortalizaría en varios lienzos de corte histórico.

Así fue como Pedro Antonio de Alarcón decidió enrolarse en el cuerpo expedicionario peninsular con destino a Ceuta a sus flamantes 26 años.

La amistad con el general Ros de Olano y el talante viajero de Pedro Antonio, explicarían su disponibilidad a jugar un papel de cronista. El escritor granadino compara su incorporación al ejército con el inicio de una empresa quijotesca: «Fue, pues, mi primer proyecto ir a África de paisano, o sea sin sentar plaza, con ánimo de escribir cuanto viera y se me ocurriese, pero no en modo alguno de matar moros…», según dice en ‘Diario de un testigo de la Guerra de África’.

Pedro Antonio, corresponsal de ‘El Museo Universal’, se alistaba en el batallón de cazadores Ciudad Rodrigo. Llevaba como armamento una espada española y un revólver al cinto, para defensa personal; y papeles, plumas, lápices y demás arreos de cronista ambulante. Una vez como soldado sumó un caballo, un asno y un criado. Llevó también un fotógrafo, con su cámara y demás útiles de arte, para recoger las mejores instantáneas de ciudades, paisajes e individuos, que ilustraran sus crónicas. Pero el fotógrafo, ante el mal tiempo y la imposibilidad de ejercer correctamente su labor tuvo que regresar a España. Pedro Antonio quería ser el primer reportero en ofrecer imágenes del conflicto.

Laureado

El 12 de diciembre de 1859 llega a Ceuta y dos días después ya estaba en el frente, instalándose en el campamento de la Concepción. La carrera del reportero de guerra fue rápidamente recompensada al ser condecorado con la Cruz de María Isabel Luisa, pensionada con diez reales mensuales. Poco después recibía un balazo en el pie durante la defensa del campamento, por lo que pasó al cuartel general del general jefe en calidad de ordenanza, ya exento de servicio. Pero se empeñó y estuvo presente en la batalla de los Castillejos, donde será evacuado enfermo y trasladado a Ceuta.

Una vez restablecido, el joven escritor y cronista reaparece en los enfrentamientos del río Capitanes y Cabo Negro, ya en el mes de enero, y en el avance sobre Tetuán. Por su participación en la refriega de Guad-el-Jelú, le fue concedida la Cruz de San Fernando. Días más tarde, con la toma de Tetuán, asiste a su última batalla.

Desde el frente, Alarcón enviaba sus crónicas de guerra a Madrid, redactadas con gran viveza y cúmulo de detalles, en las que no faltaban los elogios a los soldados españoles, así como las alabanzas a oficiales y generales. De O’Donnell escribe: «Jamás hombre público ninguno me ha parecido más digno de consideración y respeto que el conde de Lucena en aquel instante». Prim será el héroe de Castillejos, enaltecido en su arenga a los catalanes; Ros de Olano, afectado de cólera y catalogado no como un general para sus tropas sino como un padre para ellas, a quien se le reconoce «su valor como táctico, como organizador, como caudillo». Todos los personajes son retratados por Pedro Antonio y toda la guerra se eleva a categoría épica.

Se habían conseguido varias victorias y se avanzaba hacia Tánger, a lo que el cronista de guerra se oponía e incluso intentó, junto a Ros de Olano, detener el avance pues sería el final de la intervención española en Marruecos. El pronóstico de Alarcón fue acertado y Gran Bretaña, con intereses en la zona, impidió a España tener una mayor presencia en la zona. Las tropas españolas abandonan Tetuán a cambio de conseguir una indemnización del sultán y la concesión pesquera en las costas del Ifni.

El 22 de marzo de 1860 se le concedía al soldado Alarcón la licencia y regresaba a España. Un mes después recibía licencia un joven escritor de tan solo veintisiete años. Su hoja de servicios describe al periodista como una persona con el pelo entreverado, cejas castañas, ojos negros, nariz regular, barba poblada y color bueno.

El escritor se despide de los lectores contrariado con el resultado de la intervención militar y opina que continuar la guerra -se sopesa el avance hacia Tánger- «empuja a nuestro ejército hacia un abismo». «Creo -escribe Alarcón- que la cuestión de la guerra, que el interés de la nación, que la gloria del ejército, que los destinos de España no se ventilan ya aquí, sino allí…».

Las crónicas de Pedro Antonio se convirtieron en un éxito entre los lectores. La fama del escritor alcanzó su punto máximo cuando sus crónicas se recopilan en el libro ‘Diario de un testigo de la Guerra de África’. Fue uno de los primeros ‘best-sellers’ de la historia del periodismo español con una primera edición de 25.000 ejemplares. Aquellas ventas y el éxito editorial permitieron a Pedro Antonio vivir holgadamente e iniciar un viaje por Europa, cuyas vivencias recogió en un nuevo título. El ‘Diario’ africano sigue siendo todo un clásico de la crónica de guerra.

Título: ‘Pedro Antonio de Alarcón y la Guerra de África. (Del entusiasmo romántico a la compulsión colonial)’.

Edición: Realizada por los expertos José Antonio González Alcantud y Manuel Lorente Rivas.

Editorial: Anthropos.

Colaboran: Amelina Correa, Antonio Enrique, Antonio Lara Ramos, Vicente Moga Romero, Víctor Morales Lezcano y Cristina Viñes Millet.

Contenido: Selección de artículos en torno al africanismo y participación de Pedro Antonio de Alarcón en la Guerra de África.