
Zarzo Abierto
Francisco López
Sí, esta vez sí, esta vez me voy a meter con la iglesia; pero no se asusten, no voy a recordar épocas pasadas cual octogenario nostálgico ni elevar la voz varias octavas hasta desgañitarme intentando que alguien eschuche. No. Simplemente, con su permiso, por supuesto, voy a descargar un poco de la congoja que me provoca cada vez que tan ilustre prelado (yo sé usar estas palabras juntas por influencia, no se vayan a pensar) abre su boca, suelta un poco de aire de sus pulmones y hace vibrar sus cuerdas vocales poniendo su lengua de tal forma que ese aire se convierte en sonidos antes pensados en su cerebro.
Y digo congoja, porque en el fondo sé que tiene razón: «No es justo obligar a soportar eso», nadie tiene porqué soportar que le hagan dudar de lo que piensa, nadie tiene que aguantar que le digan que está equivocada, que tanto tiempo de rodillas es en vano, que tanto hacer el bien no le servirá de nada, que todos sus rezos al altísimo son ignorados, porque tal altísimo no está ahí escuchándola. Piénsenlo, ustedes después de toda una vida de sacrificio y abnegación, olvidándose de los placeres terrenales, propios de gente mundana y baja ralea, tantos años esperando encontrarse con su creador y le vienen ahora y le dicen que es mentira. Esto no hay quién lo aguante.
Usted pensando que en la otra vida disfrutaría de todo lo que ahora rechazaba y le dicen que se va a quedar con dos palmos de narices. ¡Venga ya!. «Si yo rezo todos los días», «si yo hago caridad», «si yo voto al…»
Porque una cosa es que nuestro protagonista se pase la vida captando adeptos a su causa, convenciendo a ateos de que están equivocados, llevando a las almas descarriadas al redil, hablando a quien no quiere escuchar, llenando plazas a la vista de cualquiera, obligándonos a «soportar eso» y otra muy distinta es que se lo hagan a él, y sobre todo, convendrán conmigo, es que ha sido un grupo de gente sin conciencia, de ateos y ateas, que utilizando sus propio dinero se paga su publicidad, ¡por favor!. «¡¿Desde cuando somos todos iguales!?» (aunque en esto es cierto, no somos iguales, la publicidad de la iglesia la pagamos todas y todos).
Y es así, son muchos siglos dirigiendo el cotarro para tener que rebajarse y permitir que en su cara les pongan en duda su chiringuito. No quiero pensar cómo debe de tener las meninges este gallego de pro con esto de que la democracia sea para todas y todos, y cualquiera pueda ir por ahí levantándole la alfombra y tirándole al suelo el capelo al mismísimo cardenal.
Entonces, para no llevar la contraria a nuestro querido iluminante, les indicamos desde aquí, un medio que no están obligados a visitar, que «probablemente, sólo probablemente, dios no existe»…, así que disfruten ahora y luego «que nos quiten lo bailao».
Leer los comentarios en la web de donde hemos extraído el artículo
Visitar también el debate sobre similar tema en Tortuga: Comentario al artículo «Dios no existe: sin la menor duda, Sr. Dawkins», por Plácido Ferrándiz