crónicas de pseudonimma

Durante un día y medio en El Escorial la Asociación de Revistas Culturales ARCE nos ha puesto a tiro debatir acerca de la propiedad intelectual y los derechos de autor, ahora que los editores andamos digitalizando y necesitamos saber bien a qué atenernos. Los debates han sido enriquecedores, y los ponentes en su mayoría también. Sin pretender hacer una crónica que aquí no corresponde, me gustaría destacar tres:

Javier de la Cueva

La oportunidad de conocer, oir, debatir y rebatir a/con Javier de la Cueva merecía por sí solo el esfuerzo. Javier maneja el lenguaje de la precisión como sólo algunos abogados saben hacerlo. Sin perderse en la parafernalia léxica de las leyes y los reglamentos, pone en vulgar lo que otros se empeñan en hacer enrevesado. Lo mejor, su capacidad para destapar esa ambigüedad interesada y la verdad a medias que argumentan en general el monopolio de las entidades de gestión, unas más que otras, y muy especialmente Javier Gutiérrez Garcén, de Vegap, a quien le veo modular discursos contradictorios en función del auditorio.

Magdalena Vinent, de CEDRO

No la conocía, me pareció que su discurso interesado como el de todos, es coherente y moderado. Cedro ha sido poco beligerante en ocasiones, y a veces pienso que le robaron la cartera en el reparto del canon digital, como si los textos pudieran copiarse menos en CD que la imagen o la música.
Cedro es especialmente sensible en la justicia del reparto. Sus socios autores pueden decidir en qué condiciones su obra es puesta a disposición de los ciudadanos, e incluso cada obra de modo individual es susceptible o no de que CEDRO gestione los devengos que se derivan, con todas las excepciones que al autor le venga en gana.
Más allá, incluso los no asociados tienen reconocido en CEDRO su derecho, hasta el punto de que no ya sólo se les liquida al solicitarlo, sino que se hacen esfuerzos por localizar a los autores para ello, hasta el punto de invertir recursos en esa búsqueda, como la campaña «se buscan autores» que realizaran hace un año. Evidentemente si esto se hace es para evitar males mayores, se habla de 20 millones de euros sin repartir que no está claro que CEDRO pueda alegremente ni incorporar a su patrimonio ni repartir entre sus socios, no al menos sin antes haber demostrado de modo fehaciente la voluntad de hacerlo llegar a sus legítimos receptores.
Todo esto es opinable, para debatir largo, pero de ello se deduce una inquietante cuestión: Siendo así, ¿qué es lo que distingue a CEDRO de VEGAP? ¿Porqué VEGAP puede sin rubor repartir entre sus mil y pico socios lo que correspondería a las decenas de miles de creadores visuales de este país?.

Javier Gutiérrez Vicén, de VEGAP

A estas alturas no será necesario que insista en mi desencuentro con el modo que VEGAP tiene de repartir ese dinero de todos que se le encomienda. Pero más allá de la discrepancia, creo que lo peor no está en el modo, sino en los modos. Los discursos de VEGAP y de G. Vicén son torticeramente ambiguos, contradictorios, opacos. La situación actualmente es tan inaceptable desde la ley y desde la razón, que cualquier debate en el que se avance es siempre a favor de los autores todos, y quien se perjudica es la entidad. Se trata en realidad de una huida hacia adelante, de consecuencias impredecibles. Si CEDRO está realizando esfuerzos por repartir el procedente de copia privada, y lo que no puede repartir lo acumula a la espera de una solución, ¿Cómo es posible que en idéntica situación VEGAP lleve años repartiéndolo entre sus socios, que son un mínimo porcentaje del total de creadores? ¿Qué sucede si éstos deciden reclamarlo? ¿o si el Ministerio de Cultura, en su función de control que hoy no ejerce como debería, decide reclamárselo?
Así las cosas, desde VEGAP se sostiene lo insostenible y por el máximo de tiempo. Aunque para ello haya que echar mano de las medias verdades y la desinformación. Un ejemplo: nos ha dicho Vicén estos días: «las obras con copyleft o creative commons no caben en la gestión colectiva porque no generan ingresos que haya que repartir». Yo sé que es falso.

Él sabe que es falso. Pero no por ello hay que decirlo claro: mientras haya funcionarios y políticos, creadores, jueces, abogados, que a fuerza de repetir esa falsedad sigan creyéndolo, esos ingresos seguirán entrando en la caja de VEGAP para repartirlos entre los mil y pico, previo veinte por ciento para «la estructura». Que quede claro: esas obras generan ingresos, en primer lugar del canon por copia privada, porque éste es irrenunciable porque la ley así lo dice. Otra cosa es que sólo podría accederse a esos ingresos a través de la entidad de gestión colectiva, que recibe el total del montante y la obligación de repartirlo, y hoy es un monopolio que se niega a reconocer esta realidad porque no les interesa. O lo que es lo mismo, los ciudadanos pagan por esas copias privadas, pero quien lo recibe y habría de devolverlo a sus autores legítimos prefiere repartirlo entre sus socios. Ellos lo hacen, el ministerio les deja e incluso al Defensor del Pueblo no le importa.
Pero además, cuando las obras con licencia CC (CreativeCommons – Non Commercial) son utilizadas con fines comerciales también generan derechos de reproducción. Una vez más, es imposible cobrarlos a través de la gestión colectiva porque VEGAP no quiere, y es materialmente imposible hacerlo fuera de ella.
No acabamos ahí. Una vez más, que no es la primera, le inquirí de modo directo para que justificara porqué nuestra wikipedia no tiene imágenes en la entrada de Picasso, y sí las tiene la anglosajona. Que nuestros hijos estén recibiendo una formación en la que no existen imágenes de la creación de los últimos setenta años es un serio problema que no beneficia a los autores, ni a VEGAP, ni a nadie.

Es simplemente una realidad: la wikipedia y tantos otros no pueden asumir el riesgo de ser denunciados, ir a un juicio y ganarlo, no digamos ya si lo perdieran. Pueden suponerlo: no conseguí que el señor Vicén afirmara que la wikipedia no puede publicar esas imágenes, que no era cuestión de ponerse de uñas al respetable. Pero tampoco lo contrario. Esa ambigüedad es la que sostiene esa «cultura sólo si es de pago» en la que se sienten tan cómodos y tan fuertes. Aunque sea a costa de la riqueza cultural de nuestra sociedad.
Por último, a alguien le llamó la atención el contraste entre la postura de CEDRO, gastando dinero en buscar autores a quien pagar, y la de VEGAP. Al ser preguntado G. Vicén escapó con un lacónico «por supuesto que VEGAP liquida a los autores que no son socios». Pues es mentira. No porque lo diga yo, que también, sino porque lo dicen ellos mismos. Una vez más, la respuesta a la medida del auditorio, y la contradicción como modus operandi et vivendi. A falta de información más fiable, nos habremos de conformar con la que aparece en su web:
Allá donde dice «¿cómo reparte VEGAP?» podemos leer: «En el caso de la remuneración que se obtiene por la copia privada, se descuenta de la cantidad global recaudada el 20% para destinarlo a actividades asistenciales y promocionales, que la entidad desarrolla a través de la Fundación Arte y Derecho.

El 80% restante se reparte entre los socios entregando, por un lado, una cantidad mínima a cada uno de ellos y, por otro, lo que corresponde a cada uno en función de lo recaudado por el derecho de reproducción en los tres ejercicios anteriores». ¿Cómo puede VEGAP antes del reparto asignar una cantidad a sus socios y sólo a ellos, siendo un dinero recaudado por copia privada, irrenunciable y que es adeudado al total de autores? Y del restante… ¿como podría un autor que no es socio llegar a recibir su parte, si se calcula en base a un baremo, la reproducción, a la que sólo acceden los socios?. Es a todas luces ilegal e injusto. ¿por qué lo puede hacer VEGAP?. Es sencillo, porque el Ministerio de Cultura se lo permite.