
Esa creo que es una de las tonadillas más exitosas del acabado 2005. En efecto, publicistas, locutores de radio, presentadores, personajes y personajillos de televisión se han empeñado en inocularnos ese estribillo que, según mi parecer, ha tocado techo con la pasada campaña de Navidad y, que como otra moda cualquiera, irá descendiendo puestos entre sus seguidores.¿Pero a qué ha sido debido el éxito de esa expresión o modismo? Con estas apretadas líneas me propongo analizar y esbozar los componentes lingüísticos y comunicativos (no publicitarios) de la citada frase navideña. ¿Cuáles son las claves por las que hemos oído de boca en boca tales palabras? Para empezar diremos que se emplea «pues va a ser que no» ante la solicitud, demanda, petición o pregunta de nuestro interlocutor y, sabiendo que le contestaremos negativamente elegimos esa novedosa fórmula antes que un descortés o frío «no» rotundo. Si bien, hemos de decir también que hemos soslayado otras respuestas amables pero desgastadas como el «seguramente no», «posiblemente no», «quizás no» que dejan aparentemente algún resquicio de afirmación antes que decir el correctísimo y asertivo «lo siento o disculpa, pero no».
Con esta construcción en boga aportamos nuevos matices comunicativos con el fin de ser más afectivos y efectivos en la réplica conversacional. La frase de marras consta de seis palabras divididas en tres momentos significativos. La primera palabra, el «pues» sirve de conector ilativo o consecutivo que relaciona la frase con lo dicho inmediatamente antes. Sirve además para añadir énfasis si, además, va acompañada de una ligerísima pausa. Con todo, es un elemento de transición entre las cláusulas orales. La segunda parte está formada por una perífrasis verbal de infinitivo muy socorrida en castellano (ir + a + infinitivo). Ésta, por ser una construcción analítica retarda o demora el contenido expresivo (importante cuando el emisor ha de enunciar algo conflictivo), y añade el valor aspectual ingresivo de lo que está a punto de ocurrir más un matiz de posibilidad («va a ser difícil» o «va a ser un problema», por ejemplo). Y la tercera parte o coda final que le aporta un apéndice completivo («que no») más propio de la lengua oral que de la lengua escrita y que es donde reside la principal novedad y atractivo expresivo. ¿Por qué? Porque es como si te sugirieran que entraras en un local y cuando estás a un metro de la puerta te dieran con ella en las narices. Es decir, esta tercera parte es contradictoria con las dos precedentes: se te alarga y ralentiza la deseada y vedada respuesta afirmativa para que de golpe venga la negación. Ese «pues va a ser que no» es como un latigazo pero con una correa envuelta en terciopelo o con la ropa puesta. Se asemeja un poco al más conocido «sí pero no».
Por último, el giro o frase indirecta en moda aporta suavidad, sorpresa y dulcifica abiertamente el desacuerdo o disensión sobre todo si se acompaña con un tono, gesto y mirada amable. Pero también puede resultar mordaz, cómico o bromista si las dos últimas palabras son dichas de manera contundente en clara antítesis con el tono con que hemos pronunciado las cuatro palabras precedentes. Sobre todo si además hemos empezado enunciando la construcción con un ritmo retardado, seguimos con una ligerísima pausa después de la cuarta palabra, y acabamos inesperada y antitéticamente con una elevación del volumen y del tono de la voz y con un gesto de clara desaprobación.