Basado en una frase de Cristina de M. (escritora uruguaya, 1870-1925)
Dedicado a Andrés V., que lo pidió con vehemencia.

¿Realmente quieren algo? No lo sé. Visten sus pantalones pitillo embutidos en esas piernas tan flacas, la camiseta de los Iron Maiden, la cazadora de cuero poblada de hebillas y esas zapatillas de deporte nunca de marca. Pero, ¿qué quieren realmente? El debate está en la calle.

Lo confieso: yo fue heavy. Fue hace muchísimo tiempo, allá por el 77, acaso mucho antes y nunca lo supe hasta que mis amigos y yo nos juntábamos en la casa de alguno o en la mía propia y nos poníamos a escuchar el Made in Japan o el The song remains the same (un buen heavy siempre pone el artículo -en masculino, por supuesto- antes del título). Arrancaba Highyway star y la voz heroica de Ian Gillan se desgañitaba luego en Child in time, pero no recuerdo que quisiéramos especialmente nada. Al menos, nadie admitía querer algo, porque entonces, se extraía el disco de la funda, se acoplaba al plato y desde ese momento estaba prohibido hablar. No había ninguna regla que impidiera hacer comentarios sobre tal o cual acorde, pero, por si acaso, allí nadie abría el pico no fuera a meter la gamba. A lo mejor eso es lo que queríamos, no decir nada, reivindicar nuestro estilo de vida con el silencio, agudizar los sentidos mientras Robert Plant atacaba Black dog. El oído, por supuesto; el tacto, con ese acariciar absurdo de la funda satinada del LP; el olfato, ya que aquella estancia había que ventilarla cada poco; la vista, que se empeñaba en leer los créditos de la contraportada del Highyway to hell; y el gusto, pues en aquellas reuniones de pubertad a lo sumo había unas patatas fritas y una cocacola que era un lujo raro de fin de semana. Ahora que lo pienso, de verdad que no queríamos nada. O a lo sumo, dominar el mundo, someter a al raza humana, llevar a la práctica los viejos lemas de Larga vida al rock and roll, El rock está aquí para quedarse o ese aviso mesiánico de Queremos el mundo y lo queremos ahora.

Aquello duró muy poco. Continué viendo heavies por la calle, en el metro, en el colegio, en la parada del autobús. Para entonces ya había abandonado el gusto por la épica y la pose marcapaquete de Ritchie Blackmore. Como nunca llevé el pelo largo y también acababa de abandonar el rock progresivo/sinfónico (¿Cantos de pájaro en mitad de un tema y canciones que ocupaban toda una cara? ¿Pero en qué estaría yo pensando?) decidí hacerme moderno, beber de las miserias del punk y enfangarme en la nueva ola. Y los heavies seguían allí, como una suerte infinita de clones de Jean Moulin. De mi antiguo vestuario sólo me quedé con la cazadora de hebillas cuando decidí darme un garbeo por el rockabilly y transmutarme en rocker durante 48 horas.

Cuando todo parecía que el movimiento estaba muerto, el que se murió de verdad fue Bon Scott. Pobre. Aquello fue como un ventolín en la garganta de un asmático. La muerte como redención. Y a Leño no le importó que a la garganta de Rosendo se impusiera la voz de Alaska. Ahora me pregunto cómo pudieron convivir en la misma época la Chica de ayer con Los rockeros van al infierno, Nacha pop con Barón Rojo, Gabinete con Panzer, Décima Víctima con el los hermanos Castro y toda su cohorte de Carabanchel Bajo y Vallecas (ay, Vallecas, el viejo Lulio, la tienda del chino, la princesa Leia,…). Mientras La Movida tomaba el centro y Argüelles, el heavy resistía en los barrios, exhibiendo sus calaveras y sus chupas plagadas de chapas y parches. Simpáticos los jevis.

Y allí continuaron Black Sabbath, Rainbow, Scorpions, Whitesnake y luego los Guns’n’Roses. No vendían tantos discos como Spandau, pero supieron ganarse al ñoño que también compraba los LP de Hombres G. ¿Cómo? Inventándose a Bon Jovi. El heavy se instalaba en casa de las niñas bien.

Yo seguía viendo heavies por todas partes. Miraba hacia una tienda que estaba haciendo mudanza y allí me topaba con una caja que decía heavy weight. Me mudé a Benidorm y me llevaron al Abraxas, y resolví que no tenía escapatoria. Sólo me faltaba ver a los Purple en Benicássim y comprobar que Roger Glover aún mantenía su lacia y suave cabellera (esto me lo estoy inventando). Años más tarde, Cristina de M. formuló la gran pregunta: ¿qué quieren los heavies? Después de mucho analizarlo he llegado a la conclusión de que lo único que desean los adoradores del trash, el hardcore y el metal es que les dejen en paz. Quieren resistir. Resistir y sobrevivir. Y lo han conseguido.
Y ahora, prepara el eMule y tu iPod. Aquí propongo una selección (sin orden ni concierto) de grandes canciones del género junto a algunos clásicos anteriores que contribuyeron a la consolidación del heavy metal. Larga vida.

– Uriah Heep – Easy Livin’
– WASP – Animal
– Ozzy Osbourne – Mr. Crowley
– Deep Purple – Child in time
– Meat Loaf – Bat out of hell
– Saxon – Wheels of steel
– Obús – Va a estallar el obus
– Rainbow – Stargazer
– Nazareth – Razamanaz
– Accept – I’m a rebel
– Barón Rojo – Los rockeros van al infierno
– Van Halen – Jump
– Ted Nugent – Land of a thousand dances
– Whitesnake – Here I go again
– AC/DC – Back in black
– Led Zeppelin – Whole lotta love
– Megadeth – Symphony of destruction
– Guns n’ roses – Welcome to the jungle
– UFO – Doctor doctor
– Scorpions – Rock you like a hurricane
– Iron Maiden – Run to the hills
– Metallica – One
– Judas Priest – Breaking the law
– Black Sabbath – Paranoid
– AC/DC – Highway to hell
– Deep Purple – Smoke on the water

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