La Tercera

UUn libro reciente de Andrew Bacevich llamado «The New American Militarism» («El Nuevo Militarismo Americano»), formula de un modo sistemático y académico una crítica de fondo a lo que describe como el apogeo de los valores marciales en la sociedad norteamericana. Esto no tendría mucho de significativo más allá de los méritos del propio texto si no fuera porque se trata de un ex mililar y actual profesor de la Universdad de Boston, de tendencia conservadora, claramente alejado del estamento «liberal» comúnmente asociado con este tipo de enfoque.

Y, lo que es más importante, Bacevich no está solo: un amplio sector conservador del país viene sosteniendo lo mismo que este coronel retirado que sirvió en Vietnam: en las últimas décadas la política exterior de Estados Unidos se ha alejado notoriamente de los ideales que expresaron los fundadores de esta república. Estas críticas vienen de algunos centros de investigación, como el Instituto Cato -donde se presentó el libro de Bacevich- y de algunas ramas de institutos conservadores, incluyendo el American Enterprise Institute y la propia Heritage Fundation.

El libro de Bacevich recuerda la frase de James Madison, uno de los fundadores de Estados Unidos, según la cual «de todos los males, la guerra es el más temible; ninguna nación puede preservar su libertad si está en guerra permanente». Bacevich es muy consciente de que cuando se critica la política exterior en tiempos de guerra, como ahora, un amplio sector del país reacciona como si se tratara de una postura «antiamericana» y un ataque contra los propios soldados.

Contención no militar

En declaraciones a La Tercera, Bacevich sostiene que «el propósito del libro es poner ante los ojos de lector la siguiente consideración: desde fines de la Guerra de Vietnam y, de un modo más intenso, desde fines de la Guerra Fría nuestra obsesión con el poderío militar ha dictado la política exterior de un modo que nos aleja de los ideales de nuestros fundadores».

El autor aclara que «con esto no comparo nuestro militarismo con el de los japoneses o alemanes, pero sí me refiero a tres cosas muy específicas: hemos exagerado las expectativas en cuanto a la eficacia de la fuerza; tenemos una tendencia a ver el poderío militar como expresión de la grandeza de nuestro pueblo, y finalmente hemos elevado al soldado al nivel de un ícono nacional, olvidando que es, al igual que nosotros, un ser humano con aciertos y errores, e imponiendo sobre él unas exigencias que no está en condiciones de satisfacer». Hace unas décadas, recuerda, los norteamericanos se sentían orgullosos de lo que producían e inventaban; hoy se sienten orgullosos de tener 12 grupos de portaaviones.

En este punto es donde Bacevich se desvía de lo que sería la crítica común a la ocupación de Irak proveniente del Partido Demócrata. La tesis del libro -que lo emparenta con la corriente libertaria del conservadurismo- es que la culpa de esto no la tiene tal o cual Administración, por ejemplo la de George Bush y los neoconservadores, sino el consenso de la clase política encarnado precisamente en los dos grandes partidos políticos y sostenido por el grueso de la sociedad estadounidense.

«Es algo que en parte constituye una reacción de las últimas décadas a la división y las transformaciones culturales de los años 60, porque se cree que esas convulsiones y divisiones debilitaron el poder norteamericano», comentó a La Tercera.

Bacevich argumenta que el fanatismo islámico peligroso es un enemigo al que no es posible derrotar mediante invasiones y guerras convencionales. Por lo tanto, sostiene, hay que «contenerlo» en lugar de librar una guerra global de índole esencialmente militar, cuyas consecuencias son nefastas y no resuelven el problema. Contenerlo significa usar a la policía, los servicios de inteligencia y sólo en ocasiones muy puntuales y limitadas la fuerza militar.

El contexto en el que se publica «El Nuevo Militarismo Americano» muestra a George W. Bush en su hora más baja en materia de política exterior. Según la última encuesta de la cadena CBS, 59% de la población desaprueba su conducción del conflicto en Irak, mientras que el recrudecimiento de los atentados ha llevado esta semana a varios congresistas, incluidos algunos republicanos, a exigir a la Casa Blanca un calendario específico para iniciar la repatriación de los soldados que sirven allí.

Aunque todavía el Partido Republicano apoya en su mayoría a Bush en Irak, es obvio que empieza a partirse el consenso existente hasta hace algunos meses. Así, el libro de Bacevich abre una discusión al interior de la propia derecha norteamericana en un momento en que un sector influyente plantea un regreso a las raíces ideológicas.