Qué menos que leernos esta obra después de que el propio autor nos haya hecho llegar el ejemplar a algunos amigos y después de que nos haya donado unos pocos ejemplares para subvencionar algo la maltrecha economía del Grupo.

Y aunque el tema, a causa de su acotación, pueda no resultar de tremendo interés a priori para quienes tenemos pilas de volúmenes esperando ser acometidos algún día, resulta una gratificante sorpresa comenzar a leer sus hojas y descubrir que el libro no solo es más útil e interesante de lo previsto, sino que se lee con agrado y de forma amena.

“La pena de muerte en España”, Editorial Síntesis, Madrid 2008, 254 páginas, es el último libro que ha visto por ahora la luz de nuestro amigo el historiador Pedro Oliver Olmo, Perico. De este mismo autor contamos en Tortuga con su introducción al libro de Jesús Castañar Pérez (Cthuchi Zamarra) “Breve historia de la Noviolencia”, y el libro completo y disponible on-line “La Utopía Insumisa de Pepe Beunza”.

“La pena de muerte en España” podía haber sido escrito en forma de colección de documentos, disposiciones legales y citas de políticos y jurisconsultos. Hubiera sido una obra de interés para personas aficionadas a la Historia del Derecho y un auténtico tostón para el resto. Nada más lejos de la realidad. Con la excusa de historiar la pena máxima, el libro realiza un recorrido a vista de pájaro por toda la Historia Contemporánea del estado español, observada en sus diferentes vicisitudes pero siempre con este leiv-motiv.


Temas tratados

De este modo, partiendo de la descripción casi etnológica y antropológica de cómo se practicaba ésta en los albores del siglo XIX, se va recorriendo dicha centuria contemplada como pulso entre las instituciones del Ancien Regime y las fuerzas del liberalismo burgués en eclosión. Las disposiciones sobre la pena de muerte y sus formas concretas de aplicación en este contexto son termómetro de los flujos y reflujos de unas y otras concreciones de pensamiento y de gobierno.

El siglo XX transcurrirá en sus primeras décadas por similares derroteros. La aplicación de la pena de muerte va menguando y desapareciendo de los escenarios públicos en virtud de los cambios sociológicos que van produciéndose. Cada vez más el castigo capital se aplicará en el interior de las prisiones, lejos de las miradas del pueblo, o se irá transformando en diferentes formas de ejecución extrajudicial. El movimiento anarquista estará especialmente en el punto de mira de las instituciones públicas y escribirá no pocas páginas de esta macabra crónica. Todo ello de la mano del paulatino avance del pensamiento abolicionista, que se impondrá en el último bienio de la II República.

A partir de aquí el libro realiza un interesantísimo estudio sobre la aplicación masiva de la pena de muerte a lo largo de la Guerra Civil. Son estudiados los dos bandos, los diferentes contextos y las diferentes formas y razones de ejecutar a adversarios políticos, a desertores, criminales etc.

La represión franquista inmediatamente posterior al final de la guerra también es desglosada minuciosamente ofreciéndonos el autor un solvente y sobrecogedor resumen, así como conclusiones a partir de un notable esfuerzo documental previo.

Los últimos capítulos del libro analizan la aplicación de la pena de muerte en las últimas décadas del régimen franquista. Para ello se hace necesario hablar de los orígenes de ETA, del FRAP o de la insurgencia armada urbana de raíz anarquista. Son analizados los últimos movimientos del régimen en este sentido y el desafío al que se vio sometido a la hora de ejecutar a los últimos presos políticos, desde Julián Grimau a Puich Antic pasando por el caso Delgado-Granado o el Proceso de Burgos.

Tres cosas

Nos llaman la atención tres aspectos del libro. En primer lugar la parte antropológica. Interesantísima la descripción sobre las formas tradicionales de aplicar la pena de muerte; su “tirón” sociológico, la función de las instituciones religiosas, las cuestiones clasistas relacionadas con el uso o bien de la horca, o bien del garrote (clasificado en diversos tipos del mismo) o bien del fusilamiento… La figura de los verdugos. Incluso de psicología de matarifes del garrote y el pelotón o de penados “en capilla” se trata en el libro.

Por otra parte es interesante como está reflejada la cuestión de su función social a lo largo del libro. La pena de muerte es estudiada como una herramienta al servicio del poder, primero absoluto y luego burgués, la cual actuaba como elemento amplificador y propagandístico de la potencia y capacidad destructiva de dicho poder. La pena capital fue un poderoso aviso a navegantes cuando eclosionaron los movimientos obreristas, muchos de cuyos miembros sufrieron el garrote o el pelotón de fusilamiento. En virtud de ello fue defendida y reclamada por los sectores más conservadores de la sociedad.

No podemos dejar de hacer mención al tema militar. Un historiador tan cercano al movimiento antimilitarista como Pedro Oliver no podía obviar a la institución castrense como protagonista principal de esta obra. Y evidentemente el ejército español a lo largo de toda la Historia Contemporánea queda retratado, muy por encima del poder civil y hasta el final, como el gran aplicador de la pena de muerte. Siendo este dato significativo, es mucho más interesante conocer el porqué de tal cosa. Y tirando del hilo podemos descubrir como el ejército, mucho más allá de ser una gran máquina de ejecutar disidentes, ha sido el poder fáctico principal que ha configurado y dominado el estado liberal burgués desde Riego hasta casi Tejero. Los militares, a lo largo de las dos centurias, han puesto y quitado gobiernos cuantas veces han querido, han dado golpes de estado, han generado guerras internas y externas, han desarrollado dictaduras… Tanto causa como consecuencia de esa presencia omnímoda y determinante de lo militar en la sociedad española es la legislación especial puesta en sus manos a lo largo de todo el proceso. No solo ha habido una Justicia Militar y un Código Militar ordinario y de excepción; es que el ejército ha tenido competencias permanentes para extender esa jurisdicción execrable e incontrolada a la sociedad toda de forma ilimitada. De ahí su uso y abuso de la pena capital sobre militares y civiles.


Nos gusta y no

Lo que más –aparte de lo ya dicho arriba- el estilo. Ameno y casi novelado sin renunciar al rigor ensayístico. Así da gusto leer y aprender Historia. Efectivamente, libro a libro, Perico Oliver se va superando como escritor. Como decimos, el tema podía haber acabado en ladrillo y sin embargo el autor ha sabido sintetizar lo necesario y redactar de tal forma que “La pena de muerte en España” se lee con facilidad y casi con el “enganche” de quien tiene en sus manos una obra literaria.

De las pocas cosas que no nos gustan, por ejemplo, la idea que sutilmente se desprende a lo largo del libro y en virtud de alguna que otra frase suelta, de que el actual orden constitucional español vigente a partir de 1978 es como una especie de meta hacia donde camina todo el proceso anterior, una especie de ¡prueba conseguida! Si no hemos deducido mal, la actual abolición completa de la pena de muerte en el estado español sería para el autor una clara muestra del carácter democrático y popular de su sistema político imperante. Éste respondería fehacientemente a los anhelos de libertad que acompañaban la apuesta abolicionista de algunos precursores (especialmente de la Segunda República) citados en el libro.

En nuestra opinión el hecho de que en una parte sustantiva de la sociedad liberal-capitalista occidental no exista la pena de muerte no es signo ni de progreso humanizador ni de sistema político democrático. Simple y llanamente el poder político-económico ya no precisa como antaño de esta herramienta para defender sus privilegios y la ha sustituido (no del todo, puesto que existen las ejecuciones extrajudiciales y las muertes bajo custodia del Estado) por otros mecanismos de control social más operativos, eficaces y discretos.

Por último decir que nos sobran las abundantes retahílas dispersas en el libro de compañeros historiadores/as que han tratado uno u otro tema. Pareciera como si el autor quiere agradecer, promocionar o halagar. En cualquier caso nos parece que estorba a la lectura; para algo están las notas a pie de página o a final del libro. Por lo demás, lo dicho, una obra sobresaliente.


Ver también

“La pena de muerte no refleja la idea de justicia, sino la de venganza”
Entrevista a Pedro Oliver Olmo, autor de un estudio sobre la pena de muerte en España.

El Nacionalismo del Ejército Español: Límites y Retóricas.
Pedro Oliver Olmo


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