Andrés Gracia

El viejo Topo/Rebelión

En plena explosión de las cifras del desempleo, debidas a una crisis que no ha sido originada por la población trabajadora, Ediciones Viejo Topo lanza un libro con un título y un contenido verdaderamente rompedor: 69 Razones para no trabajar demasiado. No es un elogio de la vagancia, pues, como nos avisa el autor, el Ciudadano Pérez, hay poco de frivolidad en la propuesta de trabajar menos.

Pese a su honda solera filosófica, la tesis de trabajar menos parecía políticamente poco apropiada mientras estuvo vigente la promesa de crear un Estado del Bienestar. Sin embargo, la contrapartida que se ofrece hoy a cambio del esfuerzo laboral es precariedad creciente en el empleo, despido libre, contratos basura, salarios que rayan en el insulto, servicios públicos de salud deteriorados e incertidumbre en las pensiones de jubilación. En esas condiciones, entregar nuestra vida al trabajo por cuenta ajena parece cosa de tontos: vive para tí solo, si pudieres, pues sólo para tí, si mueres, mueres, advierte Quevedo.
Pese a los cuentos inventados por los ideólogos del sistema, el trabajo por cuenta ajena no otorga carta de ciudadanía. No puede hacerlo por la sencilla razón de que ningún ordenamiento constitucional vigente reconoce el acceso al trabajo como un derecho de obligatoria provisión. Un ciudadano puede exigir que las autoridades del Estado protejan su seguridad personal o su salud. Pero no existen vías jurídicas para exigir una colocación dentro del artefacto social del empleo. Para evitar desórdenes sociales, los gobiernos intentan favorecer lo que eufemísticamente denominan «creación de empleo». O sea, la contratación de trabajadores por parte de los empresarios. Pero éstos, a la vez que propietarios de los medios de producción, manejan también los mandos del artefacto empleador. En consecuencia, nadie podrá trabajar sin permiso de otro, como observó Karl Marx. Mientras el capitalismo perdure, los seres humanos no tenemos la menor obligación ética de sacrificar el corto tiempo de nuestra existencia en aras de un sistema injusto.

Razones para no trabajar demasiado las hay seguramente por miles. En este librito se presenta una breve selección que recoge lo que filósofos y pensadores de diversas épocas han dicho sobre lo que el impagable Paul Lafargue denominó «el vicio del trabajo». Para entender el concepto es preciso leer a maestros del pensamiento como Sócrates, Epicuro, Séneca, Tomás Moro, Henry D. Thoreau o Bertrand Russell, entre otros. El autor piensa que, si una mayoría de ciudadanos leyese a estos maestros y actuara en consecuencia, posiblemente el capitalismo caería sin necesidad de revoluciones. El experimento vale la pena. Esta guía de lectura va dedicada a quienes se atrevan a intentarlo.

69 Razones para no trabajar demasiado es la más reciente producción del Ciudadano Pérez, veterano autor de herramientas para la acción tales como Manual Práctico para la Desobediencia Civil (1994) Itoiz: de la desobediencia civil al ecosabotaje (1996) Política para los muertos civiles (1997) Crítica de la labor pura (1998) Rebelión en la sociedad civil (1999) Diccionario del Paro y otras miserias de la Globalización (2002) Manual del Manifestante (2005).

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One thought on “Reseña del libro «69 razones para no trabajar demasiado»”
  1. Reseña del libro «69 razones para no trabajar demasiado»
    Siempre que se confunda «trabajo» con
    «trabajo remunerado» estoy de acuerdo.

    Pero el trabajo es mucho mas que trabajo
    remunerado.

    Asi que no estoy de acuerdo: No TRABAJAR
    (en el sentido amplio del termino) conduce necesariamente al abandono de uno mismo.

    No somos entes estaticos sino dinamicos.

    Necesitamos hacer cosas.

    Las que sean… Pintar, Bailar, Programar o arreglar maquinas, Cantar,
    Estudiar, Limpiar, Correr, Saltar o Escribir.

    Todo esto es trabajar. Necesitamos
    trabajar porque trabajar es vivir.

    internete
    1234567

    PD: Lo que no necesitamos es que nos diga nadie lo que tenemos que hacer.

    De hecho todo el problema radica en que la mayoria de la gente hace lo que le dicen que haga, en lugar de hacer lo que quiere hacer en realidad.

    Por otro lado, no hay nada tampoco de malo en hacer lo que te piden, si lo
    piden con respeto y como ayuda o favor.

    Trabajar puede ser ayudar, pero lo que no se puede es ayudar constantemente a los que en cada transaccion se llevan un porcentaje del beneficio mutuo sin trabajar nada.

    Estos tienen un nombre en biologia: Parásitos.

    Y si lo hacen no por imposibilidad de trabajar, sino por cualquier otro motivo, entonces deberiamos meterlos en la carcel por ladrones.

    O mejor en la casa de Gran Hermano 20,
    para estudiarlos y vigilarlos.

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