
Andrés Castaño Pérez
Lo cierto es que los romanos, antes y después de Viriato, pagaron a muchos traidores como todos los imperios de éxito. Esas y otras prácticas indecorosas pueden ser tamizadas por la leyenda, pero finalmente se impone la sensación de que al general romano no le vencieron los escrúpulos, sino la falta de tesorería. Sin embargo, los profesionales de la metáfora se han aferrado al precedente de Viriato para nublar el tufo que rodeaba al culebrón.
Más propiamente, a Avilés la han defenestrado. «Defenestrar» significa por extensión «derrocar», «destituir» y otros verbos dolorosos, pero etimológicamente sólo significa arrojar a alguien desde una ventana. Y a Mari Ángeles Avilés la han empujado desde el balcón oficial mientras saludaba al gentío que agitaba una papeleta europea con su nombre escrito con recortes de facturas. En plena orgía neoclásica, concluyamos «sic transit gloria mundi», así pasa la gloria del mundo, un epitafio cruel aunque necesario del que me alegro por dos motivos: el primero, un episodio que provocaba vergüenza ajena ha pasado a mejor vida; el segundo, mi amigo Emilio Soler ha resuelto felizmente el conflicto entre su conciencia ética y su militancia socialista que amagaba con hacer perder un voto al PSOE el próximo 7-J.
Más de un voto, claro. La hipótesis heroica pasa por un furibundo brote de decencia que expulsa a la protocandidata cinco minutos antes de que Estrasburgo reclame las listas oficiales. Sería decencia en tiempo de descuento, pero decencia al fin y al cabo. Esta angelical visión de las acciones humanas se completa con un toque picarón: ha sido un ardid maquiavélico para desembarazarse de una indeseable. Esto permite compensar una sobreabundancia de principios con cierta habilidad táctica para que los principios no provoquen daños irreversibles. Ahora bien, el ardid no puede ser maquiavélico, ya que Maquiavelo no era idiota y hace falta ser muy idiota para organizarle una emboscada a quien ha custodiado muchos más papeles que el archivero del Museo Británico.
Lo cierto es que Mari Ángeles Avilés no es candidata porque su presencia comenzaba a verse no como una rémora moral, sino demoscópica. Quizás. Desde luego, el PP iba a usufructuar el asunto, frecuentando titulares y juzgados y comparando su implacable severidad en el caso de Galeote con el impúdico trapicheo de enfrente. Pero todo esto resulta accesorio ya que la víctima con secuelas del embrollo es claramente el alcalde.
Alejandro Soler tiene todos los motivos para preguntarse retóricamente cómo es posible que un asunto, el de las facturas del partido pagadas por el Ayuntamiento, arranque durante el mandato de Diego Maciá y éste parezca residir en Tegucigalpa, ya que nadie se acuerda de él. Son los misterios del tribalismo del PSPV, que ahora pretende disfrazarse de vegetarianismo cuando hace muchos años que practica el canibalismo. Para los escépticos acerca de estos hábitos dietéticos, recomiendo la rueda de prensa de la recién defenestrada por haber asesinado a Viriato. Ella miraba a la cámara con una expresión muy castiza, la de morir matando, y esto garantiza próximas emociones a Alarte, Pajín y otros generales romanos que no pagan traidores.
Una mujer despechada es infinitamente más letal que una mujer a secas y al menos hay que agradecerle la sinceridad: aunque no lo dijo así (tampoco podía admitirlo), el espectador desapasionado sólo podía llegar a la conclusión de que Roma había traicionado a los traidores. Como siempre, una cuestión de tesorería
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Roma no paga traidores
tonto, escribes mejor que llo
Roma no paga traidores
De hecho Roma era un imperio extraño, con cierto sentido de honor que no tuvieron muchos imperios, y no era la norma pagar traidores. Para un romano era una deshonra ganar por medio de traición, o al menos perdía mérito su triunfo.
Recuerdo un ejemplo, cuando Quinto Fabio Máximo tomó Tarento, tampoco pago a los traidores (solo pagó con la muerte) y oculto lo más que pudo que todo había sido obra de una traición, por que eso le restaba honor a su triunfo.
No es que Roma no haya pagado traidores, pero no era la norma hacerlo.