(La niñez victimada)

Y el niño ya tenía miedo, pues lo arrancaron bruscamente de su cotidianidad existencial. Lo encerraron en su casa, con sus padres también encerrados. Sufrió esa «anormalidad» como una amenaza, como un tambaleamiento de sus seguridades: ya no había calle, ya no había escuela, ya no había amigos…

Y muchos niños, confinados y en un universo saturado de malas noticias, de cifras e imágenes de enfermedad y de muerte, empezaron a padecer ansiedad, nerviosismo creciente, histerias diversas, angustias, fobias y malestares. Algunos, bajo el secuestro domiciliario impuesto por un Estado demofascista, se deprimieron…

Y ahora se les permite salir como siempre se les permitió a los perros: casi atados a su progenitor, con una lista larga de cosas que sí pueden hacer y que no pueden hacer, bajo toda clase de limitaciones, en la evitación del contacto con otros niños, en la cancelación de su espontaneidad… «Pasear» así se le antoja una forma engañosa del encierro, un modo disimulado de atarlo y re-atarlo.

Y el niño siente entonces todavía más miedo: está tan reglado y es tan peligroso «salir», que casi prefiere quedarse en su casa, donde se daba el mismo confinamiento, pero con menos hipocresía; donde era, a pesar de todo, mayor la sensación de seguridad. En la casa podía volverse un poco loco; en la calle, bajo esas medidas, puede enloquecer del todo.

¡Gracias, déspotas del Estado y de la Ciencia médica! Los ancianos mueren, los niños enferman y la «población útil», bajo el miedo administrado, entierra para siempre las armas de su autonomía y de su resistencia.

La ciudadanía, igual que no podrá acudir al Circo, vale decir al fútbol y a los demás espectáculos, tampoco tendrá asegurado el Pan, a pesar del bienestarismo de urgencia que se implementará para consolarla y controlarla. Como cabe imaginar, por un tiempo, se le prohibirá también el onanismo de las manifestaciones legalizadas, con itinerario prescrito.

Y el niño todavía no sabe que, habiendo padecido este confinamiento inhumano y dictatorial, consentido por las poblaciones en un signo de docilidad absoluta e irreparable, hay algo todavía más horroroso que la Casa que lo enclaustra y que la Calle por donde puede pasear como pasean los perros: la vida que se está diseñando para su mañana, el futuro que le regalarán los adultos, domesticadores domesticados vacunados ya para soportar todo terror y toda miseria histórica.

Adiós a la niñez como adiós a la libertad.

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Fotografía de mi perro, «Korkorró», que quiere decir «libertad» en la lengua de los gitanos antiguos, a salvo de todo encierro, como ninguno de nuestros niños ni de nuestros mayores, como muy pocos de nosotros

Pedro García Olivo
www.pedrogarciaolivo.wordpress.com

(Aforismos desde los no-lugares)

Alto Juliana, Aldea Sesga, Rincón de Ademuz, Valencia, 25 de abril de 2020

Fuente: https://www.facebook.com/photo.php?fbid=10220035266143449&set=a.1922678998163&type=3&theater

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