La Elefanta de papel, con su paso firme y tranquilo de siempre, se va. Busca un claro del bosque para descansar. Ha sido un camino largo, casi
20 años llenos de gente aportando ideas, energía y tiempo para hacer de la Objeción Fiscal a los Gastos Militares (OFGM) una forma de desobediencia con voluntad transformadora.

Hemos coincidido con muchos grupos del estado y de fuera. De todos hemos aprendido algo. Hoy sabemos que gracias a esta colaboración la
OFGM se conoce en muchos lugares cerca y lejos de nuestras casas. Hemos tejido una red que va mucho más allá de la ayuda y la solidaridad. La implicación y seguimiento de proyectos dirigidos a cuestionar la guerra y el militarismo en todas sus formas, nos ha
servido de motor en nuestra acción local.

Hemos reforzado nuestro trabajo construyendo y participando en foros y redes dentro y fuera del MOC. Redes por la OFGM, redes de apoyo a la Objeción de Conciencia, redes contra las bases militares nacionales, extranjeras y contra la OTAN, redes entre grupos de mujeres, redes por la
desmilitarización de este sistema injusto que nos
gobierna. Un abanico amplio y diverso de grupos
locales, estatales e internacionales para estos
tiempos de crisis de participación.

Hemos estado y estamos por toda Europa,
hemos llegado en varias ocasiones a América del
Sur. Hemos conocido personas y proyectos
maravillosos en África. Ahora sabemos en primera
persona de las dificultades y las formas de hacer de
pequeños y grandes grupos por todo el mundo.
Hemos colaborado en la organización de giras,
visitas, encuentros, semanas de formación, y otras
muchas formas de “rozarnos”. Siempre nos han
reconocido que el origen político del dinero que
enviamos llega cargado de razones para creer que las
guerras y el militarismo, donde quiera que se den,
son cada vez más algo globalizado que reclama
nuestra acción . No ha sido difícil descubrir y
denunciar dónde se origina y quién se beneficia de la
fabricación y el comercio de armas.

Agradecemos muy sinceramente a toda esa
gente objetora que ha confiado en las propuestas y
los debates de La Elefanta a la hora de desviar su
dinero porque saben muy bien que no es lo mismo
dar dinero que tomarse la molestia de averiguar qué
presupuestos nos imponen cada año, averiguar cómo
va el porcentaje de los gastos militares, modificar
personalmente el impreso de la renta, atender y
contestar a las reclamaciones de Hacienda y sobre
todo, hacer público su gesto de objetar a esos gastos
destinados a preparar las guerras.

Declararse persona objetora fiscal en la familia, en el grupo de amistades, en el trabajo,
cuestiona el sistema y difunde desobediencia y poder
de decisión.

La OFGM es una más de las muchas formas
de desobediencia civil que se pueden poner en
práctica con el objetivo final de exigir la abolición
de los ejércitos. A diferencia de otros grupos
occidentales que la ponen en práctica por razones
religiosas, desde La Elefanta siempre hemos
defendido su importancia como herramienta
esencialmente política. No la hemos apoyado nunca
como fuente propia de financiación pero sí hemos
aprovechado el impulso que ha dado a otros grupos
para hacer que nuestro trabajo se fortalezca.

Pongamos por ejemplo las semanas de formación en
torno al 15 de mayo, Día Internacional de la
Objeción de Conciencia. Junto con antimilitaristas
del grupo de Carabanchel y otros grupos del estado,
hemos apoyado firmemente la celebración de estos
encuentros entre personas y grupos que siguen
luchando por el derecho a la objeción de conciencia
en sus países. Puede ser relativamente fácil
encontrar dinero cuando se trata de construir una
biblioteca, un hospital o un pozo de agua potable.

Pero, para todos estos pequeños grupos
antimilitaristas, encontrar financiación que les
permita viajar, conocerse y conocer a otros grupos y
otras situaciones por las que han pasado y pasan los
objetores de conciencia es sumamente difícil.
Recibir el apoyo internacional durante una
semana con seminarios, debates, acciones, etc.,
justifica en gran medida la existencia de estos
fondos.

El carro de la desmilitarización tiene que
seguir adelante. El proceso es siempre importante.
Vendrán nuevas formas de hacer y de decidir. A
quienes sigan en este trabajo les deseamos que
también disfruten el camino. Desde otros espacios
seguiremos ejerciendo como personas objetoras
fiscales mientras los ejércitos sigan existiendo.
Nadie sobra. Nuestra acción noviolenta por la
desmilitarización en todas sus formas es, hoy más
que nunca, necesaria.

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