Doy aquí dos explicaciones sobre la inmunidad social de la religión frente a la crítica, dos explicaciones de la ineficacia social de los argumentos antirreligiosos. Una de ellas es innatista y publicada recientemente, se basa en características que comparten los cerebros de todos los seres humanos en el momento de nacer; otra de ellas es ambientalista y se publicó hace casi veinte años, se basa en las condiciones sociales. Los ingenuos textos de esas explicaciones se contrastan o confirman con ilustraciones de los tratados evangélicos de Jack Chick (Crates).

1) RELIGIÓN: ¿OBLIGADOS A CREER? / Pascal Boyer. – Publicado en Nature, vol. 455, 23 de octubre de 2008. Traducción no profesional de Crates. Original: http://www.scribd.com/doc/8651384/Boyer-Religion-Bound-to-Believe

Siempre será más difícil la difusión del ateismo que la de la religión, explica Pascal Boyer, debido a que existen peculiaridades cognitivas que nos inclinan hacia la fe.

¿Es la religión un producto de la evolución? Tan simple cuestión asusta a mucha gente, creyente o no, aunque por diferentes razones. Gente de fe teme que la comprensión de los procesos que están tras las creencias acabe por erosionarlas. Otros temen que si algo se muestra como parte de nuestra herencia evolutiva será interpretado como bueno, verdadero, necesario e inevitable. Hay también otros, entre los que se incluyen muchos científicos, que simplemente rechazan la cuestión en su conjunto, pues ven la religión como un sinsentido infantil y peligroso.

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Tales reacciones hacen difícil aclarar cómo y por qué el pensamiento religioso tiene presencia en todas las sociedades humanas – comprender esto es especialmente importante en el ambiente actual de fundamentalismo religioso. Al investigar si la religión es una de las muchas consecuencias de tener el tipo de cerebro que tenemos, podemos arrojar luz sobre qué clases de religión ‘aparecen de modo natural’ en nuestras mentes. Podemos explorar los supuestos compartidos, aunque disparatados, en los que se basan las religiones, y examinar la conexión entre la religión y el conflicto entre etnias. Por último, podemos hacer una previsión realista sobre el porvenir del ateismo.

En los últimos diez años, el estudio evolucionista y cognitivo de la religión empieza a dar frutos. No intenta identificar el gen o los genes del pensamiento religioso, ni elucubra sobre escenarios evolutivos que han conducido a la religión tal y como las conocemos. Ha hecho algo mucho mejor: nos sitúa ante hipótesis nuevas y predicciones comprobables. Investiga qué elementos de la hechura humana contribuyen a una religión posible y exitosa. El pensamiento y la conducta religiosos se pueden considerar partes de las capacidades humanas naturales, como la música, los sistemas políticos, las relaciones familiares o las agrupaciones étnicas. Los descubrimientos de la psicología cognitiva, de la neurociencia, de la antropología cultural y de la arqueología prometen un cambio en nuestra visión de la religión.

Asentada en lo implícito.

Un importante descubrimiento es que la gente sólo es consciente de parte de sus ideas religiosas. Ciertamente, puede describir sus creencias, tales como que existe un Dios todopoderoso que creó el mundo, o que los espíritus están escondidos en el bosque. Lo que la psicología cognitiva muestra es que este tipo de creencias explícitamente accesibles van siempre acompañadas de supuestos tácitos no alcanzados por la exploración consciente.

Por ejemplo, los experimentos muestran que la mayor parte de la gente abriga expectativas muy antropomórficas sobre los dioses, sean cuales sean sus creencias explicitas. Cuando se les cuenta una historia en la que un dios resuelve varios problemas a la vez, muchos lo encuentran plausible, pues los dioses suelen ser descritos como seres de poderes cognitivos ilimitados. Al volver a contar la historia un momento después, mucha gente dice que el dios atiende a una situación antes de prestar atención a la siguiente. Implícitamente, la gente también espera que las mentes de los dioses se parezcan en mucho a las mentes humanas, exhibiendo los mismos procesos de percepción, memoria, razonamiento y motivación. Tales expectativas no son conscientes, y frecuentemente están en desacuerdo con sus creencias explícitas.

La investigación ha demostrado que aunque las creencias conscientes pueden diferir ampliamente de una religión a otra, los supuestos tácitos son muy parecidos en culturas y religiones distintas. Estas semejanzas pueden basarse en las peculiaridades de la memoria humana. Los experimentos han mostrado que las historias mejor recordadas por la gente incluyen una combinación de habilidades físicamente contraintuitivas (donde los personajes atraviesan paredes o se desplazan instantáneamente) y características psicológicas plausiblemente humanas (percepciones, pensamientos, intenciones). Quizás el éxito cultural de dioses y espíritus se base en estos sesgos de la memoria.

Los humanos también tienden a abrigar relaciones sociales con estos y con otros agentes no físicos, y desde edades muy tempranas. A diferencia de otros animales sociales, los seres humanos son muy capaces de establecer y mantener relaciones con agentes que no están físicamente presentes: las jerarquías y las coaliciones, por ejemplo, incluyen miembros temporalmente ausentes. Esto puede ir más allá. Desde la infancia, los seres humanos mantienen relaciones duraderas, estables e importantes de tipo social con personajes de ficción, amigos imaginarios, pacientes fallecidos, héroes nunca vistos y amantes de fantasía. Realmente, las habilidades sociales de lo seres humanos, extraordinarias en comparación con otros primates, pueden forjarse mediante el entrenamiento con interlocutores imaginarios o ausentes.

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Hay un paso muy pequeño desde tener esta capacidad de relacionarse con agentes no físicos hasta la conceptualización de espíritus, ancestros y dioses que no son ni visibles ni tangibles, pero participan en la sociedad. Esto puede explicar por qué, en la mayoría de las culturas, al menos algunos de los agentes suprahumanos en los que la gente cree tienen preocupaciones morales. Frecuentemente, la descripción de estos agentes incluye acceso ilimitado sólo a acciones moralmente relevantes. Los experimentos muestran que es más natural pensar que “los dioses saben que he robado este dinero” a pensar que “los dioses saben que he desayunado gachas”.

Además, la neurofisiología del comportamiento compulsivo en humanos y otros animales empieza a arrojar luz sobre los rituales religiosos. Estas conductas incluyen acciones estereotipadas y frecuentemente reiteradas que los participantes se sienten obligados a llevar a cabo, incluso cuando la mayoría de ellas no tienen resultados claros y observables –como darse tres golpes sobre el pecho mientras se repite una fórmula-. El comportamiento ritualizado se observa también en pacientes de desordenes obsesivo-compulsivos y en rutinas infantiles. En estos contextos, los rituales suelen estar asociados con pensamientos sobre contaminación y pureza, peligro y protección, el uso obligatorio de colores o números particulares, la necesidad de dotarse de un ambiente sano y ordenado.

Sabemos ahora que los cerebros humanos disponen de un conjunto de redes de seguridad y prevención, dedicadas a evitar riesgos potenciales, como el ser comido o la contaminación. Estas redes disparan comportamientos específicos de limpieza y vigilancia del propio entorno. Cuando estos sistemas funcionan a máxima potencia, producen patologías obsesivo-compulsivas. Los enunciados religiosos sobre pureza, suciedad, el peligro oculto de demonios que acechan, también pueden activar estas redes y hacer de las precauciones rituales (limpiar, revisar, establecer un santuario) algo intuitivamente atrayente.

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Por último, los estudios sobre psicología social y evolucionista ponen de manifiesto una capacidad específicamente humana de formación de coaliciones, que tiene un impacto sobre la religión. Los humanos son los únicos entre todos los animales con capacidad para mantener coaliciones grandes y estables de individuos no emparentados, fuertemente ligados por la confianza mutua. Los humanos han desarrollado los instrumentos cognitivos para lograr esto. Saben cómo calibrar si los otros son dignos de confianza. Pueden evocar episodios de interacción e inferir qué gente tiene un carácter afín. Pueden detectar señales de compromiso costosas y difíciles de adulterar.

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Esta psicología de coalición está involucrada en las dinámicas de compromiso religioso público. Cuando la gente proclama su adhesión a una fe particular, hace suyas afirmaciones sin evidencia que la respalde, y que podrían ser tomadas como obviamente erróneas o ridículas por otros grupos religiosos. Esto indica una voluntad de abrazar las normas particulares del grupo por la única razón de que son, precisamente, las normas del grupo.

Madriguera cognitiva.

La religión, ¿es adaptación o subproducto de la evolución? Quizás un día encontremos pruebas vinculantes de que la capacidad para el pensamiento religioso, más que para la ‘religión’ en el sentido moderno de institución sociopolítica, contribuyó a la eficacia evolutiva en épocas pretéritas. Por el momento, los datos apoyan una conclusión más modesta: los pensamientos religiosos parecen ser una capacidad emergente de nuestras capacidades cognitivas típicas.

Los conceptos y actividades religiosas capturan nuestras facultades cognitivas, como también lo hacen la música, las artes plásticas, la política, la cocina, las instituciones económicas, la moda. Este secuestro tiene lugar sencillamente debido a que la religión aporta algún tipo de lo que los psicólogos llamarían ‘superestímulo’. Del mismo modo que en una pintura se muestran más simetría y colores más vivos que en lo que suele encontrarse en la naturaleza, los agentes religiosos son versiones sumamente simplificadas de agentes humanos ausentes, y los rituales religiosos son versiones altamente estilizadas de procedimientos de prevención.

La captura también ocurre porque la religión facilita la expresión de ciertas conductas; éste es el caso del compromiso con un grupo, que se hace más creíble cuando se expresa como aceptación de creencias extravagantes o no evidentes.

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No deberíamos intentar identificar un origen único de las creencias religiosas, ya que no hay en la mente humana un dominio único para la religión. Hay diferentes sistemas que manejan representaciones de agentes sobrenaturales, conductas rituales, compromiso grupal, del mismo modo que el sistema visual manipula color y forma. Lo que hace que un concepto de dios sea convincente no es lo que hace atrayente a una conducta ritual o lo que hace que una norma moral sea autoevidente. Las religiones más modernas y organizadas se presentan a sí mismas como un envoltorio que integra elementos dispersos –rito, moralidad, metafísica, identidad social- en práctica y doctrina consistentes. Pero esto es mera propaganda.

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Tales dominios se mantienen separados en la cognición humana. Lo comprobado muestra que la mente no es una red sencilla de creencias, sino que consiste en una miríada de redes diferentes que contribuyen a hacer de las afirmaciones religiosas algo natural para mucha gente.

Estos descubrimientos, surgidos del enfoque cognitivo-evolucionista, son un desafío para dos pilares de la mayoría de las religiones establecidas. Primero, la noción de que su credo particular difiere de cualquier otra fe –que a su vez sería errónea-;

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segundo, que la religión ha tomado forma debido únicamente a hechos extraordinarios o a la presencia actual de agentes sobrenaturales.

Por el contrario, sabemos ahora que cualquier versión de religión se basa en supuestos tácitos similares, y que los únicos ingredientes necesarios para imaginar agentes sobrenaturales son mentes humanas funcionando de la manera más ordinaria.

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Bien mirado, es improbable que el compromiso con la religión se deteriore incluso si se aceptan estas conclusiones. Una forma cualquiera de pensamiento religioso parece ser el camino más llano para nuestros sistemas cognitivos. Por el contrario, la increencia suele ser el resultado un empeño esforzado y deliberado en contra de nuestras disposiciones cognitivas naturales –y sería raro que esto fuese una ideología fácil de difundir.

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(Pascal Boyer trabaja en el departamento de Psicología y Antropología en la Universidad Washington de St. Louis (Missouri, USA), y ha escrito el libro La religión explicada).

2) Creer y no creer: perspectivas para el futuro / Marvin Harris. – Capítulo del libro Nuestra especie (Our kind), publicado en castellano por Alianza en 1991.

Nuestra especie ha albergado creencias en seres animistas durante al menos 35.000 años. ¿Debemos esperar la desaparición de estas creencias con la progresiva industrialización de las sociedades agrarias y preindustriales y la adopción en las sociedades industriales de tecnologías de producción, reproducción y tratamiento de la información cada vez más complejas?

Una cosa sí está clara. Mientras en algunas sociedades industriales los ateos son más numerosos que nunca, en todas partes el número de creyentes supera los pronósticos de los teóricos sociales. Las encuestas realizadas en Europa occidental ponen de manifiesto que, por término medio, las dos terceras partes de la población cree en la existencia de algún ser de naturaleza divina. Entre las sociedades industrializadas, los Estados Unidos representan un extremo y la Unión Soviética otro. Sólo un 4 por ciento de los norteamericanos declara no creer en ningún dios ni espíritu universal, un 13 por ciento niega que la religión tenga alguna importancia en sus vidas y apenas un 9 por ciento cree que Dios no tuvo nada que ver en la creación o evolución de la especie humana. En la Unión Soviética, en cambio, las personas que se declaran no creyentes constituyen una ligera mayoría de la población total, pero sólo un 30 por ciento de los rusos, el grupo étnico que más se ha beneficiado del sistema soviético, profesan la creencia en Dios. Entre los demás grupos étnicos, los creyentes probablemente sigan siendo mayoría, especialmente en las regiones islámicas. En conjunto, el 45 por ciento de la población de todo el país dice ser creyente.

Comparado con el porcentaje de creyentes de Europa occidental, el de la Unión Soviética no parece guardar proporción con el esfuerzo realizado por el Estado soviético por acabar con la religión. La política soviética oficial siempre se ha fundado en la idea de Marx de que la religión constituye un opiáceo barato distribuido por los grupos en el poder con el fin de confundir a las masas. A medida que fuera adquiriendo un conocimiento científico de los fenómenos naturales y humanos, el hombre abandonaría automáticamente sus supersticiones y sus creencias y prácticas religiosas. Al menos, así lo creía Marx. Con objeto de favorecer el crecimiento del ateísmo, el Estado soviético ha hecho uso de su control sobre los planes de estudio escolares para fomentar una visión del mundo atea ya desde sus inicios en 1917. Ha patrocinado organizaciones tales como la Liga de Militantes Ateos para que ridiculicen a los creyentes y ha montado exposiciones especiales en museos para describir la historia de las guerras, matanzas e inquisiciones religiosas. Además, las personas conocidas como creyentes no pueden afiliarse al partido comunista, con lo que, en teoría, se encuentran en desventaja a la hora de competir para ser admitidos en las mejores universidades e institutos, acceder a empleos bien remunerados y conseguir viviendas decentes. ¿Por qué razón, entonces, hay al menos 100 millones de personas en la Unión Soviética que se niegan a ser calificadas de ateos impenitentes?

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La respuesta podría residir, en parte, en la incapacidad del sistema soviético para garantizar a los ateos un nivel de vida sensiblemente mejor del que disfrutan los creyentes ; pese a todas las ventajas ofrecidas a los no creyentes, los estudios soviéticos demuestran que el nivel de vida de los creyentes difiere en muy pocos puntos porcentuales del de los descreídos. El grupo de los creyentes cuenta con un mayor número de mujeres solteras, jubilados, minusválidos y campesinos, pero su nivel de vida se beneficia de un incremento sustancial gracias a los diferentes programas de asistencia social que efectivamente eliminan los extremos de pobreza más graves en la Unión Soviética. Como ha revelado la campaña de glasnost («transparencia») de Gorbachov, la economía soviética ha funcionado de forma extremadamente ineficaz por lo que respecta a la producción de bienes de consumo. Por culpa de la escasez crónica de carne, verduras y fruta, así como la falta endémica de viviendas decentes y el predominio de los productos y servicios de mala calidad, el sistema soviético no ha sido capaz de gratificar suficientemente a los no creyentes como para compensar el coste psicológico del ateísmo.

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La tradicional teoría marxista de la religión es engañosa a este respecto porque no reconoce que las creencias animistas aportan satisfacciones psicológicas de las que la mayoría de las personas no quiere prescindir si no es a cambio de algún tipo de ventaja compensatoria. La religión podrá a veces desempeñar una función narcotizante, pero ha servido a este propósito mucho antes de que existieran clases dominantes. Incluso en las sociedades estatales no necesariamente son las clases dominantes las únicas beneficiarias. El animismo reserva algo a todo el mundo, tanto si vive en bandas y aldeas, jefaturas o Estados, o si es capitalista, comunista, opresor u oprimido. ¿A quién no le gusta que le tranquilicen diciéndole que la vida tiene sentido y significado y que no termina con la muerte del cuerpo? ¿Por qué va a abandonar la gente estas creencias agradables por el mero hecho de ganarse la vida utilizando tecnologías propias a la era de la informática?

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La creencia en Dios y en una vida después de la muerte para el alma no entra en conflicto con la realización eficiente de la mayoría de las ocupaciones profesionales. Incluso es posible ser creyente en este sentido general y sobresalir en el ejercicio de la ciencia, la medicina o la ingeniería. Los problemas y conflictos sólo se plantean en un nivel de creencias mucho más concreto, como cuando un geólogo tiene que optar entre un ápice de dogma religioso que sitúa el principio del mundo en hace menos de 10.000 años y las cronologías radiométricas que abarcan miles de millones de años, o como cuando los biólogos deben optar entre evolucionismo y creacionismo; o cuando los médicos deben optar entre curar un intestino obstruido con oraciones o hacerlo por intervención quirúrgica. Puesto que la mayoría de la gente no tiene que enfrentarse a tales decisiones para ganarse el sustento, las visiones animistas del mundo siguen siendo más atrayentes que las nociones contrarias a ellas, incluso en civilizaciones urbanas altamente tecnificadas.

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Está claro que crear una nación de creyentes requiere mucha menos presión institucional que crear una nación de descreídos. Sin embargo, no quiero dar la impresión de que se puede comprender la impopularidad extrema del ateísmo en los Estados Unidos sin advertir la existencia de tales presiones. Al contrario de lo que ocurre en la Unión Soviética, en los Estados Unidos tanto los creyentes como los no creyentes son, en teoría, libres de hacer proselitismo. Pero en los Estados Unidos el ateísmo se ha asociado durante mucho tiempo con el «comunismo impío» y, por tanto, lleva el estigma de algo vinculado a los enemigos de América. En los Estados Unidos la gente que condena o ridiculiza la religión en público o hace proselitismo abierto de creencias ateas se arriesga a granjearse la desaprobación de su patrono o de sus superiores y la exclusión social, o incluso a recibir malos tratos físicos en los estados en los que predominan las creencias fundamentalistas. Al mismo tiempo, pese a las leyes que decretan la separación de la Iglesia y el Estado, el sistema tributario americano proporciona apoyo indirecto a las instituciones religiosas. Las donaciones a la Iglesia son deducibles de los impuestos, y los edificios, bienes inmuebles y rentas normales de las instituciones religiosas están exentos de impuestos. No en vano los fundamentalistas señalan el lema inscrito en el gran sello de los Estados Unidos, «En Dios confiamos», y las palabras del juramento de lealtad, «Una nación bajo Dios», para justificar que la oración en las escuelas públicas podría ser una parte de la vida norteamericana impuesta por su Constitución.

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Si no me equivoco en cuanto al vínculo que existe entre el miedo al comunismo y el miedo al ateísmo en los Estados Unidos, el fin de la guerra fría podría dar lugar a una convergencia de la proporción de creyentes en los Estados Unidos y la Unión Soviética. Si ésta llegara a conceder la libertad de hacer proselitismo como parte de una corriente de apertura a la libertad de expresión, seguramente aumentaría el número de creyentes soviéticos. Si los americanos se libraran del temor constante a verse desposeídos de sus casas y de sus iglesias por los comunistas impíos, un mayor número de ellos se atrevería a criticar públicamente las creencias y los rituales animistas. En ambos países surgirían entonces unas pautas de creencia y descreimiento más parecidas a las de Europa occidental.

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Aparte de estos términos que pueden inducir a equívoco, mi bola de cristal no tiene prácticamente nada que revelarme. Lo único que puedo decir sobre la evolución a largo plazo es que el futuro de la religión no estará determinado por el valor intrínseco de creer o no creer en relación con los tipos concretos de sistema político o económico a que pueden dar lugar las sociedades en la era de la informática. Por esta razón acaso haya llegado el momento de volver a la tarea inacabada de intentar comprender si la selección de sistemas políticos y económicos realizada por nuestra especie se rige por unos procesos predecibles.

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(El estadounidense Marvin Harris (1927-2001) fue el principal promotor de la escuela de Antropología conocida como “materialismo cultural”. La mayor parte de sus libros se han publicado en castellano: El desarrollo de la teoría antropológica e Introducción a la antropología general se usan en muchos casos como manuales universitarios).

***

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Tras leer a estos dos señores, parece imponerse una conclusión: la decisión de volverse ateo exige cierta actitud de desapego con respecto a los bienes materiales y a nuestra herencia animal; o, de otra manera, diga lo que diga el autobús ateo, la mejor forma de gozar de la vida es aceptar una religión.

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33 thoughts on “Ser ateo es muy difícil”
  1. ignosticismo e investigación
    Mi posición es el ignosticismo, es decir, antes de preguntarnos sobre la existencia o no de ‘Dios’ habría que dejar claro qué es ‘Dios’ para poder plantearnos si existe o no. Creo que una parte de la lucha por la racionalidad pasa por analizar las contradicciones que los mismo libros religiosos contienen, en el caso de la Biblia a pasdo por un filtro y una manipulación manifiesta por parte del Imperio Romano.

    Saludos.

  2. Documental interesante
    Los evangelios gnósticos del Nag Hammadi: «Este documental toca el cristianismo en su inicio exponiendo una visión muy diferente de Jesús a la conocida para estos tiempos. Pónganle mucha atencion a cada detalle, Jesús era un ser Iluminado y el drama que vivió representa un drama que se da en el interior de cada persona, Jesús como otros tantos Iluminados vino a mostrar el camino esotérico, sus misterios y representar a esa chispa divina que yace en cada uno de nosotros. Los evangelios gnósticos nos presentan un conocimiento diferente, una búsquda personal para encontrarnos con nuestro propio Cristo interior y llegar a ese todo, a esa unidad, a eso que es y que al mismo tiempo no es, a eso que está más allá de la razón y de la comprensión y que sin embargo se ha individualizado y etiquetado como Dios.»

    http://www.youtube.com/watch?v=xjIRGlvO_34

  3. Ser ateo es muy difícil
    Uno de los artículos de aquí encima se apoya en datos sobre la evolución de las creencias religiosas en Rusia y, en general, en los territorios de la antigua Unión Soviética. Creo que tiene interés añadir aquí una instantánea sobre la situación a la que se ha llegado desde entonces –tomada de Atlas de las religiones de La Vie – Le Monde (Akal – Le Monde diplomatique en Español).

    La Federación Rusa. Tras medio siglo de opresión comunista, Rusia atraviesa un periodo de renovación de la fe ortodoxa. Hecho que se hace visible cada primavera en los alrededores de la Catedral de Cristo Salvador de Moscú cuando se exponen las reliquias. La multitud que permanece día y noche alrededor de la plaza de la Iglesia es tan numerosa como en los conciertos de los Rolling Stones…
    La Iglesia se ha hecho omnipresente: en las escuelas, en el ejército, en los hospitales e incluso en los restaurantes… En todo el territorio de las Federación se han restaurado cientos de iglesias y monasterios. En los cuarteles, prisiones y hospitales se han creado capellanías. 9.920 institutos de enseñanza secundaria ortodoxos han abierto sus puertas y Moscú cuenta desde entonces con tres universidades de teología.

    Si Rusia ya era rica en parroquias en 1988, con una cifra de 6.893, en la actualidad cuenta con cerca de 27.400… El 70% de las personas consultadas en mayo de 2007 por la Fundación de la Opinión Pública se declararon creyentes. El 60% se definen como cristianos ortodoxos. Se trata más de una identificación etnocultural que religiosa… La Iglesia disfruta de un nivel de confianza alto (43%) entre la población, menor que el que tienen en el expresidente Putin (82%) pero mayor que en el Gobierno (19%) o en la policía (23%).

    … La élite del poder ha concedido un lugar preferencial a la religión ortodoxa, considerada como una de esas claves de esta ‘identidad nacional’ en proceso de elaboración desde la caída del imperio soviético en 1991… Siempre en consonancia con el Kremlin, que trata de definir la identidad nacional en oposición a Occidente,… la Iglesia Ortodoxa promulgó en 2006 su propia Declaración de los Derechos y la Dignidad del Hombre. El texto se erige en contra de la noción de individualismo tal y como figura en la versión occidental… y advierte en contra de la utilización de estos para fines de injerencia por parte de Occidente. “Existen valores que no son inferiores a los Derechos Humanos, como la fe, la moral, lo sagrado y la patria”, afirma el texto, publicado en la página web del patriarcado.
    … En la búsqueda de nuevos símbolos, el poder político… decretó el 4 de noviembre ‘Día de la Unidad Nacional’,… Este día es el de la victoria de los moscovitas sobre los polacos en 1612. Algunos ven en la elección de esta fecha un anticatolicismo y un antipolonismo manifiestos.

    Paralelamente emerge la idea de una ‘civilización ortodoxa’ centrada en Rusia. En este contexto se corteja a la ‘diáspora’ rusa ortodoxa. El expresidente Vladimir Putin trabajaba desde 2003 por el acercamiento de la Iglesia ortodoxa rusa con la rama residente en el extranjero… Poniendo fin a ochenta años de cisma, las dos corrientes se reconciliaron solemnemente el 17 de mayo de 2007… Entre los cientos de rusos procedentes de otros países para asistir a la ceremonia, figuraban los miembros de la antigua familia imperial de los Romanov.

    De acuerdo con una ley de 1997, Rusia reconoce oficialmente cuatro religiones tradicionales: la ortodoxa (alrededor de 80 millones de una población de 142,4 millones), el islam (entre 15 y 20 millones), el budismo (de 1,5 a 2 millones) y por último el judaísmo (600.000)… La importancia de la comunidad musulmana en el sur de la Federación ha incitado a algunos representantes políticos a reflexionar sobre una ‘Rusia euroasiática’, a la vez ortodoxa y musulmana, fundada sobre el antiliberalismo y el antioccidentalismo. Otras vías reclaman un estatus predominantes para la religión ortodoxa. Las relaciones con la Iglesia Católica, acusada de ‘proselitismo’ en las tierras de la ortodoxia, se han degradado desde la caída de la URSS.

    Añado además otros párrafos de otro atlas de la misma colección: el de Las migraciones.

    Entre 1990 y 2007, alrededor de 1,3 millones de personas –de las cuales muchas son cualificadas- dejan Rusia para instalarse en el Oeste –cerca de 4 millones para el conjunto de la repúblicas de la antigua URSS-. La oleada migratoria es muy importante al principio de los años noventa –unos doscientos mil exsoviéticos se instalan cada año en Alemania entre 1992 y 1995, ciento ochenta y cinco mil en Israel en 1990, ciento cincuenta mil el año siguiente- y permanecerá igual a lo largo de la década. Sin embargo, contrariamente a los temores ampliamente extendidos en Europa ligados a la situación económica de la antigua URSS… tras el pico de los noventa, la emigración se estabiliza y después se reduce muy sensiblemente.

    … En los años 2000 Rusia reanudó el crecimiento económico (7% al año de media entre 1999 y 2007)… Hombres de negocios se instalan en Londres, en Ginebra, o en los emiratos del Golfo Pérsico… Las peticiones de asilo, que habían desaparecido prácticamente al final del régimen soviético, se colocaron de nuevo fuertemente al alza a partir de 1999… Entre 2003 y 2007, Rusia es el primer país por peticiones de asilo entre los países europeos (116.000)… sobre todo en Francia y en Polonia.

    Otra consecuencia de la disgregación de la URSS: Rusia se convierte en los años 1990 en un gran país de inmigración. Las cifras del censo de 1989 y de 2002 muestran que el país ha acogido durante este período a cerca de 11 millones de personas (el saldo migratorio es positivo en cerca de 5,5 millones de personas…). A partir de 1990 el número de personas que se instalan en Rusia crece, mientras que el número de los que la abandonan por uno de los nuevos estados independientes disminuye fuertemente.

    El fenómeno más espectacular observado en los años 1990 es el repliegue hacia su país de una parte de los veinticinco millones de rusos étnicos que residían –a veces desde hacia varías generaciones- sobre el suelo de las viejas repúblicas. Para muchos de ellos, la desaparición de la URSS ha sido un trauma. Ayer representantes de la nación dominante, de repente se sienten como ciudadanos de segunda clase. Este inmenso desasosiego empuja a muchos de ellos a ‘volver’ a su país de origen, donde algunos ni siquiera habían vivido nunca.

    En los años 2000 la situación evoluciona. Si la inmigración permanente que proviene de los nuevos Estados independientes se debilita entre los años 2000 y 2004, aumenta de nuevo en 2005… (Pero) entre ellos se encuentran cada vez menos rusos que vuelven a su patria. La inmigración reviste crecientemente un carácter económico, ligado a la recuperación del país. Rusia atrae una mano de obra extranjera que proviene de los países de la CEI así como de países exteriores al ex – imperio, en particular de China y Turquía. En 2007, cinco millones de personas solicitaron un permiso de trabajo, un millón setecientos mil obtuvieron uno (dos veces más que en 2006) y se estima que millones de personas trabajan clandestinamente. En cuanto al número de emigrantes que se dirigen desde Rusia al espacio post-soviético, continúa inexorablemente disminuyendo (31.300 personas en 2007).

    Confrontada a graves problemas demográficos, Rusia tiene hoy necesidad de inmigración. Su población era de 148,7 millones de habitantes en 1992 y en septiembre de 2008 no contaba más que con 141,8 millones. La tasa de crecimiento natural, que llegó a ser negativa en 1992, no ha cesado de deteriorarse desde entonces… En este contexto, la inmigración toma una importancia particular, lo que las autoridades lamentan reconocer. Éstas desearían que los recién llegados viniesen sobre todo de los Estados miembros de la CEI porque allí, según Vladimir Putin, “la gente habla ruso”. Los gobernantes del país tienen, por el contrario, fuertes reservas sobre los inmigrados que no comparten su cultura.

  4. Ser ateo es muy difícil
    En el número de mayo-junio 2011 de la revista ‘Mente y cerebro’ se publica una recensión de estudios sobre la influencia del contacto social en la personalidad (“Juntos somos diferentes”, Nikolas Werterhoff). Leído el resumen, alguna de las conclusiones parece obtenida por definición, pero el conjunto de la reseña –y en concreto el penúltimo párrafo abajo citado- tiene interés de cara a los artículos arriba reproducidos.

    El contagio no es una característica exclusiva de los agentes patógenos, sino que las formas de comportamiento también se expanden: la risa, los comportamientos suicidas, las elecciones de compra o los hábitos alimentarios. Esta especie de contagio social dominaría diversos ámbitos de la vida cotidiana sin que seamos conscientes de ello.

    Los expertos se muestran convencidos de que en las redes de personas se transmiten los sentimientos y gustos según proporciones matemáticas regulares… Tras treinta y dos años de estudio en Estados Unidos, entre 1971 y 2003, los datos fueron ilustrativos. Aquel que se hallaba en contacto con personas felices parecía experimentar un auge medio de hasta el quince por ciento de satisfacción. La persona que conocía tan sólo a un amigo de una persona feliz aprovechaba alrededor de un diez por ciento. En comparación, la ganancia de 10.000 dólares aumentaba la felicidad tan sólo un dos por ciento. Las personas infelices solían moverse ‘hacía el límite final de una cadena de relaciones sociales’… En 2009 se reunieron datos acerca de los ingresos y la satisfacción de miles de chinos de veintidós provincias rurales. En una comunidad rural en que al conjunto de la población le iba bien, aparecían pocos sujetos insatisfechos…

    Del análisis, desde 1968, de varías dinastías familiares, se extrae la conclusión de que los hermanos se contagian el deseo de procrear. Los sujetos con hermanos que habían tenido hijos tenían hijos propios con más probabilidad durante los siguientes dos años. Si se deseaban dos niños, las familias aspiraban a tener el doble de descendencia; si reinaba el ideal de la familia con un único hijo, tuvieron el crío correspondiente. Al parecer, no sólo las emociones son contagiosas: también los deseos personales y los proyectos vitales.

    Muchos psicólogos sociales consideran que el mayor objetivo de los miembros de una determinada red consiste en demostrar que ellos piensan, sienten y se comportan de la misma manera que los demás, solo que, por lo general, no son conscientes de ello. Esto refuerza la propia identidad grupal y fomenta de manera consecuente el propio ‘nadar a favor de la corriente’, lo cual favorece a la mayoría de las personas, porque les confiere seguridad.
    Investigadores de la Universidad de Carolina del Norte encuestaron a más de 90.000 escolares entre los años 1994 y 2008. Cada participante debía nombrar a cinco contactos cercanos y facilitar información de su vida amorosa, sus creencias religiosas y sus posibles experiencias con las drogas. Los adolescentes solían practicar aquello que les recomendaba su círculo de amigos…

    Con el fin de examinar los efectos del comportamiento sincronizado, un psicólogo de la Universidad de Stanford convirtió su propio campus en una academia militar. Para su estudio, publicado en 2009, hizo que un grupo marchara al mismo paso. Observó que los miembros de este grupo luego cooperaban más entre sí que los del grupo de control que sólo había paseado por el edificio universitario en una excursión preparativa.

    En 2006, se replicó, en colaboración con la BBC, el clásico experimento de la prisión del psicólogo Philip Zimbardo. Mientras que los probandos elegidos al azar para hacer de presos se sentían con el transcurso del tiempo algo menos estresados, a aquellos que desempeñaban la función de vigilantes les ocurría justo lo contrario, y de manera contrastada. Una posible explicación sería que en el primer grupo la identificación social era mayor, y la situación común mantuvo a los sujetos unidos.

    Según el sociólogo alemán Sören Permann, las redes sociales de un solo individuo abarcan de media unas once personas. El margen es, empero, amplio. Petermann distingue tres tipos de apoyo social: instrumental (ayudar en la mudanza), emocional (aconsejar y escuchar) y social (compartir actos sociales). Por norma general, el más fácil de lograr es el social y el más difícil el instrumental. Los miembros de una red que cumplen los tres criterios se encuentran con mayor frecuencia en el círculo más próximo del sujeto. Cuanto más grande es una comunidad, más especializados aparecen los roles. En redes sociales virtuales, sólo seis de las relaciones suelen ser estrechas. En general, las personas no se involucran en grandes redes a través de Internet; la mayoría no dispone de tiempo suficiente para ello.

    La creencia popular de que las redes “fomentan la salud” induce al error, no son una panacea. Observaciones sistemáticas del comportamiento de treinta y cinco matrimonios mayores, en los que uno de los miembros sufría una enfermedad crónica, muestra que prestar apoyo en exceso no resulta recomendable; el enfermo siente que se encuentra peor de lo que realmente ésta y de tener mayores necesidades. El sostén benévolo resultaba suficiente. Bastaba con estar ahí.

    Un estudio del sociólogo Peter Shawn Bearman, de la Universidad de Columbia en Nueva York, constató en 2001 el sutil poder de un círculo exclusivista. Bearman realizó un seguimiento de los adolescentes creyentes de la Iglesia Bautista del Sur, quienes mostraban entusiasmo por su voto de castidad. La mayoría de ellos se aferraba a la fe y no practicaba sexo antes del matrimonio. En el caso de que tal opción provocase la burla o el rechazo por parte de los demás, el seguidor conservaba con más ímpetu la restricción de su comportamiento sexual; más si generaba en otras personas las ganas de vivir en castidad, ¡el sujeto tendía a romper su promesa! Bearman señalaba que cuando una promesa de una minoría religiosa es asumida por la mayoría parece perder su efecto exclusivo como señal de identidad. Las convenciones sociales cumplen esa función concreta; deben unir más al grupo y delimitarlo de cara al exterior. En el momento en que deja de funcionar –porque se ha ‘contagiado’ demasiada gente-, pierde su finalidad y su efecto.

    Puede decirse, como el filósofo moral Eric Hoffer: “Cuando las personas tienen libertad de hacer lo que quieren, se imitan unas a otras”. El acto de la imitación se basa en la similitud entre los integrantes de una red. Tener cosas en común promueve la confianza y la comprensión mutua. Por eso los médicos suelen relacionarse con los médicos, los padres con los padres, los solteros con los solteros. El riesgo es que los grupos homogéneos están menos abiertos a la información exterior: por otro lado, las personas sienten miedo cuando ante una crisis los semejantes están en peligro. Con frecuencias los miembros de un grupo de, por ejemplo, fumadores, excluyen al enfermo, dado que la enfermedad pone en duda el estilo de vida de los otros miembros.

  5. Ser ateo es muy difícil
    Complemento. El curioso blog La nueva Ilustración evolucionista recoge una entrevista con el autor de uno de los artículos, Pascal Boyer:

    No creo que hay tal cosa como la “religión”. Para dar sentido a todo lo que la gente dice cuando usa ese término, uno debería distinguir entre: [a] el conjunto de nociones sobrenaturales (espíritus, antepasados, fantasmas, dioses, demonios, duendes y otras cosas) que creará la gente en la mayoría de los grupos; [b] algunas tradiciones religiosas (conjuntos más o menos similares de interpretaciones de [a] transmitidas entre generaciones y habitualmente estables dentro de un grupo); [c] Corporaciones, cofradías y marcas religiosas establecidas (lo que habitualmente llamamos “religión” hoy día), con doctrinas sobre [b], así como especialistas, libros, ceremonial, etc.
    Ahora, [a] es (lo he discutido largamente) un resultado no demasiado improbable de la arquitectura cognitiva del ser humano; la gente tiende a crear y comunicar tales conceptos. En tal sentido mínimo [a] es un subproducto de la evolución creado por las capacidades cognitivas humanas. [b] es un resultado no demasiado improbable de la existencia de grupos sociales estables, en los que algunas formas de [a] tienden a perdurar y a extenderse más que otras. [c] es lo que sucede una vez que encontramos grandes sociedades y alfabetización. Si lo piensas así, no se puede decir que las “religiones” sean parte de la evolución humana; son un desarrollo reciente como las grandes centros urbanos, la alfabetización y la rueda. Algunos autores hablan como si siempre hubiéramos tenido “religión”, pero eso es probablemente cierto sólo desde hace unos pocos milenios y en unos pocos lugares en la tierra, por lo tanto nada de gran importancia evolutiva.

    … me gustaría encontrar una “píldora conceptual” que pudiera cortocircuitar muchas fuentes de violencia –un conjunto de nociones tales que, una vez las tuvieras, te permitirán ver el fanatismo religioso y el odio étnico como las absurdas monstruosidades que son. Pero no las tengo conmigo. La Ilustración fue una gran cosa, pero parece que no a todo el mundo le gusta esa forma de humanismo secular –y la psicología evolucionista puede probablemente explicar por qué.

  6. Ser ateo es muy difícil
    Con respecto al primer artículo, el de Boyer, debo decir que lo he leído con interés pero no encuentro grandes cosas que comentar. Su aproximación sociológica-antropológica al hecho religioso me parece muy genérica y en general especulativa.

    Supongo que la mayoría de datos que pone sobre la mesa son ciertos, pero no creo que esté abordando la cuestión desde una óptica que pueda incluir en la reflexión –para bien o para mal- a personas creyentes, sino desde una especie de asepsia con poco riesgo que mira la cuestión desde una postura previa crítica con el fenómeno. Su teoría de que en esta sociedad es mucho más fácil ser persona religiosa que atea me parece más que desmentida por la realidad. La “religión” que más progresa en los últimos años en todo occidente es el agnosticismo. Lo hace con mucha y creciente claridad. Lo cual nos podría llevar a otro tipo de consideraciones, de especulaciones o de reflexiones para averiguar a ver por qué se impone y triunfa tanto una cosmovisión furiosamente materialista y racionalista de tipo cartesiano en detrimento de otras formas de mirar que puedan ser más subjetivas, humanas y espirituales (incluyo aquí la etiqueta “humano” con toda la intención). Hay una cosa que se llama el “efecto péndulo”, que en este caso podría tratarse del cambio extremo desde la irracionalidad teocentrista a la superracionalidad materialista utilitarista actual. Como persona religiosa con dos dedos de frente que me considero, no estoy por ninguno de ambos extremos, los cuales creo que pueden ser etiquetados como dogmáticos e incluso fanáticos, mal que les pese esa etiqueta a los actuales creyentes del racionalismo absoluto.

    El artículo de Marvin Harris me sugiere reflexiones más enjundiosas. Creo que muchas de sus afirmaciones, de 1991, también están superadas por el momento actual. Según él, más o menos, la religiosidad a nivel social es algo que navega a favor de corriente, y la irreligiosidad lo hace al contrario; de ahí el cierto fracaso de la URSS en erradicar por completo la religión a pesar de sus esfuerzos. Opino, como decía antes, que en las últimas décadas el cambio en este tema es brutal y el agnosticismo se está haciendo mayoritario en todas las sociedades del mundo rico en las que el materialismo y el utilitarismo marcan los patrones actuales de conducta y pensamiento de forma creciente. Tal vez a la URSS le faltaron dos o tres décadas para culminar su programa, y en todo caso estoy convencido de que el futuro progreso material de esa región del planeta hará más por el ateísmo en estas y las próximas décadas que todo el esfuerzo político de la antigua administración soviética.

    A pesar de que el país más rico del mundo, los EEUU, hagan bandera de la religiosidad, en realidad la función que tal hecho supone en esa sociedad, al igual que en la nuestra pero en muchísima menor medida, es puramente simbólico-identitaria y francamente muy poco real. La mayoría de la gente aquí y allá podrá identificarse con cuestiones religiosas que juegan ese papel unificador de grupos humanos, tal como apoyar a la selección de fútbol o al deportista de tenis o fórmula uno nacional, pero en la cotidianeidad de sus vidas solo creerán en aquellos valores que el sistema-estado ha implantado en sus mentes gracias al sistema educativo y al adoctrinamiento mediático permanente. Y el hecho es que la religión, otrora realidad principal para el control social desde el poder, se ha vuelto anacrónica e innecesaria para tal fin. Hoy por hoy mucho mejor disponer de individuos no religiosos, y por tanto no éticos ni morales (que son dos dimensiones que se desprenden –no solo- de la religiosidad) sino subordinados en todo a la definición de la realidad, a la cosmovisión que implanta el sistema-estado. La cual es completamente material, utilitaria y darwinista social. Hoy por hoy las religiones son innecesarias en primer lugar, prescindibles en segundo y molestas en tercero, ya que en general generan ámbitos de pensamiento y valoración moral de las cosas no controlados por completo por el poder.

    1. Ser ateo es muy difícil
      Me parece muy interesante este extenso comentario a las letras del artículo anterior. Aun así, debo advertir que los textos comentados son secundarios respecto a lo importante del artículo, que son las caricaturas de mister Chick.

      Acepto que en Europa y los países anglosajones, como decía cierto sociólogo, hemos sustituido el control mediante cuentos por el control mediante cuentas, y que el control mediante cuentas es una práctica laica. Admito que los principios rectores de la vida social de esos países son el intervencionismo tecnológico, el cálculo omnipresente, el elogio del enriquecimiento individual; admito que esos principios no son religiosos.

      Pero eso no significa que la religión retroceda. Las personas sometidas al control pueden tener en la cabeza ideas religiosas, e incluso pueden admitir en la práctica el control dado que sus ideas son religiosas -pueden resignarse al control por resignación cristiana-. Conozco unos cuantos casos de ejecutores de las políticas de control que, después de contribuir al desmantelamiento de los servicios públicos, proclaman a los cuatro vientos que ellos ceden los impuestos a organizaciones católicas, porque esas ‘sí les inspiran confianza’. Puede que en circunstancias ordinarias mucha gente de a pie se muestre aletargada en materia de religión; pero en cuanto surgen problemas de convivencia, no tardan en pasar a hablar de ‘defender las costumbres de aquí, aunque yo no las comparta’ y de ahí a ‘las costumbres de aquí son sagradas y los moros no nos van a imponer las suyas’. Y esas costumbres sagradas suelen ser los ritos religiosos. Los artículos que se citan arriba dan una explicación de hechos como estos, que no creo que se vayan a defender ni siquiera desde un punto de vista religioso.

      Si nos ponemos a hacer teología, podemos pensar que la convivencia de religión personal con sociedad de control basada en ciencia y técnica es una contradicción. Pero en los artículos que ponemos al principio, la teología se ve como un producto tardío, derivado de hechos sociales y biológicos que pueden explicar la religión sin necesidad de suponer que ésta, según la teología, es verdadera. Decía Bertrand Russell que mucha gente es creyente porque es más gratificante atribuir la desdicha a falta de fe que a un prosaico malestar de hígado. Artículos como el de Pascal Boyer explican las motivaciones para creer por causas más complicadas que un malestar de hígado, pero igualmente prosaicas. Puede que lo que diga sea verdadero o no, pero no creo que sea válido objetarlos porque las personas aludidas preferirían hablar de otras cosas. Aun así, acepto que los datos que él pone sobre la mesa no son concluyentes, que pueden tener otro valor –en revistas de mucha difusión se exponen experimentos y acopios estadísticos parecidos como justificación ‘evolutiva’ de la religión-, e incluso que en un paso del artículo hace una petición de principio.

      También es cierto que a Boyer se le puede encuadrar en una tendencia muy notoria de pensamiento ateo anglosajón que asocia la defensa del ateísmo con la defensa del darwinismo social. Incluso a Harris, buscándole las vueltas, se le puede incluir en esa tendencia –aunque a nivel académico forme parte de una escuela opuesta a las anteriores-. Es una desgracia que estar en posición de investigar, hacer experimentos y reunir información, suela depender de la adhesión al sistema. Pero, de todas formas, los datos expuestos me parecen interesantes como indicio de las raíces prosaicas del entusiasmo religioso, aunque se les pueda poner en un contexto diferente -una de las ilustraciones muestra que evangélicos antiritualistas como mister Chick también pueden asimilar estos datos a su manera-.

      Dados los pronósticos que hace Pablo, podría decirse que la posible convivencia entre control científico público y disposición religiosa personal es un hecho a extinguir, y que los principios de control acabarán siendo admitidos personalmente por la mayoría de la población. Por un lado no soy tan pesimista, y por otro lo soy más. Creo que Pablo exagera el poder de las elites que defienden esos principios de control mediante cuentas. Desde mi punto de vista, que no es el de Boyer o el de Harris, esas élites y sus principios forman parte de la superestructura de un tipo de sociedad que, por razones de infraestructura, no puede existir indefinidamente; antes o después, se nos planteara a sus miembros la disyuntiva entre socialismo y barbarie. Si optamos por barbarie, tengo por seguro que lo haremos adornándolo con emociones religiosas y para mejor beneficiarnos de los beneficios emocionales que la religión nos ofrece a cambio de pereza mental. La situación de los países sometidos a la barbarie de la explotación occidental avala, creo, esta idea.

      Cuando hablo de emociones religiosas, he de decir, en coincidencia con los artículos, que éstas pueden alejarse en su expresión de lo que entendemos normalmente por religión -pueden satisfacerse sin justificación en una telogía explícita-. Por ejemplo, la sobremedicación de niños por presuntos trastornos mentales es un hacer que, a mi juicio, tiene características muy similares a las supersticiones que estudia Boyer. Y digo esto sin entrar en la cuestión, en este caso, de si los profesionales que avalan esos tratamientos son o no ateos. Por otro lado, Pablo habla de casos en que la religión es una seña de oposición a la opresión: pero en esos casos la religión sirve como puede servir el uso del castellano en Puerto Rico frente a la opresión externa, como una costumbre convertida en instrumento de defensa grupal y no de objeción de principios, que se usa porque se tiene a mano. El hinduismo se opone a la modernización de India no por sus contenidos teológicos, sino porque las costumbres que ha favorecido se oponen a las que recomiendan los modernizadores.

      1. Ser ateo es muy difícil
        A pesar de algunas discrepancias y diferencias de punto de vista no leo en esta respuesta nada que me genere un gran desacuerdo. Es más; esta breve conversación me resulta grata por lo que supone de progresar en ella y leer nuevas opiniones.

        Añadiría un dato. Ciñéndonos al caso del estado español y al espectro social progresista-izquierdista (desde la órbita ideológico-cultural del PSOE hacia más allá) ¿qué queda hoy día de religiosidad católica en él? Hablamos de una porción de la sociedad muy grande y cuyos dirigentes políticos y estéticos marcan la dirección de los paulatinos cambios culturales en nuestra sociedad. Porque el otro sector, el conservador, suele gruñir ante las innovaciones, antes de terminar aceptándolas de buen grado.

        En mi opinión toda esta masa social ha sustituido ya en bloque los rudimentos de religiosidad popular que le eran propios durante la dictadura franquista y, hoy por hoy, su única fe lo es en lo material; salarios, seguridad, prestaciones públicas y capacidad de consumo. Dudo que la más mínima idea religiosa (ni tampoco política o ética, por desgracia) dispute ni un uno por ciento de espacio en sus mentes a estas otras preocupaciones cotidianas. Incluso el actual movimiento 15M, que podría verse como negador de mi anterior afirmación, no parece tener mucho mayor horizonte que reclamar a la autoridad estatal las pertinentes medidas para que la crisis económica sistémica no afecte al modus vivendi material de los manifestantes.

        En mi opinión, el modelo sociopolítico que vivimos en estos últimos decenios ha conseguido –entre muchas otras cosas- que la gran mayoría de la sociedad sustituya su infantil fe religiosa y su dependencia psicológica de la institución católica como fuente de seguridades y absolutos en los que basar de forma simple la existencia, por otra fe no religiosa pero igualmente irracional en el Sistema y en sus instituciones como generadoras del mismo tipo de convencimientos y seguridades absolutas. Para mí el mejor ejemplo, puesto que es algo que veo con escándalo a diario en la TV, es la total sustitución de la ética por la Ley. Saber qué es el bien y qué es el mal ya no viene determinado por una moralidad religiosa, por la moralidad del entorno social o por algún tipo de valoración ética individual. Todo eso ya no resulta procedente. Ahora los actos serán o no legítimos en función de lo que dispongan las leyes y dictaminen los tribunales. Verbigracia: hace unos años, este que escribe junto con algunos otros incautos, solíamos organizar acampadas en la montaña a las que llevábamos de forma gratuita a grupos de niños y adolescentes del barrio. Lo hacíamos sin titulaciones, sin formulismos legales, con el único aval de la confianza de sus padres y madres en nuestras personas. Nunca hubo un accidente, pero estoy convencido de que si lo hubiera habido, los progenitores lo habrían comprendido de esa forma; como un accidente y ya. Hoy día la situación sería muy diferentes y la mayoría de madres y padres se dispondrían a detectar las irregularidades de tipo legal-administrativo desde las cuales a/ realizar una valoración moral-legal negativa de nuestra actuación y, b/ dar los pasos para obtener las compensaciones económicas que de forma también moral-legal les corresponden legítimamente. Así ha ido pasando con todo.

        Saludos.

        1. Ser ateo es muy difícil
          (No me habia dado cuenta de que había una respuesta).

          En lo de la religiosidad popular, hay que andarse, creo yo, con un poco de cuidado para no confundir la religiosidad popular con la religiosidad de las clases populares. Por de pronto, creo que hay que evitar tomar por religiosidad ‘falsa’ la que va acompañada de conductas que no nos gustan, como si esas conductas la ‘adulterasen’. Pues bien, me permito hacer notar que esas querencias que Pablo atribuye a la militancia del PSOE estaban muy presentes (como mínimo en los sesenta – setenta) en gentes del medio rural no muy boyantes, y acompañadas de grandes profesiones de fe y defensa intolerante del catolicismo y de la autoridad moral de los ministros de éste (ministros que, por supuesto, incentivaban estas conductas). Muy presentes al extremo, diríamos, de rayar el delito. Eso sí, aunque esto no fuese minoritario, no quiero excluir que pudiesemos hablar -quizás más atrás en el tiempo- de una religiosidad popular en esos entornos que podría ser más simpática -comunitaria, acogedora, etc.-, y de hecho mentiría si dijese que no he conocido sus ecos; pero pienso que estos casos la religión no es más que una forma accidental de expresar valores morales -¿estoy llamando religiosidad falsa a la que va acompañada de conductas que me gustan?-.

          1. Ser ateo es muy difícil
            Bueno, no pretendía hacer disquisición entre religiosidades buenas, malas, majas, rayanas en lo criminal o lo que sea. Admito que la definición de «religiosidad popular» tiene su debate interesante, pero mi aportación anterior solo quería comparar la religiosidad «a secas» -vivida y comprendida de formas harto diversas- que era un elemento de importancia en la cosmovisión de amplísimas capas sociales del estado español hace unas cuantas décadas, con lo que la gente en general -especialmente la gente progresista o de izquierdas- cree y piensa hoy en día en el mismo ámbito geográfico. Mi teoría es que la religión como conformadora de seguridades y ordenes personales y colectivos y por ende herramienta de control social desde el poder, ha sido -está siendo- sustituída por otros sistemas de creencias más adecuados al momento presente para que el mismo poder obtenga esos mismos fines.

      2. Ser ateo es muy difícil
        Un dato más: Hoy por hoy, a nivel de fe existencial y comunión diaria, en el estado español cuentan con más parroquianos la ONCE y las loterías del estado, que cualquier iglesia vieja o nueva. Por no hablar de los bares. Y no olvidemos que hubo un tiempo en el que para los católicos los juegos de azar, tanto como la bebida, fueron «pecado».

        1. Ser ateo es muy difícil
          Bueno, sé que soy el primero que ha empezado en este hilo equiparando un hecho aparentemente no religioso -la cruzada biomédica contra los niños y niñas llamados ‘difíciles’- con hechos religiosos, pero creo que es un error empezar a anotar casos de irracionalidad colectiva no religiosa para deslegitimar la crítica religiosa con un ‘y tú más’. La equiparación que hice la hice porque veo muchas coincidencias entre la mentalidad religiosa como la describe Boyer y la mentalidad medicalizadora. Pero los vicios y esperanzas irracionales de la gente no son ‘religiones encubiertas’ o inconfesadas; en todo caso, creo que las religiones son vicios encubiertos que no sólo no se reconocen a sí mismos como tales, sino que además se creen sagrados. Estoy en contra del despilfarro consumista y creo que es irracional, pero no creo que deba confundirse con la religión. De hecho, quizás lo que tiene de dañino viene de lo que le distingue de la religión, y quizás es más peligroso que la religión (por sus efectos), pero creo también que la religión, que es mala aunque una sociedad no sea despilfarradora, hace peores las sociedades despilfarradoras.

          A mí me convencen los antropólogos que dicen que las culturas se alimentan de su oposición a otras culturas. En este sentido, no veo que la irracionalidad del consumismo y la de la religión se acumulen una junto a otra, sino que más bien veo que se complementan. Así, las conductas opuestas a la austeridad son propias de los sectores sociales que han de competir con los sectores austeros: no se oponen a la austeridad porque beben, sino que beben porque se oponen a la austeridad (puede decirse lo mismo en el otro sentido, las conductas opuestas al despilfarro, etc.). Si estos antropólogos tienen razón, el aparente conflicto espiritual puede reconstruirse como conflicto derivado de posiciones sociales. Las versiones espirituales del conflicto contribuyen tanto a ocultar sus causas como a gozar con buena conciencia de los beneficios de la propia posición, y ambas contribuciones conjuntamente contribuyen a eternizar el conflicto.

        2. Ser ateo es muy difícil
          Los ejemplos de arriba no tratan de oponer cosas que se contrarrestan, sino de ofrecer un avance estadístico acerca de cuales son las realidades fundantes que conforman la visión de las cosas de la gente, es decir a qué cosas las personas dan mucha importancia como para acabar determinando su manera de analizar, de llegar a conclusiones, de actuar y sobre todo de optar. En tiempos la religión jugó un papel determinante como herramienta de penetración de la ideología de los poderosos entre las capas populares sembrando en ellas conformismo, resignación y obediencia. Hoy día, es lo que digo, en los ámbitos occidentales más avanzados ha quedado obsoleta y el poder la ha sustituido ya casi del todo por otros recursos más efectivos y adecuados a los tiempos. En mi opinión, y es lo que me parece más trascendente de este debate, quienes mantienen cierta fijación por activismo antirreligioso a/ pierden el tiempo, puesto que la religiosidad en occidente se está desmoronando sola, cuando no de forma inducida desde el poder y b/ gastan parte de su arco de visión para poder observar esas nuevas realidades de control social que la sustituyen.

          A España le crecen los ateos

          Benedicto XVI visita un país convulso por la crisis donde avanzan los no creyentes y el indiferentismo religioso
          http://www.elcomercio.es/20110814/mas-actualidad/sociedad/espana-crecen-ateos-201108132318.html

  7. Ser ateo es muy difícil: religión y psicoanálisis en quinientas palabras
    Enlace: Psicoanálisis, religión y sectas

    El psicoanálisis es también un atentado al narcisismo humano pero no le lleva a creer en milagros. Ante lo real estamos impotentes. Entre el pensamiento y lo real hay un imposible de rellenar; la religión trata esta grieta en su función de engaño, el psicoanálisis desde la función del desengaño.

  8. Ser ateo es muy difícil
    Enlace: Gatos, perros y el creacionismo.

    … la izquierda, especialmente en EE.UU., pero ahora también en Europa, a menudo ha rehuido toda crítica de la religión, sea porque sería demasiado impopular o por los aspectos supuestamente progresistas de la religión. Es fácil quejarse de que la crítica de la religión sea hecha actualmente por liberales relativamente apolíticos como Dawkins o Dennett o por neoconservadores como Hitchens, pero si la izquierda abandona una tal crítica, ¿a qué quejarse si otros la hacen?

  9. Ser ateo es muy difícil
    Enlace a un artículo de Manuel Delgado: La religiosidad popular. En torno a un falso problema.

    … Siempre entre la resignación, la alarma, el escándalo, el paternalismo y la vigilancia cuasi policial, la Iglesia romana ha observado los movimientos y actitudes de la religión tal y como acontecía realmente en la sociedad con suma atención. Aquí reside la clave que explica el por qué el fenómeno que conocemos como religión o religiosidad popular ha perdurado casi de manera exclusiva dentro del mundo industrializado en los países de tradición católica o, a lo sumo, anglicana. La opción del cristianismo reformista protestante fue la de desembarazarse de manera harto expeditiva y hasta sangrienta del problema, entre otras cosas enviando a la hoguera a centenares de miles de personas. Pero el catolicismo no pudo jamás hacer tal cosa, por mucho que cabe suponer que lo hubiera deseado. Digamos que existían ciertas dificultades de índole técnica que lo impedían o, cuando menos, lo hacían difícil.

    En primer lugar, la distinción Cristo-otros dioses antiguos, cristianismo-paganismo y la exaltación del catolicismo como religión monoteísta eran cosas que sólo podían acontecer con un mínimo de convicción en el seno mismo del discurso teológico. Fuera de éste eran simplemente imposibles e inaplicables y nunca se habían dado. No se trata sólo que, desde una óptica histórica, el cristianismo fue una religión oriental-mistérica más en la Antigüedad, privilegiada por factores relativos a la lucha por la defensa y la conquista del poder político en Roma, que no tuvieron nada que ver con su presunta superioridad moral ni con la historicidad de su panteón. Se trata, simple y llanamente, que, si entendemos por paganismo lo que entienden los teólogos, el catolicismo practicado es y ha sido siempre una religión absoluta e incontestablemente pagana, es decir idolátrica y politeísta… Existía también el imperativo teológico, en apariencia paradójico pero explicable, como veremos más adelante, según el cual no había más solución que escuchar y hasta obedecer en cierto modo las majaderías, insolencias, imprudencias y necedades que conformaban la piedad popular, que ya deberíamos empezar a llamar la piedad social. Me refiero al axioma vox populi, vox Dei, es decir, la consideración teologal que concede al pueblo de Dios, al componente humano de la Iglesia como corporación, la virtud de ser fuente de verdad doctrinal. La cuestión está recogida de manera inequívoca en los textos de obediencia… Los conflictos derivados de esta orientación no son en absoluto de naturaleza filosófica. Tienen una impronta grave en la política proselitista de la Iglesia, máxime en un momento como el actual en que la ideologización del discurso religioso ha provocado una crisis en cuanto a eficacia simbólica que se ha traducido en crisis de feligresía y de freno en el proceso expansionista, al menos en la Europa suroriental. Eso es lo que explica el que los estudios de religión popular hayan corrido tantas veces por cuenta de sectores confesionales. La política populista del aparato eclesial no puede dejar de atender a cómo lo que ellos llaman catolicismo popular «reinterpreta las formas religiosas oficiales» (Marzal 1976: 129). Las estrategias eclesiales del tipo teología de la liberación, iglesia del pueblo, etc., saben del valor empírico de los estudios sobre la religiosidad social y son conscientes de que su labor de propaganda necesita nutrirse de sus informaciones, precisamente por la necesidad técnica de introducirse en la «lógica teológica popular» (Vidales 1976: 173).

    La base del catolicismo, en tanto que sistema religioso de fundamentación teológica, se encuentra en la diferenciación entre fe y religión. Si el valor «religión» ya hemos indicado que remite al sistema de las mediaciones, «fe» implica un valor epicentral en tanto que se entiende que es la experiencia o adhesión personal a lo sagrado lo que se expresa en un sistema religioso. Así pues, una religiosidad que no recoja la fe como justificación última simplemente no merece tal conceptualización… Junto a la aparatosidad de sus leyendas de temática sagrada y de sus protocolos rituales colectivos y privados, la religiosidad llamada popular demostraba de continuo una indisimulada desatención hacia los etéreos conceptos relativos a la experiencia íntima de lo santo. Esto resultaba así prácticamente por definición. Un artículo publicado por la jesuítica La Civiltà Cattolica señalaba que las características que cabía atribuir a la religiosidad popular eran: corporeidad, ritualidad, humanidad, búsqueda de la gracia temporal, festividad, etc. (De Rossa 1962: 114); es decir, valores todos ellos alejados de la pureza de la religiosidad privatizada que la Reforma acuñara y que la Iglesia asumiría como propia desde Trento… La cuestión era que la religión practicada por la mayor parte de la sociedad no sólo no era casi en absoluto espiritual, sino que además se permitía la insolencia de desplegar una auténtica exaltación de la teluricidad.

    La Iglesia ha sufrido de muchas maneras la tragedia permanente de ver cómo la ideología por ella emanada tenía un eco social más bien restringido. Como señalaban Abercrombie y Turner en su relectura de la teoría marxista al respecto (1985: 151-181), la ideología dominante nunca ha conseguido ir mucho más allá de ser la ideología de los dominantes, sin dominar realmente casi nada en la dinámica social, sobre todo cuando nos alejamos de ese campo específico de lo político en el que, hasta hace bien poco y quizás hasta ahora mismo, sólo una minoría se ha sentido sinceramente complicada. Martin Goodridge ha desarrollado una muy documentada descalificación del tópico de la Edad Media como una «edad de fe», refiriéndose al campesinado inglés, francés e italiano (Goodridge 1975: 381-396), del mismo modo que la desconexión entre los campesinos y la religión teológica en la época preindustrial aparece como incontestable en un buen número de trabajos de historia (Le Bras 1956; Heer 1963; Martin 1969). En contra de lo afirmado por Juliano (1986: 25) –por lo demás maestra y amiga–, el cura rural nunca consiguió cumplir eficientemente su misión de propagador de la doctrina oficial y mucho menos a través de la confesión, tal y como ha estudiado competentemente Turner (1977: 29-58). Las dificultades de la Iglesia en hacer de sus representantes difusores del dogma ha sido bien estudiado desde los trabajos de Marcilhay (1964) y Delumeau (1971). Por lo demás, y en general, la inoperatividad en sociología y antropología de un término tan vago como el catolicismo, en cierto modo su inexistencia en la práctica sociocultural, es algo brillantemente explicado por un famoso trabajo de Bourdieu (1985: 295-334) y aplicado de forma inmejorable por Caro Baroja en su insustituible libro sobre la historia religiosa en la España de los siglos XVI y XVII (Caro 1978).

    En cualquier caso, el ejemplo español resulta casi estridente y no es nada casual que el protestante Richard Wright, en su España pagana, llegara a la simple conclusión de que éste ni siquiera era todavía un país católico, en el sentido de que lo que estaba pendiente aquí no era la Reforma sino la misma cristianización (Wright 1968: 265). Los datos estadísticos son contundentes al respecto y hacen incomprensible la afirmación de Prat de que «la misa es la práctica religiosa seguida por un mayor número de personas, pertenecientes a todas las clases sociales, y esto desde siglos» (Prat 1983: 49-69). Hoy, España puede presumir de ser uno de los países católicos menos católicos del mundo, con un nivel de participación de fieles en el principal acto litúrgico oficial por debajo, por ejemplo, de los Estados Unidos, como comentaba no hace mucho y con preocupación una revista eclesial (De Andrés 1985: 79-89). El fenómeno ha sido registrado en las últimas décadas en varios trabajos sociológicos (Doucastella 1957: 375-387; 1967; 1975: 131-162; Güel 1973), tanto para el ámbito rural como para el urbano. Y no es que la situación haya empeorado. Los datos relativos a la religiosidad de finales del siglo pasado y de principios de éste muestran un abandono muy agudizado, salvo en las clases sociales altas, de la observancia dominical (Arbeola 1975; Cabeza 1985: 101-130). La inquietud está justificada sobradamente, no sólo por la poca piedad oficial demostrada por los españoles, sino también por la furiosa forma como se ha puesto de manifiesto su hostilidad hacia el estamento eclesial a través de un anticlericalismo feroz, expresado en varias oportunidades en que las coordenadas históricas han permitido la efusión de un contencioso que ha querido resolverse en motines de claro signo iconoclasta.

    Esto último nos puede servir para conectar con otro asunto no menos intrigante. La falta de apego por la praxis litúrgica oficial sucede paralelamente a una fidelidad extrema por ciertos cultos tradicionales. Ordóñez Márquez, en su trabajo sobre la religiosidad en la Huelva de los años 30, no podía por menos que escandalizarse cuando, en plena apostasía y con un fondo político anticlerical, las masas no tuvieran inconveniente en continuar paseando sus santos… Yo mismo pude escuchar en Estella, en el verano de 1985, cómo el sacerdote se dirigía a una iglesia excepcionalmente llena de público diciendo: «¿Lo hacemos por escuchar la palabra de Cristo, por vivir la fe o por aprovecharnos de este desparramamiento de los placeres…? Hay gente que está muy en contra de la Iglesia, que está muy lejana de ella y que en estos momentos convive con nosotros. Es, en cierta manera, una contradicción» (Diario de Navarra, 5 agosto 1985). Hace algunos años, el cardenal Vicente y Tarancón advertía sobre los peligros de una política de estímulo a fiestas religiosas que lo eran sólo en apariencia, puesto que su fondo era de un catolicismo más que dudoso (en Interviú, 15 septiembre 1986).

    Cuando se someten a consideración estos elementos y otros muchos más que no harían sino abundar en esa misma dirección, lo que resulta obvio es que si a algo es aplicable el concepto de marginalidad o incómodo no es a la llamada religión popular con respecto a la religión oficial, por el simple hecho de que ésta en realidad no existe o existe de manera precaria y débil en la propia práctica social. La situación es precisamente la inversa: es la religión de la fe y la teología la que encuentra dificultades de articulación en la religión que se practica, por mucho que procedan de ella muchos aspectos repertoriales y nominales.

    … es la teológica la que tiene problemas de puesta en estructura, no en relación con la religión popular, sino, y digámoslo ya, con la religión real, que es la que impone los contenidos, tolerando sólo que la Iglesia ejercite su poder titulándolos e incorporándose parasitariamente los más moderados. Es decir, no sólo resulta insostenible el tópico vulgar de que la Iglesia ha impuesto los contenidos de sus doctrinas a la presunta religión popular, sino que, bien al contrario, han sido muchas más las veces en las que ha tenido que ceder y asumir una religiosidad socialmente vigente, compuesta por elementos que eran ininteligibles para el discurso teológico y que con frecuencia repugnaban a su proyecto de dignificación interiorizante. La Iglesia tuvo siempre que soportar, además, la sistemática y descarada apropiación social, aquella squatterización de la que hablaba Vovelle, de sus objetos y lugares de culto.

    Aquí reside la gran paradoja que el aparato eclesial se ve condenado a repetir. La única manera de divulgar los mensajes de su sistema religioso es vehiculándolos mediante actitudes y conceptos que le son ajenos, y a veces contrarios. Para ganarse un cierto grado de articulación social, la Iglesia debe constantemente cristianizar el folclore y folclorizar el cristianismo. La religión que las gentes practican es, a la vez, un medio y un obstáculo, su principal aliado y su peor enemigo.

    El artículo, como se puede ver, tiene ya unos años. Actualizaciones múltiples pueden encontrarse en el blog de Manuel Delgado por todas partes; por ejemplo, ésta:

    En cierto modo, tal y como los protestantismos habían insistido en denunciar, los católicos no habían llegado nunca a ser cristianos. Fue así que las modernas ciencias sociales pasaron a constituirse en proveedoras de nutrientes ideológi­cos para el ánimo anticatólico. En efecto, la consideración ‑provista por antropólogos, pero también de esa nueva disci­plica llamada orientalismo y de la lingüística evolucionista en sus estu­dios sobre el mito‑ de que el cris­tianismo no era una reli­gión en absoluto original sino una simple imitación de las religiones precedentes (mitraís­mo, osirismo, attismo, dionisis­mo…) conducía a la apreciación de que apenas existía dife­ren­cia entre los antiguos misterios de los idólatras y los modernos sacramentos cató­licos y, mucho más aún, de las toscas prácticas religio­sas de los campesinos iletrados que resistían, como territorios in­teriores pendien­tes de ser colonizados, en la Europa con­tem­po­ránea y éste era uno de los argumentos que con mayor énfa­sis repetían los an­tieclesiales en sus textos y discur­sos.

    Todo un colosal entramado comparatista había sido alzado para justificar una censura y un rechazo. Lo que los divulga­dores de la historia y la antropología del XIX y principios del XX hacían no era otra cosa que poner sus sabe­res al ser­vicio de una coartada científica para la desca­lifi­cación de la religiosidad cristiana no reformada, una presen­cia intrusa en una Europa que se imponía en el mun­do como el modelo que debía troquelar la unificación cultural del plane­ta. Un punto de vista que se correspondía con una de las ob­sesiones predi­lectas del protestantismo intransigente, del que no dejaba de ser una actualización… Como es­cribía Brews­ter: «Hoy, un pagano sólo se encuentra bien ya en la metrópo­li del Cristianismo, donde la Iglesia no ha des­­truido las reliquias del paganismo, sino que las ha salvado y las con­serva y ense­ña religiosamen­te. El Vaticano es el últi­mo refu­gio del anti­guo Olimpo.»

    Como ves, desde las asép­ticas instan­cias de su Cien­cia, el antropólogo y el historiador de las religiones del XIX llegaba para aportar un esfuerzo especu­lativo de inmenso va­lor estra­tégi­co contra los peligros del ri­tualismo católico y de las perversas supervi­vencias que pro­pi­ciaba. El mismo Tylor nunca disimuló su vo­cación liqui­dado­ra. Así con­cluye su Cultura primitiva cuando culminaba su Cultura primitiva (Ayuso) llamando a los antropólogos a practicar “una ciencia del reformador”.

    Obras orientadas en el sentido de negar la originalidad del cristianismo ‑una tradición literaria vigente hasta ahora mismo‑ alcanzan durante todo el siglo XIX y princi­pios del XX un éxito extraordinario. Hasta las capas menos cultiva­das las conocen y las integran a su patrimonio ideológico. Las edicio­nes en español de obras como El origen de los cultos, de Du­pu­is, o La ruinas de Palmira, de Volney, o las de Rou­sseau o Voltaire alcanzan en toda Europa tiradas grandiosas. En cuanto a Ernest Renan ‑autor también de la colosal His­toria de los oríge­nes del cristianismo‑ es difícil hacerse una idea de la extraor­dinaria repercusión que tuvie­ron las múltiples ediciones de su Vida de Jesús ‑50.OOO ejem­plares vendidos en Francia tan sólo en seis meses‑, uno de los li­bros más leídos y discuti­dos del siglo XIX y que mereció a su aparición una ceremonia expiatoria en San Pedro, convocada por Pío IX. En realidad el libro no era otra cosa que una superficial y vulgarizadora versión de las con­clusiones de los exegetas protestantes li­berales alemanes de la época. Un gran divulgador del folclor como Ja­cob Grimm denunciaba como se había producido «una confusión entre los ritos paganos y cristianos, a la que se han dejado arrastrar algunos sacerdotes incautos y necios.»

    Más ejemplos. En Fran­cia, el Mémorial Catholique in­forma que entre 1814 y 1828 se vendieron al menos dos millo­nes de ejemplares de las obras de Rousseau y Voltaire. La his­to­ria del auge y caída del Im­perio Ro­mano, de Gibbon ‑un tránsfuga del catolicismo al protestantismo‑ es­tán en la bi­blioteca de comba­te de infi­nidad de sindicalistas ibé­ri­cos y son parte infor­mante importan­tísima en los ambien­tes libre­pen­sa­dores y rege­neracionistas españoles, tal y como descri­bía Mesonero Roma­nos, o como evocaba Abdó Te­rrades, al re­ferirse al valor casi iniciático que tenían este tipo de lec­turas: «Entre los colegiales de principios del XIX circu­laban los libros de los filósofos prohibidos. De manos de los más adultos, que ya cursaban fi­losofía, aquellos ver­sículos de emancipación cir­culaban a manos de los más pe­que­ños que nos iniciábamos.» Aramburu, un senador de principios de siglo denunciaba: «Parece mentira que en una nación como España donde se lee tan poco, tengamos traducidas al castellano casi todas las obras ateas extranje­ras». Sorprende como esa línea de li­teratura anticlerical goce de tan buena salud como para dar lugar a una reedición, con ti­rada popular, de un clásico de la retórica desmitifica­dora a lo Volney, típica del siglo pasado y principios de éste, como La religión al alcance de todos, de Ibarreta, que podía comprarme no hace mucho –te lo prometo– en el Corte Inglés de Plaça Catalunya.

    … Hay algo que ya sugiere Stocking en sus comentarios sobre Tylor y que ten­dría mucho que ver con los argumentos que ofrecen investigadores de la antigüe­dad como De­tienne o J.‑L. Durand al presentar la mayor parte de las teorías sobre la mitología y la religión arcai­cas como un colosal invento, situado en los límites de la estafa etnocén­trica. Las últimas averiguaciones serias sobre la vida ritu­al de los antiguos griegos, por ejemplo, pondrían en evidenc­ia que la mayor parte de informaciones sobre el ritualismo pagano divulgadas hasta bien entrado el siglo XX ‑y en muchos casos hasta ahora mismo‑, eran absolutamente fa­la­ces. Esta reconsideración es la que desemboca a su vez en la intuición de que no sólo era insos­tenible que las romerías marianas, las verbenas populares o el culto a los santos eran continua­dores o imita­ción de la gestualidad pagana, sino todo lo con­trario, que las evidentes similit­udes que existían entre unos y otros, los cultos populares actuales y las prác­ticas del misterismo antiguo, eran la con­secuencia de que para la ima­ginación de estos últimos, tal y como eran recons­truidos por historiado­res y etnólogos, lo que se estaba to­mando como re­ferencia era la vida religiosa de los cristianos no reforma­dos o insufi­cientemente reformados ‑el caso de los anglicanos‑ de aquel momento.

    En fin, lo dicho: ser ateo es muy difícil.

    1. Ser ateo es muy difícil
      Hombre, yo por lo que leo entiendo casi lo contrario. Lo difícil es ser creyente en una sociedad en la que todos los elementos religiosos están en descomposición, sea por el pujante avance del materialismo utilitarista (de eso no hablan los artículos) sea por la progresiva desaparición de los elementos teológicos de «fe» en las expresiones populares religiosas, las cuales cada vez más son meramente laicas de facto.

      Creo que era Foucault el que definía las «sociedades» como grupos humanos con capacidad de reproducirse desde ellas mismas. Pues el cristianismo en Europa se acerca cada vez más al punto en el que no va a ser capaz de hacer tal cosa.

      1. Ser ateo es muy difícil
        A ver, los artículos aluden a la continuidad entre el antirritualismo protestante y la propaganda antireligiosa (también antirritualista) utilitarista -entendiendo por utilitarismo, precisamente, la ideología de las clases dominantes de la Gran Bretaña imperial (esto está más claro en el artículo del blog). Por eso se pone difícil ser ateo, porque, de tener razón Manuel Delgado, hasta los que buscan las vergüenzas del algunas religiones son, en el fondo, hedereros de otras. De hecho, la famosa campaña del ‘bus ateo’ tiene que ver también con una campaña imperial de ese tipo -seguramente en el fondo, aunque se dirijan a todas las religiones, contraria a las islamicas-.

        Y, si yo he entendido bien los artículos, la ‘fe’ es lo que algo han encontrado en las manifestaciones populares, pero no algo que forme parte en sí de las mismas.

        Ser ateo es muy difícil.

  10. Ser ateo es muy difícil: ¿cómo estudiar la religión al margen de lo religioso?
    En su blog El cor de las aparences, el antropólogo Manuel Delgado adjunta notas de orientación para aus alumnos de la asignatura de Antropología de las Religiones. A continuación resalto algunos fragmentos:

    1) El ámbito de la religión como objeto de estudio.

    Lo primero que me interesaba clarificar era la propia genealogía de la disciplina, que os situé en la problemática asociada a la expansión colonial europea durante el Renacimiento y la necesidad de legitimarla como instrumento de evangelización, lo que requería dar a los colonizados el status de seres humanos a los que era posible y necesario adoctrinar. Para ello tuvo que establecerse una premisa (de) la existencia de una dimensión vacante en los pueblos a someter: la religiosidad, es decir el factor de expectancia ante una trascendencia salvadora… Ese lugar vacio y disponible había sido usurpado por demonios o falsos dioses, que era a quienes los indígenas americanos, confundidos, estaban rindiendo culto.(Se trata de) el principio clasificatorio que le sirvió a Bartolomé de las Casas para reconocer como premisa ese elemento religioso que, naturalmente presente en la naturaleza humana, la presencia evangelizadora debía atender adecuadamente, expulsando o destruyendo a los dioses usurpadores –falsos dioses, demonios en general–, e instituyendo en su lugar al verdadero Dios.

    … (Con esto) la antropología religiosa está por lo general sometida a unas connotaciones extracientíficas que otros dominios también discutibles ‑lo económico, lo político, el parentesco‑ no han tenido que padecer. Por si fuera poco, la antropología de la religión no sólo reclama autoridad científica sobre un campo ya de por sí comprometido, como es el de la religión, sino que, por si fuera poco, pretende evaluar otros que se sobreentienden afines, como son la magia, el simbolismo, la mitología, etc. Además, en cuanto se insta un desdibujamiento que subsuma la presunta condición especial de lo religioso en otras esferas ‑ideología, cosmovisión, imaginario, mentalidad, sistema de representación, etc.‑, el territorio a cultivar abarca entonces, de manera ya del todo impracticable, la casi totalidad de producciones ideacionales y sentimentales que ha estado en condiciones de producir el ser humano.

    En principio, sería adecuado establecer que la antropología de la religión estudia instituciones, procesos, estructuras o funciones a las que un cierto criterio permite hallar en tanto que parcela exenta de la cultura, segregable para su disección analítica del resto de las que se supone conformando la vida de las sociedades. De hecho, tal espacio declarado franco es aquel en el que el resto de grandes bloques temáticos tradicionales en antropología ‑parentesco, economía, política‑ desisten de penetrar, hasta tal punto pertenece aquello que la habita al capítulo de lo puramente ideal o emotivo. Así, resultan separados para su interpretación todos aquellos aspectos de la cultura que no resulten homologables en tanto que tecnológicos o instrumentales y que, por esta causa, merecen ser exiliados a los territorios de lo simbólico, una vez rescatados de los abismos de la estolidez humana a los que la racionalidad vulgar los había condenado.

    La antropología religiosa tiende, por tanto, a devenir por ese sesgo una antropología de lo inefable, es decir, una antropología de todas aquellas figuras que han representado, en el proceso de etiquetado y marcaje de las jurisdicciones científicas, lo que podríamos llamar la «parte opaca» de los aspectos sensibles de la realidad, y siempre a partir de una ausencia o de un exceso: lo irracional o pre‑racional, lo extra‑ordinario, lo irreal, lo ilógico, pre‑lógico, lo no‑científico, lo sobre‑natural, lo extra-normal, lo meta‑físico, lo extra‑empírico, etc. O bien a partir de un tajante divorcio de lo real en dos esferas antagónicas, habitadas por cosas patentes unas, por intangibles las otras: lo instrumental y lo expresivo, lo material y lo ideal, lo empírico y lo simbólico, lo profano y lo sagrado, lo ordinario y lo trascendente. Expulsados a un país de espejismos y desmesuras, lo religioso y sus parientes, lo mágico y lo mítico, no han podido merecer con frecuencia otra cosa que explicaciones inevitablemen­te parecidas a los vaporosos perfiles que se les atribuía.

    Ese es el territorio en que vamos a adentrarnos en la asignatura, partiendo de la premisa que en él no vamos a encontrar nada sino sólo aparentemente irracional, a lo que tendremos que enfrentarnos asumiendo el principio que, en nuestra disciplina, la antropología, nos compromete a considerar normal lo extraño y a extrañarnos ante lo que en principio se nos habría antojado normal.

    2) ¿Cómo estudiar la religión al margen de lo religioso?

    El objetivo será, pues, mantenerse al margen de cualquier pretensión de explicar los hechos que reconoceremos como religiosos en tanto que excepcionales, misteriosos o trascendentes, asumiendo el estudio de las prácticas y las creencias calificables como “mágicas” y “religiosas” al margen precisamente de lo que hubiera en ellas de mágico y de religioso. Es decir, nos centraremos en la religión como una técnica social de producción y legitimación social de realidades conceptuales, un aspecto de los sistemas de representación que podía distinguirse sobre todo a partir de la vehemencia con que cuidaba la puesta en escena de sus argumentos y operaciones. Veremos nuestro asunto como aquel en el que se proyectan en un plano incontestable los principios axiomáticos de los que depende el orden de la sociedad y en los que se expresa la inmanencia de la comunidad. También como un dispositivo de enunciación comprometido en la construcción lógica e inconsciente de la realidad, así como con las leyes subyacentes que determinan la apropiación intelectual de un universo socialmente determinado. Estas perspectivas desfondan lo religioso de su dimensión sentimental, para contemplar sus producciones como variantes ‑reconocibles sólo a partir del singular tono que emplean en sus despliegues‑ del campo más amplio de la ideología, la mentalidad, los sistemas de representación, la cosmología o el imaginario colectivo.

    … Dicho de otro modo, desoyendo la atracción que suele ejercer lo misterioso, renunciando a seguir la tantas veces reconfortante vía de lo subjetivo, la antropología social de la religión ha seguido aproximándose al campo del mito y el ritual con una voluntad esclarecedora, puesto que, tras su aspecto arcánico o sencillamente extravagante, eran reconocidos como expresiones secretamente racionales de la inteligencia de las sociedades, ya sea poniendo de manifiesto la eficacia social de las ceremonias religiosas o mágicas, ya sea subrayando el papel de las prácticas de aspecto mistérico en los procesos de producción de significado. Este es el tipo de cosas que veremos en clase al hablar de la religión.

    3) La religión como ideología en Marx y la crítica del idealismo

    De entrada consideramos la manera como Marx asume el ateísmo de Feuerbach y, sobre todo, su apuesta por disolver la religión en la ideología, desactivando así su sustantividad… Lo que Feuerbach no se plantea es que las ideas religiosas y la ideología en general no hace sino enmascarar relaciones sociales de producción y que son esas las que deben ser objeto de impugnación, y la fastamización de que las hace objeto la religión, pero la religión en tanto que ideología, puesto que la ideología no es otra cosa que la proyección en la mente de los individuos de sus relaciones sociales, es decir con otros individuos y con las estructuras y el mundo en que existen.

    … Es discutiendo con Feuerbach que Marx y Engels elaboran su discurso sobre la diferencia entre la perspectiva idealista y la materialista, siendo la primera la que supone que los seres humanos actúan impulsados por sus ideas y no, como sostendría el materialismo dialéctico, por las circunstancias concretas mediante las que individuos concretos producen su vida… «Se necesita la abolición de la religión entendida como felicidad ilusoria del pueblo para que pueda darse su felicidad real. La exigencia de renunciar a las ilusiones sobre su condición es la exigencia de renunciar a una condición que necesita de ilusiones. La crítica a la religión es, por tanto, en germen, la crítica del valle de lágrimas, cuyo halo lo constituye la religión”.

    También eso era importante, por cuanto advertía de la distancia que separaba Marx de la crítica a la religión librepensadora y reformista burguesa, heredera de la ilustrada, que entiende que la religión es una doctrina peligrosa e inaceptable en sí misma, sin entender su relación íntima de la estructura social de cuyos desmanes es exultorio y alivio. De ahí lo que os expliqué de la denuncia que el marxismo siempre había hecho del anticlericalismo, entendiendo que dirigir los esfuerzos del proletariado contra le Iglesia o insinuar que es el principal enemigo a batir era, en el fondo, contrarrevolucionario, puesto que aparta a la clase obrera de sus auténticos objetivos y de sus verdaderos enemigos… Por cierto, en clase expresé cómo el lenguaje de la educación “en valores” y toda la retórica ciudadanista implica el triunfo final del peor idealismo que Marx y Engels denunciaron en su momento. Si a alguien le interesa mi punto de vista al respecto, le remito a un artículo que publiqué en El País sobre el tema, que se titulaba “Por una ciudadanía virtuosa”. Lo tenéis aqu: http://elpais.com/diario/2007/10/20/catalunya/1192842445_850215.html.

  11. Ser ateo es muy difícil: capitalismo, religión y sentido
    Enlace ‘Capitalismo, religión y sentido’ (por EP Mesa): http://epmesa.blogspot.com.es/2013/03/capitalismo-religion-y-sentido.html

    «… Efectivamente, independientemente de sus creencias concretas y particulares sobre si existe o no un dios o la inmortalidad, es cierto que en toda religión subyace un consuelo ante la realidad. Así, tanto en el hinduismo, budismo, judaísmo, islam, cristianismo o cualquier otra creencia en lo sobrenatural, la religión no solo da respuesta fácil a preguntas complejas –voluntad de los dioses y ya está- sino que implica un consuelo frente a un mundo sin él. El creyente se reconforta en su creencia porque ese es el papel social predominante de la religión».

    «… la religión, como queda históricamente demostrado, ha adquirido éxito y poder en las sociedades anteriores al nuevo capitalismo. En estas sociedades, y por su tipo de producción económica determinada, la satisfacción vital no existe socialmente o está muy limitada. Efectivamente, en economías anteriores al nuevo capitalismo -el desarrollado a partir de la II Guerra Mundial- la producción económica no se basa en el consumo sino en el trabajo y por ello la satisfacción de las necesidades, excepto las básicas, no es un elemento productivo fundamental. Las necesidades no son satisfechas y la religión cumple esa función de satisfacción. La religión es la recompensa abstracta a la vida sin recompensa concreta y determinada. Por supuesto, no es que la religión surja promovida por malvados para engañar sino que la propia condición social de ausencia de recompensa hace que esta se presente como resuelta en la trascendencia. Da igual que sea cierto o no que Dios exista, el nirvana o el paraíso con huríes serviciales -aunque queda claro qué preferiríamos y para qué ahorramos-. Lo importante es que la existencia de la religión como recompensa implica su éxito social. Pero sólo hasta ahora».

    «… La clave productiva del nuevo capitalismo es la introducción del consumo –en la columna de la derecha de este blog hay varios artículos donde se explica este nuevo modelo productivo-. Gracias a este consumo, la vida humana se transforma en absoluta producción ya no limitada al tiempo de trabajo. Así, los sujetos al consumir producen beneficio económico: la producción es trabajar y consumir. Por ello, igual que el trabajo en las sociedades anteriores, la garantía de una producción incesante de mercancías es el consumo a su vez incesante. Y este aspecto se consigue convirtiendo a este proceso productivo en recompensa personal. El consumo recompensa a los individuos no ya en la trascendencia sino en la inmanencia absoluta del día a día: en la vida. Y lo hace tan bien para sus intereses que no les recompensa con un objeto concreto sino con la propia actividad de vivir: la vida convertida en producción. Así, la religión, con su burdo discurso de recompensa trascendente, nada puede hacer ante la tarjeta de crédito y la venta a plazos. La clave que hizo a la religión fuerza social, la necesidad de trasladar la recompensa a lo trascendente, es ahora su verdugo. La recompensa inmanente es el fundamento individual de todo el proceso productivo actual y la religión sobra.

    El nuevo capitalismo ha hecho inútil la religión y la religión desaparecerá de la realidad social, ya lo está haciendo y si no vayan ustedes a una iglesia por estas fechas y luego a un local de ocio, por su propia inutilidad. No seremos nosotros desde luego quienes lamentemos que un pensamiento irracional, cuya clave es la levedad de la propia vida humana y la indiferencia ante su sufrimiento real, desaparezca en el basurero de la historia. Pero al tiempo tampoco seremos quienes consideremos esto un triunfo de la racionalidad y el progreso humano. La religión desaparece por lo mismo por lo que apareció: la ausencia de un mundo humano».

    Dos matices al artículo:

    – La realidad social en la que desaparece la religión es la de sectores más o menos privilegiados de los países del Atlántico Norte. Si la única potencia que no está ganando influencia en África mediante armas hoy en día es China, y lo que ofrece en vez de armas es, al parecer, la importación de artículos de consumo indignos del todo a cien, parece claro que está bastante lejos para la mayoría del planeta la existencia de recompensas personales en tiempo real que hagan desdeñable el consuelo religioso.

    – Ni siquiera en todos los países del Atlántico norte se puede decir que la realidad social haga superflua la recompensa religiosa. Según otros artículos del mismo autor, países como España, a través de los recortes que se aplican en la actualidad, van camino de ser sociedades de las que se espera que aporten trabajadores baratos y no consumidores: http://epmesa.blogspot.com.es/2012/07/recortes-y-precarizacion-europea.html

  12. Ser ateo es muy difícil: las supersticiones ayudan a hacer frente a la incertidumbre
    … Según algunos estudios, la superstición, o su versión institucionalizada, la religión, ha sido el mecanismo para hacer frente al estrés que supone no saber qué pasará en el futuro, una hipótesis que ya fue planteada en el siglo XVII por el filósofo Spinoza. “Los hombres nunca serían supersticiosos si pudieran gobernar todas sus circunstancias mediante reglas claras o si siempre fueran favorecidos por la fortuna, pero siendo enfrentados con frecuencia a circunstancias donde las reglas no tienen uso y siendo mantenidos con frecuencia fluctuando de manera lamentable entre la esperanza y la inseguridad de la fortuna, son por consecuencia muy dados a la credulidad”, escribía en su ‘Tratado teológico-político’.

    Fuente: http://esmateria.com/2013/08/13/las-supersticiones-ayudan-a-hacer-frente-a-la-incertidumbre/

    1. Crítica antropológica de la religión: las sendas equivocadas del conocimiento humano
      ¿Krates está en este proyecto?Pues es mejor salir de tortuga

  13. Ser ateo es muy difícil
    Quien dijo que religion es ser religiosos, el budismo , taoismo NO CREEN EN DIOSES, mas sin embargo, son religiones, religion no es sinonimo de dioses.

  14. Ser ateo es muy difícil
    «El humanismo en el sentido del ateísmo militante encuentra una paradoja inmediata y muy obvia. Su particularidad no es meramente ser ateo -hay todo tipo de modos de serlo- sino su fe en que la humanidad puede florecer sin religión; más aún, en la idea de que la religión misma es peculiarmente la enemiga de la realización humana. La idea general es que si se pudieran abolir los últimos remanentes de la religión, la humanidad sería liberada y viviría mucho mejor. Pero esta visión se encuentra con el hecho de que, según ella misma, esta cosa mala, corruptora y omnipresente, la religión, en es sí misma una invención humana: ciertamente no viene de ninguna otra parte. Así que los humanistas en este sentido ateo deberían preguntarse: si la humanidad ha inventado algo tan desagradable como ellos dicen que es la religión, ¿qué debería decirles ello acerca de la humanidad? En particular, ¿puede esperarse que la humanidad viva mucho mejor sin ella?». – Tomado de «El prejuicio humano» / Bernard Williams. – En : «La filosofía como disciplina humanística», Fondo de Cultura Económica, 2011.

  15. Ser ateo es muy difícil: marxismo e islamismo
    Enlace: http://www.lahaine.org/est_espanol.php/marxismo-e-islamismo

    «No nos confundamos. El objetivo no es la religión. Tratan de distraernos: no vivimos una guerra de religiones ni de civilizaciones sino de clases sociales… las clases dominantes sí saben discriminar, no meten todo en el mismo saco. La discriminación es la imposición de divisiones dentro de la clase obrera, el preludio de un ataque a sus sectores más débiles, los inmigrantes, que servirá como modelo para atacar luego al resto. En la medida en que la parte más débil de la clase obrera profesa creencias islámicas, el ataque se disfraza como un ataque a su religión, previamente denostada, ridiculizada y menospreciada.

    Para los progresistas y los antifascistas se trata de todo lo contrario; no de defender a una religión sino a la clase obrera en su conjunto, lo cual exige pasar al contra-ataque contra el único enemigo que -a diferencia del Islam- forma parte del poder político en la sociedad europea en la que vivimos: la cristiandad. Si alguien quiere hacer un caballo de batalla de la lucha contra la religión, ahí tiene su mejor adversario. ¿O necesita, una vez más, meterlo todo en el mismo saco?, ¿acaso su coraje sólo les alcanza para atacar a los más débiles?

    A la clase obrera europea ya le queda poco que esquilmar. Por consiguiente, una ofensiva de las proporciones que estamos padeciendo sólo tiene una explicación: las potencias imperialistas se preparan para una nueva guerra mundial y, lo mismo que en 1939, necesitan cerrar filas previamente en el frente interior: aplastar la más mínima posibilidad de que encuentren oposición dentro de su propio país».

  16. Ser ateo es muy difícil: el poder de los creyentes
    «En una sociedad socialista y libertaria, libres ya de charlatanes y predicadores, la carne de secta sublimaría sus tendencias orientativas produciendo energía eléctrica en enormes bicicletas estáticas. A los que superasen la cuota de producción, se les prometería la entrada al paraíso después de muertos, para lo cual el comité les facilitaría una Tarjeta de Tránsito Post Mortem, como la llave de los hoteles. Si ese fraude funciona en religiones monoteístas, no veo por qué no puede funcionar en el socialismo ateo». – Enlace: http://www.alasbarricadas.org/noticias/node/35311

  17. Ser ateo es muy difícil: catástasis o apocatástasis
    «La posibilidad de que haya elegidos, ya sea por la fe, por la piedad o por derecho al Paraíso, es una de las espoletas de la diferencia que más vidas inocentes ha sacrificado»

    *

    Catástasis o apocatástasis. – Fernando Colina:

    ¿Hacia dónde apunta el deseo de los hombres? ¿Hacía un punto culminante que identificamos con el placer y la felicidad, o hacia un retorno al punto original conducidos por la repetición y la restauración de lo mismo? ¿Catástasis o apocatástasis?

    Quizás acabo de formular una pregunta estúpida, sin solución. O quizás lo haya hecho con unos términos anticuados, esotéricos e incomprensibles, justo con aquellos que despertaron la burla de Buñuel cuando, en una secuencia de ‘Simón del desierto’, puso en boca de su protagonista el célebre grito de «¡Viva la apocatástasis!». Puede que con esta compleja pregunta sólo demuestre una cosa bien simple, el prejuicio de creer que la vida tiene un objetivo, lo que es mucho suponer para un laico que se contenta con disfrutarla del modo más placentero y justo posible. Sin esa premisa no entiende que alguien dude entre un final que aspira alcanzar algo superior o nuevo, o un anhelo de reencontrarse con la perfección de lo antiguo.

    Sin embargo, la pregunta es consustancial a la historia de la humanidad, que siempre se interrogó sobre si caminamos hacia adelante o hacia atrás, hacia el bien o hacia el mal, hacia la nada o hacia la plenitud triunfal. Y también es inherente a la historia de la teología, que se debate entre aceptar la idea de un juicio final, que premiará a los bienaventurados y castigará a los impíos, o sumarse a la creencia de que todo retornará a la armonía del primer principio, cuando hasta los malvados serán acogidos en el reino de Dios y perdonados sin ningún motivo. He aquí un dilema, aparentemente inocuo, que ha desencadenado mucho derramamiento de sangre. La posibilidad de que haya elegidos, ya sea por la fe, por la piedad o por derecho al Paraíso, es una de las espoletas de la diferencia que más vidas inocentes ha sacrificado. Más, probablemente, que las diferencias principales: la de género y la de bienes.

    Pero también cabe hacer la misma pregunta de forma distinta y en apariencia más sencilla. Desde otro escenario más cotidiano, menos postrimero. Se enunciaría así: ¿la dinámica del deseo, sustancia última de la vida, está gobernada por Afrodita o por Eros? ¿Se guía por la satisfacción cíclica del placer sensual o por las promesas que el amor contrae con la belleza y el bien? He aquí otra alternativa singular que las más de las veces, salvo allí donde se impone el amor a Dios sobre todas las cosas y triunfan las falsas cantinelas de la abstinencia y la renuncia, ha buscado siempre la moderación y el término medio como la mejor salida. De Afrodita sin Eros decía Plutarco que era como comer, beber o descansar, una experiencia puramente sensorial y física, pero que Eros sin Afrodita era casi inconcebible. Al menos así lo fue en la cultura grecolatina hasta la llegada de los cristianos con su necia castidad. ¿Catástasis de Afrodita o apocatástasis de Eros? ¿Un orgasmo culminante que nos eleva por encima de todo o un retorno al seno materno donde nos disolvemos en la especie o el universo?

    (Publicado en el periódico ‘El norte de Castilla’, 05 de diciembre de 2015).

  18. Ser ateo es muy difícil
    Felicitaciones por su blog. Aclara y permite dialogar sobre ideas interesantes. En un contexto de ley natural perfecta, ¿jamás podremos medir qué afirmaciones sobre la ley natural son verdaderas, o falsas? ¿Seguro que ninguna ley natural permite eso? Y sin medir, ¿cómo podríamos dejar de apostar a dogmas, y llegar a algún acuerdo que armonice opuestos?

    Teístas desean que su dogma: “Dios existe”, sea verdadero. Ateos desean que su dogma: “Dios no existe”, sea verdadero. Pero, aun cuando fulano sea el campeón del mundo para pensar lo que se le antoje, la verdad no es deseo ni apuesta. La ley natural es como es, sin importar nuestras divagaciones.

    En la “ciencia ficción experimental” SFO, se propone un método radiestésico para medir qué es verdadero o falso en afirmaciones sobre la ley natural.

    Radiestesistas expertos usan instrumentos de radiestesia para indagar sobre objetos que están más allá de la percepción ordinaria de los cinco sentidos. Colocando en Google: “Video radiestesia buscar agua”, se apreciará que las varillas buscadoras se mueven “solas”. Tal como la aguja de la brújula es movida por una energía invisible, una fuerza radiestésica mueve instrumentos radiestésicos. Poco explorado para el potencial que tiene.

    Radiestesistas expertos detectan verdades-naturales-particulares-desconocidas, ubican agua, minerales, petróleo y otros, nunca descubiertos antes, enterrados donde nadie sabía que estaban. Cavan y encuentran, con 80% de precisión, cuando midieron expertos.

    Este autor apostó a medir en tablas de porcentaje, verdades naturales generales sobre la ley que gobierna al cosmos, y sobre los seres que lo pueblan. Esperando que el péndulo oscile indicando algún ángulo-porcentaje de verdadero o falso.

    Muchos mueven péndulos, desde niños de 7 adelante. Bajar gratis, de http://www.internetcosmico.com, el resumen R2 “Mini Curso de Radiestesia Estilo Sathya SFO”, y el R4, “Tablas Radiestésicas”, imprimibles, en pdf, de la pestaña “Click bajar resúmenes Rx”. Tomos, en Tx. Gratis.

    Si tanto radiestesista ha conseguido “bajar información del Internet Cósmico”, por llamar de algún modo al campo de información natural del cual han obtenido informaciones, y si después han excavado y en el 80% promedio de los casos las mediciones eran ciertas, a quienes tengan intuición investigadora, ¿no les interesará medir, a por verdades o falsedades, a ver a qué obtienen? No es difícil de aprender, y es gratis.

    Imaginando, si este método de medir fuera parte de la ley natural, podría significar un portal insospechado de información. Este autor lleva muchos años desarrollando libros SFO, y propone una visión del mundo basada en lo que mide como “naturalmente verdadero”. Tal como en un átomo, digamos, fierro, hay un núcleo, y órbitas con distintos niveles de energía y frecuencia, es medible por ICR, o Internet Cósmico Radiestésico, que hay cinco órbitas-dimensiones de existencia, a distintos niveles de energía y frecuencia, órbitas de “giros” alrededor de un sol, de una dimensión eterna, real, verdadera, existente, de dónde provienen las verdades esenciales, y también las dimensiones sub-reales, sujetas a prende-apaga existencial, como la nuestra. Ejemplo: El juego entre vigilia y olvido de nuestra conciencia. Tales verdades esenciales no son de esta dimensión de materia densa, y no pueden ser captadas por la psiquis terrícola conectada a los cinco sentidos, de modo que no tenemos otra opción que medirlas usando un método transdimensional. Nacer y morir son cambios de órbita.

    El método requiere medir con la mente en blanco, sin desear: Que Dios no exista, es deseo de ateos; que Dios exista, es deseado por teístas. Que nada sea verdadero, es deseo nihilista. Por favor, ser ecuánime y realizar la hazaña de no “medir” los deseos personales. Según radiestesistas expertos, más del 90% de las personas pueden medir usando péndulos, y no lo saben.

    Que les vaya bien. Atte.: Alberto Brehme P. http://www.internetcosmico.com

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