Por Shere Hite

El Mundo

Curioseando el catálogo de regalos de Navidad para niños de uno de los más
importantes grandes almacenes del mundo, compruebo que hay algo que no me
deja en paz ni por un momento: el género, el género, el género, escrito en
todas y cada una de las páginas de juguetes para críos. Les estamos
enseñando cuál es el papel de cada cual mientras les metemos por los ojos
juguetes divertidos. ¿Reminiscencias de los años 50? ¿Vamos hacia atrás?

Por lo que parece, a los chicos habría que entregarles juguetes de chicos
vestidos como héroes del ejército, jóvenes varones preparados para
emprender violentas hazañas, bien equipados con todo un arsenal
armamentístico, desde espadas hasta armas de fuego enormes y negras,
pasando por carros de combate o helicópteros pintados de color caqui, u
ofrecerles monstruos robotizados mecánicos. Sin duda alguna, juguetes que
harán que sus amigos mueran de envidia…

Esos juguetes se presentan vestidos con ropajes de colores oscuros o caquis
y adoptan posturas agresivas, listos para combatir, con unos músculos
exageradamente desarrollados, como calabazas.

Tienen un aspecto extraño y amenazador -en absoluto el que se espera de un
juguete-, y unos rostros malencarados y ceñudos, quizá para los chicos
representen el ideal masculino. Aparte de éstos, el único muñeco masculino
que hay a la venta es Ken, el novio de Barbie, pero parece que se destina
más bien a las niñas. ¿Por qué no hay otros tipos de muñecos de hombre, ni
siquiera muñecos de chicos con trajes de ejecutivo al estilo occidental?
¿Por qué no uno de Nelson Mandela? (¿será demasiado mayor para hacer con él
un juguete?).

¿Se han quedado anticuados los fabricantes de juguetes o los anticuados son
los padres y los familiares que compran estos juguetes que han perdido el
sentido de la realidad, que han perdido el norte, o es que acaso la
existencia de estos juguetes refleja la realidad, es decir, lo que de
verdad quieren, tanto los niños como sus padres y familiares, que les
compren? Por otra parte, en el supuesto de que ésa sea la realidad, ¿vamos
a querer cambiarla?

A las chicas, como bien sabemos, se les compran regalos específicos de
género para que hagan de madres y de noviecitas, es decir, que primero se
les regalan muñecas para que hagan como que las crían y cuidan de ellas
(esas muñecas que lloran, que se hacen pipí, que hay que cambiarles los
pañales…) y un tiempo después, cuando son un poco más mayores, se les
regalan preciosos vestiditos de color rosa y juegos de maquillaje o de
joyería, y otras veces cocinitas y cacharritos de menaje.

Todos estos objetos son enormemente populares. Si yo me viera en el trance
de tener que escoger regalos para niños y para niñas, me inclinaría
preferentemente por los regalos de niñas, pero es posible que, si se les
dejara a su libre albedrío, sin influencias, los niños hicieran lo mismo.

Bueno, a decir verdad, hay también unas cuantas páginas de regalos
tecnológicos, tales como ordenadores de juguete, globos terráqueos con luz
o televisores con la carcasa de color rosa (por cierto, ¿cuánta gente
comprará un televisor rosa a un chico? ¿Cuánta gente comprará un globo
terráqueo a una niña?).

La personalidad de las niñas se ve enormemente influida por los regalos que
reciben, que subrayan la feminidad tradicional, por cuyo medio se informa
implícitamente a las niñas de que su papel en la vida será el de criar
niños y servir a los demás (con la idea de que se vayan haciendo a las
pautas de femineidad del pasado) o el de interesarse por joyas y vestidos.

Mediante esta diferenciación de juguetes, se les informa también de que son
diferentes en sí mismas y distintas de hombres y niños (que son más fuertes
y más capaces para entrar en combate) y de que ellas, las niñas, tienen que
ser salvadas del peligro por los niños (algo que se ve también en las
películas más recientes de Disney).

Por supuesto, las clases de defensa personal o judo específicas para niñas
deberían ser moneda corriente de los programas escolares de gimnasia
femenina, de manera que la llamada violencia doméstica no se cobrara tantas
víctimas mujeres.

Yo misma, por más que personalmente me agraden las perlas de Audrey
Hepburn, dentro de la más pura tradición de la mujer, y ese flequillito
suyo tan femenino del mechón que le cae sobre la frente, me pregunto si
cosas así no nos habrán colocado a las mujeres en el lugar en el que ahora
nos encontramos.

¿Podemos disfrutar de esas cosas sin sufrir un retroceso en un mundo que
desgraciadamente parece montado sobre la agresividad de los
enfrentamientos? ¿Podemos conseguir que el mundo sea diferente, más
pacífico, de modo que todos podamos disfrutar de los placeres del color rosa?

Por si faltara algo, la gama de lo que se supone que son los regalos
adecuados para las niñas no es lo suficientemente amplia como para dar pie
a que salgan a la luz personalidades muy diferentes entre sí o a que se
estimule en las niñas (o en los niños) la aparición de personalidades
diversas.

Así pues, las niñas aprenden a reprimir sus propias posibilidades, a
esforzarse en hacer mal los exámenes de matemáticas cuando llegan a los 14
años y, posteriormente, a comportarse de manera pasiva, como The Stepford
Wives (película recientemente estrenada en España bajo el título Las
mujeres perfectas), a interesarse sólo por las joyas, a tener miedo de no
ser deferentes con los hombres y a dar por hecho que quienes ostenten la
autoridad (por ejemplo, curas, patronos de empresa y jefes de Gobierno)
hayan de ser hombres. ¿Es éste el mundo que queremos?

De nosotros depende, ni más ni menos. Piénsese en ello: ¿queremos crear un
mundo de niñas conformistas, convencidas de que el rosa es el color de las
chicas, mientras los niños se ajustan al papel de robots masculinos,
convencidos de que las peleas son cosa de chicos?

¿Queremos un mundo de niños que crezcan con la idea de que ni siquiera los
negocios son una actividad tan viril como la de ir a la guerra o que
organicen su vida profesional, la empresa y la vida privada como si se
tratara de ir a la guerra? Puesto que no tenemos ningún interés en limitar
la personalidad de nadie en su fase de desarrollo, es preciso que
reflexionemos sobre nuestro papel como adultos.

Aviso para navegantes: ¡la alternativa no es tan sencilla como poner
juguetes bélicos en manos de las niñas y televisores rosas en manos de los
niños!

Los regalos que queremos hacer llegar a los niños, sin distinción de sexo,
no se encuentran con facilidad; habrá veces en que los tengamos que
fabricar nosotros mismos.Usemos nuestra imaginación (puede ser algo tan
sencillo como un juego de damas). Hay que tener presente que el regalo que
se da informa asimismo al niño o niña de la idea que de él o ella tiene
quien se lo hace, y también de la idea que tiene quien se lo da de lo que
el niño o la niña llegarán a ser de mayores.