
En nuestra opinión, estamos ante un terreno -el de la política criminal- en el que la opinión publica se conmociona por lo que la prensa quiere que se conmocione. Si el periodismo de este país hubiera dedicado a mostrar las consecuencias de los bombardeos a civiles en Afganistán una décima parte del tiempo que ha dedicado al caso «Mari Luz», la presencia española en dicha guerra «conmocionaría» a la opinión pública.
Si se nos contaran las historias de la mayoría de las personas que están en prisión y si se permitiera al periodismo trasmitirnos la intensidad del sufrimiento que puede acarrear el cumplimiento de un pena privativa de libertad, también habría muchos conmocionados por esta reforma (la penúltima anunciada reforma del código penal para endurecerlo por enésima vez, nota de T.). Estamos en la era de la conmoción dirigida. Y está muy feo utilizar nuestras emociones -sólo algunas- y nuestra legítima solidaridad con quien sufre para dirigir y sustentar determinadas reformas penales.
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