Desde este diario digital hemos editorializado sobre la necesidad urgente de catalogar al enemigo de clase, de saber quién está en la trinchera opuesta porque sino la confusión, pero sobre todo la apropiación que la socialdemocracia va a hacer de cualquier movilización, puede llegar a ser frustrante.

La inmensa mayoría de las personas que han participado en la Encuesta de inSurGente sobre qué hacer si descubrimos a dirigentes y cargos públicos del PSOE en las manifestaciones, opina que hay que echarlos. Al hilo de ello, un lector nos envía un Comentario diciendo que el pasado domingo acudió a la manifestación en contra de la reforma laboral y al ver a dos concejales del PSOE caminando y sonriendo junto a los manifestantes, le dijo que se fueran a su casa, que su partido era tan culpable como el PP o más de la situación que estábamos padeciendo. La sorpresa fue que se le acercaron varias personas con pegatinas de CC.OO y UGT a recriminarle en un tono severo su actitud, y a exigirle que dejara en paz a los compañeros y que la izquierda lo que necesita es unidad (sic). Demás esta decir que los ediles continuaron su camino saludando manifestantes y casi firmando autógrafos.

Desde este diario digital hemos editorializado sobre la necesidad urgente de catalogar al enemigo de clase, de saber quién está en la trinchera opuesta porque sino la confusión, pero sobre todo la apropiación que la socialdemocracia va a hacer de cualquier movilización, puede llegar a ser frustrante.

Cierto que la izquierda combativa, la que se mueve lejos de los pactos con fuerzas enemigas, no ha experimentado una acumulación de fuerzas importante en estos últimos tiempos. Pese a la crisis económica y social no ha habido un aumento significativo de militantes, como para poder convocar huelgas generales y movilizaciones gigantescas en número al margen de la agenda de CC.OO y UGT, pero sí hay suficientes compañeros y compañeras capaces de construir un Bloque crítico. Un Bloque que no sólo vaya en la parte de atrás de las manifestaciones marcando distancias, sino que tenga luego continuidad en el día a día, para denunciar el neoliberalismo del PP, pero también al cuarteto (PSOE, IU, CCOO, UGT) por sus prácticas reformistas que, a nuestro juicio, no solucionan los problemas de la gente porque sigue dentro del marco del capitalismo.

En este sentido sacar la máscara al PSOE y sus aliados es contribuir a despojarle de ese hábito de izquierdas que de un modo inefable se viste cuando está en campaña elecotral o en la oposición. Y eso supone que ese bloque crítico pueda mantener, por ejemplo, un discurso propio sobre temas donde la teoría de Rubalcaba, sus jueces, y el Grupo Prisa ni se cuestiona desde la izquierda (como el caso de los atentados del 11-M; donde el que no comparte la tesis oficial ni las paranoias fascistas de los medios ultraconservadores, es calificado igual de conspiranóico por los que asumieron la sentencia sin pestañar, porque las opciones son A o B, y el resto extremismos desestabilizadores). Ese mismo bloque crítico que, de haber existido ya, debería haberse personado como acusación particular en el caso Gürtel, en el caso Campeón, o en el juicio a Urdangarín o en los ERE´s falsos de Andalucía…, y allí donde el sistema que encarnan el PPSOE pueda ser erosionado. La labor, es obvio, es agudizar las contradicciones del capitalismo, no bailarle el agua a ningún impostor (o impostora) que se aprovecha de la debilidad ideológica de la mayoría para vestirse de progre sin mucho esfuerzo, sólo diciendo que el PP es de derechas e inyectando desmemoria para que no se recuerde su paso por el gobierno.

EDITORIAL INSURGENTE Actualizado ( Lunes, 12 de Marzo de 2012 23:30 )