Noticia de alcance, pues en ella se evidencia algo que para quienes nos dedicamos al antimilitarismo es obvio. Que los ejércitos no son las hermanitas de la caridad que nos presentan en la tele. El largo artículo que ha publicado hoy El País ilustra a la perfección cómo la crueldad y la brutalidad conviven a diario en la profesión de soldado en medio de la mayor de las impunidades. También se muestra la verdadera naturaleza de estas operaciones militares de invasión, en las que las tropas del estado español son poco menos que la chica de los recados del ejército estadounidense. «Los sospechosos eran llevados a la cárcel de Abu Ghraib tras unos días en el centro de detención de Base España», dice la noticia entre otros muchos datos. Sobran los comentarios.

También nos dice El País esto otro:

«La conducta de un grupo de bárbaros de uniforme, amparados en la impunidad de la noche y la indefensión de sus víctimas, no debe empañar la imagen de las Fuerzas Armadas y ni siquiera salpicar a los más de 5.000 militares españoles que cumplieron con su deber en Irak, pero ignorar el horror solo conduciría a repetir el error. «

Estamos de acuerdo con la última frase, desde luego, pero no con lo anterior. Cualquier militar es siempre un bárbaro de uniforme amparado en la impunidad de las leyes de los estados. Las víctimas de cualquier militar están siempre indefensas, y los 5.000 soldados españoles -y los no españoles que sirvieron bajo su bandera a cambio de dinero- que invadieron Iraq deben sentirse concernidos y responsables como actores o como cómplices de estas y otras brutalidades semejantes. Porque, aunque cumplieron las órdenes que les daban, no «cumplieron con su deber», ya que el deber de cualquier ser humano es ante todo respetar la vida y la dignidad de los demás. Cualquier soldado que interviene (por dinero, no lo olvidemos) en la invasión de un país está atropellando la vida y la dignidad humana, y por tanto, lejos de cumplir con deber alguno, se equipara a un criminal.

Nota de Tortuga.


Diez años después del inicio de la guerra de Irak salen a la luz las pruebas del maltrato infligido a dos reclusos locales

El manual del Ejército instaba a utilizar «la violencia mínima imprescindible antes y después de la detención»

Miguel González

Un general que ocupó durante cuatro años el más alto mando de las Fuerzas Armadas solía presumir, con cierta temeridad, de que ninguno de los miles de militares españoles que en el último cuarto de siglo han desarrollado misiones en el exterior ha hecho nada de lo que haya que avergonzarse. Lo decía después de que se conocieran imágenes de marines estadounidenses orinando sobre cadáveres o soldados alemanes mofándose de calaveras en Afganistán. Hasta ahora, se ha visto a los militares españoles repartiendo comida a los niños o curando a civiles en zonas de conflicto. También, aunque menos, se les ha visto combatir. Todo eso lo han hecho. En cambio, no se les ha visto nunca infligir malos tratos a prisioneros. Y muchos preferirían que nunca se les viera hacerlo. Pero eso no significa que no haya sucedido.

El vídeo que hoy difunde EL PAÍS muestra a cinco soldados españoles entrando en una celda. En el suelo, sobre una manta, con dos botellas de agua a su lado, hay un hombre. Uno de los soldados le ordena a gritos que se incorpore. El hombre, postrado, no parece entenderle. A su lado hay otro detenido que a mitad de la grabación, que dura 40 segundos, es arrojado sobre el primero. Tres de los soldados la emprenden a patadas con ambos. Otros dos observan desde la puerta de la celda. Un sexto graba la escena. Uno de los militares los patea con especial saña. En dos ocasiones parece a punto de marcharse, pero se vuelve para descargar toda la fuerza de su bota sobre los cuerpos indefensos. De las víctimas solo se escuchan jadeos y gemidos. Un militar, que durante la paliza se ha quedado mirando desde el quicio de la puerta, comenta al final: «¡Jo! A este se lo han cargado ya».

Cronología de la guerra

No a la guerra. Miles de ciudadanos se lanzaron a las calles a principios de 2003 para intentar evitar que Estados Unidos atacara Irak. Las manifestaciones fueron masivas en España. El Gobierno de George W. Bush afirmaba que Irak poseía armas de destrucción masiva y tenía lazos firmes con Al Qaeda. El 5 de febrero, su secretario de Estado, Colin Powell, había presentado ante el Consejo de Seguridad de la ONU los “hechos”. Irak debía expiar las muertes norteamericanas en los atentados del 11-S. Era el preludio de una guerra que ocasionó miles de muertes y que se fundamentó en una mentira.

Cumbre de las Azores. El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, se reúne con el de España, José María Aznar, y los primeros ministros de Reino Unido, Tony Blair, y de Portugal, José Manuel Durão Barroso. Los mandatarios deciden lanzar un ultimátum a Sadam el 16 de marzo. Mientras tanto, países como Francia, Alemania o Rusia piden prudencia.

Comienza la invasión. Fue el 19 de marzo de 2003, el martes hará 10 años. El presidente Bush promete el ataque a objetivos concretos para desarmar Irak y liberar a su gente. Hasta abril, se libra una guerra convencional, liderada por tropas estadounidenses y británicas, acompañadas de efectivos de una coalición de países. Los primeros soldados españoles llegaron el 30 de julio. Hubo 11 bajas.

Cae Bagdad. En abril los tanques norteamericanos llegan a la capital de Irak. Ciudadanos y soldados estadounidenses derriban la descomunal estatua de 12 metros que se alzó en honor de Sadam en la plaza del Paraíso. Bush declara la victoria en mayo, lo cual no significa una declaración legal del fin de la guerra, que tampoco tuvo un inicio oficial.

Captura de Sadam. Estados Unidos anuncia que ha capturado a un desaliñado Sadam Husein al sur de Tikrit, su ciudad natal, el 13 de diciembre. Se hallaba oculto en un zulo. Será juzgado por un tribunal iraquí y ahorcado por crímenes contra la humanidad en diciembre de 2006.

Los abusos de Abu Grhaib. La cadena CBS y The New Yorker destapan los abusos de soldados estadounidenses hacia los prisioneros en la cárcel de Abu Grhaib. En 2010 WikiLeaks difunde 400.000 cables del Gobierno estadounidense que dejan al descubierto más aspectos oscuros del conflicto.

España retira sus tropas. Tan solo un día después de su toma de posesión como presidente del Gobierno español, el 18 de abril de 2004, José Luis Rodríguez Zapatero informa de la retirada de las tropas españolas en Irak. El repliegue se completa en mayo.

Se recrudece el conflicto. A finales de 2003, los insurgentes contraatacan y comienzan las luchas entre milicias rivales. El conflicto se agudiza con los enfrentamientos entre suníes y chiíes. Ante el fortalecimiento de la resistencia, EE UU envía nuevas tropas al comienzos de 2007.

Retirada de EE UU. Barack Obama anuncia que la retirada de las tropas de combate se hará el 31 de agosto de 2010. Se quedan 50.000 soldados como fuerzas de transición. Alrededor de un millón habían servido en Irak desde 2003. La misión de EE UU en Irak pasa de ser llamada Operación Libertad Iraquí a Nuevo Amanecer. El 18 de diciembre de 2011 se marchan los últimos 500 soldados. Dejan atrás un país en ruinas.

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La escena está grabada en Diwaniya, la base principal de las tropas españolas en Irak, en los primeros meses de 2004. La participación en la guerra de Irak, de cuyo inicio se cumple una década el próximo día 20, tiene algo que la hace radicalmente diferente a la de Bosnia o Afganistán: no solo se hizo sin el aval de la ONU y con la abrumadora oposición de la opinión pública española, sino que llevó a los militares españoles a colaborar con las fuerzas estadounidenses de ocupación. Ante el vacío de poder dejado por la disolución del Estado iraquí y del partido Baaz de Sadam Husein, la llamada CPA (Autoridad Provisional de la Coalición), en la que había oficiales y diplomáticos españoles por decisión del entonces presidente José María Aznar, se convirtió en Gobierno ocupante.

«Para hacer cumplir las leyes impuestas por la CPA» y puesto que «las fuerzas de la coalición representan la ley y el orden en Irak», en septiembre de 2003, solo un mes después de que llegase a Irak la Brigada Plus Ultra, con 1.300 españoles, se distribuyó entre sus mandos un documento de la Sección de Inteligencia del Estado Mayor titulado Procedimiento de detención y actuación con el personal detenido. La guía, a la que ha tenido acceso EL PAÍS, ordenaba que «durante y después de la detención se empleara la violencia mínima imprescindible» y que se mantuviera «en todo momento el respeto a los derechos del detenido». Los motivos para practicar una detención eran muy amplios. «Cualquier persona puede ser detenida si crees que representa una amenaza contra las fuerzas de la coalición» o si «tienes la sospecha razonable de que ha cometido un delito», se instruía a los militares. El manual incluía un catálogo de derechos del detenido y advertía de que «no podrá invocarse circunstancia alguna como justificación de la tortura o de otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes». Tampoco nadie podía ser sometido, «durante su interrogatorio, a violencia, amenanazas o cualquier otro método de interrogación que menoscabe su capacidad de decisión o juicio». Lo que no existía es control judicial alguno, y el propio manual confiaba en «el buen juicio y sentido común» del oficial al mando.
Los detenidos por delitos comunes eran entregados a la policía local iraquí, a través de la policía militar de EE UU; mientras que los detenidos por delitos contra la coalición (es decir, los insurgentes) eran conducidos al Centro de Detención de Brigada de Base España.

Los papeles de Wikileaks sobre la guerra de Irak, difundidos en otoño de 2010, incluyen dos referencias a este centro de detención, al que denomina Detention Facility. En uno de ellos, de 7 de enero de 2004, se alude a un registro de una casa en el noroeste de Diwaniya, donde se encontraron armas «que podrían ser usadas contra las fuerzas de la coalición». Un hombre y una mujer fueron arrestados, y el primero, conducido a Base España «para ser interrogado en profundidad». El segundo, fechado el 11 de febrero de 2004, da cuenta de un atentado con un artefacto adosado a una bicicleta contra militares españoles que patrullaban a pie en Diwaniya. La explosión causó seis heridos, y dos presuntos insurgentes fueron llevados a Base España «para un interrogatorio adicional».

Según testigos consultados por EL PAÍS, el centro de detención era un barracón con cinco celdas situado a la entrada de la base, cerca del edificio del cuerpo de guardia. El manual disponía que en cada calabozo hubiera un camastro, aunque en la filmación no aparece cama alguna, a lo sumo una manta o una fina colchoneta sobre el suelo de cemento. En varias operaciones se capturó a más de cinco insurgentes, lo que obligaba a compartir celdas. En total, varias decenas de iraquíes pasaron por el Detention Facility español.

La custodia de los prisioneros estaba a cargo del cuerpo de guardia; una sección de 30 hombres encargada de la vigilancia de la base. El oficial al mando registraba las entradas y salidas de los detenidos. Los soldados se encargaban de entregarles la comida, acompañarles al aseo e impedir la entrada a quien no estuviera autorizado. El problema es que los miembros del cuerpo de guardia carecían de formación para custodiar detenidos. Es más, este cometido lo hacían en turnos de 24 horas y lo alternaban con la escolta de convoyes o las patrullas. Es decir, un soldado que hubiera sido objeto de un ataque podía estar al día siguente custodiando a su presunto agresor.»La tentación de tomarte la justicia por tu mano era grande», reconoce un soldado que estuvo en Irak.

El manual del Ejército instaba a utilizar “la violencia mínima imprescindible antes y después de la detención”

Las tropas españolas llegaron en misión «de paz, reconstrucción y ayuda humanitaria» a una «tranquila zona hortofrutícola», como calificó el entonces ministro de Defensa, Federico Trillo, las provincias iraquíes de Al Qadisiya y Nayaf, donde se desplegó la Brigada Plus Ultra, para la que se reclutaron también contingentes centroamericanos. En solo 10 meses de misión, de agosto de 2003 a mayo de 2004, España sufrió 11 bajas mortales en Irak.

El conflicto abierto estalló cuando el imán chií Múqtada al Sáder rompió con las nuevas autoridades y llamó a sus fieles, agrupados en el Ejército del Mahdi, a la guerra santa contra las fuerzas de la coalición. Para los españoles no fue una sorpresa. En el manual de área elaborado en junio de 2003 por el Centro de Inteligencia y Seguridad del Ejército de Tierra (CISET) ya se advertía de que Al Sáder «es el más peligroso para los intereses de la coalición internacional, por su intención declarada de establecer un Estado islámico».

Los jefes de la brigada española intentaron mantener un difícil equilibrio entre las distintas facciones e incluso se opusieron a que se desmantelase por la fuerza un tribunal islámico en Nayaf. Pero la intervención unilateral de las tropas norteamericanas, que detuvieron al lugarteniente de Al Sáder sin informar siquiera al mando español, avivó un incendio que ya no sería posible apagar. El 4 de abril de 2004 fue atacada por una multitud en armas la base Al Andalus, el destacamento español en Nayaf. En los siguientes 50 días se produjeron 40 acciones de combate; con un muerto (del batallón salvadoreño, que compartía base Al Andalus con los españoles) y 21 heridos por parte de la Brigada Plus Ultra, y al menos ocho muertos y 23 heridos del lado de la insurgencia. Sobre la base de Diwaniya llovieron al menos 227 proyectiles de mortero, sin causar bajas, aunque uno cayó en el tejado del alojamiento femenino. Los dos prisioneros golpeados en la grabación habrían sido detenidos con material de mortero.

En este clima de creciente tensión imperaba la ley del silencio en algunas unidades, sobre todo en las más pequeñas, donde la relación entre mandos y tropa era más estrecha. «Si alguien intentaba matar a uno de mis soldados y él disparaba primero, yo no le pedía muchas explicaciones», recuerda un suboficial.

En teoría, los detenidos debían permanecer en Base España un máximo de 72 horas. Estaba previsto habilitar una zona en la prisión de Diwaniyah para el internamiento preventivo de los insurgentes por un periodo de hasta 15 días, pero este proyecto nunca se puso en marcha, por lo que la única manera de sacarlos de la base era ponerlos en libertad o trasladarlos a la cárcel de Abu Ghraib, tristemente famosa por las vejaciones y torturas a las que fueron sometidos los allí presos. Pero ni siquiera esto resultaba fácil. Según reconoce un antiguo mando del contingente español, no siempre se podía organizar un convoy para llevar prisioneros a Bagdad y, además, Abu Ghraib estaba saturada, por lo que los estadounidenses intentaban que los prisioneros se quedaran en las brigadas el mayor tiempo posible.

Dos sucesos vinieron a complicar aún más el trato con los detenidos: el primero fue el asesinato de los siete agentes del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), que cayeron en una emboscada en la carretera que unía Diwaniyah y Bagdad el 29 de noviembre de 2003. Desde ese momento, el servicio de inteligencia se quedó sin un equipo permanente en zona. Los agentes secretos viajaban periódicamente a Irak, pero su máxima preocupación era investigar la muerte de sus compañeros. El manual sobre detenciones les atribuía el cometido de realizar un «interrogatorio adicional […] cuando las características del detenido o la información que nos pueda estar negando lo aconsejen».
El segundo suceso fue el asesinato del comandante de la Guardia Civil Gonzalo Pérez, quien recibió un balazo en la cabeza cuando dirigía una redada contra una banda de delincuentes comunes en la localidad de Hamsa, a 40 kilómetros de la base. El 3 de febrero de 2004, después de 13 días en coma, falleció en Madrid.

En la terminología de la coalición, el comandate Gonzalo Pérez era el Provost Marshall, de quien dependía la liberación de un detenido o su traslado a Abu Ghraib. «El Provost Marshall será el responsable de la coordinación de todos los elementos implicados en el proceso [de captura, custodia y entrega de insurgentes] y la corrección del mismo», decía el manual.

Los sospechosos eran llevados a la cárcel de Abu Ghraib tras unos días en el centro de detención de Base España

La brigada contaba también con un experto en Derecho, un oficial del Cuerpo Jurídico Militar, pero el protocolo de detenciones no le asignaba ningún papel decisorio: «El Aseju [Asesor Jurídicio] informará cuando sea requerido acerca de la pertinencia de la detención llevada a cabo y también sobre las acciones subsiguientes que procedan».

Solo se conoce una denuncia por malos tratos contra el contingente español. La del iraquí Flayeh Al Mayali, que fue detenido el 22 de marzo de 2004 como «cooperacdor necesario» en el asesinato de los agentes del CNI, de quienes era traductor. El 27 de marzo -sobrepasado de largo el plazo de detención de 72 horas- fue trasladado a Bagdad. Cuando en febrero de 2005, libre de cargos y sin haber sido juzgado, salió de Abu Ghraib reivindicó su inocencia en declaraciones a El Heraldo de Aragón y aseguró que, durante su interrogatorio en Base España, le pusieron una capucha, le ataron las manos a la espalda y le pegaron. De noche, no le dejaban dormir y en el viaje a Bagdad le insultaron y golpearon con fusiles, agregó. «Recibí un trato inhumano y degradante, como si fuera un perro».

Las denuncias de Al Mayali nunca se investigaron. El Ministerio de Interior le prohibió la entrada en España y Defensa ni siquiera informó de su detención, como era preceptivo, al juez de la Audiencia Nacional Fernando Andreu, a pesar de que apenas un mes antes había archivado provisionalmente la causa por el asesinato de los siete agentes del CNI debido a la ausencia de autor conocido.

El general Fulgencio Coll, que estuvo al mando de la Brigada Plus Ultra II y luego fue jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra, asegura que no tuvo «en absoluto» ninguna noticia de que en Base España se maltratase a algún detenido y aún hoy se niega a creerlo: «Tengo plena confianza en la gente que estaba a mis órdenes». Reconoce que la custodia de detenidos «no era una misión que nos gustara, pero hubo que asumirla». Eso sí, sus instrucciones eran «cumplimentar cuanto antes el atestado y meterlos en el primer convoy para Bagdad». Mantenerlos en la base era un problema añadido para un contingente que ya estaba «sobrecargado de trabajo» y no daba abasto para cumplir todas las misiones encomendadas.

La tentación de tomarte la justicia por tu mano era grande”, admite un soldado que estuvo destinado en Irak

José Bono, ministro de Defensa en el primer Gobierno de Zapatero, asegura que desde el momento en que tomó posesión de su cargo tuvo hilo directo con el contingente español en Irak y no le consta que se produjera ningún caso de maltrato. «No puedo asegurar rotundamente que no sucediera antes, pero estoy convencido de que a mi antecesor [Federico Trillo] no le llegó esa información», alega.

Bono tenía otros motivos para preocuparse. Nada más aterrizar en La Moncloa, el 18 de abril de 2004, Zapatero le mandó la inmediata retirada de las tropas españolas de Irak. Bono tuvo una tensa conversación con el jefe del Pentágono, Donald Rumsfeld -quien le recriminó haberse enterado de la noticia a través del secretario de Estado, Collin Powell- y algo más que un roce con el jefe del Ejército de Tierra, el general Luis Alejandre, quien le daba la impresión de resistirse a cumplir sus ordenes. La relación con EE UU no se recuperó hasta la salida de Bush de la Casa Blanca, ya en enero de 2009, mientras que el desencuentro con Alejandre acabaría llevado a su destitución, junto al resto de la cúpula militar, en junio de 2004.

La Operación Jenofonte (la retirada de Irak) no duró diez días, como quería Bono, sino casi un mes, pero el 21 de mayo cruzó la frontera con Kuwait el último de los militares españoles. Para ellos estaba claro que no venían de una misión de paz, como sostuvo hasta el final Trillo, sino de un conflicto duro y cruel del que ninguno de sus principales protagonistas salió completamente inmaculado. La conducta de un grupo de bárbaros de uniforme, amparados en la impunidad de la noche y la indefensión de sus víctimas, no debe empañar la imagen de las Fuerzas Armadas y ni siquiera salpicar a los más de 5.000 militares españoles que cumplieron con su deber en Irak, pero ignorar el horror solo conduciría a repetir el error. –

http://politica.elpais.com/politica/2013/03/15/actualidad/1363371190_083683.html

7 thoughts on “Soldados españoles maltrataron a prisioneros iraquíes en Diwaniya”
  1. Soldados españoles maltrataron a prisioneros iraquíes en Diwaniya
    Caaaaaaaray con la «nota de tortuga»; ensañamiento total, je.
    Efectivamente, juzgar a 5000 personas por la accion de 5 bestias lo veo excesivo. Sin duda este delito no puede quedar inmune, y ojala reciban un castigo ejemplar.

    1. Soldados españoles maltrataron a prisioneros iraquíes en Diwaniya
      Lo que está claro es que el ejercito español no se diferencia de cualquier otro. Es muy frecuente querer escuchar o ver barbaridades sólo de los ejércitos en otros lugares, otras épocas, pero la viga es enorme, descomunal, en el ojo propio. Y los responsables de la «industria metalúrgica» que la construye meticulosamente son los media y los gobiernos de turno…del pais que se considera, cómo no, que…»is diferent».

      Esto es tan viejo como la propia humanidad, y constituye el clásico discurso militarista, más moderno, o más rancio, que siempre pretende poner por encima la «nobleza, entrega y altruismo» del ejército «nacional» respecto del «extranjero» y librar a los «soldados», propios, de las «bestias», ajenas.

    2. Soldados españoles maltrataron a prisioneros iraquíes en Diwaniya
      ¿juzgar a 5000 ¿personas?? los militares no son personas son esbirros del poder, que cuando cometen alguna de sus salvajadas se escudan en cosas como es que soy un madao que solo cumplo órdenes, pues que quieres que te diga, que no se metan a militar, es lo que tiene estar en una organización jerárquica donde tienes que cumplir órdenes de tus superiores jerárquicos sean militares y políticos, es decir, que son el último mono. Y además que no me vengan con eso de que cumples órdenes, el problema está, en que no tienen conciencia ni moral, y hacen lo que gustosamente quieren, porque son robots encargados de matar, para eso se les entrena con armas y no con tirachinas, no para defender no se que patria, así que no todos serán culpables por apretar el gatillo pero no dejarán de serlo porque son cómplices por no evitarlo.
      Y otra cosa, ¿alguien me ha preguntado si necesito a estos tipos? no, esta claro, sino habría democracia y la gente tendría libertad.

      1. Soldados españoles maltrataron a prisioneros iraquíes en Diwaniya
        pues si empezamos a no considerar personas a las personas, mal vamos; terminaremos apaleando a alguien porque no nos gusta su profesion. pero claro como no es persona..

  2. Soldados españoles maltrataron a prisioneros iraquíes en Diwaniya
    Comparto plenamente el editorial de Tortuga -salvo en la alusión al dinero, como si ser militar por vocación o con esfuerzo y sacrificio fuese mejor-, y añado: No es de recibo escandalizarse por lo que hemos ‘descubierto’ en estas imágenes. Sobre Iraq llevan cayendo olas de destrucción, de manera pública y notoria, durante más de veinte años; lo que ha descubierto ‘El País’ no es más que una gota de espumilla de ese oleaje, una minucia en medio de un panorama escandoloso y estrepitoso, aunque su sonido no parezca conmover gran cosa. No se despedaza un país con buenas palabras y modales refinados, y es una hipocresia hablar de ‘exceso’ ante lo que han hecho estas personas.

    1. Soldados españoles maltrataron a prisioneros iraquíes en Diwaniya
      Si patean son villanos. Pero si matan son heroes…

      internete
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      PD: Es increíble el grado de retorcimiento mental al que nos someten los medios de incomunicación de masas…

      PD2: Tengamoslo claro: El ejercito español MATA TANTO COMO MUERE.

      Porque si matase menos que muere, entonces es que serían unos putos mantas, ya que su objetivo declarado es matar mas y morir menos.

      En Afganistan e Irak debe haber ya varios cientos de soldados españoles muertos.

      ¿A cuanta gente habrán matado?

      ¿Y todo para qué?… ¿Para defender el petroleo de los jeques anglosajones con corbata y maletin (sin barba ni turbante)?…

      Aman a spain mas o menos lo mismo que yo a ellos…

      Soldado: DESOBEDECE, DIMITE y hazte persona humana.

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