
Defensa concentrará sus escasos recursos en mantener un núcleo operativo
La Fuerza Conjunta agrupará a las unidades de élite, con unos 10.000 militares
Miguel González. Madrid
Las Fuerzas Armadas españolas se enfrentan en 2014 a su año más difícil. Y no porque deban acometer una misión especialmente arriesgada. Al contrario, España está reduciendo su presencia militar en los teatros de operaciones más peligrosos, como Afganistán o Líbano. Las nuevas operaciones, en Mali o la República Centroafricana, requieren contingentes más reducidos y dedicados básicamente a tareas de instrucción o transporte.
El problema es que los persistentes recortes presupuestarios de los últimos años “han tocado hueso”, según un mando militar. Ya no se trata de una escasez coyuntural, que pueda sortearse tirando de reservas o aplazando lo menos urgente. Las restricciones seguirán a medio plazo y la estructura actual es insostenible.
Ante esta situación, el Estado Mayor de la Defensa ha puesto en marcha un plan destinado a garantizar la operatividad del núcleo de las Fuerzas Armadas, la llamada Fuerza Conjunta, a la que se primará en la asignación de recursos escasos. Se trata de evitar que los ejércitos se conviertan en una “estructura hueca”, inservible cuando se la necesite, según el jefe del Estado Mayor de la Defensa, Fernando García Sánchez. En palabras del ministro de Defensa, Pedro Morenés, “más vale tener un 10% al 100% que un 100% al 10%”.
Desde 2008 el presupuesto de Defensa se ha reducido un 32%, pasando de 8.494 millones a 5.745 en 2014. Morenés consiguió dos créditos extraordinarios de 1.782 y 877 millones en 2012 y 2013, pero solo sirvieron para saldar deudas con las industrias militares, no para aliviar el día a día de los cuarteles. Ni un euro ha ido al capítulo 2 del presupuesto, el que sirve para pagar las maniobras, el combustible o la munición; el que garantiza que el Ejército sea operativo, que no solo tenga armas sino que sepa y pueda utilizarlas si llega el caso. Su importe se ha recortado un 36% en seis años, de 1.073 a 682,7 millones.
Hasta ahora, la falta de recursos se ha suplido con los fondos destinados a las misiones en el exterior, que se financian al margen del presupuesto ordinario con una partida ampliable que en 2013 ha rozado los 800 millones. Estas misiones no solo han servido para mejorar la imagen del Ejército o el prestigio internacional de España, sino para que las unidades que participaban en las mismas recibieran un intenso entrenamiento, completasen sus plantillas y cubrieran sus carencias en equipos y pertrechos. Los blindados antiminas RG-31 o Lince se han comprado con ese dinero extra.
Pero las grandes misiones internacionales se acaban. El contingente en Afganistán se ha reducido en un 73% (de 1.400 a 375 soldados) en un año y el de Líbano en un 48% (de 1.100 a 578) en dos.
Seguirán en ambos países las tropas españolas, pero ya no serán grandes unidades, como la Legión o la Brigada Acorazada, las que se turnen cada dos o tres años. Es cierto que el coste total de las misiones internacionales se ha mantenido en 2013, e incluso ha aumentado en 24,4 millones, pero ello se ha debido a la necesidad de financiar el monumental repliegue de Afganistán. En 2014 esta partida (la 228) deberá reducirse drásticamente.
El plan de Defensa pasa por concentrar los recursos en una fuerza de “alta calidad, versatilidad, eficacia, resilencia y carácter expedicionario”, según el almirante García Sánchez. Se trata de disponer de un núcleo “capaz de resolver los problemas” y dar una respuesta “rápida y efectiva” cuando el Gobierno lo demande. La Fuerza de Acción Conjunta deberá estar preparada para intervenir en un máximo de un mes desde que reciba la orden de activación. Aunque algunas de sus unidades, las de reacción rápida, dispondrán de un plazo de despliegue inferior: en cinco, 15 o 20 días.
De la Fuerza Conjunta formarán parte aviones de caza y transporte, fragatas o unidades blindadas y de operaciones especiales, pero no serán siempre las mismas; cuando un buque esté en dique seco por avería o mantenimiento lo sustituirá otro de las mismas características.
Tampoco se trata de que toda la fuerza se movilice a la vez: compondrán un cesto del que se seleccionarán unos u otros elementos en función de la misión de que se trate: de la evacuación de residentes en un país en conflicto a la interposición entre dos bandos enfrentados. Sin desatender la defensa del territorio.
La Fuerza Conjunta contará en total con unos 10.000 militares. Es decir, en torno al 8% de los 123.000 que hay ahora o el 9% de los 110.000 que el propio Morenés ha fijado como suelo para el futuro. La cuestión es: ¿qué pasará con todos los demás?
La Armada da de baja el 25% de sus cazas Harrier
Cuatro de los 16 aparatos quedarán fuera de servicio ante la falta de fondos para modernizarlos y el alto coste de su mantenimiento.
Miguel González.
Madrid
Los recortes presupuestarios no solo han obligado a la Armada a dar de baja prematuramente al Príncipe de Asturias, el único portaviones de que disponía (que será suplido, en parte, por el buque de proyección estratégica Juan Carlos I, apto para el despegue y toma de aeronaves), sino la cuarta parte de su flota de aviones Harrier.
Cuatro de los 16 Harrier quedarán fuera de servicio, ante la falta de fondos para modernizarlos y el alto coste de su mantenimiento. Se trata de los aparatos más antiguos, los cuatro Harrier AV-8B que no habían sido transformados a la versión AV-8B Harrier II Plus que incorpora un radar, entre otras mejoras. La flota quedará así reducida a 12 unidades (más una de entrenamiento) cuya vida operativa está previsto que concluya en 2020. A partir de entonces, España debería comprar un sustituto si quiere seguir contando con aviación embarcada, lo que no está garantizado, pues el único candidato hoy por hoy es el F-35 estadounidense, con un precio prohibitivo.
También el Ejército del Aire corre el riesgo de perder una de sus principales capacidades: el reabastecimiento estratégico en vuelo. Uno de los dos Boeing 707 que cumplía esta función ya ha sido dado de baja y el otro debería serlo en dos años. La Fuerza Aérea dispone de cinco Hércules KC-130 para reabastecimiento, pero sus prestaciones no son comparables a las del B-707. La solución es comprar dos aviones cisterna Airbus 330, pero cada uno cuesta unos 200 millones y hasta ahora no hay presupuesto. Mientras, España no podrá aportar, como en el conflicto de Libia (2011), un avión de reabastecimiento estratégico. Está a punto de perder esta capacidad.
El País
La Armada se adapta a la crisis con un recorte de 18 buques en seis años
esteban villarejo / madrid
Desde 2008 ha dado de baja a veinticinco buques, reemplazados por siete de mayor capacidad. Peligran proyectos futuros, como las fragatas F-110 o cinco buques BAM
Fue una de las imágenes de la Defensa el pasado año. El portaaviones «Príncipe de Asturias», buque insignia de la flota española con 25 años de servicio, arribaba al Arsenal Militar de Ferrol para ser desmilitarizado y finalmente dado de baja del Listado Oficial de Buques de la Armada.
«Así se nos requiere, España así lo requiere. España no puede sostenerlo», explicaba, apenado pero atento a la última maniobra, su último comandante, el capitán de navío Alfredo Rodríguez Fariñas. Efectivamente, una modernización y mantenimiento del «Príncipe de Asturias» costaba al Ministerio de Defensa unos cien millones de euros anuales.
La crisis obligó a su renuncia, máxime con un presupuesto de Defensa que se ha visto mermado en un 32 por ciento desde el inicio de la crisis: de los 8.491 millones de 2008 a los 5.745 millones previstos para 2014, y del cual se destina un 77 por ciento para pagar las nóminas del personal. Ahora el «Príncipe de Asturias» espera su probable desguace, ya que la venta a otro país parece improbable. «Con otro contexto económico probablemente se habría mantenido otros diez años», esgrime una fuente militar.
¿Cómo ha encarado la Armada los fuertes recortes habidos durante la crisis? Menos unidades, pero más polivalentes y que puedan cumplir con las misiones internacionales; por ejemplo en las aguas del Índico, donde ahora se encuentran la fragata «Álvaro de Bazán» y el BAM «Tornado». O en un futuro próximo en el golfo de Guinea. Esa es la filosofía.
«Se ha dado de baja a 25 buques, la mayoría patrulleros, y cuatro lanchas de desembarco. Por otro lado, cuatro buques de acción marina (BAM), el buque de aprovisionamiento “Cantabria”, que ha estado este año desplegado en Australia, o la última fragata de la clase F-100, la “Cristóbal Colón”, han causado alta en la flota», explican desde el Estado Mayor de la Armada. También el buque de proyección estratégica «Juan Carlos I», actual buque insignia de la flota y en servicio desde 2010, que, si bien no tiene las capacidades propias de un portaaviones, sí cumple funciones de proyección aérea.
¿Problemas a medio plazo?
Estos buques -construidos por los astilleros estatales Navantia- conforman el grueso de una Armada más polivalente y moderna, que incluso ha permitido exportar el modelo a países como Noruega o Australia. Sin embargo, y he aquí el «debe», son el resultado de la planificación anterior a la crisis, realizada en tiempos de bonanza económica. «El problema se cierne sobre la Armada a medio plazo en caso de persistir el actual contexto de recortes en la Defensa», reconoce otra fuente militar.
Así, la misma crisis que ha hecho «encallar» al portaaviones «Príncipe de Asturias» también ha impedido la construcción de la sexta unidad de las fragatas F-100 («Juan de Austria») o la segunda fase de los BAM, que contemplaba tres nuevos patrulleros, uno oceanográfico y uno de salvamento y que prometió (solo en discursos electoralistas) el anterior Ejecutivo socialista sin comprometer gasto alguno en sus últimos presupuestos.
«No está desechada, solo aplazada», asegura sobre esta segunda fase de los BAM el secretario de Estado de Defensa, Pedro Argüelles. Un proyecto anhelado por los astilleros gaditanos de Navantia, cuyo futuro sin encargos de la Armada o grandes contratos de exportación con construcción en España es cuanto menos inquietante.
En 2014 se esperan nuevas bajas en la Armada, en el contexto de la planificación que realiza el Estado Mayor. Tal es el caso del buque de mando y apoyo de medidas de contraminas «Diana», cuya fecha de cese está aún por determinar. Además, se estudian otras posibles bajas, como dos de las seis fragatas de la clase «Santa María» (F-80). Estas fragatas, construidas en la década de los 80 y principio de los 90, deberían ser reemplazadas por una nueva clase de fragatas (F-110), cuyo presupuesto para iniciar su construcción no se vislumbra como factible durante esta legislatura o la próxima, si persiste la tendencia de recorte en Defensa.
Demandas de la Armada
En uno de los últimos documentos de planificación suscritos por la Armada -«Líneas generales 2012», una declaración de intenciones de las necesidades de la Armada para el periodo 2012-2016 y para un escenario «sin crisis»-, se reclamaba la construcción de cinco unidades de la nueva serie de fragatas F-110 para sustituir a las fragatas clase «Santa María» y estar operativo en 2025, esa segunda fase de los BAM -hay que recordar que es en patrulleros el tipo de buque que más ha dado de baja la Armada estos años- o la adquisición de diez aviones no tripulados, entre otros proyectos u obras de acondicionamiento de arsenales.
No obstante, en el documento la Armada también reconocía el momento presente: «La crisis económica, que supone un enorme reto para España y, en consecuencia, para la Armada».
Esta reestructuración de la Armada -similar a la que se emprende en el Ejército de Tierra y su apuesta por las brigadas polivalentes o la reducción de gasto en el Ejército del Aire- coincidirá en 2014 con un momento estratégico en lo que se refiere a la diplomacia de defensa.
Está previsto que en el mes de febrero arriben a la Base Naval de Rota (Cádiz) los dos primeros destructores estadounidenses -el «USS Ross» y el «USS Donald Cook»- que formarán parte del componente naval del sistema de defensa antimisiles de la OTAN, el conocido como «escudo antimisiles». La llegada de otros dos destructores en 2015 consolidará la relación estratégica entre la US Navy y una Armada española. Un acicate para afrontar el incierto corto-medio plazo con cierto optimismo a pesar de los recortes.
ABC
Solo el 10% del ejército español, listo para combatir
Y ahora que hacemos con el resto?:http://humorcillet.blogspot.com.es/2014/01/nuestro-ejercito-tambien-de-recortes.html