Mi vida sexual nació en Muelas. Punto y seguido. Empieza una etapa, llena de vitalidad.

¡Qué bonito ver caer el agua de la lluvia, gota a gota, desde el tejado y verlo detrás de la ventana del café! ¿Por qué no vamos a jugar al balcón?

Evelio, antiguo soldado de mi padre, para compensar los favores que le hizo, me ha invitado a su boda en el pueblo de Gramedo. “Bodas de Camacho”. Pruebo por vez primera una paella.

Por la tarde, en una fuente cercana a la vieja ermita, una avispa pica a un niño, le están poniendo barro.

Hay un niño de mi edad, deforme y subnormal, a la puerta de su casa y metido en unas cajas de madera. Es el hijo de Saturio. Me impresiona. No me deja dormir esa noche.

Con mi primo Nardo, juego a las chapas y a las barajas, pero como le llevo cuatro años, a medida que me voy haciendo mayor, me voy despegando de él.

En el salón de juntas del Ayuntamiento, estoy viendo una comedia. Es una sátira del mundo de la medicina. Es cantada, de mucho humor y trabaja Cundi en ella.

Nos dicen a Nardo y a mí, que llevemos el burro hasta el prado de Goya. Se nos escapa. Tardamos una hora en cogerlo. Si se entera el abuelo… Montado en ese burro, me llevó él una vez, por el camino de “Río de Veiga” hasta Justel.

015_Muelas_de_los_Caballeros_20090507_104133.jpg

En el coche de línea, traen una Virgen de Fátima para la iglesia. Todo el pueblo acudimos en procesión a recibirla: rezos, cánticos y cohetes en el Puente Nuevo. Allí D. Marcelino la bendice.

Mi prima Pili, seis años mayor que yo, con una mejilla quemada en un incendio, viene desde La Bañeza a pasar unos días con nosotros.

Saltando prados y recorriendo senderos, “Vamos a buscar moras”. Misión cumplida. Estaban ricas, pero me tintaron los dedos.

Jugando al escondite por los alrededores de la Plazuela, con niños y niñas, aparecimos Pepín y yo en un pajar de hierba, subidos arriba y con Mari Toya en medio. Mientras nos arrimábamos a ella, los dos nos miramos y nos hicimos una seña de complicidad. Yo, que había aprendido la lección en Plasencia, con Milagritos, días antes también le había pedido a Socorrito, que se arrimara a mí, para que no nos vieran. ¡Malicia de pre-adolescentes!

«Vete a las panaderas y tráete una hogaza de pan». Y yo iba. Los que no teníamos horno en funcionamiento, teníamos que recurrir a ellas, cuando se acababa el pan.

Miguel Acebes Mejía, Jorge Negrete y otros. Me sabía todas las canciones mejicanas. Abilio -un adulto y vecino- me pedía que se las cantara, en la Plazuela. Yo contento de hacerlo.

00086255.jpg

De niño, jugaba con los de los alrededores. De adolescente y joven, no tenía amigos. Mi madre, viéndome solo, le pidió a Pedro Luis, el hijo mayor del Maestro, que me llevara con él y su pandilla. Lo hizo.
Paseos, río, bar… pero yo me voy desligando, porque tiene novia.
También salí alguna vez con Antonio el del Secretario Viejo.

Andemos Señor, andemos, hasta llegar al Calvario / Ya le crucifican los pies, ya le crucifican las manos / la sangre que de él caía, caía en un cáliz dorado…

Padre mío chiquitín, guíame por buen camino / camino de salvación/
mis pecados muchos son…

Enciende José candelas / mira quién anda por tu cabecera…

¡Qué bonitas oraciones, me enseñaba mi tía, al acostarme o al calor de la lumbre!

Los veraneantes organizaban excursiones, chocolatadas, y sardinadas. En una de estas últimas, pude ver fugazmente, porque enseguida se fue, a Inma de Santis, artista de cine y televisión, muerta en plena juventud, en un trágico accidente en el continente africano y que, nacida en Muelas, estaba allí ese día.

Parece que el cielo cierra con un manto de estrellas, nuestra plazuela. ¡Hay tantas! ¡Brillan tanto! ¡Están tan bajas!. Estamos sentados en el poyo contemplándolas. De pronto un murciélago, cruza por delante de nosotros. Cogemos una rama y… a perseguirlo. Al fin cae. Abilio que está fumando, le pone el cigarro en la boca y el animal fuma.

muelas-caballeros.jpg

Carlitos pronto va a ser Carlos

Al terminar esta etapa de mi vida, debería hacer una profunda reflexión sobre ella. Pero eso significaría desnudar mi alma -que yo bien conozco- ante posibles lectores y pienso que mi vida es mía y solo a mí me pertenece y puede interesar. Desisto.

He pretendido contar los hechos reales, sin entrar apenas en motivaciones afectivas o psicológicas, pero sea de una forma u otra, es muy difícil hacerlo, pues son muchas las diferentes y pequeñas situaciones, por las que he pasado. Mi profesor de Fisiología en esta ocasión y aunque me dio Notable, me habría suspendido. Pero se necesitan muchas palabras y mucho tiempo para contar mi vida. No obstante estoy contento con lo escrito hasta el momento.

Solo puedo decir, que las raíces de mi personalidad, se hunden y chupan de esta primera etapa. Que mi mundo interior, el de las emociones, complejos, sentimientos e ideas, es mucho más grande y hermoso que el real. Que me gustaría contar aquí, porqué una persona adulta, con mucho juicio y sentido de la responsabilidad, muchos años después, me llamó “Lobo Solitario” y porqué Mª José, mi joven profesora de 3º de Inglés en la Escuela de Idiomas de Alicante, me dijo aquello, que para mí fueron bonitas palabras y que en ese momento llenaron mi corazón de admiración y gratitud: “Carlos, si algo te define como persona, es que siempre has sido un luchador (The fighter) “. Se había aproximado a mi interior.

Mi pueblo es la Tierra

Mi patria el Espacio

Mi paisaje el Mundo

Mi palacio, un árbol.

Mi vida, es tu vida

Mi idea, un abrazo

* * *

¿Se capta este mensaje?

* * *

Pero….. volvamos a la narración.Estoy próximo a cumplir los 13 años. Voy en un tren,que deja Plasencia,para acercarse a la que considero mi segunda patria: la ciudad de León.
¡Adelante,lector!


Nota del autor

Estimado lector:

«Recuerdos de una infancia en la Carballeda» son unos capítulos que forman parte de mi libro «Páginas de mi vida. Parte Primera». Libro que no nació para ser publicado sino más bien para un consumo interno y personal, pero ya que ha visto la luz gracias a la petición del Grupo Tortuga «, y antes de que Pablo haga un análisis de este tipo de vida rural que desgraciadamente tiende a desaparecer, quiero mostrar ¡cómo no! mi especial agradecimiento a las dos lectoras que en los primeros capítulos dejaron un comentario elogiando algo que les gustó. Para mí ha sido una ilusión que alguien escriba algo tan bonito sobre mis escritos. Gracias. Y también a todos los que habéis ido leyendo estas entregas y los que se han enterado o se enterarán más tarde y por tanto aún permanecen en su lectura. Gracias a todos por vuestro interés.

IMGP0062.png

Carlos J. San José Palau


Ir al índice