La concentración de poder político ha sido el complemento funcional de la concentración de poder económico. Si la dinámica de crecer o morir de la economía de mercado ha dado lugar a la actual concentración de poder económico, la dinámica de la “democracia” representativa ha conducido a una correspondiente concentración de poder político. Así, la concentración de poder político en manos de los parlamentarios de la modernidad liberal ha conducido a un grado de concentración todavía mayor en manos de los gobiernos y al liderazgo de los partidos de masas en la modernidad estatista, a costa de los parlamentos.