JOSÉ MARÍA TORTOSA

Los datos lo decían con claridad: el número de ricos estaba aumentando a escala mundial y, si el precio de los alimentos seguía creciendo de la manera en que lo estaba haciendo, el número de pobres (hambrientos) tenía que aumentar también en paralelo. Polarización se llamaba el fenómeno. Si eso tenía que ver con el terrorismo internacional, podía discutirse. Pero sí estaba claro que, datos en mano, la ocupación de Iraq lo que había conseguido era un aumento de actos terroristas y, correlativamente, de muertes producidas por tales actos. Veamos los datos.

El número de ricos se podía saber a través de dos fuentes que, aunque muy discutibles, son las que hay. La primera consistía en cálculos que Merrill Lynch y Capgemini hacían anualmente sobre el número de personas que, según sus modelos, disponían de una fortuna superior al millón de dólares. El último dato (después la empresa dejó de publicarlos) era de 2007 y establecía en 10 millones las personas que cumplían tal requisito. Comparándolo con 1998, se habían duplicado. La otra fuente, que todavía sigue, es la de la revista «Forbes» que todos los años proporciona la lista de los que tienen más de mil millones de dólares de fortuna. En 2008 la lista incluía 1.125 personas, cinco veces las que había en la lista de 1998.

Lo de los pobres es algo más complicado. Los datos más recientes del Banco Mundial (que calcula cuántas personas no alcanzan los dos dólares al día) terminan en 2005 y, comparados con 1999 (por mantener el paralelismo), presentan una reducción de 300.000 personas, aunque en África se había pasado de 500 millones a 556. Al mismo tiempo, los precios de los alimentos que observa la FAO habían tenido un crecimiento espectacular sobre todo en 2007 y así se habían mantenido en buena parte de 2008. Con ello, el número de hambrientos habría aumentado hasta los 900 millones, aunque el incremento no fuese muy alto.

Llegamos al terrorismo internacional. Hasta 2007, ascenso hasta llegar a los 14.000 ataques y los 22.000 muertos. La fuente es poco sospechosa: los datos son los del informe que, por imperativo legal, el Departamento de Estado presenta todos los 30 de abril: «Country Reports on Terrorism».

Pues bien. Por comenzar por el final, el informe que se presentó este 30 de abril muestra que el fenómeno está disminuyendo. Se trata de 11.000 ataques y 15.000 muertos (redondeo mío). A qué se pueda deber, es, por ahora, algo que desconozco. Todo se andará.
Pero no creo que se deba a que ha disminuido el número de ricos. Y ha disminuido: la crisis, que se ha llevado por delante más un billón de dólares. En la lista de este año, los ricos (los que tienen más de mil millones de dólares) han bajado a 793, unos 300 menos que en la lista de 2008. Eso después de salidas y entradas. Lo de los nuevos es interesante: son 178, de los cuales 19 rusos, 14 indios, 13 chinos y 10 españoles acompañados de los primeros mil-millonarios de Chipre, Omán, Rumanía y Serbia. En el caso español, Amancio Ortega, el primero clasificado, sube puestos hasta ocupar el octavo de la lista general.

hay puesta al día en el número de pobres. Por lo visto, no tiene tanto interés y, además (¿por tanto?), es más complicado calcular su número. Pero sí tenemos los datos de la FAO sobre precios de alimentos: se han desacelerado notablemente. A partir de mitad de 2008, el incremento ya no es tan rápido y los datos de estos primeros meses de 2009 lo confirman. Se terminó esa otra burbuja especulativa de la que no se habló tanto, pero funcionó igual que las demás burbujas, incluyendo el reventón final. No todo era burbuja, claro, ya que también había aumento de la demanda (el biodiésel y los nuevos ricos) y disminución de la oferta (efectos del clima), pero la especulación fue real y, controlados los precios, los hambrientos tendrían que disminuir.

Pues tampoco. Según cálculos de la FAO, el número de «subnutridos» en el mundo habría llegado a los 1.000 millones de personas en el primer trimestre de 2009, pero no por causa de los altos precios, que ya no lo son, sino porque los pobres han visto empeoradas sus condiciones de vida y su acceso al alimento por falta de recursos o de acceso al mismo.
En general, parece que algunas cosas que se decían tendrán que ser revisadas. En este torbellino, difícil es saber si volverán.

José María Tortosa es investigador del Instituto de Desarrollo Social y Paz de la UA.

Información