
La espera (1)
General, el hombre es muy útil.
Puede volar y puede matar.
Pero tiene un defecto:
puede pensar.
Bertolt Brecht
(Fragmento de un poema recordado a través de la versión musical de Adolfo Celdrán)
MILITAR: ¿Todavía estás aquí?
MIGRANTE: Sí, no tengo dónde ir. Necesito cruzar tu frontera.
MILITAR: Ayer te dije que te fueras. No te vamos a dejar pasar.
MIGRANTE: No puedo hacer otra cosa. Esperaré.
MILITAR: Por mucho que esperes no te servirá de nada.
MIGRANTE: Yo sé que algún día abriréis la frontera para dejarme pasar.
MILITAR: Si no fuera tan temprano, me reiría. Ni siquiera pasará tu cadáver.
MIGRANTE: Te equivocas. Yo voy a esperar porque sé que abriréis la frontera.
MILITAR: ¿Ves este uniforme?
MIGRANTE: Sí, lo veo.
MILITAR: ¿Y este fusil? Es nuevo, ¿lo ves?
MIGRANTE: Claro que lo veo. Brilla por el Sol. Parece un buen fusil.
MILITAR: Lo es. ¿Crees que alguien se gastaría dinero en mi paga, mi uniforme y mi fusil, en esta alambrada y en esta puerta para luego dejarte pasar? El dinero que los gobiernos invierten en esta frontera es el dinero mejor invertido porque impide que gente como tú invada nuestro territorio, nuestra patria, nuestro país; que ocupe nuestra forma de vida.
MIGRANTE: Yo no quiero invadiros ni ocupar vuestro lugar, solo quiero vivir, con dignidad, sobrevivir; busco un lugar donde hacerlo porque en el mío no puedo. Hay guerra, hay sequía, no hay trabajo. (Con desesperación, al borde del llanto.) Yo sé que en tu país también existen personas buenas, personas sensatas, personas humildes, honestas, sensibles… que pueden ver nuestra situación de otra manera.
MILITAR: (Enfadado.)¿Me estás insultando? ¿Vienes aquí a mi frontera a insultarme?
MIGRANTE: Yo…
MILITAR: Sí, tú. Estás insinuando que no soy sensato, bueno, humilde, honesto, sensible… Vete de aquí, cretino. (Grita.) Vete de aquí, no cruzarás nunca.
MIGRANTE: No voy a irme. Y lo sabes. Dispara si quieres. Tú serás bueno, pero tus armas matan, tu frontera me cierra el paso. Y yo necesito pasar, tengo hambre, y mi hambre es lo único que tengo. Y me empuja.
MILITAR: Pues quédate ahí con tu hambre. ¿Qué me importa a mí? Ya te aburrirás. Lo sé. Otros han intentado pasar y no lo han conseguido. Han pasado los días y se han ido. Lo mismo harás tú.
MIGRANTE: Te equivocas. Quiero que me veas morir poco a poco, día a día, lentamente, hasta el último suspiro.
MILITAR: Soy militar. Estoy entrenado para morir y matar. Y también para ver morir lentamente, día a día hasta el último suspiro. Este fusil y este entrenamiento son nuestras armas para que gente como tú no atraviese la frontera.
MIGRANTE: No te creo. Además de militar eres un ser humano. No soportarás ver mi muerte. Aquí me quedo. Confío en tu defecto: puedes pensar.
MILITAR: Haz lo que quieras. Te demostraré lo que es capaz de aguantar un militar entrenado en no pensar lo que no debe pensar. Un militar con su uniforme y con su fusil reluciente que brilla por el Sol. Y ten en cuenta que si el uniforme se gasta, me comprarán otro, y que si el fusil deja de brillar, no lo dudes, me comprarán otro, seguro que más moderno y más brillante.
Oscuro que, a ser posible, se irá haciendo muy lentamente para dar paso a un fulminante encendido muy luminoso.
MILITAR: Eh, usted, ¿todavía sigue aquí? ¿Ha pasado la noche junto a la frontera? ¿Usted me podría decir si va a tardar mucho en morirse? He pensado que… (Oscuro fulminante.)
2022
Nota:
1- Este texto forma parte de la obra colectiva titulada Las fronteras son quimeras, publicada por Ediciones Invasoras en 2022 a raíz de los crímenes perpetrados en la valla de Melilla en Junio de 2022.