En el último artículo de esta serie, que aparecerá próximamente en forma de
libro, introducimos el concepto clave para entender el conflicto en la
sociedad red: swarming. Las tecnologías nunca han sido tan instrumentales
ni hemos necesitado tanto que sean distribuidas y abiertas como para ganar
esta guerra frente al terrorismo de red… Sin embargo, la clave de la
moderna netwar no es instrumental, sino identitaria.
Nunca la tecnología había sido tan instrumental, tan poco protagonista por
si misma como en este nuevo tipo de guerra. Como escribían, ya en los 90,
Arquilla y Ronsfeld en un conocido documento doctrinal sobre swarming, la
revolución informacional está cambiando la forma en que la gente lucha a lo
largo de todo el espectro del conflicto. Lo está haciendo fundamentalmente
mediante la mejora de la potencia y capacidad de acción de pequeñas
unidades, y favoreciendo la emergencia de formas reticulares de
organización, doctrina y estrategia que hacen la vida cada vez más difícil
a las grandes y jerárquicas formas tradicionales de organización. La
tecnología importa sí, pero supeditada a la forma organizativa que se
adopta o desarrolla (…) Hoy la forma emergente de organización es la red.
En este mundo reticular, con una multiplicidad de agentes que actúan
autónomamente, usando las redes para coordinarse, el conflicto es
«multicanal», se da simultáneamente en muchos frentes, emergiendo del
aparente caos un «orden espontáneo» (el «swarming») que resulta letal para
los viejos elefantes organizativos. Esta coordinación no requiere en la
mayoría de los casos ni siquiera una dirección consciente o una dirección
centralizada. Al contrario, como señalaba el propio profesor Arquilla: la
identidad de red, la doctrina común es tan importante como la tecnología.
La guerra en la sociedad red, la netwar, es una guerra de corso, en la que
pequeñas unidades «ya saben lo que tienen que hacer» y saben que tienen que
comunicarse entre si no para preparar la acción sino sólo a consecuencia de
ella. La definición de los sujetos en conflicto, lo implícito, es más
importante en este tipo de enfrentamiento que lo explícito (los planes o
estrategias de combate).
Para vencer a una estrategia de swarming, de conflicto simultáneo y
autoorganizado en todos los frentes, sólo cabe reorganizarse reticularmente
y mejorar la propia capacidad informacional: hacer swarming defensivo, como
el británico durante «La batalla de Inglaterra». Por eso es un error
dramático aumentar la centralización y el control de los individuos: la
única consecuencia real es debilitar la propia capacidad para formar redes
espontáneas en el bando propio sin mermar las del contrario.
No es casualidad que las propuestas más interesantes surgidas en la web
durante los días posteriores al 11M giren precisamente en torno al
desarrollo de herramientas sobre teléfonos móviles para localizar
terroristas, o a la descentralización de estructuras urbanas para ofrecer
menos blancos al terrorismo de red. La lógica emergente es una lógica de
swarming, y como nos señalaba en estos días Alejandro Rivero, uno de los
más interesantes y lúcidos pioneros de la web española, podemos encontrarla
tanto en las manifestaciones-SMS del día 13 como en el planteamiento de los
atentados y en la necesaria reacción frente a ellos.
– Abiertas, distribuidas y muy conectadas…
En 1994 el periodista vinculado al movimiento ciberpunk y fundador de
Wired, Kevin Kelly, describía en su libro Out of Control los primeros
modelos de swarming. La conclusión: para que exista swarming tiene que
haber una red densa previa, muy conectada… pero no demasiado. Esta
conclusión es interesante precisamente porque siguiendo a Kelly y Arquilla
podríamos llegar a la conclusión que en un conflicto de swarming lleva
ventaja siempre el que esté más descentralizado. Y sin embargo hay un punto
de descentralización e interconexión tal, de densidad de red, en el cual el
conflicto se hace episódico y prácticamente inviable. Una conclusión muy
cercana a la que en temas empresariales y económicos llegó por esas mismas
fechas y sobre la que vuelve ahora, Juan Urrutia.
Aunque el concepto de límite en teoría de redes nos de una luz y al tiempo
nos genere nuevas fronteras al análisis, lo que parece claro es que el
sentido de nuestra reorganización para el nuevo mundo tiene que pasar por
el fomento de todo tipo de tecnologías que ayuden a la articulación de
redes sociales. Un objetivo para el que no todas las tecnologías valen.
Ellas mismas han de poder evolucionar reticularmente para ello. Han de ser
abiertas y distribuidas. El 13m fue la noche los móviles y nos mostró la
potencialidad del swarming cuando se encuentran extendidas herramientas
definidas sobre la movilidad que permiten y desarrollan la información
distribuida. Pero no podemos quedarnos ahí, en el abanico de los nuevos
instrumentos la propia web, el software libre, las redes ciudadanas wifi o
las comunidades imode, todas todavía poco extendidas entre nosotros marcan
un horizonte de trabajo y activismo.
-La clave del swarming: la identidad de red
Pero lo más importante en la netwar no es lo explícito, la tecnología, sino
lo implícito, la identidad. Al-Qaida no necesita enviar un dirigente desde
los montes afganos para dirigir los atentados, no necesita dictar
instrucciones al teléfono de los jefes de comando, estos «ya saben lo que
tienen que hacer». A diferencia del terrorismo territorial y jerárquico de
ETA, las comunicaciones con el centro transmiten mucha más info después que
antes de los asesinatos y además de forma pública, a través de los medios.
No existen complejos debates sobre la línea política ni una exaustiva
supervisión de los planes de acción porque la dirección es un centro de
red, no una jerarquía orgánica. Las claves estratégicas son públicas (para
eso están Al-Quds, Al-Jazeera y Al-Arabia). La identidad común es implícita
y sencilla (cuatro elementos teóricos) y por tanto mucho más amplia que la
que podría parecer en cualquier grupo de fanáticos. Cualquiera, con info
pública puede procurarse los medios y cometer un atentado que le haga
merecedor de ser firmado por la red y ser aceptado en ella. Dentro de las
amplias fronteras del salafismo y el wahabismo, no hay nada menos sectario
que la red de Bin Laden. Por eso es, tomada en conjunto, tan poco vulnerable.
Al-Qaida es una enredadera, una identidad red incluyente dentro de su
mundo. Y nos toca aprender a serlo a nosotros también y a todos los
niveles. Las viejas identidades nacionales al estilo del XIX no nos
permitirán sobrevivir en el nuevo siglo. O aprendemos a definirnos como
enredadera, como nación red incluyente o moriremos como árboles caducos que
caerán indefectiblemente entre salmodias identitarias y homenajes a
banderas, senyeras e ikurriñas.
-Conclusiones
El 11M representa el fin de una época. Nuestro bautizo de sangre en la
Sociedad Red. No hay vuelta atrás. Como hemos defendido en esta serie, la
única forma efectiva a medio plazo de enfrentar los nuevos peligros, es
sumergirse hasta el fondo en el nuevo mundo, alentar la construcción de
redes sociales, definirnos como nación red. Las tecnologías que han de
marcar esta nueva etapa son precisamente aquellas que llevan el concepto de
red social hasta el último rincón de nuestras vidas: abiertas y
distribuidas, móviles y libres. El desarrollo de las libertades
individuales en organizaciones abiertas será el único triunfo que cabrá
esperar en esta guerra y el único medio de alcanzarlo. Una nueva generación
debe protagonizar las transformaciones que necesitamos y reorganizar el
mundo tal como somos, como una enredadera y no como un árbol.
Artículo original en Infomoc