Lidia, D. José y D. Marcelino.

Lidia era el ama de llaves o la cuidadora de D. Marcelino. Como eramos vecinos, siempre estaba en nuestra casa y nosotros en la del cura. Fueron muchos años viéndonos crecer a Nardo sobre todo, pero también a mí. Charlábamos, nos corregía y casi formaba parte de la familia. Me dio mucha pena, cuando un verano la sacaban enferma, tumbada en una hamaca, a distraerse en la plazuela. Poco tiempo después moriría de hidropesía. No coincidió mi estancia con su entierro. A cuidar de D. Marcelino vendría su sobrina Manuela, que también se integraría como una más en aquella gran familia de la plazuela.

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Paisaje de los alrededores del pueblo. El castaño fue una fuente de alimentación de primera importancia.

D. José fue muchos años el Maestro del pueblo, enseñando y educando a varias generaciones. Luego marcharía con su numerosa familia para Zamora, regresando al pueblo al jubilarse. Mientras ejerció de Maestro, yo fui algunas veces a su casa, pues jugaba con sus hijos Socorrito y Pepín y más adelante me junté algo al mayor Pedro Luis.

D. José, durante un verano, me preparó, íbamos a la escuela a hacerlo, junto con uno de sus hijos, todos los temas de la Reválida de Cuarto. Me dio buenos consejos y por supuesto la aprobé con mi esfuerzo y las clases particulares de D. José.

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El pueblo bajo una copiosa nevada, algo habitual cada invierno

D. Marcelino cura-ecónomo de Muelas de los Caballeros, ponía en la correspondencia que a veces le recogía. D. Marcelino fue para Muelas un cura diferente de todos y cubrió una gran etapa desviviéndose por todo el pueblo. Yo lo tuve de vecino, me confesé alguna vez con él, me dio algún consejo, pero hizo algo por mí que nunca olvidaré: me invitó a pasar una semana en su pueblo, Trefacio de Sanabria, cerca del lago del mismo nombre.

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Lavadero concejil

Eran las fiestas. Allí conocí a toda su familia: Manuela, Adela, Marcelino, Pepe… Con algunos me relacionaría más tarde. Me trataron todos muy bien. Asistí a la fiesta. Correteé por el baile, jugué con una sobrina de la casa, disfruté viendo sacar truchas, del bonito río que pasaba por medio del pueblo, embelleciéndolo, probé por primera vez con Marcelino y sus amigos jarras de cerveza fría con gaseosa, y en la casa nos hizo su madre una vez de postre, unos deliciosos “Huevos nevados”, cuya receta todavía ando buscando para volverlos a probar. En fin que pasé una buena semana, en un bonito pueblo y gracias a D. Marcelino.

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La ganadería lanar, una actividad que tuvo gran importancia en la comarca


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