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El número de personas presas, que era de 80.000 en 1980, ha pasado ahora a 130.000
El 23 de julio la prensa turca anunció la promoción de un comisario al puesto del director adjunto de la policía criminal de Estambul, se trata de un torturador, condenado anteriormente por torturas y violaciones ejercidas contra varias mujeres a finales de los años 1990. Él no solo niega los hechos sino que insiste y persiste que en aquel momento al no ser comisario, cumplía órdenes. A los que han decidido su promoción parece que no les molesta nada estos antecedentes.
Esta pasividad de las autoridades es en todo caso muy selectiva como lo muestra el caso de la joven estudiante francesa de origen turco Sevil Sevimli detenida en mayo en Turquía. Estudiante en Lyon partió a este país en el marco de los intercambios Erasmus, no ha torturado ni violado a nadie, solo participó en la manifestación del 1º de Mayo en la ciudad de Eskisehir, de donde son originarios sus padres, y asistió a un concierto del grupo musical de izquierdas Grup Yorum. Tras lo cual fue detenida y se encuentra en prisión acusada de participación en organización terrorista, acusación utilizada habitualmente por la justicia turca, contra los opositores de izquierda, nada se ha movido hasta el momento a pesar de las 12.000 firmas recogidas en Francia pidiendo su liberación.
Así, mientras en los primeros años del gobierno de Erdogan y de su partido AKP se pudo constatar una cierta democratización, muy limitada es verdad, se asiste ahora una vuelta a los habituales métodos arbitrarios.
Antes, el régimen condenaba alegando la acusación de “terrorismo” que permitía utilizar procedimientos arbitrarios de la ley antiterrorista. En la actualidad 9.000 personas están presas en el país bajo esta acusación, la mayoría militantes o simpatizantes de la causa kurda, pero no solo ellos. Igualmente más de 700 estudiantes y casi un centenar de periodistas están encarcelados por haber protestado contra la violación de los derechos más elementales. Se puede recordar también el caso de los dirigentes del sindicato de la función pública KESK o el del editor y militante Ragip Zarakolu y de la profesora universitaria perseguida por haber tomado partido por la causa de los derechos de la minoría kurda.
Detrás de los discursos democráticos del gobierno de AKP que sienten sin duda aumentar el descontento, los viejos métodos represivos del Estado turco vuelven con fuerza. El número de personas presas, que era de 80.000 en 1980, ha pasado ahora a 130.000. Pero como dice un proverbio turco: ¡“El miedo a la muerte no impide que ésta llegue”!
Julien SILVA
Lutte Ouvrière
Voz Obrera