Recuperamos este interesante texto, para aportar algo de luz en torno a la polémica que hay con la película Salvador, que refleja la ejecución del miembro del MIL Salvador Puig-Antich.

El MIL es un grupo prácticamente desconocido
fuera de Catalunya. Cuando es evocado, lo es siempre en términos simplistas y rodeado del
mito. Este mito, que le ha sido creado a su pesar tanto por la izquierda como por la
historiografía y el periodismo oficiales, se alimenta de las acciones armadas del grupo y
especialmente del asesinato de uno de sus miembros, Salvador Puig Antich, por el estado
burgués en marzo de 1974 mediante el “garrote vil”. Pero esta mitificación
esconde, evidentemente, lo que es más interesante del MIL: las motivaciones de sus
acciones, sus aportaciones a la lucha de clases en la Barcelona de principios de los 70,
su discurso político. Este artículo no pretende ser más que una presentación general
de su teoría y su práctica, con la esperanza de contribuir a rescatar al MIL tanto del
olvido como de su caricaturización.

Intentar recuperar la verdadera historia de lo
que fue el Movimiento Ibérico de Liberación-Grupos Autónomos de Combate (MIL-GAC), es
mucho más que hacer una crónica detallada de sus acciones de expropiación y de la
detención, proceso y asesinato de Salvador Puig Antich. Es mostrar por qué y cómo se
formó este grupo, qué propuesta política defendía y la alternativa revolucionaria que
ofrecía. Haciéndolo así, se descubre que el MIL no era un grupo anarquista o incluso
terrorista de lucha armada, catalán o no, con un mártir recuperado por el sistema, sino
un grupo con una propuesta nítidamente diferenciada de la oposición antifranquista,
totalmente original en el panorama español de la época, con fuertes raíces teóricas en
corrientes revolucionarias de matriz marxista antileninista y que se consideraba a sí
mismo no como otro grupo político más de la extrema izquierda, sino como un grupo de
apoyo al movimiento obrero del momento. De esta manera, hablar del MIL-GAC exige hablar,
sobre todo, de su itinerario político: sólo así se puede descubrir qué había detrás
de este grupo de revolucionarios que han pasado de ser considerados, durante el
franquismo, como “gángsters”, a convertirse después, simplemente, en
“alocados utópicos” o, en el mejor de los casos, en luchadores antifranquistas.
Para ello, hace falta comenzar a desmontar los mitos.

Estos mitos empezaron a fabricarse pronto, dado
que el tema del MIL ha interesado desde la feroz represión que se abatió en septiembre
de 1973 sobre sus componentes, con lo que en la actualidad contamos con un considerable
dossier de publicaciones que lo han abordado. Desgraciadamente, la gran mayoría de una
manera doblemente falseadora: primero, por ocuparse no del MIL sino prioritariamente de
uno de sus componentes individuales, Puig Antich; segundo, porque el tratamiento dado a
estos trabajos se ha centrado sobre todo en los aspectos más despolitizados del tema,
buscando el aspecto más sensible (o más morboso) de la cuestión. Como resultado,
sabemos hoy mucho sobre las doce últimas horas de Salvador Puig Antich, algo sobre las
expropiaciones del MIL, y casi nada sobre la auto-organización de la clase y los grupos
de apoyo.

Sí se han realizado esfuerzos serios para
arrojar luz sobre el tema: centrándonos sólo en las monografías, los libros de
Telesforo Tajuelo[2]
(el primer historiador en analizar seriamente la cuestión), de “Carlota Tolosa”[3],
de Antonio Téllez[4],
la antología de textos del MIL realizada por diversos colectivos libertarios barceloneses[5],
y otra antología preparada por “André Cortade”[6] (desgraciadamente no editada
en España) son las realizaciones más interesantes. Pero aún en estos casos, al lado de
aciertos había serios errores de interpretación y, a pesar de la buena voluntad de los
autores, esta amalgama ha ido conformando una historia oficial que ha colaborado,
también, a la perpetuación de algunos de los mitos que rodean al MIL.

Para hacer la historia del MIL hace falta
enmarcar a este grupo en el contexto no sencillamente de la España del tardofranquismo,
sino específicamente en el del movimiento obrero del área de Barcelona y dentro de todo
un proceso de clarificación teórica, política y organizativa de éste. El grupo no fue
la invención más o menos exótica de un grupo de jóvenes, ya que sus orígenes están
íntimamente ligados con la aparición, en la Barcelona de finales de los años 60, de un
movimiento obrero que está rompiendo con las organizaciones de la izquierda e iniciando
una marcha hacia la configuración de una autonomía obrera, mediante una tendencia
surgida en las las Comisiones Obreras[7] que se llamaba Plataformas de
CC.OO.

Resumiendo mucho todo el proceso, se puede
considerar 1970 como el año clave en el itinerario que llevará a la constitución del
MIL, que se forma “oficialmente” en Enero de 1971. El grupo se crea básicamente
a instancias de Oriol Solé Sugranyes; este revolucionario, ex-militante del PSUC[8]
y después del PCE(i)[9],
rompe con el stalinismo y evoluciona hacia la autonomía obrera al contactar con
Plataformas. Exiliado en Toulouse, consigue unir dos núcleos de personas en torno a un
proyecto consistente en la creación de grupos de acción que apoyen las luchas de la
clase obrera: por un lado, jóvenes tolosanos provenientes de medios libertarios y
dispuestos a pasar a la acción (entre ellos, Jean-Marc Rouillan), y por el otro, en
Barcelona, otros jóvenes provenientes de un grupo marxista heterodoxo, Acción Comunista.
Este segundo núcleo está formado por uno de los hermanos de Oriol Solé Sugranyes,
Ignasi, y Santi Soler Amigó, que buscan seriamente una salida al marasmo grupuscular que
existe en aquel momento y que ven el inicio de un nuevo movimiento obrero en las
Plataformas de CC.OO. y en su posterior debate en pro de la constitución de la
“Organización de Clase”, una organización unitaria que superase el
encuadramiento tradicional de partidos y sindicatos. Buscando incidir en este debate,
elaboran el primer gran texto de lo que se podría denominar “pre-MIL”, titulado

El movimiento obrero en Barcelona. A todas
estas personas se añadirán muy poco después otros compañeros.

Este nuevo grupo no pretende ser la vanguardia
de la revolución ni el germen de ningún partido, y es consciente de que son elementos
“exteriores” a la clase: por ello no quieren dirigirla sino ser un
“apoyo”, porque piensan que la clase misma es la que se tiene que
auto-organizar, sin tener que esperar a nadie que se lo diga desde fuera. Ésta es una
nueva concepción dentro del panorama de la izquierda en España, ya que rompe con el
modelo formalmente leninista de toda la izquierda marxista. Esta nueva concepción enlaza
directamente con las vías marxistas revolucionarias que desde los años 20 se habían
opuesto a la III Internacional y que se transformarían en las corrientes consejistas; a
ella se añadirá también la influencia del bordiguismo y del situacionismo. Es innegable
que las inspiraciones teóricas de MIL se encuentran aquí, y no en el anarquismo, como
tanto se ha repetido y se continúa repitiendo. Y en este devenir teórico del grupo, en
el que el personaje clave es Santi Soler, aparece otro de los factores importantes pero a
la vez más ignorados en la historia de esta experiencia. Éste es el papel de
clarificación y orientación teórica que tuvieron respecto al MIL los miembros del grupo
informal que se reunía en la librería La Vieille taupe, en París. Esta librería no fue
sólo la fuente más importante de donde provenían los textos teóricos que influenciaron
al MIL, sino que sus miembros, especialmente Pierre Guillaume y sobre todo Jean Barrot se
convertirán en los principales interlocutores con quienes discutir las cuestiones
teóricas. Barrot establecerá una notable relación con Santi Soler y será una
influencia constante en las cuestiones teóricas, incluso jugando un papel durante la
autodisolución del grupo en 1973.

La intervención del MIL para “apoyar”
las luchas del movimiento obrero se hará básicamente con dos proyectos paralelos. El
primer proyecto son las acciones armadas -teorizadas como “agitación
armada”, en contraposición a la “lucha armada”-, que tienen un triple
sentido: 1) luchar contra la represión[10], 2) auto-financiarse y, si
se puede, financiar las luchas de la clase, y finalmente, 3) mostrar al movimiento obrero
que el nivel de violencia que se puede ejercer contra el estado burgués es más grande de
lo que es percibido subjetivamente por los trabajadores. La decisión de utilizar la
violencia no es una elucubración más o menos iluminada de este grupo, sino que se
enmarca en todo un debate sobre la violencia obrera que se dio en estos años dentro de
todo el movimiento obrero autónomo y que llevará, por ejemplo, a la constitución de
algún grupo de autodefensa obrera. El segundo proyecto es la difusión masiva de
literatura revolucionaria anticapitalista -básicamente marxista- en el proyecto
llamado “biblioteca socialista” y que tomará cuerpo finalmente con la creación
de unas ediciones más adelante, en 1973, llamadas significativamente “Ediciones Mayo
37”[11],
reivindicando la última insurrección proletaria que cierra el ciclo revolucionario de
1917 a 1937. El MIL era consciente de que estos dos proyectos tenían que estar unidos al
movimiento obrero autónomo, por lo que hacía falta establecer fuertes lazos con las
Plataformas.

Se realizó entonces un serio estudio teórico-político que fundamentase la
crítica al leninismo e hiciera difusión del marxismo heterodoxo, titulado Revolución hasta el fin, que fue el texto teórico
más importante del MIL y que se escribió básicamente porque tenía que servir para
clarificar posiciones y ayudar en el debate político con los miembros de Plataformas.
Pero finalmente este intento de discusión con la dirección de las Plataformas fracasó y
estos dirigentes obreros crearon los Grupos Obreros Autónomos (GOA). No obstante, parte
de las bases de Plataformas sí que continuaron esta relación y finalmente se consiguió
una participación real de trabajadores en el proyecto de biblioteca y en su
distribución, que harán circular miles de ejemplares de estos folletos, a la vez que el
MIL ayudará en la infraestructura y en la impresión de materiales de estos grupos de
obreros, como por ejemplo en el caso del Boletín
de los obreros de Bultaco
[12] o en la donación de diversa maquinaria de
impresión.

Hacia la segunda mitad de 1972, el MIL decide
pasar seriamente a la acción, firmando sus acciones como MIL-GAC (Movimiento Ibérico de
Liberación-Grupos Autónomos de Combate)[13]. A pesar de que Oriol Solé
está en estos momentos en la cárcel en Francia, el grupo crece (entra en esta época,
entre otros, Puig Antich) y las acciones armadas -básicamente atracos a bancos y
también “recuperaciones de material” (material de impresión,
documentación…)- se disparan, posibilitando el fortalecimiento de la
infraestructura, además de contactos con otros grupos en diversos lugares y el cercano
paso al establecimiento de las ediciones, una vez robada una imprenta en Toulouse,
operación que hizo falta hacer dos veces.

Pero las contradicciones y tensiones que se
acumularon a lo largo de este período de más intensa acción armada llevaron a una
crisis entre los integrantes de los dos proyectos -básicamente en torno a Rouillan
por un lado y de Santi Soler por el otro- durante la primavera de 1973. Esta crisis
comportó también la expulsión del grupo de Ignasi Solé, a la vez que el papel de Puig
Antich creció al conseguir salvar la unidad del grupo en este momento. Pero a pesar de
este compromiso, la crisis se arrastró hasta el verano, momento en el que se decidió
hacer un congreso haciéndolo coincidir con la liberación de Oriol Solé de la cárcel, y
de común acuerdo disolver el MIL para facilitar las actuaciones separadas de la
agitación armada y de las ediciones. Esta decisión no fue, de hecho, ningún
replanteamiento de la política que había llevado el MIL hasta entonces, sino simplemente
la separación de los dos proyectos para poder funcionar mejor, dejando de estar
unificados en un mismo grupo llamado MIL. Lo que pasó, sin embargo, es que un mes
después de adoptada esta decisión la represión se abatió sobre el grupo, yendo la
mayoría a la cárcel e impidiendo continuar lo que se había decidido en el congreso de
autodisolución.

Este es el resumen histórico de la experiencia
del MIL, en la que lo que sobresale no son los aspectos mediáticos, que son los que han
estado valorados en la mayoría de estudios, casi siempre artículos, sobre el tema, sino
los aspectos políticos. Y esto es así porque lo que en realidad caracteriza al MIL-GAC,
lo que lo diferencia de las formaciones políticas de la izquierda y lo convierten en algo
original, es su pensamiento político.

Otros grupos, desde el nacionalismo hasta el
anarquismo pasando por el estalinismo y puntualmente por algún grupo que se reclamaba del
trotskismo, habían practicado las acciones armadas, ya fuera para dirigir la
insurrección armada, intentar crear una lucha guerrillera, hacer campañas de sabotaje
contra el régimen o sólo como expropiaciones puntuales para conseguir dinero o material.
El fenómeno tampoco era exclusivo de España ni de aquel momento histórico: los
anarquistas españoles en los años 20, los bolcheviques a principios del siglo XX,
prácticamente cualquier movimiento revolucionario había hecho uso de acciones violentas
armadas en algún momento, como medio de supervivencia o por necesidades tácticas.

Así pues, es sólo la teoría de este grupo la
que surge como lo realmente novedoso en España. En el aspecto organizativo, nunca en este
país había existido ninguna organización a la izquierda de la tradición trotskista,
con la que entroncaba el Fomento Obrero Revolucionario dirigido por Munis. En el de la
teoría, a parte de algunos pocos artículos, el único libro de Pannekoek aparecido hasta
aquel momento en España había sido un pequeño folleto editado por el POUM en 1937; de
Otto Rühle sólo se han editado hasta el momento sus escritos sobre pedagogía y sobre la
crisis; lo más accesible de Gorter había sido editado en México en 1971; y Karl Korsch
y Paul Mattick tendrían sus primeras ediciones españolas de 1973 a 1975. Y en este
panorama totalmente ignorante de toda la tradición comunista a la izquierda del
trotskismo aparece un grupo que llega al descubrimiento de que las vías del comunismo
revolucionario no se acababan en las tradiciones de la III Internacional, y que hace suyas
muchas de las concepciones consejistas de la revolución, fundamentalmente en el rechazo
al partido de vanguardia leninista y a los sindicatos, en la oposición al capital, tanto
el privado como el considerado de estado, y en la preparación de la revolución
socialista mediante la auto-organización y los consejos obreros, aunque es cierto que
este “consejismo” tiene características propias.

Dos son los factores principales que lo
diferencian del consejismo “clásico”. En primer lugar, es un consejismo
tamizado por la influencia de Jean Barrot y en general de los participantes en La Vieille
taupe, aunque esta influencia no quiere decir acuerdo absoluto. Es gracias a las
discusiones con este núcleo parisiense que se abandonan viejas concepciones y que se
descubren otras experiencias históricas del movimiento obrero revolucionario. También
hay diferencias, notablemente sobre la cuestión armada y la organizativa. En este último
punto, el MIL rechazará el papel que el núcleo de París aún otorga al partido
revolucionario y llegará, más allá de la “Organización de Clase” propuesta
por el movimiento autónomo barcelonés organizado en las Plataformas de CC.OO., a la
proclamación de que la tarea de “la organización es la organización de
tareas”, es decir, a estar en contra de organizaciones estructuradas y a abogar por
grupos de afinidad. Existe por tanto un constante hilo conductor en la historia del MIL
que lleva de la crítica al “grupusculismo” hecha en 1969 en El movimiento obrero en Barcelona hasta el rechazo
a toda organización estructurada en 1973, hecho que ayuda a comprender el por qué de la
autodisolución.

El segundo factor característico de este
consejismo es el que hace referencia a la práctica revolucionaria con utilización de la
violencia. El uso de ésta será el componente más alejado de la práctica tradicional de
los grupos consejistas, ya que ningún grupo que se haya reclamado del consejismo ha
estado involucrado en acciones armadas, y sólo algún individuo aislado con relaciones
con estos grupos, como Marinus van der Lubbe, la ha utilizado. A nivel teórico, el
MIL-GAC busca un equilibrio entre el rechazo a la “lucha armada” (tal como la
practican en ese mismo momento la RAF o las BR, por ejemplo) y la práctica real de la
violencia armada, teorizando entonces sobre la “agitación armada”, es decir, la
necesidad de multiplicar acciones realizadas por diferentes “grupos de apoyo”
(de los cuales el MIL-GAC sólo sería uno entre más) a las luchas de la clase obrera, y
que servirían además para mostrar que las luchas, que interpretaban que pasaban de
defensivas a ofensivas, podían convertirse en la insurrección revolucionaria. Pero la
propia práctica de expropiaciones hará pervertir esta concepción, porque los atracos se
irán convirtiendo principalmente de una fuente de subvención de otras actividades
(principalmente la editorial), en una fuente de supervivencia, para acabar generando su
propia justificación teórica dentro de un sector del grupo en base a que hacía falta
“unir teoría y práctica”. Es en este momento cuando algunas personas, tanto
dentro del grupo como de los núcleos relacionados, darán la voz de alarma y comenzará
el intento de reorientación que, fracasado, sólo dejará la vía de la auto-disolución.

Pero más determinante para llegar a esta
decisión fue la contradicción flagrante entre lo que se había iniciado en 1969,
fundamentalmente, el rechazo a la grupusculización, y lo que en realidad era el MIL-GAC
en 1973: un grupo de revolucionarios profesionales y especializados. En el MIL existieron
siempre las dos líneas que ya han sido mencionadas, que se definen más que por la
teoría, por tener dos concepciones diferentes de la acción revolucionaria y de cómo
organizarse para llevarla a cabo. Durante un tiempo se consiguió la convivencia, pero
ésta se rompió cuando el factor armado tomó la preeminencia en la vida del grupo. La
comprensión del sector encargado de las ediciones de la existencia y prolongación de
esta contradicción, y el interés del sector armado de poder hacer uso de una autonomía
total respecto a todas sus actuaciones, convergieron en la misma solución: la
auto-disolución, aceptada sin mucha oposición ni dramatismo. En realidad, la razón de
la auto-disolución no estuvo ni en las diferencias personales, aunque éstas pudieran
existir, ni por la dicotomía marxismo-anarquismo, ya que la teoría del grupo como tal
siempre fue marxista. La razón última fue la organizativa, porque con o sin
auto-disolución, la práctica de cada sector seguiría siendo fundamentalmente la misma:
la palabra o el acto, pero bien realizados bajo unas siglas comunes o bien sin ninguna
relación organizativa. Los miembros del MIL no ponían en cuestión sus concepciones y su
práctica anterior, sino cómo organizarse para realizarlas[14].

Sin embargo, también es cierto que toda
auto-disolución significa un fracaso. En el caso del MIL-GAC, el fracaso es doble: no
sólo el grupo no pudo superar sus contradicciones y tuvo que desaparecer, sino que la
vía abierta en el año 1969 con el rechazo del vanguardismo y el descubrimiento del
comunismo de los consejos no tuvo continuidad. La represión que comenzó en septiembre de
1973 rompiótoda posibilidad de continuación de una política consejista diferenciada
del leninismo y del anarquismo. Sólo un año y medio después muchas de estas personas,
no sólo del MIL-GAC sino también de los GOA y de los restos de Plataformas, acabarán
incluso colaborando en el proceso que llevará a la refundación de la CNT, es decir, de
otra opción política, aunque hacia 1979 la mayoría se habrán ido o habrán sido
expulsadas de la organización anarco-sindicalista. Por su parte, algunos miembros del
sector armado que pudieron escapar continuaron la actividad armada en diferentes grupos,
participando finalmente en la constitución de Action directe: a día de hoy Jean-Marc
Rouillan continua preso a perpetuidad desde febrero de 1987 en prisiones francesas por
actividades relacionadas con este grupo, como otros de sus compañeros[15].

En este fracaso, sin duda el factor más
importante fue la imposibilidad de poder desarrollar ampliamente su propuesta política,
por lo que el MIL-GAC fue ciertamente marginal. Sus contactos innegables con el movimiento
obrero, que explican su origen y desarrollo, son demasiado débiles en el momento de
crecimiento, ya que el vínculo definitivo con elementos de Plataformas de cara a un
trabajo conjunto estable se consigue en 1972, es decir, en un momento en que éstas
empiezan su declive, con lo que el gran magma autónomo de 1969-1970 es en 1972-1973 mucho
más reducido. Además, el MIL-GAC no pudo disponer de un aparato editorial serio hasta
muy poco antes de su caída, y los folletos de las Ediciones Mayo 37 verán la luz cuando
la mayoría de los componentes del MIL-GAC estén en la cárcel y el resto en el exilio
-además de uno muerto-, impidiendo por tannto una recuperación política de esa
difusión.

Su propuesta quedó así aislada dentro de una
izquierda clandestina donde los modelos imperantes, en razón de esa clandestinidad, eran
los que se habían mantenido desde la guerra. De un lado, un modelo predominante,
formalmente marxista-leninista, y del otro, el papel de oposición a éste, reservado a un
movimiento anarcosindicalista que resurgía. Sin las posibilidades de trabajo a través de
las ediciones, la propuesta por la auto-organización de la clase hecha por el MIL quedaba
totalmente ignorada, cuando no manipulada. Para la izquierda “marxista”, el
tildarlos de ”anarquistas”significabaevitar que se conocieraunmodelo
marxista revolucionario alternativo que iba más allá del modelo de partido y enfatizaba
la propia iniciativa de la clase; para el anarquismo, después de ignorar totalmente esta
experiencia mientras estuvo viva, quedaba la oportunidad de recuperar sus frutos
políticos a posteriori, una vez que la brutal represión franquista les ofrecía la
posibilidad de obtener uno, o dos, nuevos mártires: Salvador Puig Antich y Oriol Solé
Sugranyes[16].
Surgía así la invención del grupo “anarquista” llamado MIL y se olvidaba
soberanamente la posición inequívocamente comunista de los miembros del ex-MIL elaborada
en octubre de 1973 en la cárcel Modelo de Barcelona, que acababa con la proclama
“¡Ni mártires, ni juicios, ni cárceles, ni salarios! ¡Viva el comunismo!”.

Pero a pesar de no haber conseguido abrir una
vía fecunda en el desarrollo de la lucha de clases, el MIL-GAC representa, con todo, una
de las experiencias más importantes dentro del panorama revolucionario español. Es por
esto que Telesforo Tajuelo, uno de los pocos historiadores en estudiar este fenómeno,
mayoritariamente tratado por periodistas, y uno de los escasos en analizarlo
políticamente, señaló que “el MIL ha sido el grupo más radical del movimiento
obrero español después de la guerra civil”. En todo caso, sí es cierto que
representó una de las contadas formaciones auténticamente revolucionarias del panorama
político del momento. Decimos “auténticamente revolucionarias” porque el MIL
nunca fue “anti-franquista”, su objetivo no fue nunca derribar al franquismo y
conseguir un régimen democrático más o menos avanzado, una democracia más o menos
participativa, sino, enlazando de lleno con la tradición marxista revolucionaria, luchar
directamente contra el estado burgués, contra el capital, por la independencia de clase
que, mediante la auto-organización, acabara con el trabajo asalariado y la división de
la sociedad en clases: en definitiva, ni más ni menos que la auto-emancipación del
proletariado. Reconocer que ésta fue su lucha y librarla de todas las mistificaciones que
ha sufrido servirá para restaurar la verdad histórica que muestra, por un lado, que los
integrantes del MIL no fueron ni “alocados” ni tampoco “pobres
chicos”, sino revolucionarios anticapitalistas y, por el otro, que dado que su lucha
no fue anti-franquista sino anti-capitalista, las tareas por las que lucharon siguen
inconclusas.



[1]  Sergi Rosés Cordovilla, autor de El MIL : una historia política. Barcelona  Alikornio, 2002. Pedidos a Alikornio ediciones –
e.mail:  alikornio@eresmas.net – web en:
www.alikornio.com

[2] TAJUELO, Telesforo. El Movimiento Ibérico de Liberación, Salvador Puig
Antich y los grupos de Acción Revolucionaria Internacionalista : teoría y práctica,
1969-1976
. París : Ruedo Ibérico, 1977.

[3] “TOLOSA, Carlota”. La torna de la torna : Salvador Puig Antich i el MIL.
Pròleg de Ramon Barnils. Barcelona : Empúries, 1999 (1ª ed. en 1985).

[4] TÉLLEZ SOLÁ, Antonio. El MIL y Puig Antich. Barcelona : Virus, 1994.

[5] Las 1000 y una del 1000. Barcelona : Ateneus
Llibertaris del Barcelonès ; Colectivo Autónomo de Trabajadores S/O del Besòs ; Dones
Vipera Aspis, 1984.

[6] “CORTADE, André”. Le 1000 : histoire désordonnée du MIL, Barcelone
1967-1974.
Paris : Dérive 17, 1985.

[7] Las primeras Comisiones
Obreras (CC.OO.) nacen durante las huelgas de los mineros asturianos de 1962,
extendiéndose durante la década de los 60 a todo el movimiento obrero de España.
Después de varias luchas fraccionales, el PCE logrará hacerse con su control a finales
de los 60, convirtiéndose en su sindicato.

[8] El partido comunista oficial
en Catalunya, “hermanado” con el PCE.

[9] Partido Comunista de España
(internacional): escisión estalinista del PSUC.

[10] Los últimos años del
franquismo, al contrario de lo que afirman ciertos discursos históricos y políticos,
fueron años de una especial y dura represión política y social, con muertos no sólo en
enfrentamientos armados o en fusilamientos o agarrotamientos -como Puig Antich y los
fusilados del FRAP y de ETA de 1975-,  sino
también en el curso de huelgas y manifestaciones, como los obreros muertos en las huelgas
de la SEAT y de la Térmica del Besòs, en Barcelona, los de El Ferrol, Granada, etc.; en
estos años será común trasladar los conflictos laborales a la jurisdicción militar,
juzgándose en consejos de guerra.

[11] Se editarán folletos de
Balazs, Barrot, Baynac, Berneri, Canne-Meijer, Ciliga, la Internacional Situacionista,
Pannekoek, Révolution internationale

[12] Bultaco era una de las
fábrica de motocicletas más importantes de España.

[13] El nombre “Movimiento
Ibérico de Liberación” es en realidad una adaptación de la cifra 1000
(“mil”), cifra con la que se firmó el primer folleto del grupo y que no tenía
ningún significado específico; si acaso, la voluntad de ser muchos. El añadido de
“GAC” daba contenido político al nombre de la organización, al designar dos
parámetros claves: autonomía y acción.

[14] El análisis y crítica realizado en 1974
por Barrot respecto al MIL continúa siendo uno de los más lúcidos y el primero en
señalar cómo la autodisolución “era más una medida organizacional que un cambio
de práctica” (Violence et solidarité
révolutionnaires : les procès des communistes de Barcelone
. Paris : Éd. de l’Oubli,
1974; hay edición en castellano hecha por las propias Ediciones Mayo 37: Violencia y
solidaridad revolucionarias
).
    

[15]  Encarcelado durante años en condiciones
durísimas en prisiones de máxima seguridad, Rouillan ha continuado luchando por sus
derechos, realizando varias huelgas de hambre. En la de diciembre del 2000 a enero del
2001 consiguió su traslado de la cárcel de máxima seguridad en Lannemezan a la de
Arles; sus experiencias de la vida en prisión las ha reflejado en Je hais les matins (Paris : Denoël, 2001), donde
también evoca momentos de su experiencia en el MIL.

[16]  Salvador Puig Antich fue detenido y herido en un
tiroteo con la Policía en septiembre de 1973, condenado a muerte por la muerte de un
policía en esa detención y asesinado legalmente por el garrote vil en marzo de 1974.
Oriol Solé Sugranyes había sido detenido diez días antes que Puig Antich, tras un
atraco fallido y fue condenado a 48 años de prisión en 1974; fugado de la cárcel en
abril de 1976 en la famosa “fuga de Segovia” preparada por ETA (p-m), fue muerto
al día siguiente por la Guardia Civil en los montes navarros, cerca de la frontera.

One thought on “Un esbozo de la historia del MIL”
  1. > Un esbozo de la historia del MIL
    Muy interesante este artikulo, algo konocia de la politika del MIL, pero no hasta este punto. Ahora me pika la kuriosidad y tendre ke informarme mejor.
    Gracias y salud

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