
EFE. MADRID
Frente a la creencia de que el acoso escolar se manifiesta en la adolescencia y que es un comportamiento propio de los chicos, lo cierto es que los primeros casos se presentan a los siete años y las más violentas son las chicas, dijo ayer la pedagoga y experta en «bullying» Nora Rodríguez.
Según Rodríguez, autora del libro «Stop Bullying» (RBA), que acaba de publicarse en España, las niñas tienden a utilizar más violencia contra sus compañeras cuando están en aulas mixtas «para adaptarse a un modelo masculino que identifican con la fortaleza».
Las chicas, afirmó la especialista, también instigan a sus compañeros a que desarrollen este tipo de comportamientos, aunque cuando están ellas solas el acoso que suelen realizar se basa sobre todo en el aislamiento social de la víctima.
Además, el acoso escolar se puede manifestar en la educación primaria cuando el profesor no resuelve un conflicto sin importancia entre alumnos que en muchos casos pueden ser incluso amigos. Esta situación desembocaría en un enfrentamiento abierto entre los niños, con la consiguiente aparición de «un líder negativo» que no sería otro que el acosador.
Rodríguez ha llegado a estas conclusiones tras trabajar con más de 1.000 niños desde el año 2000 y haber dado conferencias en cerca de 500 colegios.
Gracias a esta experiencia, ha elaborado una serie de estrategias que ha plasmado en su libro para que los profesores puedan frenar el «bullying» desde las aulas. En él, Rodríguez propone una estructura de «redes» para que todo el «»bullying» soterrado» salga a la superficie ofreciendo el apoyo necesario al alumno que denuncia para que no se convierta él también en víctima.
Estas redes se ocuparían de los problemas específicos asociados al acoso escolar, desde la detección de posibles acosadores hasta la prestación de una información adecuada a los padres sobre lo que es y de lo que no es «bullying». Además, la pedagoga alertó sobre la existencia de un acoso indirecto, que «es mucho más difícil de detectar» y que identifica con «la justificación de comportamientos violentos para resolver los problemas» por parte del grupo que rodea al acosador.
Esta actitud sería el caldo de cultivo para la aparición de nuevos acosadores y tiene una de sus manifestaciones más destacadas en la tendencia de los menores a grabar sus acciones violentas «como prueba de su fortaleza». Para frenar estos comportamientos, Rodríguez propone que los alumnos desarrollen «la capacidad para responder a una situación dolorosa sin hacer uso de la violencia». La autora subraya que «cualquier niño puede ser víctima» y rechazó que se identifique a las víctimas de «bullying» con niños tímidos o faltos de autoestima ya que «esas actitudes se manifiestan después del acoso, no antes».